| Libro Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España. |
| Libro Tercero.
Capítulo 13. Los gloriosos San Juan Evangelista,
San Francisco de Sales y N. P. San Ignacio se le muestran
especiales Protectores de la devoción del Sagrado
Corazón de Jesús. Los fervorosos esfuerzos que nuestro joven practicaba para extender su devoción, se debían a los favores que recibía del cielo. Entre los muchos que recibió por este tiempo,1 no se puede omitir el que le hicieron tres Santos muy amados y amantes de Bernardo el día de la fiesta2 de N. P. San Ignacio. No sabía este verdadero devoto del Corazón de Jesús, pensar ni hablar aun con los cortesanos del cielo sino de las glorias del S. Corazón. Estas pedía en la festividad de N. S. Patriarca, cuando inflamado en los ardores comunes en su espíritu, gozó el favor que refiere por estas palabras. Después de comulgar, vi entre resplandores de gloria a nuestro muy amado Hermano y primer condiscípulo del S. Corazón, San Juan Evangelista, acompañado de nuestro dulcísimo Director San Francisco de Sales, y de nuestro gloriosísimo P. San Ignacio. Estando ya asombrado de la santidad que entendí resplandecía en estos tres Santos, se me declaró cómo éstos eran los tres a cuya cuenta corrían las glorias del Corazón S. de Jesús. Del Santo Evangelista por haber sido privilegiado en descansar sobre el Corazón Sagrado, donde se le descubrieron sus excelencias, y desde entonces tenía este amante Apóstol particular devoción con aquel Corazón de su Maestro, en que bebió las luces y las llamas de su Amor. De Nuestro Santo Director en su Orden y de Nuestro Santo Padre en su Religión, por haber sido estos dos Santos de los amantes divinos que más al vivo copiaron en sus corazones el ardor seráfico del Evangelista. San Sales en lo dulce que fue el distintivo de su amor; San Ignacio en lo fuerte que fue la divisa de su caridad ardiente. Luego me miró Nuestro Santo Padre con dulces y benignos ojos, como insinuándome la complacencia que tenía en aquellos sus hijos (entendí con especialidad en mis Padres3) que cooperaban a este asunto gloriosísimo de propagar las glorias del Corazón Sagrado, que era peculiar a la Compañía y Orden de la Visitación.4 Como, al contrario, pidiéndole por aquellos sus hijos que, o con buen celo o por otros intentos ponían dificultades a esta santa idea, conocí lo que al Santo le desagradaba esto en la severidad y como indignación que a este tiempo vi en sus majestuosos ojos. Hasta aquí la pluma de este dichoso joven. Estos tres gloriosos Santos, que se descubrieron a Bernardo Protectores de las glorias y cultos del S. Corazón de Jesús, estaban destinados a este fin por la Divina Providencia. El discípulo amado San Juan Evangelista se puede llamar el primer autor o descubridor celeste del Corazón Divino. Así lo muestra la célebre visión de la regalada esposa de Jesús, Santa Gertrudis,5 fundamento6 de la devoción del Corazón de Jesús. Este es lugar propio de referirla, y confirmará los favores de nuestro joven. Entre las celestiales gracias que San Juan Evangelista hizo a su devota Gertrudis, fue una ponerla en espíritu a la puerta del Corazón amabilísimo de Jesús. Sintió la Santa en este tiempo inexplicables dulzuras con los movimientos santos o pulsaciones del Corazón Divino. Absorta con tan suaves delicias del cielo, preguntó confiadamente a su amado Evangelista (Insinuatio divinae pietatis lib.4 cap.4): Nunquid, o Dilecte Dei, horum suavissimorum pulsuum non sensisti delectamentum dum in coena super idem suavissimum pectus recubuisti, quorum delectatione ego nunc tantum afficior? Por ventura, oh amado de Dios, no sentiste los santísimos gustos de estas suavísimas pulsaciones cuando te recostaste sobre este Santísimo Pecho y Corazón, con los cuales me hallo yo ahora tan encendida en amor?- Sí la sentí, respondió a su amada Gertrudis San Juan Evangelista; y la suavidad de las sagradas pulsaciones de mi Divino Maestro penetró toda mi alma, y encendió todo mi espíritu en amorosas llamas: et cur hoc penitus conticuisti, -prosiguió la Santa-, quod nec quidquam vel modice saltem ex inde nostris provectibus intelligendum conscripsisti?. Pues cómo, Santo mío, callaste tanto las finezas de nuestro amado Jesús, que no escribiste la menor cosa de este asunto para que nosotros lo conociésemos y nos aprovechásemos? Respondióla el Santo: la razón porque no escribí del Sagrado Corazón de mi Maestro, fue porque me mandó el Señor que yo escribiese para enseñanza de la Iglesia, todavía tierna, del Verbo increado del Padre; en el cual hay tan altos, divinos e infinitos misterios, que nadie los puede comprender en todos los siglos. El dar noticia de las pulsaciones y movimientos del Corazón de Jesús, quedó reservado para los tiempos futuros, en los cuales, oyendo los inflamados afectos del Corazón de Jesús, se encienda el mundo envejecido y resfriado en el amor de Dios. Hasta aquí parte de la dulcísima conversación que tuvo Santa Gertrudis con el amado Evangelista, estando ambos recostados en el Santo Pecho de Jesús y cerca de su Corazón. Parecido en algo a este favor de Santa Gertrudis es el que el mismo Evangelista San Juan hizo a su devoto Bernardo un día de su fiesta. Sólo se diferencian el favor de la Santa y de nuestro joven, en que Santa Gertrudis gozó inefables dulzuras en el Santo Corazón de Jesús; Bernardo gozó dulzuras, pero mezcladas con las sutilísimas penas de que hablaremos después. Era ya sacerdote y celebraba el Santo Sacrificio de la Misa con los seráficos fervores que siempre en la solemnidad del Santo,7 de quien dice: Este gloriosísimo discípulo del Corazón de Jesús me asistió casi todo el tiempo de la Misa, y al comunicárseme aquel singular favor de introducirse mi alma en el Corazón Sagrado a contemplar más de cerca sus penas y dolores, me pareció me conducía este mi amable Santo, hasta introducirla en aquel Palacio Augusto de la Divinidad, y al mismo tiempo me dio a entender, con cuánta razón se le da en la Vida de Santa Gertrudis el título de Portero del Corazón de Jesús; por lo cual es casi inseparable el amor al Corazón de Jesús de un tierno afecto a este Santo evangelista, cuya devoción deseo inculqu8e V. R. en lo que se añadiere al Librito, como medio para alcanzarla con el Corazón de Jesús. Para esto hay comodidad en varias partes del Librito, y aun si a V. R. le pareciere, podrá apuntar con cuánta propiedad pueden elegir las congregaciones del Corazón su día, por uno de los cuatro en que Su Santidad les concede indulgencias, pues espero tendrá así algún efecto esta nuestra idea y deseo del Corazón Sagrado.9 Hasta aquí la pluma del discípulo del Sagrado Corazón de Jesús, amante del Discípulo amado. En sus palabras se descubre también el santo celo con que meditaba siempre nuevos medios de establecer los cultos del Corazón Divino. Las palabras de nuestro joven, y la regalada visión de Santa Gertrudis declaran bien el particular título que San Juan Evangelista tiene para ser declarado Protector del culto, devoción y glorias del S. Corazón de Jesús. La obligación de San Francisco de Sales10 en promover los cultos del Corazón Divino, insinúa bien Bernardo en las breves palabras de su revelación cuando dice: que está encargado el Santo de promover este culto, por ser fundador y Patriarca de la Sagrada Orden de la Visitación de Santa María. Es tan propio del Sagrado Instituto de esta Religión esclarecida el culto del Corazón de Jesús, que la fundó el Santo para este fin, según nos instruye su historia. Es digna de saberse la revelación que tuvo en este asunto la V. Ana María Clemente, religiosa de la Visitación. Hablando de su Santo Padre y Fundador, dice así: Dios me ha dado a entender que San Francisco de Sales, cuando vivía en la tierra, hacía su continua morada en el Corazón Santísimo de Cristo donde vivía, de suerte que jamás le interrumpían su reposo ni las grandes ocupaciones; por esta causa le fue inspirado que fundase una orden en la Santa Iglesia, que tuviese por fin honrar el adorable Corazón de Cristo, y practicase las dos virtudes de humildad y mansedumbre que son el fundamento de las Constituciones de la Visitación. En todos los escritos del Santo se hallan tantas señales de haberle destinado Jesús para propagar los cultos sagrados de su Divino Corazón, que nadie puede dudar de esta verdad. Son ,a mi parecer, más de ciento los lugares que se hallan en los escritos del Santo, que tratan de la devoción al SSmo. Corazón de Jesús. Me contentaré con señalar sólo dos, que encontré estos días en los Sermones de nuestro Santo, que acaban de salir a luz en nuestro idioma. Tratando el Santo, en un sermón de la Transfiguración, de la gloria que tendrán los bienaventurados conversando en el cielo con nuestro amantísimo Salvador, escribe con su pluma, que destila siempre dulzura y amor, de esta suerte (Tom.1 Serm.6 pag.114): Pasemos más adelante, os suplico, y digamos alguna cosa de la honra y favor que tendremos de comunicar con N. S. Jesucristo. Aquí sin duda nuestra felicidad tomará un aumento inexplicable:¿ qué haremos, queridas almas? Pero,¿ qué será de nosotros cuando veamos a aquel adorable Corazón y muy amado de nuestro Soberano Dueño por medio de la Llaga Sagrada de su Costado, todo ardiente por el amor que nos tiene? En cuyo Corazón veremos todos nuestros nombres escritos con letras de amor: Ay!¿ Es posible,- diremos entonces a nuestro Divino Salvador-, que me hayáis amado tanto, que he de ver mi nombre en vuestro Corazón, y en vuestras manos? Esto es muy verdadero. Hablando el Profeta Isaías, en persona de nuestro Señor, nos dice estas palabras: cuando (aunque) sucediese que la madre olvidase a su hijo, que ha traído en sus entrañas, no me olvidaré yo, porque tengo tu nombre grabado en mis manos! Nunquid potest mulier oblivisci infantem suum, ut non misereatur filio uteri sui? Et si illa oblita fuerit, ego tamen non obliviscar tui: ecce in manibus meis descripsi te (¿puede la mujer olvidarse del niño de sus entrañas? Pues aunque ella se olvidase, yo no me olvidaré de ti: te llevo escrito en mis palmas). Pero Nuestro Señor excediendo más a lo que dicen estas palabras, nos dirá: no sólo he grabado tu nombre en mis manos, pero aún dentro de mi Corazón; cosa por cierto de muy grande consuelo, el ver que somos amados tan claramente de Nuestro Señor, que nos trae siempre en su Corazón! Oh! Cuán admirable gozo será para todos los Bienaventurados, cuando verán (vean) dentro de aquel Sagrado Corazón los pensamientos de paz que tenía para ellos en la misma hora de su Pasión. Hasta aquí la pluma del Santo teñida en el amor de su corazón y del de Jesús. En el sermón de San Juan ante Portam Latinam (Tomo 2, Serm.2, pag.4), discurriendo el Santo algunas razones por las cuales quiso Jesús que el soldado le abriese el Sagrado Costado con el hierro de la lanza, dice: Muchas razones hay, por las cuales quiso Jesús, y permitió, que su costado fuese abierto después de su muerte, pero no referiré más que dos. La primera es para que viésemos los pensamientos de su Corazón, los cuales no son más que pensamientos de amor y dilección para todos los hombres. Ego cogito cogitationes pacis et non affliccionis. Mis pensamientos- dice por su Profeta- son pensamientos de paz y no de aflicción. Quiso, pues, que su Costado fuese abierto, para que conociésemos el deseo grande que tiene de darnos las gracias y bendiciones de su Corazón, y su Corazón mismo, como sucedió con Santa Catalina de Siena 11 haciéndola este favor tan incomparable de trocar con ella su Corazón, de suerte que esta Santa, la cual antes de haber recibido este favor le decía: Señor os encomiendo mi corazón; después le decía: Señor, os encomiendo vuestro Corazón. Oh! Qué grande dicha para esta Santa el haber trocado así su corazón con el de su Divino Salvador! En verdad que bien podía decir , como el apóstol Máximo12: Vivo ego, iam non ego, vivit vero in me Christus: Vivo yo, pero no yo, sino es mi Jesús, que vive en mi, supuesto que el Corazón de Nuestro Señor era el suyo. En verdad que las almas devotas no deben tener otro corazón sino el de Dios, otro espíritu sino el suyo, otra voluntad sino la suya, otros afectos, sino los suyos, ni otros deseos, sino los suyos, y en conclusión han de ser todas de su Majestad sin reserva alguna. Hasta aquí el Santo enamorado del S. Corazón de Jesús. Omito otros innumerables lugares de los escritos del Santo, en que se declara destinado por Jesús para las glorias de su Corazón Divino. El Costado abierto de Jesús, y su Divino Corazón, de que habla este dulcísimo Santo, me acuerda (me recuerda) que nuestro feliz joven Bernardo tuvo la inteligencia siguiente. Diole a entender el Señor que su Santo Director San Francisco de Sales había llegado a la altísima perfección que tenía, por medio del Corazón de Jesús. Esto entendió con el símbolo de un blanco y purísimo cordero que se apacentaba en el Sagrado Pecho de Jesús y bebía la Sangre de su Corazón, en particular entendí (dice el joven) la grandeza de la mansedumbre, que bebió y debemos beber todos en esta celestial fuente. En otra ocasión conoció Bernardo la perfección singular a que le llamaba el Señor; cifrándosela en la imitación del Sagrado Corazón de Jesús, en su amor y padecer, dice: ésta es la perfección que enseña nuestro dulcísimo Director San (Francisco de) Sales, como quien la bebió en la misma fuente, y no hay que admirar que no se halle en los Santos Padres de la Iglesia cosa igual: porque estaba reservado el enseñar este camino de la perfección para el Santo, a quien se declararon los secretos del Corazón, para que por su medio se manifestasen a la Iglesia. Esto me confirmó el Divino Amor Jesús en este sentimiento. Pedíale uno de estos días me hiciese hijo en el espíritu de este dulcísimo Santo, y sentí se me daba por respuesta que advirtiese que me quería hacer esta gracia, pues me había descubierto en su Corazón la escuela donde el Santo aprendió, y que lo mismo era aprender la vida espiritual de su Corazón, que la que el Santo enseña, o el camino dulce y sólido por donde guía a su consecución; consolóme no poco este sentimiento, y me dio luz para admirar mil secretas providencias en la conexión de las cosas del Corazón y las de San Francisco de Sales. Hasta aquí la pluma de este verdadero discípulo del Corazón de Jesús, y de su dulcísimo Director. Más brevemente descubriré la obligación precisa de nuestro Padre San Ignacio a promover los cultos y glorias del Sagrado Corazón de Jesús por medio de sus Hijos. La V. Margarita María, propagadora ilustre de los cultos del Corazón de Jesús, nos descubre el glorioso destino que el Señor hizo de nuestra Compañía para esta devoción. Escribiendo Margarita a un Jesuita, le dice así: Mi Rdo. Padre13: os pido encarecidamente que nada dejéis de hacer para inspirar esta devoción por todo el mundo, pues Jesucristo me ha dado a conocer de un modo que no admite la menor duda, que por medio de los Padres de la Compañía de Jesús principalmente, quiere establecer en todo el mundo esta sólida devoción, y con ella hacerse un número infinito de siervos fieles, perfectos amigos, y de hijos enteramente reconocidos. Hasta aquí la V. Margarita, la cual dio parte de este celestial arcano a otras muchas personas, según refiere el Iltmo. Señor Don Juan Joseph Languet, Arzobispo dignísimo de Sens, muro de la Iglesia Católica contra los Jansenistas y Quesnelianos.14 Escribe este gran Prelado, en la vida de Margarita, lo siguiente: La devoción del Corazón de Jesús ha pasado los mares, y ha sido llevada a las vastas regiones de la Asia, y de la América, donde han predicado la Religión los Padres Jesuitas, y estos han inspirado en sus fervorosos neófitos, con las verdades de la fe, el amor y culto al Corazón de Jesucristo, principio de su salvación, y de las gracias que obra en ellos. De esta suerte se cumple otra profecía de la Sierva de Dios, que había dicho muchas veces que el culto del Corazón de Jesucristo se establecería en todo el mundo, y que los Rdos. Padres de la Compañía de Jesús estaban señalados por Dios para cumplir sus designios en este punto. Así lo escribió Margarita el año de 1689 a la Madre de Saumayse,15 y el original de esta carta con muchas otras, que hacen fe en las diversas predicciones de que he hablado, se conservan en el Monasterio de Paray, y se presentó al Comisario eclesiástico en la información Jurídica de que hicimos mención. Hasta aquí el sapientísimo y celosísimo Arzobispo. Con estas revelaciones de la V. Margarita se conforman las que nuestro joven Jesuita tuvo en el mismo asunto. Quedan ya muchas referidas o insinuadas, y así referiré sólo la siguiente con sus mismas palabras. El día de N. Santo Padre (dice) se me dio a entender cómo, por su medio, dispensaba este día a sus Hijos el Corazón de Jesús particulares gracias, y vi en el mismo Sagrado Corazón la complacencia que tiene en el Santo y en su Religión, entre otros títulos, por éste de ser escogida para promover este culto, de lo que tuvo noticia N. P. San Ignacio, entre los secretos fines a que le declaró el cielo fundaba esta Religión: y nuevamente entendí la complacencia de N. P. San Ignacio en que sus Hijos se empleen en asunto tan de la gloria de nuestro Capitán Jesús y tan propio de su Compañía. Hasta aquí el joven Jesuita del Corazón de Jesús16 |
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Estamos en los años 1734-35. 2 El 31 de julio de 1735 3 Se refiere al Grupo de los Cinco, como los llama el P. Cardaveraz. El P. Uriarte, en su libro Principios del Reinado del Corazón de Jesús en España, los llama la reducida Compañía del Corazón de Jesús. Eran éstos, además de Bernardo de Hoyos, Agustín de Cardaveraz, Pedro Calatayud, Juan de Loyola y Lorenzo Jiménez. 4 Nada aclara mejor este punto que la carta que escribe Santa Margarita de Alacoque, el 4 de julio de 1688, a la Madre Saumaise. En ella le da cuenta de la misión que, a través de ella, da el Señor a la Compañía de Jesús. Dice así: Habiendo tenido la dicha de pasar todo el día de la Visitación (2 de julio de 1688) ante el Santísimo Sacramento....se me representó un lugar eminente..., en cuyo centro había un trono en llamas y en él estaba el amable Corazón de Jesús con su llaga... La Santísima Virgen estaba a un lado y San Francisco de Sales al otro con el santo Padre de la Colombière; y se veía en aquel lugar a las Hijas de la Visitación.... La Santísima Virgen nos llamó con estas palabras: Venid..., acercaos, porque os quiero hacer como las depositarias de este precioso tesoro... Y prosiguiendo esta Reina de bondad, dijo mostrándoles aquel Corazón divino: He ahí ese precioso tesoro que se manifiesta a vosotras particularmente por el tierno amor que tiene mi Hijo hacia vuestro Instituto, al cual mira y ama como a su querido Benjamín... Y no solamente deben enriquecerse ellas con este tesoro, sino que han de distribuir también con abundancia y cuanto puedan tan preciosa moneda, procurando enriquecer con ella a todo el mundo, sin temor de que se acabe, porque cuanto más saquen, más encontrarán. Después, volviéndose hacia el buen Padre de la Colombière, le dijo esta Madre de bondad: A ti, fiel siervo de mi divino Hijo, se destina gran parte de este precioso tesoro; porque si se concede a las Hijas de la Visitación el invitar a los hombres a que lo conozcan y amen, y el distribuirlo; está reservado a los Padres de tu Compañía hacer ver y conocer su utilidad y valor de este tesoro a fin de que se aprovechen de él, recibiéndole con el respeto y agradecimiento debido a tan gran beneficio. Y a medida que le den este gusto, este divino Corazón, fuente fecunda de bendiciones y gracias, las derramará tan abundantemente sobre las funciones de su ministerio, que producirán frutos que irán más allá de sus trabajos y esperanzas, incluso para la salvación y perfección de cada uno de ellos en particular Este sigue siendo el pensamiento de la Compañía de Jesús en el momento actual. Ciñéndonos a los dos últimos Generales de la Orden de San Ignacio, los Padres Arrupe y Kolvenbach, vemos cómo en 1965, en la Congregación General que eligió al P. Pedro Arrupe, se dice: La Compañía de Jesús, en sus miembros y en su proyección apostólica ha de preocuparse de un modo especial de la devoción al Corazón de Jesús, para seguir siendo fiel a la tradición de sus antepasados y por la muy reciente recomendación del Romano Pontífice En 1985 la Congregación General 33 ponía a la cabeza de la Compañía de Jesús a un holandés: el P. Peter Hans Kolvenbach. En la Alocución a los miembros de la Orden con motivo del tercer Centenario del encargo, dado por el Señor a la Compañía, de promover el culto a su Corazón, se expresaba así el General: La misión que les confía a estos dos grupos religiosos (salesas y jesuitas) es la de manifestar el amor misericordioso de su Hijo para con los hombres, como se reveló en su Corazón herido... Santa Margarita destina a las Salesas su dimensión contemplativa y a los jesuitas la actividad propiamente apostólica.... La Compañía, hace un siglo, durante la Congregación 23, reconoció y recibió a Domino nostro Jesu Christo munus suavissimum ipsi commissum (1883, decreto 46) esta misión... ...apartar la memoria viva de la historia vivida por la Compañía según la voluntad del Señor, siendo así que recibió la misión de anunciar el misterio del amor de Dios revelado en el Corazón del Hijo único, sería traicionar la existencia misma de la Compañía, en razón sobre todo de una real connaturalidad entre la espiritualidad del Corazón de Jesús y la espiritualidad ignaciana, y esta connaturalidad es la que explica cómo desde Santa Margarita hasta el padre Arrupe, se mantiene el nexo prometido entre el vigor de la espiritualidad del Corazón de Jesús y la fecundidad apostólica de la Compañía... Finalmente, el último Documento publicado en 1995 y que resume en magnífica síntesis el espíritu y la legislación de la Compañía de Jesús, el libro titulado Constituciones de la Compañía de Jesús-Normas complementarias dice así : Aprecien vivamente y mediten todos el misterio del Corazón de Cristo en la vida de la Iglesia; asimílenlo personalmente de modo que puedan impregnar con él toda su actividad apostólica, como respuesta al encargo suavísimo hecho a la Compañía por el Señor (Normas complementarias, nº 276, & 1) 5 Santa Gertrudis, llamada la Grande, nació en Sajonia en 1256 y ya de niña ingresó en el Monasterio de Helfta, gobernado entonces por la Abadesa Gertrudis de Hackeborn. Tuvo como Maestra a Santa Matilde, hermana de la abadesa. A la edad de 26 años experimentó una serie de visiones y revelaciones, muchas de las cuales escribió en algunos de sus libros: El heraldo del amor divino, Ejercicios espirituales,etc. Se la ha considerado como la primer apóstol de la devoción al Sagrado Corazón. Murió en el año 1302. Es una de las grandes místicas alemanas. 6 Por esta palabra fundamento, que aquí escribe el P. Loyola, solamente puede entenderse como base, comienzo... de la devoción al Corazón de Jesús, ya que el fundamento como tal de esta devoción se encuentra en el Calvario, con el cuerpo de Jesús roto por la lanzada, que dejaba ver su Corazón como la explicación de toda su vida: Ved aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres.... Si algo quiso recalcar la encíclica Haurietis aquas de Pío XII fue, precisamente, esto: que el origen de esta magnífica devoción se encuentra en la Sagrada Escritura y , de modo especial, en el Nuevo Testamento. 7 La fiesta de San Juan evangelista era el 27 de diciembre. Si tenemos en cuenta que el P. Hoyos murió el 29 de noviembre y era sacerdote desde el día 2 de enero de 1735, tendremos que aquí puede tratarse o bien de una Misa votiva en honor de San Juan evangelista (las misas votivas eran antes más frecuentes que en la actualidad) o bien, tal vez, de la antigua fiesta de San Juan evangelista: la llamada de San Juan, ante portam latinam, en que se conmemoraba su martirio de aceite hirviendo. 8 El P. Loyola no recogió esta sugerencia de los escritos de Bernardo de Hoyos. En efecto, en la tercera edición, publicada en Madrid, en la imprenta de Alonso Balvas, en 1736, aparecen algunos capítulos más con respecto a la edición primera de Valladolid; hay uno dedicado a dar una Idea breve del espíritu de la V. M. Margarita María de Alacoque, propagadora de los cultos del Corazón de Jesús; pero nada especial aparece sobre la figura de San Juan evangelista. 9 En la primera edición del Tesoro escondido, que ve la luz en Valladolid, en octubre de 1734, no se hace alusión alguna a estas indulgencias concedidas por el Sumo Pontífice; pero sí se habla de ellas en la edición de Madrid (1736). Añade en ella algunos capitulos nuevos; en el capítulo III, titulado: Continúa la materia (sobre el origen del culto al Corazón de Jesús) y se prueba la solidez de estos favores , escribe el P. Loyola: Nuestro Santísimo Padre Clemente XII, Papa reinante, en la Bula que empieza: Ad perpetuam rei memoriam, despachada en Roma a 9 de setiembre de 1734, concede indulgencia plenaria a todos los congregantes de la ciudad de Lorca, que tiene la gloria de ser la primera que en España fundó esta Congregación, para el día que se alistan en ella y para el de su principal fiesta. Han de confesar, comulgar y visitar el templo o capilla de la Congregación, rogando por la paz y concordia entre los Príncipes cristianos, etc. En otros cuatro días que eligieren los congregantes y el Ordinario aprobare, concede Su Santidad siete años de indulgencias y otras muchas por algunos ejercicios de piedad que los congregantes practican. A estos cuatro días alude el P. Hoyos como oportunos para que uno de ellos coincida con la fiesta de San Juan evangelista, procurando así la devoción a este Santo. 10 San Francisco de Sales nació en 1567, fue obispo de Ginebra durante veinte años, en los cuales llevó a la fe católica a más de 70.000 calvinistas, a quienes ganó su dulzura y afable trato. Escribió obras tan conocidas como Introducción a la Vida devota, el Tratado del amor de Dios y Conferencias espirituales, dedicadas éstas a las religiosas (Salesas) fundadas por él y por Santa Juan Francisca Fremiot de Chantal. El P. Hoyos le llamará su Director espiritual, dad la afinidad de su espiritualidad con la del joven jesuita. Murió en 1622, el año en que San Ignacio de Loyola era elevado al honor de los altares. 11 Santa Catalina de Siena nació en la ciudad de este nombre, en la Toscana italiana, en 1347. Es una de las grandes místicas de la Iglesia. A sus oraciones y desvelos se debió la vuelta de los Papas a la Ciudad Eterna. Vivió 33 años solamente y escribió, entre otras obras, su famoso Diálogo, repleto de elevada doctrina espiritual. Junto con Santa Teresa de Jesús ha sido nombrada Doctora de la Iglesia. Murió en 1380 tras tres meses de misteriosa agonía. 12 Se refiere a San Pablo 13 Se refiere aquí a la carta que Santa Margarita escribió al P. Croisset en 1689, un año antes de la muerte de la Santa. 14 Unos y otros, imbuidos de un mismo espíritu y ojeriza contra el culto al Corazón de Jesús, lucharon por desprestigiar esta devoción que privilegia y hace hincapié en el amor de Dios al hombre. 15 Santa Margarita escribe varias cartas a la Madre de Saumaise. La primera, en que le da la noticia de ser la Compañía de Jesús escogida para extender el culto al Corazón de Jesús, no es de 1689 como dice aquí el P. Loyola- sino de un año antes. Concretamente, del 4 de julio de 1688. Dos días antes, en la fiesta de la Visitación, durante una visión que tiene, oye estas palabras: ....si se concede a las Hijas de la Visitación el invitar a los hombres a que lo conozcan y amen, y el distribuirlo; está reservado a los Padres de tu Compañía hacer ver y conocer su utilidad y valor de este tesoro a fin de que se aprovechen de él... 16 No deja de ser bonito, a la par que curioso, este título que Loyola da al P. Bernardo de Hoyos: el joven jesuita del corazón de Jesús. |