| Libro Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España. |
| Libro Tercero. Capítulo
20. Pasa Bernardo del Colegio de San Ambrosio, al de
N. P. San Ignacio a tener la tercera Probación.
La tercera Probación,1 a que vuelven después de sus estudios nuestros jóvenes estudiantes, ya Teólogos y Sacerdotes, es un segundo más estrecho y más provechoso Noviciado.2 Instituyó nuestro glorioso Padre y Patriarca San Ignacio, inspirado altamente del cielo, este medio eficacísimo para muchos favores de sus hijos, porque es indudable, que la experiencia lo enseña en todas las sagradas Religiones ser muy difícil en lo humano, que los jóvenes religiosos conserven en los estudios aquellos ardores de espíritu que lograron con los continuados ejercicios de novicios. El motivo que tuvo nuestro santo Padre para establecer otro como Noviciado para su juventud estudiosa, le declaran las palabras de nuestro Santo Fundador; son las siguientes: Ad hoc autem ut ad professionem admitantur conferet illis, qui ad studia missi fuerunt, absoluta iam ea cura et dilligentia quae ad solvendum intellectum adhibita fuerit, ultimae probationis tempore in schola afectus dilligentius se exercere , et in rebus spiritualibus et corporalibus, quae ad profectum in humilitate et abnegatione universi amoris sensualis, voluntatis, et judicii propii, et ad maiorem cogitationem et amorem Dei conferunt, insistere; ut cum in se ipsis proficerint, melius ad profectum spiritus alios ad gloriam Dei et Domini nostri iuvent. Convendrá, antes de ser admitidos a la profesión, que nuestros estudiantes, concluidos ya los estudios con el cuidado y diligencia 3 que se debe poner en el cultivo del entendimiento, se ejerciten en la escuela de los afectos con mucha diligencia en tiempo de su última probación, y en los ejercicios espirituales y corporales que conducen al aprovechamiento en la humildad y abnegación de todo amor sensible de la voluntad y propio juicio, y al mayor conocimiento y amor de Dios para que, estando muy aprovechados en espíritu, puedan aprovechar mejor a los otros para gloria de Dios y Señor nuestro. En estas celestiales palabras declaró nuestro Padre San Ignacio los fines que le había inspirado el Señor para ordenar a sus hijos en la tercera probación. La palabra Probación nos enseña que este tercer año es para probar la Compañía a los jóvenes estudiantes jesuitas, y experimentar si su voluntad es tan sólida como se necesita para ser admitidos a la profesión de cuatro votos, o al grado de los coadjutores espirituales. Muchos en la primera y segunda Probación,4 que se hace en algunos días que preceden al Noviciado, y en el Noviciado mismo se portan con singular fervor y edificación, porque todos sus cuidados en este tiempo se emplean en ejercicios espirituales de oración, lección, frecuencia de santos sacramentos, exhortaciones místicas, ejercicios de humildad, penitencia, mortificación, obediencia, etc. Pero, como después del Noviciado es preciso que la juventud pase a los colegios de estudios para cultivar sus entendimientos con las ciencias y habilitarse para los ministerios de nuestra Compañía, suelen resfriarse los fervores. Verdad es que nuestros Hermanos estudiantes continúan en los estudios todos los ejercicios espirituales del Noviciado, y algunos con el mismo, o más ardiente fervor. No obstante, la aplicación a las ciencias especulativas por su naturaleza disminuye los fervores que concibe el alma, atenta sólo a la perfección religiosa. Conoció esto el iluminado y prudentísimo espíritu de nuestro Padre San Ignacio. Y procuró oponer este reparo de la tercera probación a la fragilidad humana. Sirve también esta especie de Noviciado a los jóvenes fervorosos y capaces para que, si acaso en alguna cosa se ha entibiado el fervor de las virtudes con la continua aplicación al estudio de las letras, se vuelva a encender en el año de la tercera probación. Así hablan nuestras Constituciones: Ut si qua fortasse in re harum virtutum fervor per literarum aplicationem intepuerit recalescat. Conduce también este medio divino para disponer con sosiego y prudencia santa el orden y perfección que deben observar en adelante en los colegios y empleos de su estado. Tuvo esta santísima disposición de nuestro Padre San Ignacio, como mil otras de nuestro sagrado Instituto, obstinadas oposiciones en los principios. Pero el Oráculo Pontificio hizo enmudecer a los que con buen celo o prudente según el mundo, censuraban esta tercera probación. El SSmo. Gregorio XIII aprobó lo que no podían entender o aprobar en la Bula Ascendente Domino, en la cual dice: Scholares, studiis in Societate absolutis, antequam professi vel coadjutores spirituales formati fiant, non solum tertium adhuc probationis ulterioris annum in devotionis et humilitatis exercitiis impendunt, ut si qua fortasse in re harum virtutum fervor per litterarum occupationem intepuerit , per earumdem virtutum frequentiorem exercitationem, ardentioremque divinis auxiliis in vocationem recalescat etc. Los escolares, acabados los estudios en la Compañía, antes de ser admitidos al grado de Profesos5 y Coadjutores espirituales formados, no sólo tengan otro año de probación en ejercicios de devoción y humildad para que, si acaso el fervor de las virtudes se hubiere resfriado de alguna cosa por el estudio de las letras, vuelva a encenderse con el ejercicio más frecuente de las mismas virtudes y con la invocación más fervorosa del auxilio divino; pero también etc. Hasta aquí la aprobación de Su Santidad, que descubre los fines que se propuso nuestro Padre San Ignacio y tiene nuestra Compañía de Jesús en este año de tercera probación. Esta dispersión no me ha parecido inoportuna por las circunstancias de escribir esto en tiempo que la obediencia me tiene empleado en el oficio de Instructor6 de los Padres de la tercera Probación. Llegó a ésta nuestro joven a principio de Septiembre del año de 1735 muy deseoso de aprovecharse de este año, el más feliz de la vida de un verdadero Jesuita. Venía Bernardo con luces anticipadas del cielo y muy instruido en las obligaciones de los fervores a que le obligaba su nuevo estado. Y si le faltaban algunas noticias, presto se las intimó la Divina Luz en un día de sus primeros Ejercicios. Hallóse los primeros días sin aquellas soberanas luces que de ordinario ilustraban su entendimiento y abrasaban su voluntad; pero con los alientos de un espíritu fuerte, acostumbrado a caminar a fuerza de remos 7 cuando calmaba el viento del Espíritu Santo para probar a su siervo. Todos los afectos que regularmente hacía en tiempo de oración (dice Bernardo) eran gordos como puños, o como decía nuestro San Francisco de Sales, como afectos de un cavador, que si bien poco sabrosos, eran sustanciales (sustanciosos) y con su sandez (aridez ¿) no dejaban de causar algún efecto en el alma. Eran solidísimos los efectos, porque en todas las distribuciones de lo restante del día hallaba su corazón muy dispuesto y animoso a servir en todo la voluntad de su Amado. Así caminaba Bernardo en sus Ejercicios primeros8 de la tercera probación, cuando el día que meditaba el Juicio particular, oyó en lo interior de su alma esta temerosa voz: Non arguam te, sed statuam te contra faciem tuam. Por ahora no te reprenderé, pero te pondré delante de ti mismo. A este tiempo le puso el Señor delante de su espíritu, como en un lienzo, los beneficios infinitos que le había hecho desde que tuvo uso de razón. Pero en especial vio los singularísimos favores con que se le había comunicado estos últimos años. A otro lado se le descubrieron sus faltas e imperfecciones, y las pequeñas obras con que había procurado corresponder al Señor. Al mirar estas dos imágenes o lienzos tan diversos el ejercitante joven sintió tal confusión9 y saludable empacho, que sólo sus palabras pueden declararlo. Aseguro a vuestra Reverencia (dice dando cuenta de estos Ejercicios) que fue tal la confusión que cayó sobre mi corazón, que (sin que el Señor me reprendiese, siendo yo el mismo juez) bastara a quitarme la vida, si no naciese de ella una confianza especial, y como enseña nuestro Santo una como complacencia en cierto modo de verme tal, para que con la contraposición, campease más la bondad de aquel generosísimo Corazón del Salvador, que ha querido hacer trono de su misericordia mi misma miseria. No obstante, me paró tal esta ilustración repentina, que me hizo más que arrojarme, deshecho en lágrimas, a los pies de mi Amor Jesús, sin atreverme a hablar más palabra que mirar con señas al Corazón Sagrado, en el cual hallé algún consuelo el día siguiente, cuando le tuve presente en el Altar, porque me dio a entender con un amor imponderable, que tomase de aquel tesoro lo que me faltaba, y que desconfiando de mi, fijase en su Corazón toda mi confianza y correspondencia. Y aunque el cariño y amor, con que este amable Salvador se insinuó a mi pequeñez, templó en gran parte la vehemencia de los sentimientos que el día antecedente causó en mi corazón la contraposición de mis ingratitudes y las finezas del Corazón Sagrado, no por esto faltó en dos o más días un no se qué en mi corazón, como de congoja, sin acertar lo que era aquella opresión, hasta que la memoria de lo que había entendido, renovando la llaga, me declaró de dónde tenía su origen aquella oculta pena. Hasta aquí nuestro joven, que pasó los primeros ocho días de ejercicios de su tercera probación con la sequedad, oscuridad y trabajo que hemos insinuado. Aunque es verdad (nos dice Bernardo) que los dos últimos días la sequedad se convirtió en dulzuras, y la oscuridad en resplandores de gloria10 por medio del Corazón Sagrado de mi Amor Jesús, en el cual se me dio a entender tenían los Bienaventurados, después de la visión Beatífica, su mayor gloria conociendo y amando aquellas inestimables riquezas depositadas en los afectos y movimientos de este Deífico Corazón, el cual descubría a su Iglesia, para que sus fieles formasen sus corazones a esta semejanza; y por esto más semejantes a la perfección de los Bienaventurados, por haber de aprender muchas almas de este Divino Corazón una perfección más alta en el amar y padecer. Como no sabía pensar en otra cosa que en las glorias del Sagrado Corazón de Jesús, ya estuviese divinamente inspirado en la oración, ya se hallase con la disposición regular de una alma fervorosa, se quejó amorosamente al Señor en los Ejercicios de lo mucho que se dilataba el culto público de su Sagrado Corazón, pero son quejas que descubren bien la soberana indiferencia de su espíritu. He dado mis quejas al Salvador Amante (dice) y deseoso del culto de su Corazón, porque permite la siniestra impresión que hacia este punto ha hecho su Vicario11 aquella vulgar objeción; es verdad que me he quejado de mala gana por dos razones: una, porque a nosotros no nos ha encargado que lo consigamos, sino que lo procuremos, y aquello queda a su cuenta, y excede nuestro poder, y aunque el amor propio se complaciera un poquito de que nuestros medios tuviesen efecto, y más efecto que en si es santo y bueno; pero la razón impide el sentimiento racional, bien que no el sensible; la otra, porque desde los principios de esta empresa, estamos prevenidos de que ha de haber dificultades12 que, cuanto mayores, han de ceder en mayor gloria del Corazón Sagrado. Y esto mismo me dio entender nuestro Amor Jesús pocos días ha sobre esta determinada dificultad, quitándome las dudas de que se conseguirá presto, pues ya llega el plazo (aunque no tan presto) (de que) llegue a la altura que tendrá este culto con el tiempo. Así, amado Padre, nosotros trabajemos no omitiendo cosa que ceda en gloria del Corazón Sagrado, para facilitar esta dificultad; pues no será en vano cuando ha de ceder en mayor honor del Corazón; y cuando (aunque) el Pontífice reinante 13 no esté escogido para este glorioso asunto, creo que no estará muy distante14 el que lo será; no obstante pidamos y oremos ----- por el Papa presente. Hasta aquí este devotísimo discípulo del Sagrado Corazón de Jesús. En estas ansias, afectos y deseos de las glorias del Sagrado Corazón de nuestro amantísimo Salvador andaba absorto Bernardo hasta el día aniversario de la muerte de la Venerable Margarita María de Alacoque, que fue a los 17 de Octubre de 1690. Celebró este día el Santo Sacrificio de la Misa con fervores seráficos, y recibió en el alma una celestial visita de su Santo Director San Francisco de Sales. Venía el Santo acompañado de la extática Santa Teresa de Jesús y la Venerable Margarita María de Alacoque. Entre los consejos y documentos que le dio su celestial maestro, uno fue encomendarle fuese muy afecto a la Venerable Margarita, y le dio el Santo la razón: Nuestro amable Director me dijo (escribe Bernardo) que debía haber un amor y amistad tierna y fina entre la Venerable Margarita y mi alma, habiendo sido escogida por el Corazón Sagrado para un mismo fin15; y pues que ella me trataba con familiaridad particular, yo acudiese a ella, especialmente en los puntos de esta devoción con particular confianza; luego entendí cómo su muerte tal día como éste, fue un amoroso designio, fue un recostarse dulcemente en el Corazón de su Amado, dando en (Él) el último aliento,16 y a vista de muerte tan deseable, Oh buen Dios!, qué asalto de amor tan fuerte sintió este mi pobre corazón, tocado de una santa envidia. Y aquí cesando la visión, empezó el dulce martirio de los ímpetus. Hasta aquí el devotísimo joven en la última carta que me escribió en su vida, y acaso la última que escribió.17 Porque la fecha (es) en 15 de noviembre de 1735 y, a pocos días después, le acometió la enfermedad gravísima, que nos le arrebató a 29 del mismo mes y año, teniendo 24 años de edad, tres meses y ocho días. |
1 San Ignacio de Loyola tuvo una auténtica intuición al poner, ya en el siglo XVI, un tiempo especial para terminada la formación académica- dedicarse a fomentar el espíritu y la vida interior con intensidad antes de salir a sembrar en la viña del Señor. Ejemplo de ello nos dio el mismo Jesucristo, quien después de su larga etapa de Nazaret, inmediatamente antes de comenzar su vida pública, se retiró al desierto para orar asiduamente. Cristo vino a darnos ejemplo de vida, e Ignacio aprendió esta lección que supo él plasmarla con el tiempo llamado de tercera Probación, de la que habla en este capítulo el P. Loyola. 2 Este como segundo Noviciado no dura dos años como el primero, sino que abarca un curso por lo general, y en la actualidad suele transcurrir entre los meses de octubre a mayo. 3 En las Reglas para los estudiantes de la Compañía leemos: todos procuren ser muy de veras estudiantes.... Ignacio de Loyola, que comenzó a estudiar a los 31 años y tras su experiencia personal comprendió que los estudios requieren todo el hombre, tasa a los estudiantes los ejercicios de piedad en el tiempo de sus estudios, subrayando que no pueden hacer cosa más agradable a Dios nuestro Señor en el tiempo de los estudios que darse a fondo a ellos, tomados únicamente por el amor y el servicio a nuestro Señor. Y aunque les pone también en guardia de que no por darse a los estudios se han de olvidar de adquirir las virtudes, comprende que pueda tropezarse en este escollo, y por ello pone la llamada por él escuela del afecto, es decir, la tercera Probación. Todos los jesuitas, ya en el noviciado, leían unos Avisos para juntar virtud con letras. Los había escrito a finales del siglo XVI el P. Baltasar Alvarez, jesuita eminente por muchos conceptos. Había nacido en la Rioja en 1533 y se fue a estudiar a la universidad de Alcalá de Henares, donde conoció la Compañía de Jesús y entró en ella al poco tiempo. Fue el primer Rector y Maestro de novicios que hubo en Villagarcía, donde siglo y medio más tarde haría su Noviciado el Hermano Bernardo. Estando en Avila, recién ordenado sacerdote y en tiempos en que Santa Teresa de Jesús estaba acongojada en su espíritu, fue él quien la ayudó a serenar su espíritu, de modo que la misma Santa escribe: Era el que más me aprovechó; a lo que me parece era un padre bien santo. De Villagarcía irá al noviciado de Belmonte (Cuenca), donde morirá en 1580. Pues bien, este Padre escribe en sus famosos avisos, que sin duda leyó y meditó con frecuencia el Hermano Bernardo: Lo primero, procuren traer siempre el corazón muy sosegado y libre de ansias de estudiar y de priesas (prisas) por concluir con las obras de obediencia... Procuren también que la virtud y religión tengan siempre en su alma y en su estima el mejor lugar, pues las letras sin ellas más impiden que aprovechan...Tengan muy pura intención en sus estudios... Para esto les ayudará mucho ofrecer muy a menudo su estudio a nuestro Señor, y nunca comenzarle sin hacer primero oración, hincadas las rodillas, y pues Dios les manda que le pidan gracia para aprovechar en las letras, razón es hacerlo a menudo y con humildad...Al principio de los estudios comiencen con fervor a juntarlos con el espíritu; porque ordinariamente, cual fuere el principio será el progreso y el fin.... Atiendan con sumo cuidado a conservar la caridad y unión de unos con otros... Finalmente, hagan de su parte lo que pudieren por estudiar y saber, dejando a la divina Providencia el suceso de los estudios y ejercicios literarios...,lo cual no será dificultoso si buscan a sólo Dios en ellos. Sabemos que el P. Hoyos, ya al comenzar sus estudios en Medina del Campo, se propuso vivir en ellos al modo como lo hizo uno de sus más admirados compañeros de Orden: el jesuita flamenco Juan Berchmans, muerto santamente en Roma un siglo antes. Hizo suya una de sus máximas, que corrían escritas por el Noviciado de Villagarcía: No me avergonzaré de practicar lo que me enseñaron en el noviciado. 4 San Ignacio instituyó para sus jesuitas tres probaciones, que siguen vigentes también hoy: la primera probación suele durar unos pocos días (al que desea entrar en la Orden se le dan a leer los documentos más importantes en orden a hacerse cargo de lo que es la Compañía de Jesús y poder saber así a qué se compromete entrando en ella). La segunda probación comienza con el Noviciado, que dura dos años, y se extiende a lo largo de otros varios hasta que hace la profesión llamada de últimos votos. La tercera probación se suele hacer al finalizar los estudios o la formación y siempre después de ser ordenados sacerdotes. 5 En la Compañía de Jesús instituyó San Ignacio los llamados profesos: jesuitas que hacen cuatro votos, los tres comunes de pobreza, castidad y obediencia, y uno de especial obediencia al Sumo Pontífice; los llamados coadjutores espirituales, que hacen los tres votos comunes; tanto los profesos como los coadjutores espirituales son sacerdotes. El P. Bernardo de Hoyos no llegó a ser ninguna de estas dos cosas, ya que murió sin haber hecho la profesión de últimos votos; murió siendo lo que en la Compañía se llama: escolar aprobado, ya que murió antes de hacer la profesión solemne. 6 En efecto, cuando el P. Loyola escribe la Vida de Bernardo de Hoyos se encuentra desempeñando el cargo de Instructor de tercera Probación. Sustituyó al P. Tovar, que fue el Instructor del P. Hoyos en 1735. Vemos cómo en la tercera edición del Tesoro escondido, publicada en Madrid en 1736, se dice en ella: su autor, el Padre Juan de Loyola, de la Compañía de Jesús, Maestro de Sagrada Teología, y al presente Instructor de los Padres de la Tercera Probación de la Provincia de Castilla 7 Así es; el P. Hoyos sabía lo que era caminar por medio de oscuridades y sequedades, que tuvo que saborear tanto en Villagarcía como, sobre todo, en Medina del Campo. La noche oscura, de que habla San Juan de la Cruz, no era ningún secreto para él. Parece que al comenzar su tercera Probación Bernardo experimentó sequedad espiritual, pero esto no fue óbice a que recibiera gracias muy preciadas, aunque fueran de las que Juan de la Cruz llama gracias de pura fuerza en fe. 8 En aquel tiempo los jesuitas que hacían la tercera Probación distribuían el mes de Ejercicios en diversas etapas, no haciéndolo todo seguido y de una vez; al menos, así se hizo con el P. Tovar, que fue el Instructor de Bernardo por algún tiempo. En el mes de octubre hicieron lo que se llama la Primera Semana de Ejercicios, cuyo componente esencial son las verdades eternas. 9 Este pasaje de la vida del P. Hoyos trae a la mente las purificaciones que experimentó también Santa Margarita de Alacoque cuando el Señor, en ocasiones, la ponía en espíritu ante su Presencia y, al verse manchada con faltas e imperfecciones,experimentaba deseos de desaparecer bajo la tierra, porque escribe- me sentía quemar de vergüenza. Son purificaciones de tipo místico, que abrillantan el corazón como el fuego quema las escorias e impurezas del mineral de oro. 10 Bernardo ha descrito maravillosamente en el párrafo anterior los sentimientos de su corazón, al entrar en esas místicas purificaciones que hace el Señor en sus almas más queridas. Pero a la vez experimentará también las dulzuras del Señor, que nunca prueba a las almas más de lo que ellas pueden llevar. 11 Se trata del Papa Clemente XII, que si no contrario a este culto, de hecho no lo favoreció. 12 Ya desde los comienzos sabía Bernardo que no sería fácil extender este culto del Corazón de Jesús sin que hubiera que vencer muchas resistencias. Así lo escribe él en su Diario el 10 de mayo de 1733, una semana después de haber descubierto él esta devoción con la lectura del libro del P. Gallifet: De cultu Cordis Jesu. En efecto, así escribe Bernardo: El domingo pasado inmediato a la fiesta de nuestro San Miguel, después de comulgar sentí a mi lado este santo arcángel que me dijo cómo el extender el culto del Corazón de Jesús por toda España y, más universalmente, por toda la Iglesia, aunque llegará día en que esto suceda, ha de tener gravísimas dificultades, pero que se vencerán; que él, como príncipe de la Iglesia, asistirá a la empresa, que en lo que el Señor quiere se extienda por nuestro medio, también ocurrirán dificultades, pero que experimentaremos su asistencia. 13 Clemente XII 14 Para España sería el Papa Pío VII quien concedería la fiesta del Corazón de Jesús en 1815, es decir ochenta años más tarde de la fecha en que estas líneas fueron escritas. 15 En efecto, ambos fueron escogidos por Dios para extender y fomentar el culto al Corazón de Jesucristo. Santa Margarita para toda la Iglesia, Bernardo de Hoyos especialmente para su Patria España, que abarcaba entonces toda la América hispana. 16 En los días anteriores a su muerte repetía Santa Margarita una y otra vez: ¡Qué dulce es morir después de haber tenido una tierna y constante devoción al Corazón de Aquel que nos ha de juzgar!; su última palabra fue: Jesús¡ Tenía a su muerte 43 años. El P. Bernardo de Hoyos repetía poco antes de su muerte: ¡Oh, qué bueno es habitar en el Sagrado Corazón de Jesús¡ y con estos sentimientos entregó su alma a Dios un 29 de noviembre de 1735; tenía entonces 24 años solamente. 17 Es lo más probable, ya que la carta lleva fecha de 15 de noviembre y sabemos que tres días después, concretamente el día 18 es cuando un compañero le vió tan mal que le aconsejó meterse en la cama, pues había muchos casos de tabardillo en Valladolid que estaban ocasionando no pocas muertes. Es hermoso lo que respondió Bernardo a su compañero, como si de algún modo presintiese que ya no volvería a levantarse de la cama: Primero quiero ir a celebrar Misa y despedirme de Jesús. Así obran los santos. |