PRINCIPIOS DEL REINADO DEL CORAZON DE JESUS EN ESPAÑA (Continuación)
Por el P. José Eugenio de Uriarte, S.J. - Madrid, 1880
 
1736
Al llegar aquí, nos permitirán nuestros lectores trasladar unas líneas del conocido librito del Tesoro escondido, o como se llama después de la muerte de quien más trabajó por descubrirlo, El Corazón sagrado de Jesús descubierto a nuestra España: en ellas verán contado en breve cuanto llevamos escrito, y celebrado en pocas palabras el gran triunfo del Corazón divino en España, y su rápido entronizamiento en los nobilísimos pechos españoles.

“En nuestra España, donde la devoción del Corazón de Jesús era del todo incógnita hasta la mitad del año de 1733”, dice su piadoso autor, "ha hecho ya (para el de 1736) tan felices progresos, que sólo el amor infinito del Corazón divino para con los corazones españoles pudiera dilatarla tanto como vimos en los capítulos II y III, (donde se trató de su origen y propagación).

"Hállase entronizada en los corazones soberanos y excelentísimos de nuestra augusta corte, consagrada en los espíritus de los Ilmos. prelados de nuestra ínclita nación, favorecida de innumerables comunidades religiosas de ambos sexos, y de cuantas piadosas almas tienen la dicha de haber conocido y experimentado la solidez y dulzura del culto sacrosanto del Corazón de Jesús.

“Todas estas personas encienden en su piadoso corazón la devoción al de Jesús con sólidas prácticas aprobadas de los Sres. obispos y de sabios directores: comulgan el día inmediato a la octava de Corpus Christi, y muchísimas almas todos los viernes primeros de cada mes: hacen la novena del Corazón de Jesús todos los meses, y en muchas comunidades de religiosas se ha establecido rezarla todas, o las más juntas, privadamente en el coro: practican en honor del Corazón santísimo muchos obsequios de caridad, humildad, mortificación y penitencia, semejantes a los que Jesús prescribió a la V. Margarita de Alacoque. Estos ejercicios en honor y culto del Corazón divino se practican con mayor solemnidad en las muchas congregaciones que hay fundadas con el título: Congregación del Corazón de Jesús.

“Ya en fin en el real y católico pecho de nuestro gran Monarca, el Sr. Felipe V, que Dios guarde y prospere en todas sus grandezas, ha inspirado el mismo dulcísimo Corazón de Jesús deseos de ver extendida su devoción y propagado su culto: y para desempeñar a sus mismos deseos y a toda la nación española, empeñando al mismo tiempo con su real ejemplo a todos los que por su oficio o dignidad puedan imitarle, ha interpuesto su soberana autoridad con la Santa Sede con repetidas cartas”. (1)

(1) Ed. de Madrid, 1736, (págs. 194-196). -"En poco más de dos años”, dice en otra parte, "no ha quedado provincia, reino ni ciudad apenas de nuestra ínclita nación, que no haya recibido con piadoso aplauso y sagrado empeño la devoción al sagrado Corazón de Jesús. Nuestra augustísima corte ha dado y continúa (dando) soberanos ejemplos de piedad y amor al Corazón santísimo. En muchas ciudades ilustres de estos reinos se han fundado congregaciones, se han celebrado festivas solemnidades, se han rezado públicas novenas, se han practicado obsequios innumerables de frecuencia de santos sacramentos, oración y ejercicios de todas las virtudes. En muchas comunidades religiosas de casi todas las ciudades de España semejantes obsequios, y cuantos ejercicios practica la piedad más observante y religiosa, son frecuentes todos los años, meses, semanas y aun días en honor, amor y culto del Corazón sacratísimo de Jesús: todo con aprobación, exhortación, aplauso y algunas veces asistencia de los Ilmos. y celosos pastores, en cuyas diócesis se rinden al Corazón sagrado de Jesús tan dignos cultos. Solicitó el P. Bernardo, y pudo conseguir del cielo por medio del Ilmo. Sr. Don Manuel de Samaniego, Arzobispo de Burgos y piadosísimo protector de la causa del Corazón de Jesús, que casi todos los Ilmos. Sres. arzobispos y obispos de España escribiesen a nuestro SS. P. Clemente XII, pidiendo instantemente oficio y misa del Corazón de Jesús: súplica que esperamos en el mismo divino Corazón tenga el feliz suceso que desea todo el orbe cristiano. Procuró con vivas ansias que se publicase la devoción al sagrado Corazón de Jesús en algún pequeño libro, que pudiese llegar a los países más remotos y a los claustros más retirados: y como nadie podía resistir a sus piadosas instancias favorecidas declaradamente del cielo, fue preciso complacerle y disponer este librito que hoy sale a luz más abultado. El mismo P. Bernardo le corrigió, hizo copiar a su gusto, y cuidó de la primera impresión. Si ha hecho o hiciere algún fruto en las almas, se debe a los fervorosos afectos con que le puso y, digámoslo así, le imprimió muchas veces en la celeste oficina del Corazón sacratísimo de Jesús, viendo en este espejo muchos sucesos futuros del libro, y gozando singulares favores, al tiempo de ofrecerle impreso al Corazón sagrado en el Smo. Sacramento del Altar... Pero lo que acreditan más de verdaderos los favores que el Corazón de Jesús hizo al P. Bernardo, son las muchas congregaciones que se han fundado y fundan en España con titulo: Congregación del Corazón de Jesús. Esta fue una de las santas ideas inspiradas a este angelical joven para extender los cultos del Corazón santísimo. Valióse de la amistad y espiritual confianza que tenía con el M. R. P. Pedro de Calatayud, misionero apostólico de nuestra Compañía de Jesús, cuyas fructuosas misiones han dado tanta gloria a Dios y tantas almas al cielo... Como este celoso misionero tenía conocido y experimentado el buen espíritu de este estudiante Jesuita, empezó a publicar fervoroso esta devoción con maravillosos sucesos. Consiguió por este medio la conversión de muchos corazones rebeldes, perfeccionó innumerables almas, e introdujo en muchos monasterios de santísimas religiosas la devoción al Corazón de Jesús, como un sagrado mongibelo de amor en que se abrasan ya comunidades enteras de amantes esposas del Corazón de Jesús, celestiales víctimas de amor divino al Corazón sacrosanto de su divino esposo. Logró en fin fundar en poco tiempo la congregación del Corazón de Jesús en Lorca, Orihuela, San Felipe, Elche, Novelda, Aspe, Petrel, Villena, Almansa y Onteniente... Y éstos son algunos de los sólidos frutos de santidad que han producido y cada día producen los favores y revelaciones que el sagrado Corazón de Jesús hizo al P. Bernardo. Mientras sirvan para mayor gloria de Dios y perfección de las almas, no pueden dejar de darnos una prueba sólida de la bondad de su espíritu: pues el divino maestro Jesús, por cuyo divino Corazón trabajó gloriosamente Bernardo, no señala más sólida prueba de un espíritu verdadero, que los frutos que produce, tomando la semejanza visible de los árboles buenos o malos: Ex fructibus eorum cognoscetis eos (Matth. VII, 20), por los frutos los conoceréis. Quiera el amantísimo Corazón de Jesús, sol divino y fuego sagrado, sazonar con sus influencias celestes los frutos de devoción a sí mismo, que empezamos a gustar en nuestra España." (ibid., c. III, págs. 38-47).

68. Así pues las cosas del Corazón deífico, y muerto en la pelea el que a tal altura las había levantado con su oculta pero firme dirección, no es difícil suponer a quién pertenecería ya de derecho el sucederle y llevar adelante las comenzadas victorias. He aquí la que bien pudiéramos llamar nueva proclama dirigida por Agustín a su P. Loyola, y en él a todos los soldados del sagrado Corazón de Jesús.

“Mi amantísimo Padre: La de V. R. y otra que recibo del P. Carbajosa desde Salamanca, con tanto como me hablan del Corazón admirable de mi amor Jesús me han llenado de un consuelo inefable.

“Una cosa hemos de rogar enixe con todo el afecto al Corazón divino: y es, Padre mío, que S. Majestad se apodere con su divino amor suave y eficazmente, de los de sus escogidos instrumentos, los Jesuitas; pues conozco en S. Majestad, que la indiferencia o tibia inacción de algunos de los nuestros es en gran parte el impedimento a los amorosos designios del Corazón divino, que se quiere comunicar y difundir en los de los otros. El demonio hace todos sus esfuerzos para que los nuestros no tomen con el debido celo el asunto: y, si una vez logramos la felicidad que nuestro amor Jesús gane de veras para sí los corazones de muchos de los nuestros que pueden y no hacen, se verán efectos prodigiosos en todos los fieles.

“Esto, esto hemos de rogar al mismo amor Jesús; y a V. R. le ruego que encargue a cuantas almas de Dios pueda, que encomienden a S. Majestad esta necesidad, y que prenda de veras este divino fuego consumidor en los hijos de Ignacio: que después abrasarán a todo el mundo en sus ardores. Ya se ve cuánto conducirá esto para la extensión de los libros que V. R. me dice, y de que me alegro ex corde en el Corazón sagrado. Ojalá hubiera omitido el P. Prado lo que V. R. me dice, en la Vida (Carta de edificación) del seráfico P. Bernardo, y hubiera añadido más y más de lo del Corazón de Jesús: yo era del mismo parecer; y me alegro que V. R. haga esto segundo de añadir.

“Yo, Padre mío, quisiera ser poderoso y tener todos los medios suficientes para servir a V. R. y a cuantos veo en el Corazón adorable verdaderos adoradores y ansiosos de que le adoren todos, tan laboriosos. ¡Ay, y cuán divino y sólido consuelo me llena todo mi corazón con la luz que me da este Señor en su Corazón divino, al ver lo mucho que le agrada el celo de algunos, y entre ellos el de V. R.! Quisiera ver a todos, y más a los que yo bien quiero y debo, en el estado felicísimo que a estos pocos. ¡Y cuán estrechamente los une el Corazón santísimo de nuestro amor Jesús, que tiene mil atractivos, y su mismo amor infinito y las ansias amorosas de comunicarse a todos, le obligan a no desamparar estos dichosos instrumentos de su amor!

“Pobres miserables de nosotros, Padre mío, si en medio de nuestras tibiezas, y el estado peligroso del mundo, y de las mismas religiones, no nos hubiera franqueado... ¿qué digo? ni puedo contener las lágrimas, y se me revienta el corazón a la luz tan soberana y al ver, cuando esto digo, el Corazón de este amorosísimo dueño dando quejas de amor sin poderse difundir, como quiere, en los de todos: si no nos hubiera franqueado este medio poderosísimo para contener su justo enojo.

“Alentémonos, Padre mío, con lo que veo en este centro de nuestras eternas delicias, que este amor, caridad esencialísima y centro de toda bondad, ha de ocultar y disimular las miserias y faltas en que cada día incurrimos. En este horno divino se han de consumir, con este bálsamo se han de curar, y con este baño han de sanar nuestras almas de sus dolencias. Yo quisiera ser capaz de comunicar desde mi rincón, pero sin ser conocido de persona en el mundo, a todos esta luz, y por consiguiente este consuelo y este bien: que creo ciertamente sería poderoso y bastante a enamorar todos los corazones del mundo, y asegurarlos para siempre mejor que el mío, tibio e inconstante después de tantos toques de amor tan suave y eficaz.

“Ruego a los santos ángeles que acompañan a los nuestros en especial, que no se consagran con todo empeño a dar esta complacencia tan justa y deseada a las ansias continuas que oprimen el Corazón de nuestro amor Jesús, que ya que yo no puedo pegar a los tales este fuego celestial, que ellos con su poder den asaltos y una santa batería a sus corazones, que despierten a los dormidos, que aviven a los remisos, que den voces interiores a todos, que les hagan experimentar cuán dulce cosa es amar a Jesús y estar eternamente en su Corazón, para que todos a una se conjuren santamente a conquistar los de los fieles ignorantes, olvidados o ingratos, y dar este descanso al Corazón afligidísimo de mi amor Jesús.

“No hay que dar lugar, Padre mío, mientras V.R. viva, a pensamiento menos digno y generoso en este asunto: buscar trazas y valerse de todos los medios imaginables para este fin, que tiene por premio vinculadas infalibles bendiciones que, aunque conocidas en este divino Corazón claramente, non licet homini loqui (1). ¡Ah, y cómo este Señor cumple con suavísima providencia lo que tiene dicho: Abscondisti haec a sapientibus et prudentibus, et revelasti ea parvulis! (2).

(1)  II Corinth. XII, 4.
(2) Matth. XI, 25: Luc. X, 21.

“Yo no puedo ni soy capaz de hacer cosa de provecho; pero si algo pudiera, cuantas vidas ha habido y habrá las empleara sin reserva de una sola respiración, en una devoción que por su fin es la devoción de las devociones: pues ésta en esta vida es adorar a Jesucristo nuestro amor en el Smo. Sacramento... Nuestro amor Jesús nos tenga eternamente en su divino Corazón. -Azcoitia, y Julio 8 de 1736. -Muy ex corde siervo y humilde hijo de V. R. in sacro Corde Iesu.­ Jhs. -Agustín de Jesús.”

69. Habíanle pedido para entonces, a lo que parece, sus directores espirituales las credenciales, como quien dice, de su elección, que como toda era de Dios y hecha para el fiel cumplimiento de su providencia en la extensión del sagrado culto, debían consistir en la continuación de los favores celestiales que en tanto número había recibido hasta el 3 de Mayo de 1733, y pasaron luego en parte a su H. Bernardo, constituido ya capitán y guía de la devoción empezada al Corazón santísimo de Jesús.

Viendo el humilde Agustín el uso que comenzaba a hacerse de los papeles de Bernardo y sus favores, y temeroso de que después de su muerte no sucediera otro tanto con los suyos, que es lo que en efecto hacemos nosotros, contestó así al P. Loyola.

“Yo, Padre mío, no tengo papel ninguno, y si algunos hubiera tenido, los hubiera quemado ha muchos tiempos por el temor de que en mis enfermedades no se me trasmanasen. Lo que ruego a V. R., si ahí tiene algunos, es que por amor de Dios o los queme o, si alguno puede ser de gloria de nuestro amor Jesús, a lo menos los retenga y no los suelte a nadie, sino en caso de necesidad o duda para no errar en nuestra conducta; y en ese caso, borrando la fecha, año, lugar y la firma, y en especial esta última (donde asegura no haber descubierto del todo sus dones sino al mismo P. Loyola y al P. Calatayud). Me acuerdo que siendo V. R. maestro en Segovia, cuando estuvo de peligro, harta falta de conformidad tuve, entre otras cosas, por mis cartas y papeles” (1).

(1) (15 de Julio de 1736).

Algunos días después, indeciso todavía sobre lo que ha de hacer: -”A una que recibo de mi P. Calatayud sobre el mismo punto que las últimas de V. R.”, dice al mismo P. Loyola, "acerca del escribir o apuntar mis cosas interiores, respondo lo que antes a V. R., quedando con la misma duda de si en esto yerro, falto a la obediencia, o desagrado a mi amor Jesús...

"Yo deseo, Padre mío, con todas veras... entregarme sin reserva al Corazón divino de mi amor Jesús, ¡Ay, y qué poco haré en ello! y si algo puedo hacer, todo ello será de mi amor Jesús y de la paternal dirección de V. R., a quien ruego por el mismo adorable Corazón que tome con todo empeño este trabajo; que se lo premiará el mismo centro de todas las misericordias, como yo se lo suplicaré continuamente” (1)

(1) (22 de Julio de 1736).

"¡Oh, y cuántas veces, Padre mío”, le dice en otra, "me pide este único dueño, que debía serlo de todo mi corazón, y aun me impele con una suave y eficaz violencia a abandonárselo todo entero y sin reserva! ¡Cuántas veces, abriéndome aquel animado cielo y trono de la divinidad, su adorable Corazón, convidándome a que entre en él, a que descanse y more ahí siempre, me ha dicho y dice: ¡Ay Agustín! si yo te quiero aquí, ¿qué tienes que desear? ¿Dónde encontrarás lugar de descanso semejante a éste?... ¡Ay Jesús, mi amor único y dulcísimo! yo no puedo, no acierto ni tengo valor para hablar de los secretos de vuestro extremado amor para con tan infiel criatura. Derramad, os ruego, por vuestro divino Corazón, parte de vuestras luces y llamas al corazón de mi Padre, para que conozca y entienda lo que yo no acierto a decir con mis toscas palabras...” (1).

(1)   (29 de Octubre de 1736).

Sin embargo, como al fin se lo mandó la obediencia, fue preciso empezar la relación de los favores celestiales en nombre de su amor Jesús y a gloria del santísimo Corazón. Envió a su director ante todo por este tiempo, según parece, la menuda cuenta que arriba vimos (2) de las diversas formas en que desde el 1729 se le había presentado visiblemente el sagrado Corazón en varias ocasiones, con los maravillosos efectos que en su alma producía aquella vista amorosa. Luego por Agosto de 1736 habla de una visión que puede decirse habitual, pero no sensible como a los principios, sino más intelectual, más íntima y acendrada, con que tiene casi continuamente delante de los ojos al benignísimo y humanísimo Salvador, que se le manifiesta y aparece de un modo prodigioso, o mejor, de mil modos sin cesar prodigiosísimos. Después de haber descrito varios de ellos con suma claridad y humildad, prosigue en estos términos:

(2) Págs. 55-64

“Algunas veces se me ha mostrado en aquel trono de su amor, y abriendo aquella puerta de vida de su sagrado costado, y descubriéndome su adorable Corazón todo como un fuego divino y cercado de resplandores de una apacible claridad, me ha dicho al mismo tiempo: ¡Ay Agustín, Agustín! mira bien lo que me tiene en este Sacramento, que es el peso inmenso del amor para contigo: mira cómo me pagas, si quieres ser agradecido: mira si merezco ser amado y adorado de los hombres, amándolos yo tanto y haciéndoles tanto bien. Mis ansias amorosas que estás viendo, no son otras que las de hacerles cada día más y mayores beneficios y gracias, como lo ves por esta mi dignación e inclinación. Dame un corazón dispuesto como buena materia, y yo le comunicaré de este fuego de que me abraso: póngaseme como un vaso puro y limpio, y yo le llenaré de esta agua de vida. ¡Ay, cuán torpes, cuán ciegos son los hombres, cuán lejos están de corresponder a mi amor ni a mis deseos e inclinación de llenarlos de los tesoros de mis misericordias!...” (1).

(1) (12? de Agosto de 1736)

Quince días más tarde seguía así en sus favores: -”Estos quince dias, Padre mío, no se ha ofrecido cosa especial: aunque las luces y noticias más o menos claras son casi habituales, los atractivos del Corazón adorable de mi amor Jesús continuos, y también sus avisos y llamamientos. Pero con más especialidad, con ocasión de la fiesta de la Asunción de nuestra regaladísima Madre del Amor Hermoso, por un día y parte de la noche fueron más abundantes las gracias y comunicación de sus divinos dones; porque habiéndome mostrado S. Majestad aquella su inefable hermosura, quedó en mi corazón un fuego del cielo que lentamente me abrasaba y consumía con imponderable dulzura, que sentía aun en el tiempo de la recreación, pero mucho más en el aposento y a solas.

"Sentía que sonaba en los oídos de mi alma aquella dulcísima voz del divino esposo, con aquellas expresiones de los Cantares: Veni, veni, veni, etc. (1), y herían con tanta suavidad mi corazón, que se derretía como cera, y todo de una vez se anegaba en aquel golpe de inmensas delicias del Corazón divino de mi amor Jesús, donde se perdía por haber hallado aquel tesoro infinito. Muchas veces aquellos ratos se hallaba mi alma como muda, sin tener palabras o sin acertar a prorrumpir en nada. Pero este lenguaje, mudo a nuestro modo de explicar, solo le sabe entender el que tiene pleno y soberano dominio en los corazones que de veras se le entregan, y le entenderán también los que en sí experimentan estos secretos del alma. Con un ¡ay! imperceptible a los sentidos se dice cuanto la humana elocuencia no puede alcanzar con las reglas todas de la retórica: ello es cierto que mi amor Jesús así lo entiende y se entiende con el alma.

(1) Cfr. Cant. IV, 8.

"Otras veces prorrumpía en dulces lágrimas en que se desahogaba el corazón, afligido con tan penoso y suave martirio de amor y deseos de más amor, y de que todo el mundo ame a mi amor Jesús. Pues, viendo su inenarrable hermosura y amabilidad, aunque viera mi alma que todos los corazones criados que ha habido, hay y habrá, se derriten actualmente y abrasan cada uno como todos los serafines juntos en su amor, no quedaría satisfecha, y tendría más sed de amor, a medida de la luz y conocimiento de este divino objeto infinitamente amable.

"Pero al mismo tiempo se junta este amor con todas las delicias del cielo, y esta dulzura que aun rebosa en el cuerpo con una tranquilidad y pacífica suspensión de todo dolor y pesadez, antes con suma ligereza que le comunica aquella medicina del cielo, si bien después lo paga el mismo cuerpo: se junta, digo, este amor tan delicioso con una pena y amargo dolor como del infierno, al ver que en vez de ese amor tan justamente y por tantos títulos debido a aquel amor infinito de mi Jesús, no se ve en este mundo sino todo lo contrario; y con la noticia clara que aquella luz esencial infunde de sí acerca de tantos objetos a un tiempo, es como un cuchillo de otros tantos filos que cruelísimamente penetra y deshace del todo el corazón.

"Este amor y esta pena no hay a qué comparar en este mundo: éste fue el martirio del Corazón adorable de mi amor Jesús, y éste el que toda su vida padeció a su imitación por excelencia su santísima madre y nuestra, María, en su purísimo Corazón. Yo tengo por un sumo beneficio, y se lo agradezco a S. Majestad con íntimo reconocimiento de mi indignidad por uno de los mayores de esta vida, esta participación de su amor y dolor: y pongo por medianera e intercesora a la misma regaladísima madre de mi amor Jesús por uno y otro santísimo Corazón, que por la solemne adopción para hijo, que de este su indigno siervo y vilísimo pecador se dignó de hacer delante de su santísimo hijo en esa ciudad (de Valladolid), me alcance la gracia que yo nunca puedo merecer, de que jamás se borren ni falten en mi corazón estas penas amorosas, o amor doloroso, o su participación de sus sagrados Corazones...

“Así se me pasó mucho tiempo entre estas ansias y amorosas penas, llorando dulces lágrimas... con el desconsuelo mezclado de amor, al verme precisado por mi suma miseria a privarme y carecer de la real presencia de mi amor Jesús en su Smo. Sacramento,... (aunque) veo muchas veces mi corazón todo lleno o hecho ojos, como los de aquel misterioso carro (1), y donde quiera que yo vaya, siempre esta vista interior, ojos del corazón o corazón de ojos, está fija hacia el divino objeto, y se mueve como un girasol, siguiendo al sol por esencia, que con atractivos incomparablemente más suaves y eficaces tira el corazón hacia el Corazón divino, que es la piedra viva imán.

(1) Cfr. Ezech. I, 4-8: X, 1-22.

“Y aunque uso muchas veces, al explicar estos lances, de los términos como sin libertad, como con violencia o semejantes, no quiero decir de ningún modo que queda el alma sin libertad: porque queda con más dichosa libertad que nunca, y jamás quisiera ella verse libre de esta dulcísima prisión, cadenas y suave violencia; queda sí con una clarísima luz, noticia o vista del objeto, capaz por sí de arrebatar y enamorar todos los corazones y llenarlos de una hartura y sed sin medida...

“Pero siempre ha de suponer, Padre mío, que semejantes inteligencias de las perfecciones de mi amor Jesús tienen por espejo a su santísima humanidad y Corazón adorable, en que resplandece la divinidad que allí reluce, y se deja manifestar y como registrar quasi per cancellos (cfr. Cant. II, 9)...” (1)

(1) (27? de Agosto de 1736)

Añade el increíble martirio que sin embargo padece de vez en cuando su espíritu, después de estas vistas clarísimas del Señor y su Corazón divino herido de amor, llegando tal vez a encontrarse como en una prensa de fuego “con la memoria”, dice, “representación y a las veces una especie de persuasión vivísima, seria y como de un entendimiento convencido de que todas estas cosas y las demás de mi interior, que V. R. sabe, son una pura ilusión con que voluntaria y ciegamente vivo engañado y engaño a V. R. Cuando mi amor Jesús me suelta y deja en poder de mis pasiones y de las tinieblas que el enemigo infunde y echa sobre mi corazón, es imponderable el tropel de cosas, que todas juntas conspiran a fabricar un infierno vivo. Allí se me representa que esto ya no tiene hechura; que aunque estoy ciertamente iluso, es preciso pasar plaza de hombre virtuoso y recogido, siquiera por el qué dirán, y no volver atrás, aunque sea reventando, por mantener el buen crédito u opinión de los hombres; que esto se reduce a pasar aquí un infierno y allí otro, pues que mi disimulación y fingimiento no podrá parar en otra cosa; que puesto que todo lo hago por respetos humanos y por una refinada hipocresía, de nada me servirá todo ello sino de mayor condenación; que mis confesiones cuotidianas, pasadas y presentes, son otros tantos sacrilegios, como las misas, etc...

"Y así queda el alma afligidísima y el cuerpo descoyuntado y deshecho, hasta que poco a poco, o de golpe, todo se serena con la presencia de mi amor Jesús, que manda, como señor absoluto, a los vientos y olas de este mar tempestuoso... En estos afectos y otros infinitos, que como de tropel y a porfía quieren reventar a un tiempo por el alma, suelo llegar a la presencia real de mi amor Jesús, como quien llega muy fatigado y rendido a descansar a la sombra de un árbol, y postrado a los pies de aquel rey de la gloria, de mi amor Jesús, mi alma como ya desfallecida, y por otra parte sedienta de más amor, cae como fuera de sí, acá en lo exterior, y ya no atina con cosa, sin saber qué decir, como muda, aunque dice mucho en aquel idioma de amor que el amado entiende.

"En estos pasos mucha veces y de varios modos me ha dicho S. Majestad: Ea, Agustín amado, descansa en este centro de tus delicias y del amor: y abriendo su adorable Corazón o descubriéndole, me llama a sí, y me introduce en aquel paraiso de todas las delicias divinas, donde se anega, sume y aniquila mi alma. ¡Ay, Padre mío! son frías y como de nieve todas las palabras con que se dicen estas cosas. Porque, aunque uno quiera y tenga voluntad de obedecer, este lenguaje humano no parece que alcanza de ningún modo a aquellos secretos sacramentos de mi amor Jesús, cuyos favores parece pierden toda su alma y espíritu, cuando se explican según los términos de acá abajo.” (1)

(1) ibid., (27? de Agosto de 1736).

Pero no bastaba estar inundado en los consuelos del cielo: era necesario también trabajar con todo empeño. Y empezando nuestro joven por su mismo P. Loyola, deseoso en medio de todas sus sequedades de emplearse en la extensión de la devoción dulcísima al Corazón sagrado, le dice que al encomendarle a este propósito a su amor Jesús "por su divinísimo Corazón varias veces, y más en particular hoy, día de todos los Santos, he observado al estar Su Majestad patente, una grande complacencia en nuestro amor Jesús, en que yo le encomendase y pusiese en su adorable Corazón este punto: la cual divina vista me llenó de inefable regocijo y una confianza y seguridad tan bien fundada, como fundada en su amante Corazón, por quien sólo se lo pedía, y de quien sólo como de principal fuente se origina el negocio de la felicidad de V. R.” (1)

(1) (1º de Noviembre de 1736).

Añádele que para ello es preciso llevar “una vida según el modelo de todos los escogidos, conforme al Corazón sagrado de nuestro amor Jesús, a quien por tantos títulos”, le escribe, “ha de consagrar V. R. todos los instantes de su vida hasta la más mínima respiración. Los propósitos han de ser de aspirar con todas veras y con la mayor eficacia posible a formar su corazón en todo y por todo según el Corazón de nuestro amor Jesús: Inspice, et fac secundum exemplar Cordis Iesu. En él hallará V. R... las gracias necesarias para una generosa resolución, cual se requiere y tal cual pide este divino Corazón del de V. R., para perseverar en sus santos designios. No dudo, antes estoy muy enterado, que los fervorosos deseos y ansias que siente V. R. en su corazón, son gracias muy particulares que el Corazón divino de nuestro amor Jesús le infunde. Aliéntese, pues, V. R. a corresponderle con toda la fidelidad posible...” (1)

(1) ibid., (1º de Noviembre de 1736).

Sigue en la misma carta, y continúa en las siguientes, dándole las gracias y la enhorabuena por algunas almas religiosas que bajo su dirección han empezado el noviciado del sagrado Corazón: le recuerda las pasadas dificultades y victorias en vida del querido P. Bernardo, las disposiciones del Señor, su elección amorosa y las promesas hechas en su santo nombre: finalmente le conjura a que no deje perder ocasión que pueda serle favorable, tanto en el confesonario como por cartas, y sobre todo con libros tan agradables a los ojos de su amor Jesús como su Tesoro escondido.

70. Para satisfacer a las instancias de su discípulo, empezó por este tiempo el P. Loyola a traducir al castellano la Historia de la devoción al sagrado Corazón de Jesús en la Vida de la V. M. Margarita María, escrita en francés por el Ilmo. Sr. Obispo de Soissons, Don Juan José Languet. Al tener noticia de ello Agustín, apruébale grandemente su santa resolución, “y esté V. R. cierto”, le añade, “que ese obsequio que V. R. hace al Corazón de nuestro amor Jesús, es mucho mayor de lo que V. R. piensa, y muy grato. Ojalá estuviera perfeccionada toda (la Vida), y con el estilo más vivo y proporcionado a la mente nobilísima del autor. Pues tengo para mí que esa Vida en nada es inferior a cuantas se han escrito, y excede en muchas cosas a las más que he leído. Es obra muy preciosa, y tengo por cierto que será muy apreciada de muchos, y tendré por felices a las comunidades religiosas, y más de ellas, que la tuvieren...: yo de mi parte haré todo lo imaginable para ello por este país... Servirá infinito a la gloria del Corazón de nuestro amor Jesús, y a la extensión de esta celestial devoción.” (1)

(1) ibid., (1º de Noviembre de 1736).

Tales eran también las esperanzas y tales los deseos del piadoso traductor, quien dedicando dos años más adelante su trabajo al M. R. P. Fray Bernardo Martín, ex-general de los Benedictinos en España, Inglaterra, etc.: “sin saber cómo”, le dice de él, “se ha dispuesto para cooperar a la extensión y culto del santísimo Corazón de Jesús en España. Se ha dignado el amor de Jesús para con nuestra ínclita nación derramar tan sagrados incendios en todas partes por esta devoción admirable, que parece justo cooperar a estas vivas centellas de amor divino por los medios posibles, aunque tan pequeños como esta traducción. Verdad es que todavía se halla esta amable devoción tan a los principios, y se ven tan pocos libros en nuestra España que nos la descubran y declaren, que espero de la piedad del Corazón divino que esta traducción no ha de ser inútil.” (1)

(1) Hist. de la devoción al Sagr. Corazón de Jesús en la Vida de la V. M. Margarita María, (ed. 1738, págs. 4, 5).

En efecto no fue inútil sino muy provechosa, como lo preveía el P. Agustín, a quien hubiera gustado que no fuera ella la única obra de este género. Y así: -”Ojalá”, escribe a su Padre, “hubiera Vida aparte del V. P. la Colombière, que acreditara mucho la devoción al sagrado Corazón y las virtudes de la V. Madre, y ad invicem se acreditaran. Para esto se seguirá después bien la Vida de nuestro felicísimo y angelical P. Bernardo: pero esto ha de ser más de espacio, y escogiendo de todo lo más selecto, y aquello en especial que sirva más de doctrina que mueva a devoción que a pura admiración.” (1)

(1) (30 de Noviembre de 1736).

Se ve que el P. Loyola estaba puesto por el cielo para que fuera el brazo derecho, primero de Bernardo y luego de Agustín: y es verdaderamente prodigiosa la humildad y prontitud con que obedecía a sus dos discípulos este consumado maestro de espíritu.

Cierto es que para este tiempo había recibido una carta de su Provincial, el P. Francisco de Miranda, fecha el 19 de Junio de 1736, en que le decía así: -”Deseo que V. R., si su nuevo empleo (de Instructor de los PP. de tercera probación) le diese tiempo, emprenda el escribir la Vida del ángel Hoyos, de lo que espero respuesta de V. R., para entregar la obra a otro, si V. R. no la pudiere trasladar.” Mas estos apremios eran debidos a la incansable actividad de Agustín, con que solía a veces obligar sagradamente a su P. Loyola, de cuya respuesta afirmativa estaba más que seguro, tratándose de la Vida del querido Bernardo.

Empezó, pues, al punto a escribirla el santo Instructor, y a los dos años y medio la tenía acabada; aunque todavía permanece oculta. Ya el 13 de Marzo de 1755 decía de ella el P. Juan de Carbajosa, Secretario entonces de la Provincia de Castilla: -”Cuando yo la leí, experimentaba una especie de sentimiento de que no se hubiese dado a la luz pública, así por el grande fruto que pueden sacar de ella los que la leyeren con atención, como por lo mucho que servirá para el gobierno y dirección de muchas almas, ya religiosas ya seglares: pues en ella se ven vencidas muchas y las más principales dificultades, aclarados con distinción, energía y solidez admirable muchos puntos importantes en que suelen embarazarse aun los más doctos. La única causa para no darse tan pronto a la prensa creo habrá sido el que en algunos pasos y capítulos se muestra como con el dedo un sujeto principal, que en aquel tiempo y después ha trabajado gloriosamente en el ministerio de las misiones... Pero esta dificultad está ya casi vencida: porque el sujeto, sobre estar bien fundado en la humildad, raya ya en los 66 años, y poco puede vivir.” Sin embargo, el buen viejo, su amado e inquebrantable compañero, el P. Pedro de Calatayud, que es a quien aquí alude el P. Carbajosa, vivió todavía cerca de 18 años.

Pero sigamos con la carta de Agustín al P. Loyola. -”Por el Corazón de nuestro amor Jesús ruego a V. R.”, le dice, “que no pierda correo en escribir a Madrid al H.*** para que me envíe los libritos del Corazón sagrado, que se despacharán según la intención de V. R.: y si V. R. los tiene, envíelos por Dios cuanto antes, pues sé que varias personas han recurrido a Madrid. Estoy sin una novena: si hay por ahí algunos libritos de novenas aparte, vengan siquiera esos. Dios sabe la falta que han hecho, en especial en la última misión.

"Los libros del P. Croiset (traducidos por el P. Peñalosa) son muy buenos, y son como el fin de los de V. R. para perpetuar con solidez esta divina devoción: pero no todos pueden comprados; ni a todos convienen, sino a personas de letras como confesores, y las personas que quieren tratar o tratan de oración.

“Al escribir ésta, recibí anoche la de V. R., sintiendo delante de N. Señor la muerte repentina de aquella señora, hija espiritual de V. R., quien esperaba con tan fundados motivos la mayor gloria del Corazón de nuestro amor Jesús... La encomiendo y encomendaré al divino Corazón de nuestro amor Jesús.

“No menos encargado quedo del asunto que con soli me comunica V. R. (su ida a la corte)... Lo cierto es que, si V. R. va allá, podré esperar mejor los libros del sagrado Corazón de nuestro amor Jesús cuanto antes... Si pudiera ser sin molestia, y sin que a V. R. le hagan falta, el que me enviase algunas medallas pequeñas de las de Roma, si las hay, las estimaría mucho: pues ni estampas, ni libros, ni medallas mucho menos no me han quedado, y no tiene uno que dar en algunos lances en las misiones... Ayer fue el día memorable del tránsito de nuestro amado, el P. Bernardo.” (1)

(1) ibid., (30 de Noviembre de 1736).

"He sabido”, le escribe en otra, "que parece se ha reimpreso el librito de V. R. del Corazón de Jesús con adiciones de algunos capítulos del bendito P. Bernardo. Si es así, envíeme V. R. de esos las docenas que pedía, y será mejor para el fin. Los libros pueden venir a Vitoria, para donde hay frecuentes ocasiones, con cubierta para uno delos Padres” (1): es decir, el P. Adrián Antonio Croce, o el P. José Antonio de Iturri, quienes, ganados hacía tiempo para la causa del Corazón sagrado por el mismo Agustín, trabajaban con ardor indecible en la propagación de su culto, debiéndose a ellos el movimiento que ya el año pasado notamos en aquella ciudad.

(1) (16 de Diciembre de 1736).

71. “Han llegado aquí 100 libritos”, dice al P. Loyola el agradecido discípulo en la última de este año. “Ya he enviado algunos, y de los demás haré lo que V. R. me decía. Ya me valí del Sr. Conde de Peñaflorida para con su agente, y le escribió con mucho gusto por servir al Corazón divino. Los progresos de su devoción en Asturias me escribe el P. Calatayud. La lámina de V. R. está gastada. De la traducción de la Vida de la V. Margarita me alegro infinito: espero que ha de ser de medio para grandes progresos del Corazón divino, y de que se apodere de muchos corazones, especialmente de religiosas.” (1)

(1) (30 de Diciembre de 1736).

En varias otras cartas habla Agustín del Sr. Conde de Peñaflorida, el cual le prestó muy buenos servicios en materia de libros, estampas y medallas, y aun, a lo que parece, en su extensión entre sus amigos de Madrid, a solicitación del buen Padre: pues éste, así como antes su H. Bernardo, nunca apartaba la vista de la piadosa corte. Pronto hablaremos del fruto que se logró en ella con sus desvelos, y sentimos no poder dar aquí más datos acerca del Excmo. propagador de los nuevos cultos, el Sr. Don Francisco Antonio de Munibe.

72. A este año pertenece también la congregación del santísimo Corazón "fundada en el Colegio de la Compañía de Jesús de la Ciudad de Urgel por el Ilmo. Sr. Don Simeón de Guinda y Apeztegui, Obispo de Urgel, Príncipe soberano de los Valles de Andorra, del Consejo de S. M., etc., en el día 8 de Junio del año 1736”, como se dice en la portada misma del Manojito de tierna, cordial y amorosa devoción, que salió a luz el propio año “a impulsos del mismo Ilmo. Señor", siendo aquella devotísima ciudad la que diera el ejemplo al principado de Cataluña.

Sin embargo eran conocidos para entonces los trabajos del Ilmo. Sr. de Copons, Arzobispo de Tarragona, y merecen citarse aquí las palabras que el 25 de Abril de 1743 dirigía el impresor Mauro Martí al insigne prelado. -”¿Quién hay" le dice, “que ignore haber sido V. S. I. el primero en este principado, que gloriosamente fervoroso levantó la bandera a favor del divino Corazón de Jesús, promoviendo con indulgencias, exhortaciones y otros medios su adoración? ¿Quién no sabe que la muy célebre y lucida fiesta, que con suma devoción y concurso se hace todos los años en el Colegio de la Compañía de Jesús de Tarragona en honra del deífico Corazón de Jesús, se debe enteramente a la piedad y celo de V. S. I.? Por cuenta de V. S, I. corren todos los gastos de ella, y asiste V. S. I. a sus funciones mañana y tarde con edificación de toda la ciudad, y con tanta abundancia de celestiales consuelos que, aunque V. S. I. procura disimulados, ellos, no pudiendo caber en los anchurosos senos de su grande alma, se traslucen en la apacibilidad y alegría exterior de su semblante.” (1)

(1) En su Dedicación puesta al frente de la Práctica de devoción a los SS. Corazones de Jesús y de María, del P. José María Maugeri (ed. de 1743: págs, 4, 5). –Véase El Mensajero..., (t. XVIII, págs. 80, 81; como también t. XVI, pág. 345, y t. XVII, págs. 313, 314).

No tardaron en seguir sus pisadas el Santo Obispo de Lérida, Don Fr. Gregorio Galindo, y sus inseparables compañeros en la causa del sagrado Corazón, Don Baltasar de Bastero, Obispo de Gerona, Don Raimundo de Marimón y de Corbera, de Vich, y Don Bartolomé Camacho y Madueño, de Tortosa. Cierto es que tampoco eran para menos los sudores de los PP. Pedro de Ferrusola, Onofre Martorell, Juan Bautista Gener y otros de la Compañía, puestos en correspondencia con el P. Loyola, y por medio de éste con nuestro celoso Agustín.

73. También se ganó por el mismo tiempo al Calatayud de Andalucía, P. Pedro de Salazar, no menos docto teólogo que fructuosísimo misionero. Dice de él el P. Alonso Vigil en la Relación que escribió de su vida y virtudes. -”Su amor y culto al sagrado Corazón de Jesús empezó en él desde el punto que llegó a su noticia esta celestial devoción, la cual recomendaba a todos como la más saludable e interesante. Principalmente desde el tiempo de su magisterio de filosofía en Jaén empezó con más instancia a propagada, y la extendió maravillosamente ya de maestro de moral en la misma ciudad, conquistando al divino Corazón muchos y fieles adoradores. Ya dije que procuró se dorase allí un retablo, y que le dispuso e hizo suntuosísima novena: y puede decirse que era su blanco la devoción al sagrado Corazón, cuyo culto persevera hoy (21 de Junio de 1772) con floreciente piedad de aquella ciudad. En Baeza también adornó un retablo, predicó, y dejó establecida su novena...

“Todo el tiempo de maestro de filosofía en Granada promovió tan fructuoso culto. Allí mandó hacer una pintura del Sagrado Corazón, la cual colocó al lado derecho de la estatua de Jesús Nazareno, que se veneraba en una de las capillas de nuestra iglesia, poniendo al otro lado otra pintura compañera, del sagrado Corazón de María. En todos tres años observó en aquella ciudad la inviolable costumbre de hacer los primeros viernes del mes una plática de desagravios al sagrado Corazón de Jesús, en el Colegio que llaman de las Niñas. Por el mismo tiempo pretendió, aunque sin efecto por entonces, se estableciese dicho culto en la ciudad de Motril: bien que después el Jesuita a quien se lo persuadió, lo estableció en aquella ciudad con común aceptación y notorio fruto. Promovióle también en Córdoba: y mientras vivió en los Colegios, cuidó de celebrar fiesta al divino Corazón, no obstante que en España no tenía concedido oficio.” (1)

(1) Relación... (Ms., pág. 184). -En el común destierro de los Jesuitas Españoles, murió piadosamente el P. Salazar en Rímini, el 23 de Mayo de 1770. Era natural de Granada, donde nació el 13 de Abril de 1711: entró en la Provincia de Andalucía el 4 de Agosto de 1725, e hizo la profesión de 4 votos el 15 de Agosto de 1744.

No eran menores los adelantos por la parte de Castilla, gracias a los trabajos de los PP. Loyola, Ignacio Camargo, Salvador Ossorio y varios otros que, aprovechando el tiempo de vacaciones en sus Colegios de Valladolid y Salamanca sobre todo, recorrían los pueblos vecinos predicando la palabra de Dios. Imitábanlos no pocos religiosos de otras sagradas órdenes, y aun algunos sacerdotes seculares, entre los que merece singular memoria Don Francisco Nuño, confesor del santo H. Antonio Alonso Bermejo, de la Tercera Orden de San Francisco, y cuyas virtudes en grado heroico fueron aprobadas en Roma por decreto de 8 de Diciembre de 1860 (1).

(1) V. la Vita del V. S. di Dio Ant. Al. Bermejo... scritta da I. A. (Roma, 1861, págs. 157-159).

74. Como nos consta que para el año en que estamos de 1736 era pública la devoción del H. Bermejo y la de su piadoso confesor, copiaremos aquí unas palabras del Compendio de la Vida del buen Hermano, que ilustran grandemente nuestro asunto. -”Aunque fue siempre nuestro Antonio muy amante discípulo del sagrado Corazón de Jesús, no pudo sin embargo fundar en honor suyo fiesta y novena en la iglesia del hospital (del arcángel San Miguel de la Nava del Rey), por haber su director Don Francisco Nuño establecido una y otra con gran solemnidad en la iglesia de las Capuchinas, bajo el título y advocación del Corazón de Jesús. Pero Antonio era el primero no solamente en asistir devotísimamente a la novena con los demás, sino también en distinguirse entre todos, empleando muchas horas durante los nueve días precedentes a la fiesta, delante del Smo. Sacramento, en continuos y fervorosos afectos en desagravio de las irreverencias, injurias y sacrilegios que los herejes y malos cristianos cometen contra el adorable misterio de la sagrada Eucaristía: fin principal de esta sólida devoción, canonizada por la Santa Sede, enriquecida con muchísimas indulgencias y celebrada con oficio y misa propia en los reinos de Francia, Polonia...

“Tampoco perdía ocasión durante el año de rendir culto y fervientes obsequios al sacratísimo Corazón de Jesús, cuya caridad inmensa para con los hombres se le quedó tan fuertemente impresa desde la feliz noche de Jueves Santo (de 1695)..., que jamás se le borraba el recuerdo de los beneficios inefables de la Encarnación, Pasión y Redención del género humano, procurando de todas maneras posibles estamparla igualmente en el corazón de los fieles, sobre todo cuando los reunía en su iglesia para el ejercicio del via crucis. Entonces les representaba al vivo los dolores exteriores del Salvador significados en cada una de las estaciones, pero mayormente los dolores de su Corazón afligidísimo: y con más afectos que palabras les hacía ver que estos interiores habían sido incomparablemente más acerbos. De aquí pasaba al Corazón amabilísimo de María, traspasado de agudísimas penas a semejanza del de su divino hijo: y a fin de que no se olvidaran de estas angustias, repartía estampas de los sagrados Corazones de Jesús y de María y escapularios con las mismas imágenes recamadas. Para el mismo efecto de perpetuar esta memoria, colocó una hermosísima imagen de la Virgen de los Dolores a un lado del altar mayor de su iglesia, y un cuadro no menos hermoso del Corazón de Jesús en la enfermería de las mujeres...” (1)

(1) Comp. della Vita del V. S. di Dio il Fr. Ant. Al. Bermejo... scritta (aunque no impresa) in Ispagnolo dal S. Abb. Don Gius. Mich. Petisco, e tradotta in Italiano da un divoto del Ven. (el P. Juan José Tolrá). Venezia, 1792, (págs. 48-50). -En una carta escrita desde la Nava del Rey el 21 de Enero de 1785 por Don Francisco Javier Bergaz a dos hermanos suyos carnales, ex-jesuitas y desterrados en Italia, encontramos estos datos que confirman la relación del P. Petisco. “El Sr. Don*** y el H*** creen", dice, "que el Ven. fue muy devoto de los sagrados Corazones de Jesús y de María, porque asistía muy puntualmente a la novena que se hacía todos los años en el Convento ele Capuchinas con descubierto y sermón, que predicó alguna vez el P. Calatayud y otras otros Jesuitas. En la enfermería de las mujeres del hospital del Hermano se halla hoy un Corazón de Jesús muy hermoso en un lienzo con marco de talla y vidriera, que es verosímil pusiera allí el H. Antonio. Nada más he podido averiguar del Hermano sobre el particular del Corazón... Que fue devoto del Corazón de Jesús el Ven., se deja discurrir habiéndolo sido tanto su director Don Francisco Nuño. De éste dice el mismo Sr.*** que, cuando él era chico y salía con otros del rosario, solía estar en el patio el Sr. Nuño, o al tiempo de entrar, los congregaba, preguntaba la doctrina cristiana, y al que respondía bien regalaba con las estampitas de los sagrados Corazones de Jesús y de María que tiraba en su cuarto... El Sr. Don*** y el H*** dicen que, sin embargo que en la Carta que escribió la Escuela, de la muerte de este su alumno, se asienta (pág. 7) que se cogió los dedos con la prensa, tirando una estampa de San Miguel, se puede asegurar que fue tirando estampas de los sagrados Corazones, porque indistintamente tiraba de unas y de otras, aunque con más abundancia de los sagrados Corazones, como que tenía de ellas más gasto: pues sólo en las vísperas de vendimia eran sin número las que repartía... A su costa puso en el altar de N. Señora de los Angeles que está en la parroquia, y es de la Tercera Orden, un muy hermoso cuadro dorado, con su cristal, y de una rica talla, del sagrado Corazón de Jesús, que por mandato de un vicario se retiró a la sacristía, donde hoy se conserva...”” -La Carta a que se alude aquí, la firma Don Fernando Rodríguez Chico, en Nava del Rey, a 26 de Febrero de 1763, y el propio año se imprimió en Valladolid, en fólº. de 9 págs. -Dícese en ella entre otras cosas de edificación, que en su último testamento consagró Don Francisco todos sus bienes a Dios, “dejándolos para renta para el capellán mayor (del Convento de las Capuchinas), y el sobrante para que se celebre en su Convento con el mayor esplendor la fiesta del sagrado Corazón de Jesús...” (pág. 8).

75. Por lo que se ve, podía irse consolando el P. Agustín, de quien, para rematar este año, trasladaremos una carta al P. Loyola, donde aparecen bien retratadas sus ansias, y se descubre algo de lo que más adelante obrará él mismo en persona. Empieza con que los consuelos y luces que, ya en el santo sacrificio de la misa, ya en la oración, le ha comunicado S. Majestad durante sus viajes y misiones, nada han tenido de particular, que no esté expresado en casos semejantes.

"Una vez sí", prosigue, "que en la misa me mostró mi amor Jesús su adorable Corazón todo abrasado en amor y como en una grande opresión por las vivísimas divinas ansias que padecía y padece por comunicarse a los hombres. Entonces sentí un fuego extraordinario en el mío, que por una parte se me liquidaba en amor, y por otra se me partía de dolor. Quisiera cerrar los ojos, porque en estas ocasiones todo el corazón es ojos como el carro de Ezequiel (1), para no ver el sentimiento íntimo que penetra el de mi amor Jesús, viendo yo que no puedo dar entero cumplimiento a los deseos de su divino Corazón, estampando a sagrado fuego un incendio general que abrase en su amor todos los corazones humanos: pero no puedo; antes a esto se junta la clarísima luz que como con violencia me infunde el Señor, de tantos pecados de los hombres y de su suma ingratitud, en tanto olvido e indiferencia de los más de los corazones. Y como yo no los puedo abrasar a todos, como quisiera, en su amor, éste es un linaje de tormento cruelísimo que despedaza mi alma y la anega en un mar de penas.

(1) I, 18: X, 12.

“Por eso quisiera, y lo he procurado en mis misiones, imprimir sólidamente el amor y devoción al adorable Corazón de nuestro amor Jesús con especialidad y como en primer lugar en los confesores, para que abrasados éstos en su amor, y conociendo este tesoro infinito, se esfuercen a comunicarlo a todos en el confesonario, donde con particular asistencia obra el Espíritu Santo.

“En la última (misión) de Elgoibar, que es villa muy formada, donde prediqué del Corazón divino y su devoción uno de los últimos días, creo el 17, han quedado muy amantes del divino Corazón, a quien todo el pueblo hará la novena desde el día de Corpus con el Señor patente los nueve días, y el día propio con misa solemne y comunión de la Escuela de Cristo que, por no poder la de María Sma., he fundado con el título especial y debajo de la protección del sagrado Corazón de nuestro amor Jesús. Y, porque en el crucero hay un altar nuevo del IHS, se pondrá en él el sagrado Corazón de Jesús en el nicho que hay sobre el IHS, para que le adore todo el pueblo.

“De Elorrio, donde hice misión, me piden con ansias que les vaya a predicar al pueblo, del Corazón sagrado, para que queden todos instruidos, y se celebre lo mismo que en Elgoibar. En Eibar espero entablar lo mismo, si Su Majestad me da fuerzas para la misión que piden con las mayores instancias. Las comuniones de los primeros viernes las practicarán muchas almas con especial fervor y deseo de aprovecharse de tan divina devoción.

“La misión de Elgoibar ha sido cosa propia de la mano del Señor..., obra del Corazón amoroso de nuestro amor Jesús... Ruego a nuestro dulcísimo amor Jesús por su adorable divino Corazón, y a V. R. le suplico también le pida por lo mismo, que por mis pecados y tibieza no se prive S. Majestad de la gloria de ser amado y adorado de aquellos corazones...” (1)

(1) (Diciembre de 1736).

 

 

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Biografía P. Hoyos          
"Principios del reinado del Corazón de Jesús en España", por el P. Uriarte, 1880