PRINCIPIOS DEL REINADO DEL CORAZON DE JESUS EN ESPAÑA (Continuación)
Por el P. José Eugenio de Uriarte, S.J. - Madrid, 1880
 
1738
Mucho es también lo que omitimos este año, parte por necesidad, y parte por evitar la molestia a nuestros lectores de seguir los pasos, no muy diversos de los ya conocidos, por donde fue subiendo el número de las congregaciones, aumentándose la compañía de los apóstoles del Corazón sagrado, y creciendo visiblemente el fervor de sus adoradores y devotos. Tanto más que, por su grandeza, habremos de detenemos en dos hechos, sin igual el primero hasta el 1738, no sólo en España sino en todo el orbe cristiano, y dignísimo el segundo de que se averiguara con más espacio (1).

(1) Pero vaya aquí, siquiera sea en nota, una “visión maravillosa, que tuvo una alma sólida y de espíritu aprobado por sus directores, en Octubre de este año de 1738”, como dice el P. Loyola, que la copia con las mismas palabras de la persona que la tuvo, y son así. –“Estando en oración, se me mostró el Smo. Sacramento, y a un lado el P. Bernardo Hoyos. A breve rato, ocultándose el Sacramento, se me representó una fuente con un caño de agua muy hermoso. Pero éste sólo corría cuando aquel Jesuita daba vuelta con su mano a una llave de oro. Yo entendí ser aquella fuente el sagrado Corazón de Jesús, por un modo que le percibe el alma sin palabras, por un conocimiento intelectual, que es más claro que ver con los ojos corporales, y oír con los oídos... Decíame el P. .Hoyos que llegase a la fuente. Yo, con grande ansia de beber de aquel caño de agua, dije el verso del salmo (XLI, 2): Quem ad modum desiderat cervus ad fontes aquarum, etc. Sentí que aquella agua caía toda sobre mi alma. El gozo, consuelo y efectos que sentía el tiempo que esto duró, no es fácil explicar. Hablóme aquel Jesuita, y me dijo: -Tú no sabes los beneficios que has recibido por la devoción de este sagrado Corazón: pues mira que han sido más de los que tu conoces. Procura ser fiel y corresponder; y procura extender en tu casa la devoción. -Yo respondí: -Siervo de Dios, yo no puedo hacer nada, pues soy una vil criatura. -Me respondió: -En algún tiempo podrás... En esto desapareció todo, dejando en mi alma un singular consuelo, una encendida devoción a este sagrado Corazón, sintiéndome movida a unas ansias de amarle y de que todos le amen, a unos deseos tan grandes de extender su devoción por todo el mundo, que quisiera salir por las calles y plazas a publicarla, y me expusiera por esta devoción a padecer cuantos tormentos son imaginables...” P. Loyola, V. del Ven. H. Juan Berchmans..., (l. III, c. VIII: págs. 310-312).

Hablamos ante todo del valiente y siempre memorable Concilio II de Tarragona, cuya última sesión, que es la XX, tenida el 13 de Noviembre, bajo la presidencia del Ilmo. Primado Sr. Don Pedro de Copons y Copons, vamos a copiar íntegra en la parte relativa a nuestro asunto, y dice así trasladada al castellano.

“El precitado Ilmo. y Rmo. Sr. Arzobispo expuso y propuso a este sagrado Concilio las cosas siguientes, conviene a saber: -Que, en atención a que el Rey N. Señor tenía suplicada a S. Santidad la gracia de la concesión del rezo y misa del sagrado Corazón de Jesús para estos sus reinos de España, y que al mismo fin habían pasado también sus rendidas súplicas a S. Beatitud muchos de los Sres. prelados, y que experimentándose cuán piadosa y fervorosamente va extendiéndose el culto y veneración de los fieles en estos reinos, y especialmente en este nuestro Principado de Cataluña, a esta tan loable devoción; no debiéndose dudar que, obteniéndose la concesión referida del rezo y misa, sería medio el más conducente y eficaz para establecerse, con mayor progreso y consuelo de los fieles, este devoto y piadoso culto: le parecía que sería muy propio y correspondiente al celo del sagrado Concilio el interesarse concurriendo con sus reverentes preces a S. Santidad, a fin de obtener esta gracia de la Santa Sede.

“Decreto. -Luego de haberse formulado esta exposición y proposición, dicho Ilmo. y Rmo. Sr. Arzobispo, con aprobación del dicho sacro Concilio, decretó que se hiciese una representación a S. Santidad acerca de lo expresado y contenido en dicha exposición, alegando los motivos y razones que allí se contienen y expresan.

“Sigue la representación hecha por vigor de dicha resolución, y dirigida a N. Smo. Sr. el Papa (Clemente XII). -Beatísimo Padre: Reunidos en pleno sínodo, según costumbre, y deseosos de cumplir con la solicitud pastoral, que nos manda no solamente velar sobre la custodia de nuestra grey (1), sino también salir a la defensa y cuidar del acrecentamiento de la honra de Dios, rogamos con el mayor encarecimiento a V. Santidad se digne hacer extensivo a estos reinos de las Españas el culto eclesiástico del oficio y misa del santísimo Corazón de N. S. Jesucristo, persuadidos como estamos de que nada podría con mejor eficacia contribuir a la mayor gloria de Dios y salud de las almas. ¿Qué cosa en efecto más provechosa para los fieles se hallará, ni más agradable ni más acepta a nuestro Dios, que un culto especial de veneración tributado al sacratísimo Corazón de su Hijo amado, en quien él puso todas sus complacencias (2)? Rehusó el Eterno Padre las hostias y oblaciones de la vieja ley: adaptó a su Hijo un cuerpo humano, en el cual el Corazón de por sí ofreciese la víctima u ofreciese consigo mismo su propio cuerpo en olor de suavidad: y así fue como el Hijo desde el primer instante de su Encarnación clamó al Padre: Dios mío, quise: y en medio de mi Corazón tengo tu ley. (3) Y, en verdad, fuerza nos es confesar que están obligados los nuestros al amantísimo Corazón del Hijo de Dios: porque nos amó antes que le quisiésemos (4); porque, aun después de muerto por nosotros, borró las culpas, o nos ha expiado con su sangre (5); porque de su pábulo sabrosísimo nos alimenta diariamente en el sacramento de su cuerpo, aun a trueque de recibir las injurias de hombres desalmados, que no disciernen sacrílegos el cuerpo del Señor (6): y, en resolución, porque, si bien está en los cielos sentado a la diestra del Padre, no por esto deja de difundir benignísimamente por la llaga de su abierto costado las riquezas de su amor sobre toda la tierra, intercediendo sin cesar por nosotros cabe del mismo Padre (7). Bueno es por lo tanto, y razón será que nuestros corazones, heridos con las heridas de tanto amor, y atraídos, arrastrados por los estrechos lazos de tanta caridad, se presten a honrar de todas maneras este dulcísimo Corazón, y a venerarlo con nuevas y exquisitas invenciones, ya que las suyas también él hizo notorias a los pueblos (8), para más y más obligar nuestros corazones e inflamados de su llama divina. Ea, pues, Padre Santo, acoged bondadoso y recordad las piadosas preces de nuestro Católico Monarca, y las devotas súplicas de casi todos los prelados españoles, que en igual sentido y desde ha largo tiempo fueron elevadas a esa Santa Sede (9). Hallen eco en vuestra audiencia y cima en vuestra anuencia los. fervorosos deseos de los pueblos, que asaz se explican con tantos altares erigidos y tantas fiestas en lo más de los lugares, o casi doquiera, solemnizadas en honor del Corazón sagrado. Nosotros por nuestra parte también os lo suplicamos en virtud de las razones que llevamos expuestas; y os lo suplicamos, seguros de que atenderéis las oraciones unánimes y ruegos vehementísimos de todos los que formamos este santo sínodo: todo el cual postrado a los pies de V. Santidad, implora de vuestra mano paternal, juntamente con esta gracia, la bendición apostólica. -Dios óptimo máximo guarde dilatados años a V. Santidad para el felicísimo régimen de su pueblo. - Tarragona, 13 de Noviembre de 1738. -Bmo. Padre, -de V. Santidad humilde y obedientísimo hijo, -el Concilio Provincial Tarraconense. -Pedro Arzobispo, Presidente. -En lugar del sello. -Por mandado de dicho sagrado Concilio Provincial, -Ignacio Casanova, Notario y Secretario." (10)

(1) Cfr. Luc. II, 8.
(2) Matth. III, 17; XVII, 5: II Petr. I, 17.
(3) Ps. XXXIX, 7-9: ad Hebr. X. 5-9.
(4) I Ioann. IV, 10.
(5) Cfr. Ioann. XIX, 34: Apoc. I; 5.
(6) I ad Cor. XI, 29.
(7) Ad Rom. VIII, 34.
(8) I Paralip. XVI, 8.
(9) Véanse arriba los años de 1734 (págs. 183, 184) y 1735 (págs. 232-234), donde se encontrará la razón y el tiempo de estas devotas súplicas de casi todos los prelados españoles.

(10) Está tomada esta traducción de los arts. II y IV de los Apuntes históricos sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España desde el año 1733 al 1741, que publicó el P. Fita en El Mensajero... (t. XVII, págs. 313-325; t. XVIII, págs. 73-86). -Permitasenos reproducir aquí extractada la descripción que hace el citado Padre, de los ilustres devotos del Corazón divino que asistieron y firmaron en esta sesión XX del segundo Concilio de Tarragona “reunido en la monumental y espaciosa capilla del Cuerpo de Cristo ricamente adornada.” –“En el centro del lienzo que corre a izquierda del altar” dice, “descollaba bajo dosel la sede primacial de España o trono del Arzobispo (Don Pedro de Copons y Copons). A derecha de éste, sobre sillones forrados de damasco carmesí con alfombra y almohadón a los pies, estaban sentados los Obispos, de Tortosa (Don Bartolomé Camacho y Madueño), Lérida (Don Fr. Gregorio Galindo) y Solsona (Don Fr. José Esteban de Noriega): y a su izquierda, los de Vich (Don Raimundo de Marimón y de Corbera) y Gerona (Don. Baltasar de Bastero y Lledó)... -Luego en los escaños del hemiciclo turnaban por orden de dignidad dos series de personajes, conviene a saber: 1ª prelados inferiores a los obispos: 2ª procuradores de los ausentes... -Série lª Juan Bautista de Berart, Abad benedictino de Serrateix: Bernardo Urtusáustegui, Abad benedictino de Galligans: Antonio de Ametller, Abad benedictino de Besalú: Francisco Copons y de Copons, Abad benedictino de Camprodón: Pedro Trelles, Abad premonstratense de Las Avellanas: Francisco Huguet, Abad cisterciense de Santas Creus: Plácido Cortada, Abad benedictino de Monserrat: Francisco Beltrán, Abad cisterciense de Escarp: Jacinto Romañá y Castells, Preboste de Santa María de Manresa: Juan Girós, Coadjutor de su tío el Prior de Calaf. -Serie 2." Don Pedro Ignacio Perelló, doctor en ambos derechos, canónigo de Tarragona, Procurador del Ilmo. Sr. Don Jorge Curado, Obispo de Urgel: Dr. Don José Gisvert y Velázquez, Síndico del cabildo catedral de Tarragona: Dr. Don Antonio Copons y de Copons, Síndico del cabildo catedral de Barcelona: Dr. D. Luis Pahoner, Síndico del cabildo catedral de Tortosa: Dr. D. Raimundo Pastoret, Síndico del cabildo catedral de Lérida: Dr. D. Juan Barrera y Barnils, Síndico del cabildo catedral de Vich: Dr. Don Francisco Llinás, Sindico del cabildo catedral de Urgel: Dr. Don Bartolomé Tarragó, Sindico del cabido catedral de Solsona: Fr. Antonio Gispert, Monje del Monasterio benedictino de San Pedro de Roda, Procurador de Fr. José Gayola, Abad del mismo Monasterio: Don Jacinto Casanovas, presbítero, canónigo penitenciario de Tarragona, Procurador de Fr. Francisco de Serra y Portell, Abad benedictino de San Cucufate del Vallés: Dr. Don Mariano Alberich, presbítero, canónigo coadjutor de Tarragona, Procurador de Fr. Francisco de Rius y Balaguer, Abad benedictino que regía los Monasterios de San Pablo del Campo y San Pedro de la Portella: Dr. Don Rafael Llorens y Morgades, presbítero, canónigo de Tarragona, Procurador de Fr. José Gallart y de Pastor, Abad benedictino de San Salvador de Breda: Don Francisco Baldrich, doctor en ambos derechos, canónigo coadjutor de Tarragona, Procurador del Abad benedictino Fr. Francisco de Miranda y Testa que gobernaba los Monasterios de Santa María de Amer y Santa Maria de Rosas: Fr. José de Convarem, Monje profeso del Monasterio cisterciense de Poblet, Procurador de Fr. Francisco Fornaguera, Abad del mismo Monasterio: Fr. Aquilino Just, Monje profeso del Monasterio cisterciense de Santas Creus, Procurador de Fr. Vicente Pascual, Abad también cisterciense de Santa María de Benifasá: Fr. Francisco Marimón, Monje profeso presbítero conventual de Monserrat, Procurador de Fr. José Ferrer, Abad del Monasterio benedictino de San Benito de Báges: Dr. Don Domingo Vernis, presbítero, canónigo de Tarragona, Procurador del Dr. Don José Porta, Prior de la Colegiata agustiniana de Santa María de UlIá: Dr. Don Fructuoso Llorens y Valls, diácono, canónigo coadjutor de Tarragona, Procurador de Don Nicolás Estaun y Ciria, Arcipreste de la Colegiata agustiniana de San Pedro de Ager: Dr. Don Juan Maciá, presbítero, canónigo de Tarragona, Procurador del Monasterio benedictino de Santa María de la O, por estar la abadía vacante.” (l. c., t. XVIII, págs. 75-78).

No contentos con esta piadosa representación “los Ilmos. prelados del Concilio Tarraconense, celebrado el año de 1738", dice el P. Peñalosa, “concedieron 280 días de indulgencia a los que devotamente dieren cualquier alabanza al santísimo Corazón de Jesús...” (1). Así este Padre al fin del catálogo de “indulgencias que han concedido los más de los Ilmos. prelados de España a cualesquiera personas, por cada vez que leyeren u oyeren leer cualquier capítulo o parágrafo de estos dos libros (suyos de La Devoción...), o ejecutaren cualquiera práctica de las que ellos enseñan para venerar el sagrado Corazón de Jesús.” (2)

(1) La Dev. al S. C. de Jesús (ed. cit., pág. 41). -Lo mismo afirma el P. Loyola, añadiendo con todas sus letras que la gracia concedida por "el Ilmo. Sr. Arzobispo y todos los Sres. Obispos del Concilio Tarraconense” fue de “doscientos ochenta días de indulgencias”, Medit. del S. C. de Jesús, (ed. 3ª, pág. 15). No se opone a esto lo que el 25 de Abril de 1743 afirmaba Mauro Martí, que “con sólo decir: Alabado sea el sagrado Corazón de Jesús, se ganan en la provincia (eclesiástica) tarraconense 320 días de indulgencia, (l. c., pág. 6): pues bien puede ser que a los 280 del Concilio añadiera posteriormente algún nuevo obispo los 40 de costumbre, que hacen la suma de 320. -Sobre estas indulgencias consúltese el art. IV del P. Fita, en El Mensajero... (t. XVIII, págs. 80-82).
(2) P. Peñalosa, ibid., (págs. 40, 41). -También se halla copiado en El Mensajero... (t. XVII, págs. 288-290), y compendiado en el L. I. P. Addititia Var. del P. Nilles, (págs. 476, 477).

83. Añade a éste, otro “catálogo de las congregaciones del sagrado Corazón de Jesús fundadas en varias ciudades, villas y lugares de España desde el año 1733 hasta el de 1741, especialmente en el nobilísimo y piadosísimo reino de Navarra y otros pueblos pertenecientes al obispado de Pamplona” (1). En él aparece al núm. 38 la congregación fundada “en Jaca, en la iglesia nuevamente erigida al sagrado Corazón de Jesús, que es la primera que se le ha erigido en España” (2): y esta erección es el hecho de que hablamos arriba, dignísimo de que se averiguara con más espacio por su novedad y grandeza. Nosotros no hemos dejado de hacer nada de cuanto se nos alcanzara en tan natural empeño: el resultado y parte de nuestro trabajo podrá apreciarse por la siguiente carta, fecha en Jaca, el 31 de Julio de 1878.

(1) P. Peñalosa, ibid., (pág. 41-44). –Se copia asimismo por su importancia, como el primero, en El Mensajero... (t. XVII, págs. 290-292).
(2) P. Peñalosa, ibid., (pág. 43).

“He practicado diligencias... en averiguación del paradero del acta original de la erección del seminario antiguo, consagrado al Corazón de Jesús, no habiendo dado mis pesquisas otro resultado sino que en el trascurso de 1739 a 1750, ocupando esta sede el Sr. Manzano Carvajal, por el celo infatigable de Don Francisco Torrejón, arcediano de Gorga y canónigo de Jaca, se erigió en seminario episcopal, para cuya fábrica y dotación aplicó todos sus caudales. Así lo dice el historiador P. Ramón de Huesca, en su Teatro histórico de las iglesias del reino de Aragón (t. VIII, pág. 197). No dice el titulo de su advocación; pero lo declara el cuadro principal del altar mayor, que representa el Corazón de Jesús, y sobre todo la alegoría de la puerta principal. También en la Guía eclesiástica del año 1766 hace mérito de este templo; pero únicamente dice que se edificó el 1737 con rentas de dicho Sr. Arcediano para seminario sacerdotal, y que en dicha época se destinaba para seminario conciliar. Es voz común y constante que sea la primera iglesia dedicada a tan augusto objeto: ignoro la fuerza de esta tradición...” (1)

(1) Omitimos por justos respetos, aunque con sentimiento, el nombre del autor de la carta.

84. En que sea en efecto la primera dedicada en España al sagrado Corazón de Jesús, no hay duda: puede haberla tan sólo en la fecha de su dedicación. Mas, constando ser ésta anterior al 1741, y la fábrica del edificio del 1737, no creemos ir ajenos de toda probabilidad al colocarla en el presente año de 1738, tan glorioso para el reino de Aragón, como para el principado de Cataluña, como para toda la nación española. ¡Qué diferencia del 1738 al 1733, y del 1733 al 1729! Razón tuvo en exclamar al principio de él Don Juan de Escobar y la Carrera, hablando del ternísimo y adorable culto del sacrosanto Corazón de Jesús: -"Hállase éste tan felizmente difundido en los religiosos corazones de estos católicos y piadosísimos reinos que, aunque no hayan sido los primeros en su debida veneración, son sin segundos en la fervorosa piedad con que se esmeran amantes y obsequiosos en la deseada propagación de sus accidentales glorias, con sagrada ambición y competencia a aquellos adonde se encontró la felicidad de su dichoso principio.” (1)

(1) En su Aprobación de la Hist. de la Dev. al S. C. de Jesús, traducida por el P. Loyola, (pág. 5).

Ya para fines del 1738 vése llena nuestra España de medallas, de estampas, de libritos, de congregaciones en honor del Corazón augusto de Jesús: apenas hay parte en ella, donde no se le hagan novenas, desagravios y solemnes funciones, donde no se hayan introducido y trabajado sin reposo sus incansables apóstoles: así los príncipes como los súbditos se dan prisa a mostrarle su amor, los eclesiásticos y los seculares se sienten obligados a extender sus cultos: conceden indulgencias y escriben a Roma casi todos los prelados en demanda de su oficio; júntase concilio en Tarragona, donde se canoniza su devoción; y no para hasta levantarle un templo la piadosísima ciudad de Jaca.

El 1733 había, es verdad, grandes esperanzas de que todo esto iba a suceder: estaban de por medio las promesas del cielo descubiertas al P. Hoyos, pechos valientes no acostumbrados a ceder a ninguna dificultad ni contratiempo, corazones, como los de España, dispuestos a toda religión, agradecidos a las finezas de su Dios, devotísimos de N. Señor Jesucristo, arrastrados instintivamente a cuanto fuera justo y sagrado: pero aun había que aprovechar estas buenas disposiciones, y se mostraba para no pocos oscuro todavía el término de los soberanos decretos.

Pues el 1729 ¿quién hubiera adivinado que aquella centellita había de causar tanto incendio en nuestra patria? La aparición era al parecer privada, la gracia puramente personal, y la persona que la recibía de ningún valer a sus propios ojos y de los demás, humilde hasta el extremo no sólo de ocultada, menos a sus confesores, pero de no atreverse quizás a indicar a uno de sus más íntimos confidentes el principio de donde se le derivaban sus consuelos, mientras el Señor no movió su corazón y le forzó, por decido así, a secundar sus divinos planes: tal era sin embargo el primer favor recibido en Valladolid, y tal el espíritu del P. Agustín de Cardaveraz.

No podemos olvidar a nuestro buen Agustín, al amigo, director y maestro de Bernardo: por él empezamos los Principios del reinado del Corazón de Jesús en España, por él acabaremos, cuando llegamos ya al establecimiento de tan dichoso reinado. Algo hemos dicho de sus trabajos para conseguido; nos sería imposible decir cuanto trabajó para ello, cuanto este mismo año se afanó, cuanto sudó en los siguientes a fin de dejarlo asegurado para siempre. Copiemos al menos lo que de su modo de fundar las congregaciones escribe el P. Julián de Fonseca.

“Como el sagrado Corazón de Jesús era el imán de su alma, y por medio de esta devoción había recibido el Padre tantos favores y gracias tan especiales, y cada día las recibía mayores, no se contentaba su agradecimiento con solos sus obsequios particulares y privados, sino que deseaba y anhelaba que todos le conociesen y amasen, no sólo en secreto, mas también en público; para que, teniendo los pueblos patente esta fuente celestial de gracias y misericordias, se enriqueciesen todos y llenasen sus almas de las copiosas bendiciones que continuamente derrama sobre sus devotos. En algunos lugares le costó mucho trabajo el lograr su intento, y le decían varias personas de autoridad que sería imposible el conseguido. Pero el Padre no desistía por eso, si lo juzgaba conveniente, ni decía otra cosa sino: Vaya, vaya, que Dios lo compondrá todo: el sagrado Corazón lo allanará. Lo que hacía entonces era irse a la iglesia, y presentando al Padre Eterno el mismo Corazón de su divino Hijo, rogarle por él y por los méritos de aquella infinita caridad con que voluntariamente se entregó a la muerte por los hombres, que los encendiese en su amor, para que de todos fuese amado y glorificado Jesucristo, y su divino Corazón adorado y correspondido. Tomaba por intercesores a la Sma. Virgen y a los Santos de su devoción, para que le ayudasen a conseguir lo que deseaba. Insistía y perseveraba en sus ruegos y clamores un día y otro, hasta que conocía que su petición estaba bien despachada en el cielo. En esta suposición y confianza, a lo último de la misión, con breves y eficaces razones proponía el asunto, la utilidad de la congregación en aquel pueblo, el fruto que de ella esperaba, las gracias que conseguirían por este medio: y sin saber cómo, lo hallaba todo allanado, conviniendo unánimemente en la erección de la congregación del sagrado Corazón de Jesús. Esto le sucedió muchas veces: y con estas experiencias, y la que ya tenía de lo útiles que eran estas congregaciones en otros lugares donde estaban ya entabladas, fueron muchas las que de nuevo fundó con grandísimo consuelo suyo, por el ardentísimo amor y devoción que profesaba al divino Corazón.”

(1) Comp. de la Vida del P. Ag. de Cardaveraz, c. VI, págs. 82-84). -Por pertenecer a este año, y ser la primera que fundó Agustín en su provincia de Guipuzcoa, pondremos aquí el acta de erección de la congregación de Tolosa, que es como sigue: -“Viva Jesús. A mayor honra y gloria de la Sma. Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un sólo Dios verdadero: para perpetuo reconocimiento y en señal de veneración y amor del unigénito Hijo de Dios, Jesucristo, Dios y hombre, rey eterno de la gloria, N. Salvador, y en reverencia, obsequio y adoración de su divinísimo adorable Corazón, en que están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y ciencia de Dios, y en que habita la plenitud de la divinidad corporalmente: en presencia de la sacratísima Reina de los ángeles, María Sma. Señora Nuestra, Virgen y Madre admirable de Dios, y de toda su corte celestial: Nosotros, los que al píe de ésta firmamos, estando juntos y congregados, en nombre de Dios, y considerando los copiosos frutos que a mayor gloria divina y provecho común de todas estas repúblicas ha logrado la divina palabra en la santa misión de los PP. de la Compañía de Jesús, desde el día 5 de Julio hasta el día 31 de dicho mes de este año de 1738, y solicitando, como a nuestro celo toca, su constante perseverancia en igual o mayor fruto espiritual permanente, conforme a los designios del Corazón de deífico de Jesucristo Señor Nuestro, explicado en sus apóstoles enviados a predicar su evangelio; y habiendo nosotros merecido de su inmensa benignidad la dicha y favor tan señalado de que se nos hiciesen patentes los secretos sacramentos de su divinísimo Corazón, fuente original de todas sus inagotables gracias y centro de nuestra verdadera felicidad; y constándonos que Dios N. Señor ha hecho como un último esfuerzo de su infinita misericordia a favor de la cristiandad, inspirando, casi en nuestros días, la devoción y amor al Corazón sacratísimo de su unigénito y dulcísimo Hijo, a fin de renovar, como en otros tiempos lo ha hecho por otras devociones, festividades y misterios, el mundo en su amor, y como por medio de San Juan Evangelista, su amado discípulo, se lo reveló, casi cinco siglos ha, a la esclarecida virgen, su regalada esposa, Santa Gertrudis; y viendo con admiración nuestra los maravillosos progresos que ha conseguido esta celestial devoción, volando en alas de amor a las partes más remotas del mundo, traspasando esos mares, y extendiéndose por las cuatro partes del orbe por medio de los PP. Jesuitas y de tantas piadosas y sagradas congregaciones, en que los fieles con santa emulación militan debajo de sus banderas: para la enmienda de nuestras vidas, reforma de las costumbres, edificación del pueblo, aumento de las virtudes, perseverancia en la gracia y amor de Jesucristo, mayor culto, reverencia, devoción y adoración de su inefable augustísimo Sacramento del Altar, en que se nos quedó y reside como en trono de sus delicias entre los hombres: Determinamos unánimes y conformes establecer y erigir una nueva y santa congregación, la primera de esta M. N. y M. L. Provincia, en esta noble villa de Tolosa, debajo de la protección y con el título glorioso del Corazón santísimo de Jesús, con el beneplácito de N. Ilmo. Sr. Obispo, para el fin y con las constituciones y reglas siguientes...”

     Diez y nueve años se ocupó el P. Agustín (1736-1755) en el penoso ministerio de las misiones, recorriendo en ellas toda Guipúzcoa, gran parte de Vizcaya, y no pocos pueblos de Navarra y Alava, sin más descanso que el preciso para su preparación, los ejercicios espirituales de cada año, y el poco tiempo que pudo conseguir para disponerse a la profesión de 4 votos, que hizo el 2 de Febrero de 1739. (1) Retiróse a Loyola el 1755, y allí vivió dedicado exclusivamente a su propio aprovechamiento y a la dirección de los que acudían a santificarse en aquella santa casa por medio de los ejercicios de San Ignacio, hasta el fatal día 3 de Abril de 1767, en que la abandonó para siempre.

(1) Tenía escritos en la fórmula de la profesión con su sangre estos afectos: “Iesus meus, amor meus: Iesus meus, vita mea, honor meus, gloria mea. Ex intimo cordis mei amore, ad gloriam sanctissimi Cordis tui in hac professione et his votis D. O. C. que me totum in aeternum sanguine proprio, oh utinam cordis. Augustinus a Jesu Cardaveraz”. P. Fonseca, (l. c., c. V, pág. 69).

85. No nos sufre el corazón acompañarle, primero de Loyola a San Sebastián, luego en su angustiosa travesía, finalmente por Civita­Vecchia, Calvi, Génova, Parma, Plasencia, Via­Regio, Pisa, Florencia y Castel San Giovanni. Aquí enfermó, nadie supo de qué, aunque suponemos que sería de dolor de ver tan injustamente maltratada a su Madre, la religión, y de ansias de contemplar, descorrido para siempre el velo que algunas veces se lo encubría, el Corazón deífico de su amor Jesús. Estas ansias vivísimas, y la esperanza no menos viva de que Dios al fin volvería por el honor de su Madre y sus Hermanos, endulzaron sus últimos momentos, hasta que "durmió en el Señor, sin congoja, sin agonía, como a las ocho de la mañana del día 18 de Octubre de 1770...” dice el autor de su Vida; "llevando a la sepultura la estola de la inocencia sin mancharla, y la gracia que había recibido en el bautismo, aumentada con un rico tesoro de méritos, adquiridos con el ejercicio continuo de heroicas virtudes: virgen en cuerpo y en alma: misionero y predicador excelente: maestro iluminado en la vida espiritual, habiendo sido la suya, por testimonio del Ven. P. Pedro Calatayud, más angélica que humana...” (1)

(1) P. Fonseca, ibid., (c. IX, pág. 133).

     

 

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Biografía P. Hoyos          
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