Libro “Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús”, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España.

Libro Tercero. Capítulo 9. Da, en fin, Bernardo a la estampa su librito del Corazón de Jesús, y la impresión que hizo en todos los Ilmos. Obispos de España.

Vencidas las dificultades que hemos insinuado y las que omitimos para imprimir el librito del Corazón de Jesús, procuró Bernardo que saliese a la pública luz. Todavía faltaban las dilaciones que ocurren en estampar los libros, y más con las circunstancias que el joven deseaba. Para que su devoción del Corazón S.S. estampada en el pequeño libro se viese más autorizada, solicitó que algunos Ilmos. Prelados concediesen indulgencias1 a los que le leyesen. Pidió esta gracia por medio del Pe. Rector de San Ignacio al Ilmo. Señor Arzobispo de Burgos,2 y la consiguió fácilmente, porque este Ilmo. Prelado, favorecedor ilustre y bienhechor tan insigne de nuestra Compañía y de todas las obras de piedad, se inclinó benignamente a nuestros ruegos.

Con la propuesta sola de la devoción del S. Corazón de Jesús, se inflamó tanto el corazón piadoso de su Ilma., que pudo escribir un confidente suyo: “Veo a su Ilma. con fuerte resolución de aumentar esta devoción al Corazón de Jesús, y clama que esto toca a la Compañía, porque por su medio la quiere Dios promover”. Bien mostró este piadoso y celosísimo Prelado la resolución amante de contribuir a las glorias del S. Corazón, pues declarándose su Ilma. agente y protector de esta causa, puso eficacísimos medios para promoverla. No ha cesado ni cesará el ardiente celo de ese dignísimo Arzobispo en procurar las glorias y cultos del Corazón Divino, hasta conseguir lo que con tantas ansias desea. Desde luego dio indicios de su digno empeño. Costeó liberalmente la impresión del libro, admitió benignamente saliese a público protegido con su esclarecido nombre y consagrado a su Ilma. con la breve dedicatoria que se estampó a su frente.3

Al ver Bernardo que el Ilmo. Sr. Arzobispo de Burgos había concedido benignamente 80 días de indulgencia a los que leyesen el librito, recurrió su actividad devota a la benignidad de otro Prelado. Deseó que el Eminentísimo Sr. Aquaviva concediese los 100 días de indulgencia que acostumbran conceder los Eminentísimos Cardenales de la Santa Iglesia. Seguía su Eminentísima por este tiempo la Corte de España, y ésta hacía su asiento en el Real Sitio de San Ildefonso.4 Como Bernardo me tenía en Segovia y me hacía practicar todas sus ideas para gloria del Corazón S.S., instó a que solicitase las indulgencias del Eminentísimo. Aunque no tenía yo conocimiento alguno con su Eminentísima valíme de persona 5que me solicitó esta piadosa gracia. Alegróse sumamente Bernardo cuando le remití las indulgencias en un papel firmado y sellado en forma por su Eminentísima.

Esta favorable diligencia que debía contentar la devoción del activo joven, le inflamó más en lugar de contenerle. Volvió a escribir e instar con repetidas cartas que le consiguiese indulgencias de otros prelados que seguían también la Corte. Fue preciso condescender a sus ruegos y solicitarle las mismas gracias de los Ilmos. Señores Arzobispo y Patriarca de las Indias, y Arzobispo y Obispo de Segovia. Todas estas indulgencias y muchas otras, que Bernardo había solicitado y conseguido por otros medios, se estamparon a la frente del libro.

Hizo Bernardo por sí mismo todas las diligencias que se necesitaban para la impresión. Escribió muchas veces a Madrid este asunto. Avivó en Valladolid las perezas de la impresión.6 Habíase tirado el primer pliego y le corregía con imponderable gozo. Cuando llegó orden del P. Provincial, en que le mandaba pasar en compañía de un Hermano enfermo7 a los aires puros de una aldea, en esta ocasión mostró bien el motivo que le daba impulso y ministraba fuego en todas estas santas ideas del S. Corazón de Jesús; porque sintió su espíritu en este caso, a pesar de la natural repugnancia, toda la resignación que debía tener.

Valen más que muchas revelaciones, los piadosos sentimientos de su corazón en este lance, y así es justo referirlos con sus mismas palabras. “Vea V. R. (escribe) cómo el Corazón amabilísimo me ha querido mortificar en lo más vivo. Yo aseguro a V. R. que he sentido mi repugnancia, no solamente por esta connatural en mí al género de trato con los seglares, que en estas ocasiones es menester; pero, principalmente, por que me privo del mayor recogimiento y comodidad para estar con Dios, y más con Jesús Sacramentado8, que me hiere vivamente. También se me frustraron los designios de empezar en estos ejercicios a prepararme para mi sacerdocio, pues no los podré tener hasta Semana Santa.9 Mas lo que me ha dado alguna materia de sacrificar a Dios mi voluntad y juicio propio, ha sido el levantar la mano de la causa del Corazón que en este tiempo se podía mover, particularmente en el librito,10 para cuya impresión parecía más necesaria ahora mi asistencia. Todo esto ha causado en la porción inferior una no pequeña repugnancia.

Digo en la porción inferior, porque aunque ciertamente he tenido alguna mortificación, la superior desde la primera noticia se sobrepuso, y estuvo y está fuerte, resuelta y aun contenta de tener ocasión de obedecer no sólo en lo que quiero yo.11 El Corazón S.S. está coronado de espinas, y quiere que los suyos no anden siempre entre rosas. Quiere que el amor de mi corazón sea puro y sin mezcla, y como aun estos deseos, por buenos y santos que sean, se pueden mezclar con algo de amor propio y menos recto, como buen Padre Espiritual quiere el buen Jesús llegar, usque ad divisionem animae: es cierto que Jesús ha logrado el intento de mortificarme, pero me ha dado tal gracia que, en medio de la repugnancia, estaba el alma dulce, tranquila, pacífica, y con una serenidad inalterable, y como quejándose amorosa con su Dios, le protestaba que no sólo levantaría la mano por unos días, pero que siempre, si era voluntad suya12; que por esto he tomado con tanto ardor la causa de su Corazón, por ésta la he proseguido; ésta quiere la deje ahora, sit Cor eius benedictum: con tanta paz estoy, que me admiro a vista de lo ardiente de mi deseo. En orden a moverme esto, estoy como si jamás hubiera puesto mano en la cosa, del todo la dejo en cuanto a lo exterior, pero mi espíritu ahora más que nunca la tratará con Dios, pues esto no me lo quita.

Cáusame notable consuelo mirar cómo el Corazón S.S. me ha empeñado en su causa, y con destreza de Padre Espiritual me manda levantar la mano. El ha hecho toda la cosa, y por la menor facilidad de visitarle en su tabernáculo, me ha dado a sentir que su Corazón me servirá de sacramento,13 y que habite en este templo mientras no me es tan fácil asistir cuanto quisiera en el material”. Hasta aquí la pluma de este solidísimo joven, que muestra cuán desnudo estaba su corazón de otra cosa alguna, que de la voluntad y orden del Corazón S.S. de Jesús.

Volvió de su breve jornada nuestro joven, y fue imponderable su consuelo al ponerse en presencia de Jesús S.S., a quien no podía adorar con tanta frecuencia en una aldea. “Dilatóse mi corazón grandemente (dice) delante del Corazón S.S. del buen Jesús. Díjome el Señor que ya se había cumplido el fin de su Providencia amorosa en esta ausencia”. Empezó con nuevos ardores a promover la devoción del Corazón S.S. de Jesús por su librito. Ideó esparcirle por toda España, y por su Dominación por ambos Mundos;14 tan vastas eran las ideadas empresas de su celo, pero muy justas y prudentes.

Parece increíble que un joven de 22 años de edad, educado en una pequeña aldea, escondido después en el Noviciado de nuestra Compañía de Jesús y en los colegios de estudios, pudiese concebir las elevadas ideas que formaba eran dignas de hombres muy prácticos, empresas arduas de la gloria de Dios, y enseñados con máximas de política santa y cortesana. Nada me admira más en el espíritu de este feliz joven, cuando leo lo que pasó con el S.S. Corazón de Jesús en orden a su librito.

Antes de empezar a esparcirle por toda España le llevó en el pecho un día de comunión, para presentarle a Jesús Sacramentado y a su Corazón Divino. Pedíale echase su bendición celestial para que produjese en las almas frutos copiosos de devoción a su Corazón S.S.. En estas súplicas fervorosas estaba el joven cuando le favoreció su Majestad con un favor singularísimo. Refiéranle las palabras de Bernardo para que no pierda su viveza en mi pluma. “El día 24 de octubre (dice), al tiempo de recibir el Corazón de Jesús Sacramentado, llevaba en mi pecho un librito impreso para ofrecerle y pedirle echase su bendición, y habiendo pasado el tiempo de la Misa en aquellos afectos que, mejor que yo, sabe el buen Jesús, llegué a hacer mi oferta. Empezóse a recoger el alma hacia lo profundo de sí misma y sin palabras ni voces, sino con aquel lenguaje que Dios solo y ella entienden, presentó al S.S. Corazón el librito, con todos nuestros corazones, afectos, deseos, ideas, y con todos los trabajitos que se han padecido hasta haberlo puesto en estos términos.

Sintióse luego toda inundada de un gozo imponderable, y cuando se halló toda abrasada en las llamas ardientes del amor divino, quiso el Señor repitiese la oferta con mayor solemnidad. Porque al punto se me manifestó por una maravillosa visión con su Corazón Sacrosanto abierto y convertido todo en un soberano incendio. Acompañábale su Santísima Madre, y los tres Santos validos y amantes discípulos del Corazón Santísimo15, y no faltó N. P. San Ignacio con el V. P. Colombière, y por otro lado estaban la V. Margarita y Santa Gertrudis, tan interesadas en el sagrado culto, con Santa Teresa y Santa María Magdalena de Pazzi (A las cuales había hecho una novena encomendándolas el asunto del Corazón Sagrado). Aquí delante de tantos cortesanos del cielo y amigos míos, hizo segunda vez el alma la oferta del librito, al cual miró el dulcísimo Jesús con mucho agrado, y me pareció miraba dentro del Corazón dulcísimo uno como traslado del mismo, en que entendí guardaba Jesús su Corazón el obsequio que en este libro se le rendía.

Con indecible amor me dijo entonces, qué pedía a su Corazón en recompensa.16 Yo, todo anegado en confusión, y abrasado en amor del mismo Corazón Divino, respondí que no pedía más que la extensión de su celestial culto y sus progresos en España y en toda la Iglesia y, sintiendo que deseaba el Señor le pidiese alguna especial gracia para el librito, le supliqué se sirviese confirmar las gracias de indulgencias que sus Chros (Cristos, es decir, los obispos) habían concedido a los que con devoción le leyesen. Respondió que su Corazón las confirmaba, y que los que leyesen este librito con buena intención, serían aprobados de su Corazón, el cual a todos concedía, entre otros, un don especial: a los pecadores, inspiraciones por medio de su lección para salir de su mal estado; a los justos, mayores gracias y deseos de caminar a la perfección; a los perfectos, un amor purísimo y ardentísimo a su Corazón, en el cual sentirían sus deliciosísimas dulzuras”. Hasta aquí la pluma de este joven dichoso. Con favor tan grande y aprobación tan divina, no es maravilla se prometiese felicísimos sucesos en la repartición de su libro.

La 1ª (primera) Provincia que se propuso Bernardo para esparcir en ella su libro y encender el fuego de amor divino al Corazón S.S. de Jesús, fue el Real Palacio de nuestra augustísima Corte. Antes de practicar este elevado empeño, empleó su prudencia en saber de persona inmediata a las personas Reales, si este librito podría esperar de su Majestad y Altezas ser recibido benignamente. Respondiéronle que la piedad y devoción tenían su domicilio en el corazón de los Reyes nuestros señores,17 de los señores Príncipes y señores Infantes. Que la devoción al S. Corazón de Jesús no era del todo desconocida en Palacio; que el Rey nuestro señor había escrito18 al Santísimo Benedicto XIII pidiendo a su Santidad el Oficio y Misa del S. Corazón. Los señores Príncipes estaban noticiosos y deseosos de que esta devoción se propagase en España. Muchas señoras grandes de Palacio tenían noticias y alguna práctica de esta amabilísima devoción, habiéndose educado en Monasterios de la Visitación de Santa María. No podía estar mejor dispuesta la Corte para recibir un libro que publicase en idioma español la devoción del Corazón de Jesús, tan conocida y venerada en todas las Provincias de Francia19

Causaron estas noticias singular consuelo al ardiente celo de Bernardo y le abrían puerta a sus designios. Dispuso que le encuadernasen una porción de sus libritos muy curiosamente para presentárselos a los señores Príncipes. Sabía que llegando a manos de sus Altezas, pasarían luego a todas las personas Reales, como efectivamente sucedió. Porque recibidos benignamente de la devoción sólida y tierna de los Serenísimos Príncipes, se partieron (se repartieron) por el Palacio. Poco después se dirigieron otros muchos a algunas personas piadosas y señoras grandes de la Corte.

Con esta santa industria se vio muy luego la devoción al Corazón de Jesús, no sólo extendida en Palacio, sino también entronizada en los corazones reales. No se puede decir aquí los notables progresos que hizo esta nueva devoción en los cortesanos. Apenas había persona que, a ejemplo de las personas reales, no se declarase por la devoción al Corazón Divino con obsequios de sólida piedad: confesiones y comuniones frecuentes, novenas al mismo S. Corazón, limosnas y otros ejercicios sólidos fueron el primer fruto que produjo el libro extendido en la Corte. Insinuaremos después otros con ocasión de una breve novena que se imprimió, y muchas estampas que se repartieron en el Real Palacio.

Esta 1ª (primera) idea tan gloriosa al Corazón Divino, lograda con efectos que sólo podían producir los amorosos influjos del mismo S. Corazón,20 dio notable aliento a Bernardo para la dificultad que se le proponía más ardua. Volvió los ojos su celo al Ilmo. Señor Arzobispo de Burgos, protector ilustre de esta devoción. Rogó a su Ilma. se dignase recibir los libros que le había destinado. Al mismo tiempo suplicó humildemente al Señor Arzobispo se sirviese tomar a cargo de su ardiente celo enviar su librito a todos los Señores Arzobispos y Obispos de España.

Esta idea de nuestro devoto joven tenía más altos designios de los que descubrió al principio. Parecía que solo intentaba dar noticia de su amabilísima devoción a los Prelados de España, y por consiguiente a todos los gremios de piedad que hubiese en la Diócesis. Pero su ardiente celo se explicó muy largo, desde muy luego, y se entendió con el del Ilmo. Señor Arzobispo. 21Suplicó a su Ilma. que al mismo tiempo que remitiese el libro, significase a todos los Prelados se dignasen cooperar con su santo celo a esta solidísima devoción. Que rogase muy en particular a todos los Señores Obispos de España hiciesen una sagrada confederación para extender los cultos del Corazón de Jesús y que, para conseguir más eficazmente su designio, inspirado sin duda del mismo Divino Corazón, solicitasen de su Santidad la fiesta, oficio y Misa, que la benignidad del SSmo. oiría gustoso los ruegos de todas las Iglesias de España en asunto que no podía ser más glorioso para el Sumo Pastor de todos: Cristo Jesús. Como el corazón del Ilmo. Señor Arzobispo de Burgos estaba bien dispuesto y enardecido por las glorias del Corazón de Jesús, recibía todas estas ideas, aunque inspiradas por un joven de pocos años.

 

 
1            Esta costumbre de conseguir indulgencias para los futuros lectores del libro era frecuente en este y anteriores tiempos. Las indulgencias eran muy apreciadas por el pueblo cristiano y siempre eran un aval más para el libro. En la primera edición del Tesoro escondido, viene una página con la concesión de las diversas indulgencias que podían lucrarse con su lectura. En total son cinco dignidades eclesiásticas las que han concedido indulgencias: 40 días el obispo de Valladolid, Don Julián Domínguez de Toledo y el Patriarca de las Indias Don Alvaro de Mendoza; 80 días el arzobispo de Burgos, Don Manuel de Samaniego, y otros 80 el de Segovia, Don Domingo Guerra; y 100 días el Cardenal Don Troyano de Aquaviva y Aragón. Conseguir esto por un joven estudiante de 23 años para su primer libro, no era poco mérito.

            En sucesivas ediciones fue aumentando la lista de quienes concedían indulgencias: se añadieron los obispos de Valencia, Córdoba, Avila, Oviedo, Badajoz, Tortosa y Gerona. Difícilmente nos hacemos hoy idea del aprecio que tenía el pueblo sencillo por las indulgencias. Miles de peregrinos procedentes de toda Europa recorrían, entre grandes penalidades, el Camino de Santiago con tal de ganar la indulgencia plenaria a los pies del Apóstol.

2             Era éste Don Manuel de Samaniego y Jaca. Fue un gran protector y valedor de la causa del Sagrado Corazón. A él le enviará el P. Hoyos ejemplares para que los distribuya a los demás obispos españoles; él mismo costeará la primera edición del Tesoro escondido. Nada tiene, pues, de extraño que le dediquen el libro a su persona, como insigne bienhechor. En un principio habían pensado dedicar el libro a la princesa Dña Bárbara de Braganza, muy amante del Corazón de Jesús y Fundadora del monasterio de las Salesas Reales en la capital de España. Don Manuel morirá retirado en la ciudad de Logroño en 1744, nueve años después de muerto el P. Hoyos. El P. Mucientes, en la oración fúnebre, dirá: “El culto al suavísimo Corazón de Jesús era una de las empresas de su celo...; por todos los medios procuró que se extendiese en todas partes. El aprobó las constituciones y reglas y fue uno de su congregación...”

3             Reza así la dedicatoria: “AL ILUSTRÍSIMO SEÑOR DON MANUEL DE SAMANIEGO, ARZOBISPO DE BURGOS, DEL CONSEJO DE SU MAJESTAD, ETC. SEÑOR ILMO.SEÑOR: Este breve librito, en que se da noticia compendiosa a nuestra España del Sagrado culto del Corazón Santísimo de Jesús, se consagra gustoso a la piedad de V.S.I..... Y siendo el de V.S.I. tan dulcemente sensible a las glorias de Jesús, espero ha de recibir con agrado este obsequio, digno de la grandeza ilustre de V.S.I. por contener el culto del Corazón Sagrado de Jesús, Dios-Hombre.....En fin, Señor, un librito muy breve no permite dedicatoria más dilatada; y en materia tan piadosa la devotísima piedad de V.S.I. está por sí misma inclinada a favorecerme, admitiendo benignamente bajo su amparo este breve compendio. Esto, con los votos de muchos, pido humildemente a V.S.I., y que el cielo nos guarde su muy ilustre Persona los felices y dilatados años que necesita nuestra misma Compañía de Jesús y la Santa Iglesia.               Segovia y Junio 29 de 1734              B.L.M. de V.S.I. su muy humilde, reverente siervo y Capellán.    JHS.  JUAN DE LOYOLA.”

4             Palacio mandado construir por Felipe V. Por estos años se desplazaba la Corte y por consiguiente también el capellán real: el jesuita Padre Clarke. La reina Isabel de Farnesio, italiana, mandó construir la hermosa capilla real, donde oficiaría el capellán real.

5             Se refiere seguramente al Padre Clarke, quien por su oficio estaría cercano al Cardenal Aquaviva, de quien logró las indulgencias solicitadas por Bernardo de Hoyos.

6             La primera edición del Tesoro escondido se hizo en la imprenta de Alonso del Riego, impresor de la Real Universidad.

7             Este Hermano enfermo no era otro, según parece, que el Hno Mucientes, compañero de estudios de Hoyos, a quien recomendaron los médicos de entonces ir a “tomar los aires natales”. Al ser de Villerías, un pequeño pueblo, situado entre Medina de Rioseco y la capital palentina , allí se dirigió Bernardo. Duró la estancia unas dos semanas, el tiempo en que sus compañeros hacían los Ejercicios espirituales de año. Renunciar a ellos fue doloroso para Bernardo, ya que con ellos esperaba prepararse para el sacerdocio, y así tendría que hacerlos por su cuenta en la Semana Santa. De hecho, los haría en el mes de diciembre de ese mismo año de 1734, como preparación inmediata a su ordenación sacerdotal.

8            Bernardo de Hoyos sentía una especial atracción por la Eucaristía, acrecida de modo especial una vez conocida la devoción al Corazón de Jesús, por cuanto la principal queja de Jesucristo –según las revelaciones hechas a Santa Margarita de Alacoque- era precisamente la indiferencia y frialdad con que se le trata en este Sacramento de amor. Acostumbrado a visitar con mucha frecuencia a Jesús en el sagrario, le duele no tener en Villerías esta facilidad de visitar a Jesucristo que poseía en su colegio de San Ambrosio, viviendo bajo el mismo techo.

             La capilla, que fue anteriormente el aposento del P. Luis de Lapuente, era el lugar en que Bernardo solía visitar al Señor, más que en la iglesia grande, donde se celebraba el culto para la gente de fuera. Esa capilla, que se conserva hoy, tenía ya para entonces el retablo que hoy contemplamos: una serie de lienzos con los principales Santos de la Compañía de Jesús, destacando en el medio la figura de la Virgen del Buen Consejo, que le dice a San Luis Gonzaga que entre en la Compañía de Jesús. No olvidemos que San Luis Gonzaga había sido canonizado en 1727 por Benedicto XIII, cuando Hoyos era todavía novicio en Villagarcía. En 1729 lo nombraba el mismo Papa Patrono de la juventud.

9             De hecho Bernardo hará sus Ejercicios en diciembre de ese año 1734, ya que –aunque aún no tenía la edad requerida- los Superiores quisieron que se ordenara antes. El, por su parte, no quería pedir dispensa por cuestión de pobreza, ya que ello conllevaba algunos gastos; pero sus Superiores no opinaron lo mismo y Hoyos obedeció, suponemos que gustosamente.

10            Es natural que, después de tantas esperas, cuando ya estaba como quien dice en la recta final, corrigiendo las pruebas de su libro, de repente ha de dejarlo todo para acompañar a un compañero de estudios a un pueblo, donde nada de eso podía hacer.

11            Vemos aquí a Bernardo conformarse plenamente con la voluntad de Dios, que le viene señalada por los acontecimientos. Diríamos que cumple anticipadamente la máxima con la que se santificaría más tarde otro Hermano suyo en religión, el jesuita chileno Beato Alberto Hurtado, quien gustaba de repetir: “Hacer lo que Dios quiere, querer lo que Dios hace”.

12            Bernardo, como todos los santos, lo único que desea de verdad es hacer la voluntad de Dios. Este fue el “alimento” de Jesús y éste sigue siendo el alimento de todos sus seguidores.Se ve que Bernardo vivía a fondo la indiferencia ignaciana, que busca en todas las cosas única y exclusivamente el beneplácito de Dios.

13            “su Corazón me servirá de sacramento”: es una preciosa frase de Bernardo, por la que vemos su ardiente amor a la Eucaristía y ,a la vez, la aceptación de unas circunstancias que le impedían o disminuían ese acceso a la Eucaristía, teniendo que suplirla por el deseo ardiente de la misma.

14            Notemos que en tiempos del P. Hoyos España poseía los inmensos territorios americanos, las islas Filipinas, etc.

15            Son éstos San Francisco de Sales, San Juan evangelista y.....tal vez, San Francisco de Asís.

16            No puede uno menos de recordar aquí lo que el Señor le dijo a San Juan de la Cruz en parecidas circunstancias. A las palabras de Jesús: Juan ¡qué bien has escrito de mí¡ ¿qué recompensa quieres? – No quiero otra, Señor, sino “padecer y ser despreciado por Ti”.

17            Reinaban entonces Felipe V con su segunda mujer, la reina Isabel de Farnesio. Los príncipes eran por entonces el que reinaría más tarde con el nombre de Fernando VI y su esposa Doña Bárbara de Braganza.

18            Dos veces se dirigió al Papa el rey Felipe V para pedirle se dignase conceder a España y sus dominios la Misa y el Oficio del Corazón de Jesús : la primera vez lo hizo al Papa Benedicto XIII el 10 de marzo de 1727, a instigación del P. José de Gallifet; y por segunda vez lo haría en 1735, al Pontífice reinante Clemente XII. Ninguna de las dos súplicas logró el éxito apetecido. Aunque el Cardenal Belluga, agente de España en Roma, daba buenas esperanzas de poderla conseguir –cosa que llenó de alegría a Bernardo-, sin embargo, tuvo que sufrir una honda decepción al ver que no se pudo lograr. Bernardo escribiría poco antes de morir, refiriéndose a la fiesta del Sagrado Corazón: “Cuando (aunque) el Pontífice reinante no esté escogido para este gloriosísimo asunto, creo que no estará muy distante el que lo será”. Clemente XII moriría en 1749 sin decidirse a conceder la fiesta. Pasarían 66 años hasta lograrlo de manos de Pío VII, que la concede a España el 7 de diciembre de 1815.

19            Francia era entonces como el “faro” que expandía la luz de la devoción al Corazón de Jesús a toda la Iglesia.

20            Es una máxima característica en la devoción al Corazón de Jesús, de producir en las almas de los fieles frutos “ultra quam speraverint” (frutos mayores de lo que podía esperarse)

21            No era pequeña audacia la de Bernardo, un simple estudiante de teología, que se proponía embarcar a todo el episcopado español en promover y alentar una devoción “nueva”, que todavía estaba siendo combatida por algunos estamentos de la Iglesia. Pero su celo audaz logrará que, efectivamente, el Arzobispo de Burgos secunde sus deseos.¿Qué es lo que daba tanta fuerza a Bernardo para meterse en estas luchas sin arredrarse? Le llenaban de fortaleza las palabras con que el Señor se había dirigido a él: “quería por mi medio extender el culto de su Corazón”  (4 mayo), “no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mí solo, sino para que las gustasen otros....pidiendo esta fiesta en especialidad para España” (14 mayo). Se ha dicho: “teme al hombre de una sola idea”; Bernardo era el hombre de una sola idea, que dirige y totaliza su vida a partir de mayo de 1733: dar a conocer y extender por España y por todo el mundo la devoción al Corazón de Jesús.

 

 
                       
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