| Libro Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España. |
| Libro Tercero.
Capítulo 7. San Juan
Evangelista, San Francisco de Sales y San Francisco
Javier ofrecen a Bernardo ser protectores de sus ideas, y
el Corazón de Jesús inflama el de su siervo para que
las prosiga.
Como Bernardo no pensaba ni ponía su afecto en otra cosa que en las glorias del Sagrado Corazón de Jesús, así parece que los cortesanos del cielo, cuando le visitaban, se complacían en encenderle en sus deseos. El día del amado discípulo San Juan Evangelista1 tuvo nuestro joven una regalada visión del Santo, a quien acompañaba San Francisco de Sales. Después de inflamarlo en sagrados afectos, le hablaron de sus ideas en orden al Sagrado Corazón de Jesús. Dijéronle que los dos Santos miraban con especialidad por esta causa. San Juan, porque después que se recostó sobre el Corazón de su Maestro,2 quedó abrasado en su amor y en deseos de que los hombres le conociesen. San Francisco de Sales,3 porque amó tierna y amorosamente el Corazón de su amado Jesús, y que, por haberse aventajado en este amor, se había concedido a su Religión la gloria de haber tenido una Hija como la V. Margarita, de quien se valió el Corazón de Jesús para propagar4 su culto, y que los dos Santos en todo favorecerían sus piadosas ideas. Bien se conoció que estos dos grandes Santos y grandes protectores de la causa del Corazón de Jesús favorecían las ideas de Bernardo pues, sin protección celeste, no pudieran tener el feliz suceso que vimos entonces, y se descubrirá en la serie de esta historia. En otras ocasiones visitaron a Bernardo los mismos Santos, y le confirmaron en su protección. Algunos meses después se hallaba nuestro joven confuso y humillado por sus ingratitudes y las de todos los hombres al Sagrado Corazón. Deseaba poder recompensarlas de algún modo. A estas amorosas ansias correspondió el amante Jesús con el favor siguiente. Descubrióseme (dice Bernardo) aquella esfera divina del Corazón Sagrado de Jesús convertido en un volcán de fuego5, y adorado de San Juan Evangelista y de San Francisco de Sales, nuestro Padre, y amigos. Entonces se dignó el buen Jesús arrojar de aquel Centro de fuego de amor una como centella a mi corazón, diciendo que con aquel don de su Corazón pagase y satisficiese las obligaciones a su Corazón y las injurias contra él cometidas: favor muy semejante al que cuenta de sí la V. Margarita6. Ofrecí a Jesús el don y su mismo Corazón, con que entendía quedar satisfecho. Aquí me dijo y confirmó el buen Jesús que aquellos dos Santos harían el oficio de validos en la causa de su culto. Hasta aquí el joven devoto del Santísimo Corazón de Jesús. Otros favores recibió de los dos Santos en esta causa, que procuraba con todos sus cuidados, y se verán algunos después. Lo que los cortesanos del cielo favorecían a Bernardo en sus santos empeños venía de los influjos sagrados del Corazón Divino de Jesús. Porque este amabilísimo Señor continuaba sus especiales favores y caricias a Bernardo siempre por medio de su Santísimo Corazón. Desde la noche felicísima de su santo nacimiento7 del año de 1733, apenas recibió favor alguno este siervo del Corazón de Jesús, que no fuese dirigido al mismo Corazón. No se debe omitir el favor tiernísimo que recibió la noche de Navidad. Después de haberse encendido su espíritu con celestiales inteligencias, y su corazón inflamado con fervorosos afectos, gozó el favor siguiente. Después de la Comunión (dice) vi mi corazón y, junto a él, al Dulcísimo Niño Jesús, tan pequeñito, tan delicado, hermoso y agraciado como cuando salió del vientre santísimo de su Madre; como quien temblaba de frío, se arrimaba a mi corazón cogiéndole con las dos manecitas con ademán de quien quería meterse dentro. Luego vi que su Corazoncito todo hecho un fuego se pasaba al mío, quedando como cerrado y cubierto con él; oyendo entonces mi alma la amorosa voz que me decía que primero había sido su Corazón custodia del mío, que ahora era el mío abrigo del suyo, entendiendo aquí que mi corazón debía trabajar por el de Jesús, para colocarle en el de los hombres, habiéndome él prevenido asistir con sus favores. Tener Jesús mi corazón como otras veces dentro del suyo significa lo que hace por mi; tener su Corazón dentro del mío indica lo que debo yo hacer por él. Los afectos, dulzuras y suavísimos secretos que pasaron en mi corazón honrado con tal huésped, y hecho sagrario y depósito del Corazón de Jesús, no caben en la esfera de nuestras groseras voces.8 El primer accidente de amor al introducirse el Sagrado Corazón en el mío, fue ensancharse éste, encenderse y ponerse como una hermosa nube cuando de lleno la embiste el sol, otros hubo que no sé explicar. Hasta aquí la inflamada pluma de Bernardo. Oyendo el Santísimo Sacrificio de la Misa el día siguiente,9 tuvo semejantes peregrinos accidentes de amor y sintió una sagrada impatía (empatía ¿) de amor de su corazón con el de Jesús Sacramentado. El día de la circuncisión 10del Divino Niño fue muy sagrado para Bernardo, porque a la tierna solemnidad del día se llegaba ser primer viernes del mes, día consagrado con especialidad al Corazón Santísimo. Con las ansias que el joven tenía de propagar su culto, ofreció al Divino Niño todo su corazón, alma, vida y fuerzas, y espíritu, y el corazón de cuantos cooperaban con él en esta santa empresa. Pedía al Corazón de Jesús se dignase echar su bendición a este año, y que con una gota de la preciosa Sangre que derramaba en su circuncisión, regase nuestras empresas, y fertilizase cuantos pasos se diesen este año para extender su culto. En estos fervorosos afectos se hallaba inflamado Bernardo cuando, al recibir la Eucaristía, sucedió lo que refiere: Hecha esta oferta al comulgar (dice) sentí por un modo admirable (que fue sentimiento o tacto intelectual, y no visión) que mi corazón, con las voces de los de VVs, , estaba con el discípulo amado San Juan arrimado al Corazón de Jesús, como bañado con la sangre dulcísima y preciosísima que manaba por aquella puerta del Paraíso de la fuente que alegra la ciudad de Dios, y el buen Jesús con aquel lenguaje que entiende el alma, sin ruido de palabras, me decía que aceptaba gustoso la oferta, que desde luego rociaba nuestros deseos y afectos con la Sangre de su Corazón para que produjesen frutos agradables a su Eterno Padre y dignos de eterna gloria para nosotros, y para su Corazón de honra, aunque por varios caminos. Hasta aquí el joven favorecido. En los ejercicios de renovación,11 experimentó los favores y sólidos efectos que nos ha descubierto en otras renovaciones; pero nos remite a lo referido en ocasiones semejantes; sólo dice que, al tiempo de renovar sus votos de pobreza, castidad y obediencia, renovó Jesús un favor que le había hecho en este día cuatro años antes.12 Entonces no entendió el joven todo el misterio que se le descubrió ahora. Mostróle Jesús su Corazón Divino, del cual pendían tres cordones de oro finísimo que, al mismo tiempo, eran cadenas y saetas que aprisionaban y herían el corazón de Bernardo. Juntábanse los tres cordones, símbolo de los tres votos, a corta distancia, después que salían del Corazón de Jesús. Volvían a destejerse poco antes de llegar al corazón del referido joven, al cual aprisionaban dulcemente con el de su Amado; al tiempo que pronunciaba la fórmula de sus votos sentía que se iba estrechando más y más el lazo de los cordones; recibió este favor en presencia de los Santos sus devotos,13 entre quienes distinguió a la V. Margarita. Todo lo reconocía ya al Dulcísimo Corazón de Jesús, en quien continuamente vivía y deseaba vivir muerto a todo lo visible en este amabilísimo sepulcro. Haciendo el Corazón de Jesús (dice) la costa de este modo,¿ qué mucho yo no ame, ni piense, ni desee apartarme de él aun durmiendo? Mas lo peor es que mis ingratitudes son parte de las que tiene el Corazón de Jesús más vivamente y yo me estoy muy sereno.14 Aunque por este tiempo recibía Bernardo particulares favores del Corazón Divino, dejó de escribirlos por estar totalmente engolfado en las ideas de promover las glorias y cultos del mismo Corazón. Noto algunos del santo tiempo de Cuaresma; poco antes de los infaustos días de carnestolendas15 empezó el deífico Corazón de Jesús a conmover el de su siervo con tiernos y afectuosos sentimientos de las injurias que le hace la ingratitud de los mortales. Pedíale el Sacrosanto Corazón injuriado que, de algún modo, recompensase las injurias que los hombres le hacían. Así lo procuró el joven con todos los obsequios, ruegos, oraciones y penitencias que el Señor le inspiraba y le permitía la obediencia. Repitióse el aviso que había tenido antes: que el Miércoles de Ceniza volverían los sagrados ímpetus a purificar y martirizar su corazón. Deseaba conformar su corazón con el de Jesús coronado de espinas, y esta semejanza habían de obrar los ímpetus16 con otros pequeños trabajos que nunca le faltaban. Siempre estaba su corazón gozoso, siempre ansioso y siempre tranquilo. Descríbanos Bernardo el temple de su corazón: Por este tiempo (dice) tuve frecuentes consuelos en la presencia de Jesús Sacramentado, que estaba patente por la novena de mi San Javier,17 y este mi especial abogado me visitó, confirmándome y complaciéndose en los deseos de que por todo el mundo se extienda el culto del Corazón Sagrado, y prometiéndome en el asunto el favor que le pedía en su novena. Las tardanzas del librito eran torcedores,18 que por una parte apretaban mi corazón deseoso de que salga cuanto antes, esperando de él grandes efectos, y poco después de darme que sentir, me dejaban en una tranquilidad admirable de espíritu, dejando todos mis deseos en el Corazón mismo de Jesús y yendo dulcemente o dejándome llevar de la amorosa providencia de nuestro Dios, en la cual miraba con una inalterable paz todas las dilaciones y demoras, ayudándome a esto los admirables sentimientos y luces , y aun palabras del mismo Jesús, que siempre me enseña la doctrina que tiene en su práctica nuestro Santo Director acerca de la total dependencia de nuestra voluntad de la de Dios.19 Y así no sé cómo es lo que en este punto de promover el culto del Sagrado Corazón experimento y he experimentado, que las tardanzas y todo lo que parece retarda nuestros deseos en su progreso me da bien qué sentir y, al mismo tiempo, me dejan en una celestial serenidad e indiferencia, y seguro que aun lo que parece desvío, son progresos y esmaltes con que hermosea el Señor la encadenación maravillosa, con que su providencia dirige la causa de su admirable Corazón. Ello parece contradicción: unos deseos tan ardientes, con tanta tranquilidad; unos sentimientos tan vivos en las dilaciones, con una paz dulcísima; pero ello pasa así, que tan diestro es quien causa este admirable edificio de la perfección, que va edificando en mi alma por modos al parecer encontrados. Hasta aquí el joven del Corazón de Jesús.20 Pero si hemos de saber algo de lo mucho que padeció en su corazón en la Semana Santa,21 es preciso que lo refiera su pluma mojada en la amargura de sus penosas aflicciones: El Domingo de Ramos por la mañana (escribe) se me mostraron aquellos divinos afectos que en la entrada en Jerusalén en tal día pasaban por el Corazón de Jesús dulcísimo, mezclados de gozo y de tristeza: aquél, por ver la gloria que los hombres rendían al Eterno Padre, reconociéndole por Hijo suyo, y por el Mesías prometido; y ésta, por las injurias que le esperaban, y por las miserias que esperaba a aquella infeliz ciudad, por haberle de dar la muerte, como lo explicaron aquellas lágrimas suaves y amargas nacidas de los afectos del corazón. En el mío resonaba el eco de estos afectos, aunque más predominó el del gozo hasta la tarde, en que con la luz que se me daba del sentimiento de aquel Sagrado Corazón, cuando por la tarde se vio ya solo y desamparado de los hombres en ofensa de su Eterno Padre y suya; con esta luz empezó en mi corazón la semana de Pasión. Después, desde entonces se llenó mi espíritu de dolor, amargura, tristeza y aflicción, inundado con nuevas avenidas de ímpetus, que aunque habían sido fuertes en el discurso de la Cuaresma, algunas veces en especial, ahora lo eran mucho más. Toda esta Semana Sagrada mi oración, presencia de Dios y mis afectos miraban, como las líneas a su centro, al Corazón afligido de Jesús, a quien seguía con la memoria y sentimiento en todos los pasos y últimos lances, que mostraban las finezas de su amor. Pero desde el Miércoles de tinieblas22 cargó sobre mi corazón mayor copia de aflicciones y dolores. El Jueves se minoraron en parte, arrebatándome el amor al Santísimo Sacramento y los misterios que ocurrieron en la Institución: algunos de los cuales vi al comulgar, por visión intelectual, en el Corazón Sagrado como en un espejo clarísimo. Mas ésta tal cual interrupción se recompensó bien con la inundación de dolores y penas interiores que se siguieron, como se iban siguiendo los pasos de mi amado Jesús. Y en particular sentí empezar de lleno, a la noche de mi oración, después de haber tenido amorosamente las delicias de nuestro amado hermano y condiscípulo San Juan recostado en el pecho y Corazón de Jesús. No dormí en cama, como V Ra. me lo permitía; el sueño fue corto porque, además de no darle entrada hasta bien tarde, desperté con la memoria de mi amado Jesús entregado en casa de Caifás a las burlas de los ministros en aquella hora. Por momentos tenía desde la media noche presentes los pasos de la Pasión, siguiendo inseparablemente, con una como visión de todos ellos, a Jesús, en cuyo Corazón como en mar de amargura, tuvo todo el Viernes mi espíritu aquel bautismo de dolor, en que deseaba bañarme. Acompañé a mi Dios al Pretorio de Pilatos, a la casa de Herodes y finalmente al Calvario, dentro siempre de su afligidísimo Corazón, y sintiendo por compasión, en lo posible a mi flaqueza, alguna partecita de lo que él padeció entonces, y de lo que ahora siente el menosprecio de tantas finezas en la ingratitud de los fieles. Este día salí a visitar las estaciones con mi hermano el P. N.23 y, de cuando en cuando, iba arrojando en su corazón saetas que le compungían con la memoria de los lances que en aquella hora pasó el Corazón Dulcísimo, y participó este mi Padre y Hermano algo de mis sentimientos. Al visitar en las iglesias al Señor, recibía unos movimientos extraordinarios que me daban a sentir claramente la presencia de aquel Corazón divinísimo; en los oficios también fueron singulares los afectos, en particular al oír lo que nuestro hermano y condiscípulo San Juan decía en su evangelio: Unus militum lancea latus eius aperuit ( uno de los soldados con la lanza le atravesó el costado). Pues patentemente vi en espíritu ese misterio, como también al consumir la Hostia el sacerdote; pues quedó mi corazón o mi alma como si al cuerpo le faltara la luz del sol; viendo aquí en mí, por experiencia, el afecto de David: et lumen oculorum meorum et ipsum non es mecum (y la luz de mis ojos y él mismo no está conmigo); en fin, en tiempo de tinieblas, fueron los sentimientos e inteligencias sobre los Salmos (como otras veces) admirables, y todo era añadir nuevas olas al piélago de amarguras en que me hallaba. Enterrado el Cuerpo de Jesús, se enterró mi corazón dentro de su mismo Corazón hasta resucitar con él triunfante y gozoso en su Resurrección, en que el mismo Sagrado Corazón que me había servido de sepulcro, me sirvió de cielo en que gozar de sus dulzuras y celestiales delicias, cesando totalmente los ímpetus. Hasta aquí el afligido Bernardo. |
| 1
Era el 27 de diciembre de 1734. 2 Así suele representarle el arte con frecuencia. Una bella escultura alemana del XV muestra a San Juan reclinando su cabeza sobre el pecho del Señor, como bebiendo el agua de vida que brota de su Corazón traspasado. No en vano había gritado Jesús en lo alto de la escalinata del Templo: El que tenga sed, que venga a Mí y beba. 3 San Francisco de Sales, fundador con Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal de la Orden de la Visitación, estimaba grandemente a la Compañía de Jesús, ya que existían importantes rasgos comunes en su espiritualidad. Escribiendo Santa Francisca F. De Chantal unas líneas que servirían como de prólogo al Costumbrero de su Orden, se expresaba así: No quiero omitir lo que mi bienaventurado Padre me dijo en Lyon, hablando de los Padres Jesuitas: Es una Providencia especial de Dios sobre nuestra Orden el que los Jesuitas sientan un afecto tan grande de caridad por nosotros; hemos de conservarlo y corresponder a él con singular respeto y confianza, pues nos será de gran apoyo. Y escribiendo el 8 de diciembre de 1622 a la Madre Marie Jacqueline Favre, le decía: Tenemos aquí a Monseñor, que vemos bien poco....; quiere él que nos asistan Padres Jesuitas, pues dice que no hay nada parecido a ellos. Tanto San Francisco de Sales como la Madre Chantal respiraban el mismo espíritu respecto a los Padres de la Compañía, ya que existía el lazo común de una misma espiritualidad. San Francisco de Sales moriría pocos días después, en Lyon, el 28 de diciembre del mismo año 1622. 4 Acertadamente escribe el P. Juan de Loyola que el Señor se valió de Santa Margarita de Alacoque para propagar el culto a su Sagrado Corazón. En efecto, si en algo insiste la encíclica Haurietis aquas, de Pío XII (1956) es en esta idea: el culto al Corazón de Jesús tiene su fundamento y raíces en la Sagrada Escritura, no nace de Santa Margarita. Esta fue la que alertó a la Iglesia sobre el tesoro que se escondía en la llaga del costado herido y la que lo dio a conocer ,de manera masiva, al pueblo de Dios, cuando antes solamente algunas almas privilegiadas habían caído en la cuenta de dicho tesoro. Por ello se la ha llamado justamente la Evangelista del Sagrado Corazón. 5 Esta visión imaginativa del P. Bernardo de Hoyos presenta al Corazón de Cristo como un volcán de amor. La Santa Iglesia aprobará más tarde las Letanías del Corazón de Jesús, una de las cuales dirá: Corazón de Jesús, fuego ardiente de caridad 6 Por este párrafo podemos intuir que las obras de Santa Margarita (entonces solamente Venerable) ya eran conocidas en España. Si tenemos en cuenta que ella muere el 17 de octubre de 1690 y Hoyos escribe esto en 1734, vemos que en esas cuatro décadas se fueron propagando sus escritos por nuestra Patria. Hablando ella de sus escritos, en carta al P. Croisset, le dice: Cuando me pongo a escribir, después de haberme puesto de rodillas, como una discípula delante de su maestro, voy escribiendo según lo que El me dicta, sin tener ningún cuidado ni pensar en lo que escribo... 7 Alude al 25 de diciembre de 1733, en que el P. Hoyos recibirá una gracia preciosa, que él mismo describe a continuación. 8 Con razón la Iglesia llama en sus Letanías al Corazón de Jesús: delicia de todos los santos. 9 Estamos en el 26 de diciembre de 1733, fiesta del Protomártir San Esteban, cuya imagen solía estar en todos los relicarios de la Compañía; no sólo en el de Villagarcía, donde Hoyos hizo su noviciado, sino también en el de Medina del Campo y en el del colegio de San Ambrosio, donde vivía a la sazón cuando escribía estas cosas. 10 Es ya el primero de año de 1734. Este día es especialmente sagrado para los jesuitas por celebrar su fiesta titular. Aunque hasta antes del Concilio Vaticano II se celebraba el 2 de enero el Santísimo Nombre de Jesús, sin embargo, la fiesta de la Circuncisión del Señor es la fiesta de la Compañía de Jesús, ya que fue en esa ceremonia religiosa judía cuando se imponía el nombre a los niños: y le pusieron por nombre JESÚS. Son muchos los retablos de las iglesias de los Jesuitas donde aparece esta escena, que dio lugar a la titularidad de la Orden. San Ignacio sentía una especialísima devoción por el nombre de Jesús y popularizó su anagrama JHS en libros, altares, templos...a través de sus hijos por todo el mundo. 11 Los jesuitas hacen sus votos simples y perpetuos al terminar los dos años de noviciado, que ya puso San Ignacio en su tiempo, y que sigue vigente en la actualidad. Al terminar los años de formación religiosa emiten los votos solemnes, y mientras tanto van renovando sus votos dos veces al año para excitarse a una mayor devoción y compromiso en su cumplimiento. No se trata, pues, de renovar unos votos temporales (son perpetuos desde el principio), sino de ayudarse a sí mismo espiritualmente y tomar continua conciencia de la entrega que han hecho al Señor. Estas renovaciones solían tener lugar por la fiesta de la Epifanía, y hacia la mitad del año con motivo de Pentecostés o la Ascensión o alguna otra fiesta litúrgica importante. 12 Este favor lo recibió Hoyos cuando estudiaba Filosofía en el colegio de Medina del Campo. En enero de 1730 y también en agosto del mismo año tiene Bernardo una serie de gracias elevadísimas, que le van preparando para la gran gracia del 15 de agosto: la del desposorio espiritual con Cristo. En la renovación de sus votos, en la Epifanía del año 1730, -escribe el P. Loyola en la Vida de Bernardo- en el momento de la comunión...vió dentro de su alma a Jesús muy glorioso, apacible y benigno y reparó que el amorosísimo Jesús había puesto su sagrado Corazón en el mismo sitio donde correspondía estar el de Bernardo, pero de este modo admirable. El corazón del joven estaba cerrado o como engastado con el de Jesús... Estaban los dos corazones heridos y traspasados con tres saetas pequeñas de oro, cuya punta era el fuego del amor divino, como el dardo que hirió el corazón de Santa Teresa. Simbolizaban los tres votos que poco antes había ofrecido Bernardo Cuatro días más tarde, al finalizar el día se le apareció glorioso Jesús con su divino Corazón descubierto. Traía en sus santísimas manos, más blancas que la nieve, las tres saetas de oro con punta de fuego, de que ya hablamos antes. Díjole Jesús que eligiese de aquellas saetas la que más le agradase. Yo entonces, arrebatado de amor, acordándome del lugar de los Cantares Vulnerasti cor meum...(Heriste mi corazón... Cant 4,9), sin hablar palabra, tomé las tres saetas y las clavé en aquel divino Corazón; y el buen Jesús, haciendo un ademán de mucho amor, me dijo que el clavar en su Corazón las tres saetas era herirme a mí mismo, como vería al día siguiente El día siguiente asi lo vió y experimentó Bernardo, porque volvió Jesús, descubierto su amante Corazón, en que se veían clavadas las tres saetas...Entonces Bernardo, con las amorosas cifras que sólo entienden el Señor y sus favorecidos, significó que, siendo tres, no podía ser igual la partición, y qe uno debía llevar dos saetas. A este tiempo se dejó ver la Santísima Madre de Jesús y Madre adoptiva de Bernardo, y le dio a entender que recibiría gustosa una saeta en su amoroso Corazón. Al punto tomó el amante joven una saeta del Sagrado Corazón de Jesús, y la clavó en el de María. Entonces, para concluir este lance de regaladísimo amor, sacó el divino Jesús de su Corazón una saeta, y flechándola al corazón de Bernardo, le dijo: Configo amore meo carnes tuas.. (Atravieso con mi amor tu carne- salmo 118, 120) A este impulso del dardo divino se siguió un ímpetu de amor tan violento, que le puso en términos de separarse el alma del cuerpo. Desapareció la visión concluye Bernardo- y yo quedé como ahora me hallo, con los ímpetus tan amorosos como antes de la interrupción, y, como el Señor y su Santísima Madre se fueron también heridos, lleváronme el corazón en dulces gustos 13 Los Santos devotos, de que habla aquí el P. Hoyos, eran: Margarita de Alacoque, Francisco Javier, Francisco de Sales, Juan evangelista, Ignacio de Loyola... 14 Por esta última línea se ve qué bien había interiorizado Hoyos el espíritu de Margarita María, cuando pone en boca de Jesús: ...y lo que más me duele es que son almas consagradas las que así me tratan 15 Se ve que los carnavales siempre han sido y siguen siendo días de desmadre, en que las pasiones humanas se desfogan sin freno. 16 Los ímpetus son un fenómeno místico, que comienza a experimentar el P. Bernardo por vez primera cuando está estudiando la filosofía en Medina del Campo. Es un término que ya empleó Santa Teresa, cuyas obras leía el P. Hoyos para conocer los fenómenos extraordinarios que pasaban por su alma. Así describe Bernardo los ímpetus de amor divino que experimenta: es una especie de padecer y gozar al mismo tiempo que purifica el alma mucho más que otros trabajos y pruebas; es un suavísimo martirio, dulce martirio de padecer y gozar. Este martirio se produce porque Dios se da a gustar al alma, pero no en plenitud, y el alma experimenta un hambre intensa de Dios sin colmarla como ella desearía. Santa Teresa tuvo estos ímpetus toda la vida y de uno de ellos murió. Así lo dice la relación de Catalina de San Angelo: Personas espirituales han dicho y se ha entendido que murió de un grande ímpetu que le dio el amor de Dios; y a esta testigo le parece que sea grande indicio quesea así, por ver que cuando sacaron el corazón del cuerpo..., estaba el corazón reventado por un lado, como esta testigo lo vió, porque se lo pusieron en la mano cuando lo sacaron, porque a la sazón esta testigo era Priora de este convento (Proceso de Alba de Tormes, 1610) 17 Alude a la novena de la Gracia, que se hacía ya en honor de San Francisco Javier, del 4 al 12 de marzo (año 1734) 18 El libro Tesoro escondido estaba ya escrito y se encontraba probablemente en Roma, ya que por ser cosa nueva esta devoción, no sólo lo revisaron los censores de la Provincia jesuítica de Castilla, sino que también fue revisado en Roma, de donde llegó algo más tarde con la aprobación; pero Bernardo estaba en ascuas mientras se hacían estos trámites. 19 Vemos por este párrafo cómo el P. Hoyos deseaba por encima de todo hacer la voluntad de Dios y en ella encontraba la paz y el sosiego con que vivía aquellos momentos, que a otro menos virtuoso le habrían seriamente impacientado. 20 Es hermoso este apelativo que el P. Juan de Loyola aplica a Bernardo: el joven del Corazón de Jesús 21 Nos encontramos en la Semana Santa del año 1734. 22 Hasta la reforma litúrgica de la Semana Santa se hacía el Oficio de tinieblas, asi llamado porque, al terminarse la recitación de los salmos y apagarse cada vez una vela del tenebrario, la última vela encendida (que simbolizaba a Jesucristo) se ocultaba detrás del altar mayor y el templo quedaba unos momentos totalmente a oscuras, mientras los presentes hacían ruido en señal de duelo y dolor por la pasión y la muerte de Cristo. 23 Pudiera ser el compañero suyo de estudios Lorenzo Jiménez o tal vez el otro condiscípulo Osorio. Ciertamente no pueden ser ni Cardaveraz ni Calatayud, que andarían muy ocupados con sus predicaciones en diversos lugares. |