Libro “Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús”, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España.

Libro Tercero. Capítulo 11. Dase noticia de algunas Congregaciones del Corazón de Jesús y de las muchas novenas con que se empezó a venerar.

Una de las primeras ideas que formó el P. Bernardo para establecer el culto del S. Corazón de Jesús fue que se fundasen congregaciones de este Sacrosanto Corazón; así lo vimos en su lugar, cuando escribió al P. Calatayud que publicase esta devoción y pensase el modo de fundar algunas congregaciones. La facilidad y brevedad con que se estableció la de la Iltma. Ciudad de Lorca, a quien no se puede disputar la gloria de haber sido la primera en España, dio aliento para fundar otras innumerables. Porque el celoso Misionero experimentó ser estas piadosas congregaciones un medio inspirado del mismo Corazón Divino para el fervor que se veía en los pueblos.1 Lo mismo era proponerles congregación del Corazón de Jesús que abrazarle, cuantos estaban sólidamente convertidos.

Este era el propio lugar de dar alguna noticia del fin, esencia y método de estas santas congregaciones; 2de los Breves e indulgencias con que los Sumos Pontífices las han honrado y enriquecido. Mas por ser ya tan conocidas y frecuentadas estas congregaciones, se omite lo que puede leerse en las Reglas mismas impresas. También sería justo insinuar el número de estas congregaciones en España; basta decir que son tantas que sólo los Misioneros de nuestra Compañía de Jesús de esta Provincia de Castilla han fundado muchos centenares. Muchas más han establecido los Reverendos P.P. Misioneros de otras sagradas Ordenes, y algunos Apostólicos eclesiásticos seculares.

Aunque omitimos la noticia de otras Congregaciones del Corazón de Jesús, es justo referir la que fundó en nuestro Colegio Imperial3 de Madrid este año pasado4 del 1737. Deseando algunos celosos Jesuitas, promotores de la amabilísima devoción al Corazón Divino que se fundase en la Corte una congregación del Corazón de Jesús, la propusieron a algunas personas sólidamente devotas, de la primera grandeza. Ya, como hemos visto, se hallaba nuestra Corte no sólo noticiosa, mas sagradamente encendida en el amor ferviente al Corazón S.S. . Con esta favorable disposición, que fomentaban no pocos cortesanos, fue muy bien recibida la especie de congregación del Corazón de Jesús. Propúsose a nuestros piadosísimos Reyes5, a los señores Príncipes (hoy Reyes Augustísimos) e Infantes, los cuales todos se alistaron en la congregación con una piedad digna de sus corazones reales. A imitación de piedad tan ínclita y augusta, todas las personas de la Casa y familia Real se escribieron en la misma congregación, y después innumerables personas grandes e ilustres de la Corte. Para índice de los principios fervorosos de la devoción al S. Corazón de Jesús que inflamó la congregación del Colegio Imperial, basta poner aquí los nombres de algunos señores congregantes de ambos sexos.

Señores

El Sr. D. Felipe V  N. católico Monarca

El Sr. D. Fernando VI  Monarca católico de España

El Serenísimo Sr. Infante de España, D. Felipe de Borbón

El Serenísimo Sr. Infante Cardenal Arzobispo de Toledo y Sevilla, D. Luis de Borbón

El Excmo. Sr. Conde de Velalcázar

El Excmo. Sr. Conde de Paredes

El Excmo. Sr. Conde de Luna

El Excmo. Sr. Duque de Béjar

El Excmo. Sr. Marqués de Villarias

El Excmo. Sr. Conde de Benavente

Señoras

La Reina N. S. Dª María Bárbara

La Sra. Reina Viuda Dª. Isabel Farnesio

La Serenísima Sra. Dª. María Teresa, Infanta de España

La Serenísima Sra. Dª. María Antonia Fernanda, Infanta de España

La Serenísima Sra. Infanta de Francia, Dª. Luisa Isabel

La Excma. Sra. Marquesa de Almodóvar

La Excma. Sra. Duquesa de Breda, viuda

La Excma. Sra. Dª Clara de Solís y Gante

La Excma. Sra. Condesa de Lemos

La Excma. Sra. Duquesa de Atri, viuda

La Excma. Sra. Duquesa de Beraguas

Aunque el fruto de las congregaciones del Corazón de Jesús era más sólido, público y constante, no fue pequeño el obsequio de una brevísima Novena6 que se estampó al mismo Divino Corazón. Con este papelito encendió Bernardo innumerables corazones en amor sagrado al de Jesús. Abrasó el suyo en primer lugar, porque luego que llegó a sus manos, hacía este obsequio al S.S. Corazón de Jesús, siempre que deseaba conseguir algo para su mayor gloria, y todos los meses indefectiblemente. Inspiraba a todos esta devoción y, para llevarla por todas las Provincias, ideó esta invención piadosa. Ponía una estampa del Corazón de Jesús y una Novena bajo una cubierta, y el sobre escrito en esta forma: A N. de N. ge. Ds. ms. as (que Dios guarde muchos años) en la ciudad o villa de N..

Cuando se remitía esta especie de carta a la Superiora de algún convento de Religiosas se incluía un papelito que decía: El que remite a V. esta estampa y Novena la ruega se digne introducir en su santa comunidad la devoción al Corazón de Jesús, y suplica a todas las Religiosas que comulguen todos los primeros viernes de cada mes. Esta sencilla y piadosa devoción tuvo en mil partes los maravillosos efectos de devoción que sabemos, y muchos otros más que ignoramos.

Por índice de los que llegaron a mi noticia, pondré uno solo con las mismas palabras de una santa Religiosa, muy ilustre por su nobleza y más ilustre por haber dejado el Mundo y abrazádose amante con la cruz de Cristo desde su tierna edad. Esta santa vive en una comunidad muy observante, pero de un Instituto que no obliga a sus Religiosas a especial austeridad o rigor, y acaso a ninguna penitencia externa. Escribióla un devoto7 del S. Corazón de Jesús, exhortándola a esta amabilísima devoción que ahora se había descubierto en España. La respuesta dio singular consuelo a la persona que recomendaba esta devoción a esta Religiosa, en sustancia fue lo siguiente: “Agradezco a V. mucho el favor que me hace con recomendarme la devoción al S. Corazón de Jesús, pero tengo el especialísimo consuelo de poder dar a V. una noticia en el asunto que no podrá dejar de consolarle.

Habrá como dos años que, sin saber de dónde, ni de quién, nos llegó una carta que contenía sólo una bellísima estampa del S. Corazón de Jesús y una Novena. Apenas yo vi la estampa, cuando dije a todas mis compañeras que, sin duda, el Corazón de Jesús quería que fuésemos sus devotas. Empezamos a enardecernos todas y propusimos hacer al instante la novena al S. Corazón de Jesús, exponiendo en nuestro coro la estampa; para que fuese más agradable al Corazón de N. Divino esposo Jesús, determinamos hacer algún obsequio los días de la novena, en particular todas hicimos lo que nos inspiró nuestra devoción, y determinamos hacer en comunidad los obsequios siguientes: 1º Rezar la Novena en la forma que enseña el librito. 2º Tener antes o después media hora de oración. 3º Ayunar todos los días de la Novena. 4º Tomar todos los días disciplinas. 5º Comulgar tres días por lo menos. 6º Hacer las visitas8, que prescribe la Novena, al SSmo. Sacramento por los fines allí señalados. 7º Finalmente, hacer como por estatuto, todos los meses la novena al Corazón de Jesús, empezando el Jueves último del mes, y acabar comulgando siempre el primer Viernes del mes siguiente. Pida V. al mismo S. Corazón que nos conserve y aumente los fervores con que esta santa Comunidad ha empezado a adorarle y amarle. N. Señor ...... a V. Rma.”.

Hasta aquí la carta de esa ilustre y ferviente Religiosa. Semejantes efectos produjo la idea de esparcir por toda España las novenas y estampas del Corazón de Jesús en otras comunidades. Pedía una difusa historia lo que se ha publicado en este particular a gloria del Corazón de Jesús.

En muchas ciudades se ha hecho y hace públicamente la novena del Corazón de Jesús con pláticas y sermones todos los días. La primera que se hizo en solemnidad pública y aprobada del Ordinario, fue la que el P. Bernardo procuró en el Colegio de San Ambrosio de Valladolid, donde estudiaba. Siempre admiré como particular o milagrosa providencia del Corazón de Jesús, que tuviese efecto esta idea de nuestro joven, porque era indispensable que concurriese a la ejecución el P. Rector del Colegio, y el dictamen de sabios y celosos Mros.(maestros), y siendo esta devoción nueva, y habiéndose de dar al público, era digno este asunto de mucha y prudente consideración.

Por otra parte, el que había inspirado la especie y la promovía con tanta actividad como industria era un Hermano estudiante. A éste, por su estado, convenía aplicarse al estudio teológico más que ser agente de devociones nuevas y ruidosas. Pero como el S. Corazón le había escogido por agente de su devoción, lo que sería reprensible en la prudencia humana, y justamente reprendido de sus superiores, fue sumamente alabado. Todas las circunstancias que concurrieron en esta pública novena que se hizo en nuestro Colegio de San Ambrosio de Valladolid, son dignas de saberse y copiarse aquí. Nadie las descubrirá mejor que el mismo P. Bernardo.

Este joven, luego que se concluyó la solemnísima novena, lleno de celestial gozo dio la noticia a uno de sus confidentes9 en este papel: “La Novena al Corazón adorable de Jesús se ha hecho públicamente con aprobación de este Ilmo. Prelado10, que concedió gustoso cuarenta días de indulgencia a todos los que asistieren a ella, por cada uno de los días, y lo mismo ha concedido a los que rezaren un credo delante de la imagen del S. Corazón12: ésta se colocó en la Capilla de la Congregación13, donde ha estado el SSmo. Patente todos los nueve días. Varios estorbos que a cada paso se encontraban, los ha vencido insensiblemente el Señor, que (ha) mostrado en ésta, como en las demás ideas de la promoción de su culto, que quiere entiendan los hombres, cuán a cargo de la providencia corre este asunto: el primer día, que hubo un concurso mayor del que se esperaba, se dio noticia de la devoción del Corazón Sagrado, la cual se fue extendiendo en las pláticas de los días siguientes, en los cuales fueron mayores los concursos, lo cual sólo se debe atribuir al benigno influjo del mismo Corazón, concurriendo algunas circunstancias que parece los habían de estorbar, como son el ser una cosa de que pocos tenían noticia, el ser grandes los calores y entrarse a las cinco de la tarde, el juntar la novena con los ejercicios de la Congregación y, sobre todo, el abrasarse la Capilla por la estación del tiempo y concursos de la gente. Y aunque por eso, si bien la Capilla es capaz, se pensó pasar la función a la Iglesia, no se efectuó por parecer a algunos señores se podía compensar el calor con la mayor devoción del sitio. Pero, en realidad, para algún otro día hubiera sido acertado, porque mucha gente se quedaba en la Iglesia, y otra se volvía por no caber ni en la Capilla ni en su entrada.

Los ánimos se han movido y han recibido tan dulce devoción, particularmente de las personas de distinción, cuya asistencia ha sido frecuente y mayor. Los más días había algunas comuniones delante de la santa Imagen, y todos estuvo la capilla abierta por las mañanas, en que concurrieron sacerdotes a celebrar en el Altar del S. Corazón, aunque a veces, por ser muchos, se ocupaban los tres Altares14. La Imagen estuvo siempre con luces, y el último día el SSmo. Patente, por tarde y mañana. Este día hubo muchas comuniones,15 habiendo sido bastantes las del antecedente por la concurrencia de N. Señora. Las Misas fueron más que otros días. Vinieron a cantar la Misa (que fue del Sacramento) el Sr. Chantre con otros dos canónigos, con las insignias del Cabildo, lo que hizo la función más solemne. Los músicos, en quienes ha prendido la devoción, mostraron su afecto en la pompa y majestad con que entonaron la música y, sobre todo, el villancico al Sagrado Corazón en que se le atribuía la corona por Rey de los corazones, y las espinas por rosa encarnada de los afectos.

El sermón fue espiritual y gustoso, empezando por la profecía de Santa Gertrudis y gratulando a nuestros tiempos, por cumplirse en ellos; tomó el predicador por asunto que el Sacramento, que hasta aquí había estado oculto en las especies, y por eso olvidado, se ponía patente por la providencia en el Corazón del Salvador, del Corazón Real del Salvador, patente en su Corazón pintado. Llenóle bien, apropiando aquel cuasi profético texto del Eclesiástico cap.38 v.28 Cor suum dabit in similitudinem picturae.

Fue muy lucido el concurso de este día a la Misa; por la tarde dieron siesta de instrumentos. Leyóse el Cap. 3º del Tesoro escondido16, y hecha la novena, y advirtiendo al auditorio, se le pondría la imagen del Corazón en la Iglesia, y lo de las comuniones los primeros viernes del mes, como también el convite (la invitación) de la Novena para otro año. Se reservó el Señor17 con la asistencia del Sr. Chantre, y con toda la solemnidad de la música, y aseguran ha muchos días no ha echado tanto el resto.

Todos claman entre los nobles por estampas del Corazón Sagrado, cuya devoción se ha publicado y difundido en todos los corazones, de modo que todos los de casa18, y algunos de los de fuera admiran el suceso por milagroso, y que manifiesto anda aquí el dedo de Dios. Las limosnas para la Novena, música, cera han sido mayores de lo que se necesitaba y esperaba. Los que más de cerca han palpado la cosa, admiran en mil menudencias que se notan bien y se declaran mal, una singular providencia que, oculta pero eficazmente, da eficacia a la extensión del culto. En fin, el Corazón Sagrado del Salvador se ha dejado conocer y, a lo menos, ha abierto la puerta para que se pueda hablar francamente de su causa en los púlpitos”.19

Hasta aquí la sucinta relación que hace Bernardo de la solemnísima primera Novena que se hizo pública en honor del S.S. Corazón de Jesús. En otra parte describe los fines divinos que el mismo S. Corazón tuvo para que se hiciese esta novena en el Colegio de San Ambrosio. De estos fines se podrá gloriar siempre ese dichosísimo Colegio, los cuales refiere Bernardo de esta forma: “El haberse hecho esta Novena al Sagrado Corazón públicamente la primera vez en el Colegio de San Ambrosio, y el haberse dado principio en él al culto público del Corazón de nuestro Salvador en estos países, no careció de su correspondencia. Fue ésta, según el buen Jesús me lo declaró, haber sido en este Colegio donde había descubierto la primera vez en estos tiempos a España este tesoro escondido, así a mi (como) a N20., y haber salido de aquí, como V. R. sabe, las primeras líneas inspiradas por él, para dar principio a la extensión del culto de su admirable Corazón, por lo cual, y para darme a mi el consuelo que muchos días ha deseaba, de ver por mis ojos rendidas adoraciones de los fieles a este amable Corazón, había dispuesto su providencia cumplirme mis deseos al despedirme de este dichoso Colegio, al cual ha tenido siempre, y tendría en adelante más especial amor el Salvador, mirándole como aparte, donde empezó a descubrir su Corazón, cuya imagen había dispuesto se colocase públicamente en la Iglesia por señal de su especial amor, el que mostrará cumpliendo, como me ratificó, la promesa hecha a la V. Margarita a favor de las imágenes de su amante Corazón, lo cual con el tiempo irá llamando por medio de esta imagen la devoción al mismo Corazón Divino, y en realidad la idea de la imagen, como también la de la Novena, fue obra del mismo Corazón, como con admiración lo reconocen los que manejaron la cosa, que entre mil oposicioncillas, unas de monta y otras rateras (que no embarazan menos) salió tan a gloria del mismo Corazón que el P. Rector21, que tácitamente lo notaba todo, me dijo había sido un milagro manifiesto, en comprobación de los deseos que el Señor tiene de que su amable Corazón sea conocido”.

Hasta aquí Bernardo, y después prosigue un singular favor, el terror de los espíritus infernales que poseían a un pobre hombre, y una solidísima doctrina acerca de las devociones públicas ruidosas. Concluye en fin con una devotísima despedida del Colegio de San Ambrosio, santificado con tantos varones ilustres,22 y favores del cielo, que en él se han recibido.

Todo lo expresa Bernardo en una larga carta en que dice así. “Todos los días de la Novena me tocaba de derecho ser continuo asistente en la presencia del Corazón Sagrado, cuanto me permitiesen las ocupaciones; así procuré cumplir, como también mi hermano el P.N.23 como quien está consagrado al honor del Salvador, y se dio a conocer bien claramente su presencia celestial en lo interior de nuestros corazones, vertiendo inefables avenidas de dulzura que no explico en particular, sólo si digo que el primer día al entonar la música las alabanzas al Corazón del Señor, o la correspondencia de los espíritus soberanos más abrasados en el amor Divino, cuya esfera es el Sagrado Corazón de Jesús, en el cual conocí nuevamente la especial complacencia con que la Santísima Trinidad se miraba con sus perfecciones, renovando la oferta de derramar liberalmente por su medio a los fieles las riquezas que en él se encierran. También el último día, en que celebré delante de la imagen,24 fueron especiales las luces y afectos que combatieron este mi pobrecillo corazón, viendo cumplidos en dos años los deseos que no pensaba ver satisfechos en el concurso regular por muchos años; sea la gloria del Corazón Santísimo.

También tuve el consuelo de ver los extremos (alboroto) que los malignos espíritus hicieron (cuando se les permitió) delante del Corazón, en confesión de lo que su devoción les atormentaba: digo, cuando se les permitió, porque aunque no se dispuso el conjurarlos en su presencia, por más que lo pretendió el exorcista, y aunque estuvieron quietos en la Novena, sin más que una u otra alteración, comprimiéndoles en virtud del Corazón, a que no turbase el auditorio, lo que les costó mucho; no obstante, se les mandó dar adoración a la imagen; yo me hallé presente y vi los extremos de dolor con que lo ejecutaron. Ya dije, cómo pidieron socorro, y entró otra legión furiosa, que se amansó en virtud del Corazón, la cual juró salir el día de San Miguel, y lo mismo se pretende de las otras que la acompañan.25

Yo había pensado saliesen en tiempo de la Novena (los endemoniados), hasta que tratándolo familiarmente con el Señor, se me dijo: que sus pensamientos distaban de los de los hombres más que el cielo de la tierra; y otro día se me explicó el sentido de estas palabras, dándome al mismo tiempo altos conocimientos de esta devoción, de la cual entre otras cosas se me dijo: que era devoción muy seria, al paso que era tierna para mover los corazones. Esto se me aclaró más, enseñándome que si el Señor hiciese este milagro u otro, como era fácil, por medio de su Corazón en esta Novena, sería mucha la conmoción y mayores los concursos; sí, pero según es la flaqueza humana, se quedaría en una devoción interesal y exterior como otras muchas a que sirven de atractivo los milagros, pero que el mayor milagro de su Corazón era irse enseñoreando tan eficazmente de los Corazones, y que quería establecer esta devoción a fuerza de fe, de amor y de razón para logro de sus altos designios en este punto, aunque a su tiempo y según las disposiciones de su amorosa providencia, no faltaría en España, como no ha faltado en Francia, esta recomendación para los fieles, que necesitan de estos palpables atractivos.

Sin embargo, espero que estos malignos espíritus, que con su rebeldía nos han declarado varias cosas, contra su voluntad, de esta devoción, han de salir por virtud del Corazón Sagrado, como lo tienen jurado, y la última legión que entró con tanta furia, tiene ya hecho juramento de salir el día de San Miguel en el cual se apremiará a lo mismo a los demás. Esto me pareció añadir a las noticias que envié a V. R. de la Novena, y para concluir ésta añadiré cómo antes de pasar a este Colegio de N. P. San Ignacio me despedí del de San Ambrosio.

Esta despedida26 se redujo a dar algunos días antes gracias al Señor y al Corazón Santísimo en los lugares donde me acordaba haber recibido más frecuentes favores de su bondad, y pidiéndole derramase sobre todos los que viven y vivieren en este Colegio, en que quedaba la imagen de su Corazón, delante de la cual dije Misa los últimos días en acción de gracias, por tanta multitud de mercedes como en esos cuatro años he recibido en este Colegio. Y como la imagen está en el Altar del Salvador con el cual yo tengo especial devoción, celebré con doblado consuelo, ofreciendo en acción de gracias al mismo S. Corazón, al que vi como Altar Divino, en que vi se ofrecían sus méritos y sagrados afectos por mí, y en especial por recompensa de lo que a mí me ha faltado; consuelo único que me queda a vista de mercedes tan especiales y tan repetidas”. Hasta aquí nuestro joven al pasar del Colegio de San Ambrosio al de N. P. San Ignacio a tener su tercera probación.

 

 
1              Fueron centenares y millares en toda España las Congregaciones del Corazón de Jesús. Conocemos los Estatutos de muchas de ellas: se caracterizan por el amor a la Eucaristía, incluyen frecuentemente la ayuda a pobres y necesitados y todas coinciden en venerar con solemnes cultos al Corazón de Jesús en el día de su fiesta. Comenzaron dando ejemplo algunos obispos que, con su personal prestigio, favorecieron estas fundaciones piadosas. Ya conocemos al arzobispo de Burgos, que tanto favoreció todo lo referente al culto del Sagrado Corazón. Don Manuel de Samaniego y Jaca morirá ya retirado en Logroño en 1744. El P. Mucientes, compañero de Hoyos, tendrá la Oración fúnebre y se expresará en estos términos: “El culto al suavísimo Corazón de Jesús era una de las empresas de su celo..., por todos los medios procuró que se extendiese en todas partes. El aprobó las constituciones y reglas y fue uno de su congregación...” De su sucesor en la silla arzobispal burgalesa, el anterior obispo de Tarragona, Dn. Pedro de Copons y Copons escribe el P. Fita: “Promovió la devoción al Corazón de Jesús en términos que, no contento de aprobar la congregación establecida por los PP. Jesuitas en su templo de Tarragona, no dejó parroquia, por grande o mínima que fuese...sin que extendiese y arraigase en cada una de ellas un culto, que para su celo pastoral parecia ser el blanco supremo”. El obispo de Lérida, Fray Gregorio Galindo, que gobernó su diócesis de 1736 a 1756 –nos dice su cronista- que “...por conclusión de todos sus sermones, gritaba exhortando a los oyentes a que gritasen: Alabado sea el sagrado Corazón de Jesús”. Insigne promotor del culto al Corazón de Jesús fue el obispo de Orihuela, Dn. Elías Gómez de Terán, “de quien puede asegurarse que ha sido el obispo que más trabajó en bien de esta diócesis...; era tan marcada su devoción al sacratísimo Corazón de Jesús, que casi en todas sus obras dejó impresas las huellas de su tierna devoción”; pues bien, este obispo funda el 31 de mayo de 1743 (tan sólo ocho años después de la muerte del P. Hoyos), en Monóvar, la Congregación del Corazón de Jesús. Por supuesto que no todos los obispos de España fueron tan celosos propagadores del culto al Corazón de Jesús, pero el movimiento iniciado por el P. Calatayud y otros misioneros populares fueron sembrando los pueblos con estas cofradías, que elevaban el fervor de los mismos.

2             A modo de ejemplo, transcribimos aquí la cláusula de fundación de la Cofradía de Monóvar. Erigida por el obispo de Orihuela en 1743, lo narra así el párroco, Sr. Terán: “Siendo nuestro ánimo quede fundada y erigida en dicha nuestra iglesia parroquial la congregación del sacratísimo Corazón de Jesús, a quien se da culto en el augustísimo Sacramento del Altar, como está vivo y glorioso..., como centro de nuestra vida y manantial de sus extremadas finezas, como que nos amó y actualmente nos ama y nos desea: desde luego, por este nuestro decreto, erigimos y fundamos dicha congregación: y porque animosamente desea el sacratísimo Corazón de Jesús que vivamos todos, sin excepción de personas, de la vida de su divino amor, y creyendo que ninguno querrá excusarse de congregarse en el amantísimo Corazón de Jesús, damos a todos los moradores de esta villa por escritos y sentados en esta congregación, sin coste de limosna ni estipendio alguno, para que ganen todas las indulgencias que concedemos a todos los congregantes; que son: 40 días por cada uno de los actos que hagan en honor del Corazón de Jesús en los domingos, en que mensualmente está patente S. Majestad, o asistir en la iglesia cuando está expuesto; otros 40 por oir la misa; otros tantos por oír lo que se lee o explica de sus divinas finezas; otros tantos por la meditación; y los mismos 40 días por la procesión; y entre año todos los días otros tantos por cada una de las visitas que haga con el pensamiento y voluntad desde donde estuviese, yendo con él (con el pensamiento) a la iglesia a ponerse a los pies del Santísimo; a la mañana, luego que despierta, A OFRECER EN SU OBSEQUIO TODAS LAS OBRAS DE AQUEL DÍA Y A PEDIRLE GRACIA PARA QUE SEAN TODAS DIGNAS DE SU AGRADO (es ya el Ofrecimiento de obras..¡ estamos en 1743 y el Apostolado de la Oración con su típico “ofrecimiento de obras” se fundará un siglo más tarde, en 1844).; otra al mediodía, a pedirle perdón de aquello que haya faltado y gracia para lo que haya de hacer hasta recogerse.... y lo mismo en cualquier hora del día que lo practique, sea en la iglesia, en su casa, en el campo o en la calle: y siempre que diga los actos breves: En Ti, mi Jesús, creo, en Ti espero, a Ti sobre todas las cosas quiero; también se ganan 320 días siempre que se diga: Alabado sea el sacratísimo Corazón de Jesús. Y sólo se permite que se pida limosna, la que dé el que pueda y quisiera dar, para la fiesta del sagrado Corazón de Jesús, que será después de la novena que empieza el día del Corpus por la tarde, y se leerá después del rosario los nueve días, cuya fiesta se hará de lo que se junte en el primer día de fiesta antecedente”. Ya se ve que un pueblo que cumpliera estos sencillos estatutos ( misa, visitas al Santísimo, ratos de adoración, lectura piadosa, ofrecimiento de obras, jaculatorias, etc) elevaría sensiblemente su nivel espiritual. Algunas de las promesas de la devoción al Corazón de Jesús dicen precisamente que: “las almas tibias se harán fervorosas”, “las almas fervorosas se elevarán rápidamente a una gran perfección”, “los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano de la misericordia”....

3             El colegio imperial de Madrid fue fundado en 1560. El Conde de Feria, muy amigo de los jesuitas, estando en Flandes habla con el P. Rivadeneira en 1559 y le dice cómo la Corte se va a trasladar a Madrid y que sería bueno que la Compañía fundase allí un colegio. Enseguida se lo comunican al P. Laínez, General entonces de la Compañía, y éste manda a San Francisco de Borja que dé los pasos conducentes para ello. Dña Leonor de Mascareñas será la fundadora. En principio compra una casa cerca del palacio real y comienza a habilitarla para colegio; pero Felipe II manda parar la obra, pues quería el ensanchar por aquella parte el palacio real. No se desanimó por ello Dña Leonor, sino que buscó otra casa , que estaba “en la colación y parroquia de San Justo, en la calle que está detrás del monasterio de la Concepción Jerónima”. Pagó por ella 2200 ducados y el 2 de agosto de 1560 hizo donación de ella a la Compañía. El primer Rector de este colegio fue el P. Duarte Pereira, que había sido paje de Doña Leonor. Este colegio se llamará el colegio de nobles, por estudiar en él lo más granado de la sociedad de su tiempo. A él acudirá unos años después San Luis Gonzaga, que permaneció unos años en España como paje de María de Austria, y en la capilla del colegio oirá cómo la Virgen le pide que entre en la Compañía de Jesús. Precisamente en el retablo de la capilla, que encontrará el P. Hoyos en el colegio de San Ambrosio de Valladolid, aparece pintada esta escena en la parte central del mismo. Hacía tan sólo cuatro años que Luis Gonzaga había sido canonizado por Benedicto XIII.

4             Por esta frase se ve que el P. Loyola está escribiendo la Vida del P. Hoyos, al menos, ya en 1738. Podemos columbrar por ello que comenzó a hacerlo uno o dos años después de la muerte de Bernardo. De hecho fue el entonces Padre Provincial Francisco de Miranda quien le mandó la escribiese y fue también este Padre quien, al enviar el Informe trienal (1735-1738) a Roma, da cuenta en él de la muerte de Bernardo y añade el “elogio” del mismo. El “elogio “ no es frecuente en la Compañía de Jesús; lo calificaríamos más bien de muy “esporádico”. Entre los muchos jesuitas fallecidos en un período de 25 años solamente Bernardo de Hoyos recibe un elogio oficial. Acaba este elogio con la siguiente frase: “Su muerte ha sido llorada por muchos; su grato recuerdo pervivirá largamente”. El P. Miranda fue el primero en anunciar a Roma no sólo la labor de Bernardo de Hoyos en promover el culto del Sagrado Corazón, sino también la de otros jesuitas que trabajaron con él por la misma Causa; así lo insinúa con esta frase: “Se abrasaba en amor y en devoción hacia el S. Corazón y, a su celo y a sus iniciativas se debe principalmente que tal devoción se haya difundido felizmente por nuestra España”.

5            Los Reyes en ese tiempo era Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio. Felipe V estaba casado con su primera mujer Mª Luisa de Saboya cuando nace Bernardo en 1711. En 1724, cuando el P. Hoyos está de colegial en Villagarcía, se retira del gobierno Felipe V y comienza a reinar su hijo Luis el 9 de febrero de 1724, pero morirá enseguida, el 31 de agosto de ese mismo año. Abandonando el palacio de la Granja de San Ildefonso, regresa Felipe V a Madrid para hacerse cargo del gobierno. En 1727, cuando Hoyos es novicio, Felipe V pone sitio a la plaza de Gibraltar, que desde hacía varios años, junto con Menorca, era posesión de los ingleses. En 1729, cuanto Hoyos estudiaba la filosofía en Medina del Campo, es cuando contraen matrimonio en Badajoz los príncipes Fernando y Bárbara de Braganza. Estando Hoyos en Medina morirá el Papa Benedicto XIII el 21 de febrero de 1730 y le sucederá en la Silla pontificia Clemente XII. En 1733, cuando Hoyos recibe la Gran Promesa, el infante Don Carlos (futuro Carlos III, de infausta memoria para la Compañía de Jesús) es nombrado Duque de Parma, pero su madre Isabel de Farnesio intriga para que sea rey de Nápoles y Sicilia. En 1734, cuando Bernardo saca a luz el “Tesoro escondido”, el infante Carlos se hace dueño de Nápoles. En 1735, cuando Hoyos está gozoso por la primera Novena pública que se ha hecho del Corazón de Jesús en España, el infante Don Carlos es proclamado rey de Sicilia el 20 de junio de ese año.

     Fernando VI sube al trono en 1746, al morir Felipe V, y reinará hasta 1759. Su esposa, la piadosa Doña Bárbara de Braganza morirá un año antes que él, en 1758, y se hará enterrar en el Monasterio de las Salesas de Madrid, por ella fundado. Fernando VI deja en su testamento como rey a su hermanastro Carlos III, quien comenzará a reinar en España y en sus inmensas posesiones en 1759. Mal aconsejado por sus ministros, expulsará de sus dominios a la Compañía de Jesús “por razones que me reservo en mi real pecho”.

    Presionada cada vez más la Santa Sede, sobre todo por las Cortes borbónicas, arrancarán del débil Papa Clemente XIV la Bula de la extinción de la Compañía un 21 de julio de 1773. Su antecesor, Clemente XIII, presionado también, había respondido: “Antes me cortarán la mano que firmar con ella la extinción de la Compañía de Jesús en la Iglesia”. Para entonces se había intentado y logrado arrojar a los jesuítas de muchos países: de Portugal en 1759, de Francia en 1762, de España, América y Filipinas en 1767, de Nápoles en 1767, de Parma en 1768. Consumada la extinción de los Jesuitas en 1773 por la Bula del Papa Clemente XIV, solamente pervivieron en los territorios de la Rusia Blanca como especial atención a Catalina de Rusia, que valoraba grandemente la pedagogía de sus colegios y centros de enseñanza y no quería verse privada de ellos.

     Bernardo de Hoyos no vivió ya esos avatares; pero con la devoción al Corazón de Jesús, que había penetrado con mucha fuerza en la Compañía,  influyó para que, en aquellos momentos de dura persecución, todos los jesuitas con el Padre General al frente buscaran refugio y fortaleza en aquel Corazón, fortaleza de los débiles y amparo de los perseguidos. En medio de la tormenta, en 1767, escribe el  General  P. Ricci ordenando que se haga un Triduo de preparación para la fiesta del Corazón de Jesús, que se ayune y comulgue en los Primeros Viernes de mes. Más adelante, en 1784, extinguida ya la Compañía, el P. Estanislao Czerniewicz, Vicario General de la Rusia Blanca, expresa el sentir común de que “nuestra Compañía será por completo restablecida cuando la devoción al Corazón de Jesús comience a tomar incremento por medio de los Nuestros”.

      Uno de los grandes Generales que ha tenido la Compañía  restaurada en el siglo XVIII, el P. Juan Roothaan, escribía así a los jesuitas de entonces: “Mucho tiempo antes que la Compañía fuese resucitada a nueva vida por la Santidad de Pío VII, al tener yo la dicha...de ser admitido en ella...cuando sólo sobrevivía en el imperio de Rusia, hallé que todos los Nuestros tenían grabada y muy fija en su ánimo esta sentencia: “Que debía considerarse como un prodigio obrado por la mano del muy Alto, la conservación de la Compañía en aquellas regiones; que su progresivo acrecentamiento era un favor del Sacratísimo Corazón de Jesús y que sólo de aquel Corazón adorable se había de esperar, como en realidad se esperaba, su restablecimiento en todo el mundo”.

       El trabajo del P. Hoyos no había sido en vano. El fue el grano de trigo que murió prematuro para dar mucho fruto. Sus Hermanos de Religión lo cosecharon años más tarde, teniendo un puerto al que acudir en medio de la galerna desatada contra ellos. Aquella semilla se hizo grande y llegó a su plenitud cuando, el 1 de enero de 1872, el General  P. Beckx consagró al Corazón de Jesús la Compañía, que había pasado de tener cinco mil a doce mil miembros en su generalato. Para preparar bien aquella fiesta, escribía el 1 de noviembre de 1871 a toda la Compañía: “Cuando Jesús reveló el culto a su Corazón, quiso encargarlo y entregarlo a nuestra Compañía con una benignidad muy especial...En gran manera deseo que todos cuantos vivimos en la Compañía tengamos la mayor devoción posible a este Corazón santísimo y acudamos con confianza, en nuestras necesidades, a este santuario de celestiales gracias”.

      Pero el momento cumbre tuvo lugar en el mes de octubre de 1883. Bajo la presidencia del P. Beckx, que contaba ya 88 años, y junto con su Vicario y sucesor P. Anderledy se celebraba la Congregación General 23 de la Compañía. Al final de la misma se leyó este comunicado: “Como feliz y próspero remate de los trabajos, se propone a la Congregación un postulado con el fin de acrecentar y promover entre nosotros el culto de los Sagrados Corazones de Jesús y de María”. Leído el parecer de los Padres Diputados, levantáronse a una todos y aprobaron por unánime aclamación lo siguiente: “Declaramos que la Compañía de Jesús acepta y recibe con ánimo rebosante de alegría y gratitud el suavísimo encargo a ella confiado por el mismo N. S. Jesucristo de PRACTICAR, FOMENTAR Y PROPAGAR LA DEVOCIÓN A SU DIVINÍSIMO CORAZÓN”.

      Habían pasado 200 años desde que Santa Margarita Mª de Alacoque, escribiendo en julio de 1688 a la Madre de Saumaise, le decía: “...si fue dado a las Hijas de la Visitación conocerlo y distribuirlo a los demás, está reservado a los Padres de la Compañía hacer ver y conocer su utilidad y valor, a fin de que se aprovechen de él, recibiéndolo con el respeto y agradecimiento debido a tan gran beneficio”. Y habían transcurrido 150 años justos desde que en 1733, el 4 de mayo, escribiera Bernardo de Hoyos en sus Apuntes espirituales: “adorando la mañana siguiente al Señor en la hostia consagrada me dijo clara y distintamente que quería, por mi medio, extender el culto de su Corazón sacrosanto para comunicar a muchos sus dones...”

      Larga ha sido la nota; pero pensamos que puede dar una cierta perspectiva y abre el horizonte de lo que fue la labor del P. Hoyos y de su influjo en la historia posterior de la Compañía de Jesús y, por ende, de la Iglesia.

6             La costumbre cristiana de hacer novenas, si bien sigue en uso hoy, estaba más arraigada aún en el siglo XVIII y era un modo fácil de llegar al pueblo fiel. Por eso el P. Hoyos no se contentó con imprimir estampas del Sagrado Corazón, sino que añadió una novena. El texto de la misma lo redactará el P. Juan de Loyola, aunque tanto Hoyos como el P. Calatayud harán algunas enmiendas. Sabemos que se editó por vez primera en la imprenta de Antonio de Villagordo, en el año 1735, y con la suficiente antelación como para que aquel mismo año se pudiera ya rezar en muchos sitios. El P. Hoyos solía hacerla una vez al mes y en circunstancias especiales repetía la novena. Esta novena tuvo muchas reimpresiones tanto en España como en América, a donde no tardaría en llegar. El libro El Tesoro escondido, publicado por Loyola, consta de la Dedicatoria, Protesta y Advertencia, cinco Párrafos a modo de capítulos, Apéndice y Conclusión, acabando con la Carta de Felipe V a Benedicto XIII pidiendo la fiesta del Corazón de Jesús para España. El Párrafo IV se titula: Práctica de este suavísimo culto y utilidades que de él se siguen. En él se habla del culto interior y exterior, y hablando de este último se dice: “El exterior consiste en todas aquellas piadosas acciones exteriores que son señales del culto interior; como son las que frecuentemente vemos practicar a los fieles, es a saber: hacer novenas, adorar imágenes, visitar templos, adornar altares o erigirlos, asistir a los divinos oficios y frecuentar sacramentos, limosnas, obras de penitencia, ejercicios de caridad, humildad y otras virtudes; ejecutando todo esto en honra del deífico y adorable Corazón de Jesús...” Y, a continuación pone séis Prácticas devocionales, referidas todas ellas al Corazón de Jesús y sacadas de autores espirituales reconocidos, como Ludovico Blosio, Juan Lanspergio, el P. Diego Alvarez de Paz, Santa Gertrudis, la Venerable María de la Encarnación (Ursulina francesa) y Margarita María de Alacoque. Concluye el Párrafo IV con estas palabras: Mídase ahora la excelencia de este culto por la de sus ejercicios, de sus utilidades y de sus frutos...”. En la primera edición del Tesoro escondido no aparece la Novena al Corazón de Jesús, pero sí aparece ya en la tercera edición de 1736, publicada en Madrid. En ella el texto, aumentado con respecto a la primera edición de Valladolid, aparece distribuido en once capítulos, que acaban igualmente con la carta de Felipe V al Papa. Es en el capítulo octavo donde leemos: “Novena al sacratísimo Corazón de Jesús, sacada de las sólidas prácticas del capítulo precedente” (el que corresponde al Párrafo IV de la primera edición, que hemos analizado). Habla primeramente del “designio, fin y tiempo de esta Novena”, de los “obsequios que se pueden hacer” en ella, y a continuación viene el texto de la misma: oración común de entrada, oración particular para cada día, oración final común a todos los días, petición y unas antífonas y oración conclusiva en latín. “El designio –se dice- en disponer esta Novena ha sido ofrecer a las almas piadosas un seguro acueducto por donde puedan conseguir cuanto desearen, de la fuente de todas las gracias nuevamente descubierta por la Divina Providencia en el Corazón santísimo de Jesús....”. Sobre el fin de esta Novena será el que enseñó nuestro Señor a Margarita de Alacoque, es a saber: “corresponder amantes al infinito amor con que nos ama el Corazón de Jesús, y resarcir con este culto las injurias que se le hacen en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía...”  Sobre el tiempo más apropiado “serán los nueve días que hay desde el día del Corpus hasta el viernes inmediato a la Octava...; también se podrá empezar todos los últimos jueves de cada mes y acabarse el viernes primero del mes siguiente, día destinado también por el mismo Señor para culto especial de su amante Corazón”. En los nueve días se va considerando el Corazón del Señor como Corazón sagrado, amable ,lleno de santidad, de pureza ,morada de la Trinidad, templo de Dios, lleno de clemencia, inflamado de amor y lleno de sufrimiento. Lo verdaderamente llamativo de esta novena es que, después de casi tres siglos se sigue rezando en bastantes sitios . La oración final de esta Novena está sacada casi por entero de la oración escrita por la V. María de la Encarnación, tal como aparece en la Práctica V del Párrafo IV en la primera edición del Tesoro escondido. Comienza así: “Oh Padre Eterno, por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra majestad; por medio de este adorable Corazón os adoro por todos los hombres que no os adoran, os amo por todos los que no os aman.....” Muchas de estas ideas aparecen en los Actos de consagración, reparación y desagravio al Corazón de Jesús, que suelen leerse en la fiesta del Corazón de Jesús o de Cristo Rey, insinuados en su día por Pío X y Pío XI.

7             ¿Quién era este devoto del Corazón de Jesús? Tal vez el mismo Loyola, o alguno del grupo de los “iniciados”. El que ciertamente no pudo ser era Bernardo de Hoyos, por la sencilla razón de que se habla en esa carta de “6º.Hacer las visitas que prescribe la Novena....” Y la novena al Corazón de Jesús no apareció en la primera edición del Tesoro escondido (1734) y sí aparece ya en la tercera edición de Madrid (1736) cuando el P. Hoyos había ya muerto.

8             En el capítulo VIII de la 3ª edición, al hablar de los obsequios que se pueden hacer en esta Novena, se dice entre otros: “Visitar en este mismo día (el viernes primero de cada mes) al Santísimo Sacramento con estas particulares y expresas intenciones: la primera, en acción de gracias por la institución de este adorable Sacramento: la segunda, por las muchas veces que le hemos recibido, y con él innumerables beneficios: la tercera, en satisfacción de las injurias cometidas por los herejes contra este Sacramento: la cuarta, por las gravísimas ofensas de los católicos: la quinta, para compensar la soledad que padece Jesús Sacramentado en tantos lugares, aldeas y aun ciudades de la Cristiandad. En estas visitas se detendrá cada uno según su devoción, inflamándose en afectos al Corazón de Jesús...”

9             Probablemente es el P. Loyola

10            Don Julián Domínguez de Toledo era entonces el obispo de Valladolid

12            El P. Bernardo de Hoyos mandó pintar una imagen del Corazón de Jesús, tal como entonces solían pintarse: la víscera como tal, rodeada de las espinas y con la cruz. Es una pena que no se conserve este primer cuadro, que después de la Novena, depositó el P. Hoyos en la capilla del Salvador (según se entra en el Santuario, la primera capilla a mano izquierda). Tanto el cuadro del Salvador, vestido de jesuita, que había en ella, como este cuadro del Corazón de Jesús desaparecieron tras la expulsión de los Jesuitas en 1767. Un cuadro similar al que el P. Hoyos hizo pintar en Valladolid, puede verse hoy en la entrada a la capilla-noviciado de Villagarcía. Es un poco posterior a la muerte del P. Hoyos y existían otros dos semejantes a él: uno en el antiguo colegio de nobles o colegio imperial de Madrid y otro en Bilbao, en el antiguo templo de la Compañía.

13            La capilla de la Congregación se encontraba y se encuentra también ahora a la izquierda de la fachada del Santuario. Tenía y sigue teniendo acceso independiente, desde la calle. Era la capilla que usaban los congregantes del colegio de San Ambrosio. Desde que el P. Leunis funda en Italia, en 1572, las Congregaciones marianas, éstas se extienden como la pólvora por los numeroso colegios que iba fundando la Compañía. En esa capilla los congregantes de Valladolid realizaban sus cultos y por la relación de Hoyos se ve que coincidieron ,al menos algún día, con los cultos de la Novena.

14            Además del altar mayor había y hay otros dos altares laterales, dedicados a San Joaquín y Santa Ana, los padres de la Virgen Inmaculada, que es la que preside en el altar principal.

15            Notemos la diferencia: “los más días había algunas comuniones” –dice Hoyos en su relación-; pero “este día hubo muchas comuniones”, y eso que entonces el día del Corazón de Jesús era un día corriente, como otro cualquiera. Comenzaba ya a arrancar con fuerza la devoción y el culto al Corazón del Señor.

16            El capítulo III del Tesoro escondido se titula: “Fin santísimo al que se ordena este sagrado culto”, y habla de cómo se trata de responder al grande amor del Señor a nosotros amándole y reparándole por tantos como no le aman.

17            Es ya clásico en la novena del Corazón de Jesús exponer el Santísimo a la adoración de los fieles y de modo especial el mismo día de la fiesta. Vemos que en la primera Novena así se hizo y como que esto ha marcado después la pauta.

18            Se refiere a los jesuitas del colegio y comunidad de San Ambrosio, donde parece ser que algunos recelaban del éxito de semejante experiencia tan novedosa, y más, propiciada por quien aún no había profesado definitivamente en la Compañía y todavía era estudiante.

19            No era poco haber abierto brecha para poder hablar abiertamente de la devoción y culto al Corazón de Jesús. Sus primeros apóstoles fueron perseguidos y vistos como gente un tanto rara e incluso peligrosa. Hablando de ese ambiente creado en torno a ella, llega a escribir el P. Gallifet: “la persecución fue viva. Se llegó a mirar a los que querían practicar y establecer esta fiesta (del Corazón de Jesús) como una especie de secta capaz de turbar a la Iglesia”. Lo dice del ambiente francés, pues él mismo, siendo Provincial de Lyon, fue denunciado al P. General por constituir una especie de partido...cuyos miembros no buscaban más que alabarse y auparse mutuamente. Se trataba –escribe el P. Máximo Pérez- de una asociación del Corazón de Jesús a la cual pertenecían, además del Provincial, varios Consultores de Provincia, el Rector y Maestro de novicios de Aviñón, el Director de la Congregación de Nobles de Marsella, etc). Quizás no pueda decirse lo mismo del ambiente en España, pero lo cierto es que tampoco faltaron las dificultades y contratiempos. Lo bonito y elegante del P. Gautrelet es que, cuando poco más tarde, es elegido Asistente del General en Roma y tiene ocasión de leer la carta en que se le había denunciado, “lejos de destruirla como injuriosa y calumniadora, la salvó del naufragio y la guardó en los archivos de la Orden, como una muestra de las oposiciones enconadas y mezquinas, suscitadas contra su querida devoción”. Así comenta este episodio el P. Máximo en su biografía del P. Bernardo.

20            Se refiere al P. Cardaveraz.

21            Era en aquel tiempo el P. Francisco Rávago.

22            En efecto, por este colegio de San Ambrosio fueron desfilando jesuitas verdaderamente ilustres por su virtud y su ciencia: el P. Francisco Suárez, el P. Luis de Lapuente, el P. Calatayud, etc.

23            Se trata probablemente del P. Ignacio Osorio, ganado para la Causa del Sagrado Corazón, y al que Bernardo escribió dos Instrucciones espirituales, ambas por consejo y a petición del P. Loyola. La primera Instrucción la escribió Hoyos desde el colegio de Medina y no se ha conservado. El H. Osorio (un curso inferior a Bernardo) partía para hacer en Palencia sus estudios de Filosofía y ése fue el motivo de escribir Bernardo una Instrucción (lo afirma así el P. Cardaveraz en una carta de 5 de noviembre de 1729). También Cardaveraz había hecho su Filosofia en la villa palentina. Una segunda Instrucción escribe Hoyos, también para el H. Osorio durante las vacaciones de 1729, concretamente del 5 de agosto al 14 de septiembre, y es la que conservamos. Bernardo meditaba ante el Santísimo los textos de la Escritura y de autores de prestigio, con los cuales compone su obra. El P. Ignacio Osorio llegará a ser un jesuita importante: será profesor en la Universidad de Salamanca, en el Colegio que fundara el mismo San Ignacio en la Ciudad Eterna, y también Provincial de Castilla. Quedan descartados en esta cita tanto el P. Lorenzo Jiménez como también el P. Agustín de Cardaveraz. Ninguno de ellos vivía entonces en el colegio de San Ambrosio: el primero estaba destinado para entonces al Colegio de Avila, donde moriría cinco días después de Bernardo, el 4 de diciembre de 1735; y Cardaveraz se encontraba en el país vasco.

24            Se refiere Bernardo a su última Misa en el colegio de San Ambrosio, antes de comenzar la Tercera Probación en el colegio de San Ignacio de Valladolid. Sabemos que el P. Hoyos tenía predilección por decir la Misa en la capilla del Salvador (ante el cuadro de Cristo vestido de jesuita) y en la que después de la Novena pública se colocó el cuadro del Sagrado Corazón que se había hecho para la misma. Ambos cuadros se perdieron tras la expulsión de los jesuitas en 1767. Con todo, se conservan algunos todavía: uno de ellos en el coro de la Comunidad de Agustinas recoletas de Palencia. Sabemos que los jesuitas de esta ciudad tenían relación con estas religiosas. En el Triduo solemne, tenido con motivo de la inauguración de la actual iglesia (8 de julio de 1696) predicaron el Sr. Obispo de Palencia el primer día, el segundo día un dominico y el tercero un jesuita.

25            Sobre este punto, escribe así el P. Máximo Pérez en su Biografía: “¿Qué incidente ocurrió durante la novena? Alguno o algunos de los asistentes debieron comportarse como endemoniados. A punto fijo, no sabemos lo ocurrido; y el suceso no merece la pena ni de ser nombrado si no es para conocer lo que Bernardo pensaba sobre lo que debe ser la novena del Corazón de Jesús”.

26            Es curiosa esta práctica del P. Bernardo de Hoyos de despedirse en todas las Casas donde había vivido, visitando y dando gracias al Señor en aquellos lugares concretos en donde había recibido alguna gracia especial de Dios Nuestro Señor. En el colegio de San Ambrosio fueron dos lugares concretos, en que recibió especiales gracias del Señor: la iglesia grande o actual santuario, la capilla-relicario del P. Lapuente, la de las Congregaciones marianas y, sin duda, la biblioteca, donde –al tomar el libro del P. Gallifet- descubrió por vez primera la devoción del Corazón de Jesús.

 

 
                       
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