| PRINCIPIOS DEL REINADO DEL CORAZON DE JESUS EN ESPAÑA (Continuación) | ||
| Por el P. José Eugenio de Uriarte, S.J. - Madrid, 1880 | ||
| 1735 (continuación) | ||
| 60. Pero estas novenas
todavía no se hacían más que en privado: la primera
que se hizo con solemnidad pública, aprobada por el
Ordinario y concurrida por toda clase de personas, fue la
que el mismo Bernardo procuró que se celebrase este año
en San Ambrosio de Valladolid el día consagrado a la
festividad del sagrado Corazón de Jesús. Apenas se
concluyó, cuando escribía el entusiasmado joven a uno
de sus confidentes en estos términos: "La novena del Corazón adorable de Jesús se ha hecho públicamente con aprobación de este Ilmo. Prelado (Don Julián Domínguez de Toledo), que concedió gustoso 40 días de indulgencia a todos los que asistiesen a ella, por cada uno de los días, y lo mismo ha concedido a los que rezaren un Credo delante de la imagen del sagrado Corazón. Esta se colocó en la capilla de la congregación, donde ha estado el Smo. patente todos los nueve días. Varios estorbos que a cada paso se encontraban, los ha vencido insensiblemente el Señor, que ha mostrado en ésta, como en las demás cosas de la promoción de su culto, que quiere entiendan los hombres cuán a cargo de la providencia corre este asunto. El primer día, que hubo un concurso mayor del que se esperaba, se dio noticia de la devoción del Corazón sagrado, la cual se fue extendiendo en las pláticas de los días siguientes, en los cuales fueron mayores los concursos: lo que sólo se debe atribuir al benigno influjo del mismo Corazón, concurriendo algunas circunstancias que parece los habían de estorbar, como son: el ser una cosa de que pocos tenían noticia: el ser grandes los calores y entrarse a las cinco de la tarde: el juntarse la novena con los ejercicios de la congregación: y sobre todo, el abrasarse la capilla por la estación del tiempo y concursos de la gente. Y aunque por esto, si bien la capilla es capaz, se pensó pasar la función a la iglesia, no se efectuó por parecer a algunos señores se podía compensar el calor con la mayor devoción del sitio. Pero, en realidad, para algún otro día hubiera sido acertado: porque mucha gente se quedaba en la iglesia, y otra se volvía por no caber ni en la capilla ni en su entrada. "Los ánimos se han movido y han recibido tan dulce devoción, particularmente de las personas de distinción, cuya asistencia ha sido frecuente y mayor. Los más días había algunas comuniones delante de la santa imagen, y todos estuvo la capilla abierta por las mañanas, en que concurrieron sacerdotes a celebrar en el altar del sagrado Corazón; aunque a veces, por ser muchos, se ocupaban los tres altares. La imagen estuvo siempre con luces, y el último día el Smo. patente por tarde y mañana. Este día hubo muchas comuniones, habiendo sido bastantes las del antecedente, por la concurrencia de N. Señora (del Buen Consejo, 17 de Junio). Las misas fueron más que otros días. Vinieron a cantar la misa (mayor), que fue del Sacramento, el Sr. Chantre con otros dos canónigos con las insignias de cabildo, lo que hizo la función más solemne. Los músicos, en quienes ha prendido la devoción, mostraron su afecto en la pompa y majestad con que entonaron la música, y sobre todo el villancico al sagrado Corazón, en que se le atribuía la corona por rey de los corazones, y las espinas por rosa encarnada de los afectos. "El sermón fue espiritual y gustoso, empezando por la profecía de Santa Gertrudis, y gratulando a nuestros tiempos por cumplirse en ellos. Tomó el predicador por asunto que el Sacramento, que hasta aquí había estado oculto en las especies, y por eso olvidado, se ponía patente por la providencia en el Corazón del Salvador, del Corazón real del Salvador patente en su Corazón pintado. Llevole bien, apropiando aquel casi profético texto del Eclesiástico (XXXVIII, 28): Cor suum dabit in similitudinem picturae. "Fue muy lucido el concurso de este día a la misa. Por la tarde dieron siesta de instrumentos. Leyose el pár. 3 del Tesoro escondido: y hecha la novena, y advirtiendo al auditorio se les pondría la imagen del Corazón en la iglesia, y lo de las comuniones los primeros viernes del mes, como también el convite de la novena para otro año, se reservó al Señor con la asistencia del Sr. Chantre y con toda la solemnidad de la música: y aseguran ha muchos días no han echado tanto el resto. "Todos claman entre los nobles por estampas del Corazón sagrado, cuya devoción se ha publicado y difundido en todos los corazones: de modo que todos los de casa y algunos de los de fuera admiran el suceso por milagroso, y que manifiesto anda aquí el dedo de Dios. Las limosnas para la novena, música, cera, etc. han sido mayores de lo que necesitaba y esperaba. Los que más de cerca han palpado la cosa, admiran en mil menudencias, que se notan bien y se declaran mal, una singular providencia que oculta pero eficazmente da eficacia a la extensión del culto. En fin, el Corazón sagrado del Salvador se ha dejado conocer, y a lo menos ha abierto la puerta para que se pueda hablar francamente de su causa en los púlpitos. (1) (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. XI). Escribiendo el mismo Bernardo en otra relación al P. Loyola, sobre los fines altísimos que tuvo el Corazón deífico para que se hiciese esta novena en el Colegio de San Ambrosio, dice así: "El haberse hecho esta novena del sagrado Corazón públicamente por primera vez en el Colegio de San Ambrosio, y el haberse dado principio en él al culto público del Corazón de nuestro Salvador en estos países, no careció de su correspondencia. Fue ésta, según el buen Jesús me la declaró, haber sido en este Colegio donde había descubierto la primera vez en estos tiempos a España este tesoro escondido así a mí como a N. (el H. Agustín), y haber salido de aquí, como V. R. sabe, las primeras líneas inspiradas por él para dar principio a la extensión del culto de su admirable Corazón. Por lo cual, y para darme a mí el consuelo, que muchos días ha deseaba, de ver por mis ojos rendidas adoraciones de los fieles a este amable Corazón, había dispuesto su providencia cumplirme mis deseos al despedirme de este dichoso Colegio, al cual ha tenido siempre y tendrá en adelante más especial amor el Salvador, mirándole como a parte donde empezó a descubrir su Corazón, cuya imagen había dispuesto se colocase públicamente en su iglesia por señal de su especial amor, el que mostrará, cumpliendo, como me ratificó, la promesa hecha a la V. Margarita en favor de las imágenes de su amante Corazón: lo cual con el tiempo irá llamando por medio de esta imagen la devoción al mismo Corazón divino. "Y en realidad la idea de la imagen, como también la de la novena, fue obra del mismo Corazón, como con admiración lo reconocen los que manejaron la cosa, que entre mil oposicioncillas, unas de monta y otras rateras que no embarazaron menos, salió tan a gloria del mismo Corazón que el P. Rector (Francisco de Rávago) que tácitamente lo notaba todo, me dijo había sido un milagro manifiesto en comprobación de los deseos que el Señor tiene de que su adorable Corazón sea conocido. (1) (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. XI) Todavía escribió otra larga carta sobre su ansiada fiesta, y en ella dice así a nuestro propósito: Todos los días de la novena me tocaba de derecho ser continuo asistente en la presencia del Corazón sagrado, cuanto me permitiesen las ocupaciones. Así procuré cumplir, como también mi Hermano el P. N. (Jiménez), como quien está consagrado al honor del Salvador: y se dio a conocer bien claramente su presencia celestial en lo interior de nuestros corazones, vertiendo inefables avenidas de dulzura, que no explico en particular. "Sólo si digo que el primer día, al entonar la música las alabanzas al Corazón del Señor, oí la correspondencia de los espíritus soberanos más abrasados en el amor divino, cuya esfera es el Corazón sagrado de Jesús, en el cual conocí nuevamente la especial complacencia con que la Sma. Trinidad se miraba en sus perfecciones, renovando la oferta de derramar liberalmente por su medio a los fieles las riquezas que en él se encierran: también en el último día, en que celebré delante de la imagen, fueron especiales las luces y afectos que combatieron este mi pobrecillo corazón, viendo cumplidos en dos años los deseos que no pensaba ver satisfechos, en el curso regular, por muchos años. Sea la gloria del Corazón santísimo. También tuve el consuelo de ver los extremos que los malignos espíritus hicieron, cuando se les permitió, delante del Corazón, en confesión de lo que su devoción los atormentaba. Digo cuando se les permitió: porque no se dispuso el conjurarlos en su presencia, por más que lo pedía el exorcista; y aunque estuvieron quietos en la novena sin más que una u otra alteración, comprimiéndolos en virtud del Corazón a que no turbasen el auditorio, lo que les costó mucho; no obstante, un día se les mandó dar adoración a la imagen. Yo me hallé presente, y vi los extremos de dolor con que lo ejecutaron. Ya dije como pidieron socorro, y entró otra legión furiosa, que se amansó en virtud del Corazón; la cual juró salir el día de San Miguel: y lo mismo se pretende de las otras que la acompañan. Yo había pensado saliesen en tiempo de la novena, hasta que tratándolo familiarmente con el Señor, se me dijo que sus pensamientos distaban de los de los hombres más que el cielo de la tierra: y otro día se me explicó el sentido de estas palabras, dándome al mismo tiempo altos conocimientos de esta devoción; de la cual entre otras cosas se me dijo que era devoción muy seria, al paso que era tierna para mover los corazones. Esto se me declaró más, enseñándome que, si el Señor hiciese este milagro u otro, como era fácil, por medio de su Corazón en esta novena, sería mucha la conmoción y mayores los concursos sí, pero, según es la flaqueza humana, se quedaría en una devoción interesal y exterior, como otras muchas a que sirven de atractivo los milagros: pero, que el mayor milagro de su Corazón era irse enseñoreando tan eficazmente de los corazones, y que quería establecer esta devoción, a fuerza de fe, de adoración y de amor para logro de sus altos designios en este punto: aunque a su tiempo, y según las disposiciones de su amorosa providencia, no faltaría en España, como no ha faltado en Francia, esta recomendación para los fieles que necesitan de estos palpables atractivos. "Sin embargo, espero que estos malignos espíritus que con su rebeldía nos han declarado varias cosas, contra su voluntad, de esta devoción, han de salir por virtud del Corazón sagrado, como lo tienen jurado: y la última legión que entró con tanta furia, tiene ya hecho juramento de salir el día de San Miguel, en el cual se apremiará lo mismo a los demás. Esto me pareció añadir a las noticias que envié a V. R. de la novena. Y para concluir ésta, añadiré como antes de pasar a este Colegio de N. P. San Ignacio, me despedí del de San. Ambrosio. 61. Esta despedida se redujo a dar algunos días antes gracias al Señor y al Corazón santísimo, en los lugares donde me acordaba haber recibido más frecuentes favores de su bondad, y pidiéndole los derramase sobre todos los que viven y vivieren en este Colegio en que quedaba la imagen de su Corazón, delante de la cual dije misa los últimos días, en acción de gracias por tanta multitud de mercedes como en estos cuatro años he recibido en este Colegio. Y como la imagen está en el altar del Salvador, con el cual yo tengo especial devoción, celebré con doblado consuelo, ofreciendo en acción de gracias al mismo sagrado Corazón, al que vi como altar divino, en que vi se ofrecían sus méritos y sagrados afectos por mí, y en especial por recompensa de lo que a mí me ha faltado: consuelo único que me queda a vista de mercedes tan especiales y tan repetidas (1). (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. XI). Con tan piadosa despedida pasó Bernardo a principios de Septiembre de 1735 a empezar su tercera probación en el Colegio de San Ignacio. Allí le dejaremos un rato engolfado en sus ideas de propagar más y más el culto del sagrado Corazón, mientras seguimos nosotros el curso de nuestra historia. Y en primer lugar, por lo que toca al hecho del endemoniado, nada hemos podido averiguar sino que a él debe referirse lo que escribe Agustín a Bernardo: Nuestro amor Jesús le pague a V. R. en un todo el consuelo que me da con las dulces noticias del divino Corazón y el caso prodigioso que aquí llegó de esa a otro, en sustancia no más. Lo que V. R. me refiere, si se autentiza, será de gran gloria, y servirá mucho (1). (1) (8 de Julio de 1735). 62. Dale cuenta en varias otras cartas de lo que adelanta por el norte de España su querida devoción: y en una de ellas le dice así: Empieza la víspera de la solemnidad (del Corazón sagrado) con continuo recuerdo de V. R. y de todos y cada uno de los encargos de V. R. en el mismo sagrado Corazón, cuya devoción se va extendiendo tanto: gloria a S. Majestad. No sé cómo anda esto de fiesta pública de mañana (1). Aquí (en Pamplona) la quieren hacer, y no sé si se suspenderá por algún inconveniente. En algunas partes no lejos de aquí se hará mañana: y en Vitoria la Sra. de Aguirre la quiere hacer mientras viva, o perpetua. Amado Padre mío, digitus Dei est hic (2). Si vienen los oficios, con mucho gusto mío participará V. R. de ellos. Doy a V. R. humildes gracias por las novenas... (3). (1) No sabemos nada de oficio
y misa para nuestra España: el enemigo hace lo posible
para retardarlo... (Agustín al P. Loyola, el 13 de
Diciembre de 1734). Lo mismo escribía a Agustín su P. Calatayud en carta de Onteniente: La devoción al Corazón de Jesús va creciendo...: se ha celebrado la fiesta con misa del Sacramento y sermón ..: muchas comunidades religiosas de monjas han tomado la devoción, y la vamos insinuando: pido oraciones ex corde (1). Y algunos días después más en general a Bernardo: Se han hecho funciones con sermón, etc... (2). (1) (15 de Julio de 1735). Así soplaba bonancible el aire de la nueva devoción, vencedora ya de los pasados contratiempos. Sin embargo, a lo que se desprende de la correspondencia de Bernardo y Agustín, no contento el primero con los libros ya impresos de los PP. Calatayud, Loyola y Peñalosa, y temeroso de nuevas adversidades, significaba todavía su parecer de publicar algo de antemano, que sirviera de respuesta a las objeciones que preveía tal vez no lejanas: y ponía sus ojos el santo joven en la obra francesa del P. Gallifet, como más apropiada al intento de cuantas hasta entonces pasaban por maestras. Pero, según de nuevo le contesta Agustín, a lo segundo sobre todo: "Su obra francesa, aunque está mejor que la latina, no es realmente para España en parte: y creo, añade, "que no fuera sino para revolver los ánimos acaso, si vieran las objeciones y dificultades que en Francia ha tenido (la devoción). (1) (1) (11 de Febrero de 1735). Cierto que la especie de Bernardo no era despreciable en sí, y aun bien ejecutada pudiera ser harto conducente a precaver al pueblo contra terribles acometidas. Con todo, recelaba Agustín de su resultado, si no sospechaba peligrosas consecuencias en tan favorables principios, por la maldecida propensión de los hombres a dejarse impresionar más con las dificultades más pueriles que a tranquilizarse con las respuestas más satisfactorias. Y, aunque esto no fuera así, creía más provechoso emplear el tiempo en fomentar la semilla esparcida por la mano de Dios en los corazones naturalmente devotos de los Españoles, que el emplearlo en disponerse a arrancar la cizaña que se temía de mano del enemigo: tanto más que, dándose ellos prisa a la labor, mal pudiera aquella brotar tan presto, que antes no estuviese ya madura en nuestra España la mies de la devoción al Corazón augusto. 63. Al fin, este fue el voto que prevaleció de común acuerdo, el de trabajar sin descanso en dar una idea sencilla pero verdadera y sólida de la devoción, y en mover más y más los corazones a sus piadosas prácticas. Para lo primero estaba ya aprobado por el cielo el Tesoro escondido. No había, pues, más que proceder a una segunda edición, porque la otra se había agotado en un instante, gracias al fervor de Bernardo y sus compañeros: y en efecto, salió este mismo año de 1735 en Barcelona, a expensas de un devoto del divino Corazón de Jesucristo, como dice su título. "El devoto que a sus expensas hizo hacer esta edición, y le puso la dedicatoria (a la Soberana Virgen Madre María Santísima, Señora Nuestra), era el Ilmo. Sr. Copons, Arzobispo de Tarragona. (1) (1) P. Fita, Apuntes..., (pág. 13). Para lo segundo se hizo una nueva adquisición por el propio tiempo, en el Compendio de la verdadera devoción al sagrado Corazón de nuestro Redentor Jesús, formalizado en dos novenas acomodadas a dos clases de personas, que por sí mismas no sepan explicarle sus fervientes deseos. El autor de este Compendio, que al principio ocultó su nombre, fue "Fr. José García de Fulla, del sagrado Orden de Predicadores, del Convento de San Ildefonso de Zaragoza, doctor y ex-catedrático de teología en su Universidad, y examinador sinodal de su arzobispado: el que lo revió y aprobó, a los 17 de Octubre de 1735, el Ilmo. Sr. D. Gregario Galindo, Obispo de Aulona, electo de Lérida, auxiliar del arzobispado de Zaragoza, del Consejo de S. M.: la causa, por fin, de escribirlo, la devoción al sagrado Corazón. Pues como ésta suelen explicarla comunmente los fieles por medio de novenas, dice el devoto Dominico, "no satisfaciéndose el fervor de algunos con la que poco ha se reimprimió en esta ciudad (de Zaragoza), me instaron a que les adaptase otra más dilatada, con cuyo motivo me determiné a formar las que verás en este opúsculo. (1) (1) V. el P. Fita, Apuntes... (págs. 24, 25). Reimprimiose el Compendio el 1737 en Pamplona, por José Joaquín Martínez, también sin nombre de autor: con él y con una tercera novena, en Zaragoza, por José Fort, el 1734, en 8.° de 38*, 288 págs. Por equidad, y por otras razones harto obvias, nos es preciso copiar un párrafo que se lee en el Prólogo de esta edición. Responde Fr. José a algunos reparos que personas religiosas pusieron a sus novenas; y, después de haber satisfecho al primero, que tocaba en materia que no nos importa, prosigue así: Otra persona también religiosa, no era del sagrado Instituto de la Compañía de Jesús, me dijo que bastante tenia mi sagrada Religión de Predicadores con sus dos grandes mayorazgos, del santísimo Rosario, y de la cofradía del Dulcísimo Nombre de Jesús contra juradores y blasfemos. Yo confieso la razón. Por eso, en misiones que por parte de este reino (de Aragón) he ejercitado bastantes años, he hecho algo de lo que he podido, si no lo que he debido, en fomentarlos; y aun ahora se continúa, según la ocasión, aunque todo con tibieza. Empero concibo que ni uno ni otro mayorazgo desmaya en Religioso Dominico, por fomentar lo que se pueda la devoción al divino Corazón... Como mi sagrada Religión no se ha quejado, sino que ha agradecido al Rvmo. P. Vieira, del sagrado Instituto de la Compañía de Jesús, el tomo en folio muy docto y devoto de Sermones del Rosario, y así a otros Padres de diversas Religiones, sin que a nadie le haya venido al pensamiento que echaban la hoz en mies ajena, así juzgo que nadie se debe quejar de que un Religioso, de cualquier Instituto que sea, fomente la devoción al Corazón de Jesús.." (págs. 32*-34*). Tiene sobrada razón el piadoso Dominico. Bien lejos la Compañía de Jesús de arrogarse exclusivamente para sí el riquísimo mayorazgo de extender la devoción al Corazón augusto, sólo ha pensado y piensa en que hubiera y haya los más compañeros y promotores de una devoción que no a sola ella, pero sí a ella muy en especial, toca difundir por el mundo, si ha de dar cumplimiento a una de las más instantes obligaciones, primero de su vocación, y luego también de su gratitud y fiel correspondencia. Pero, volvamos a nuestro Bernardo, que a principios de Septiembre, como decíamos, empezó su tercera probación, deseosísimo de aprovecharse en aquella escuela de santidad. Hallose los primeros días seco cual nunca. Todos los afectos que regularmente hacía en tiempo de oración, escribe él mismo, eran gordos como puños o, como decía nuestro San Francisco de Sales, como afectos de un cavador, que si bien poco sabrosos, eran sustanciales, y con su solidez no dejaban de causar algún efecto en el alma. (1) (1) P. Loyo!a, V. Ms. del P. Hoyos, (l. III, c. XX). Caminaba a fuerza de remos el fervoroso Padre, cuando un día de los ejercicios de la primera semana oyó en lo interior de su alma una voz temerosa que decía: No te reprenderé por ahora, pero te pondré cara a cara contigo mismo (2). Al propio tiempo le puso el Señor delante de su espíritu dos como lienzos: en uno de ellos estaban pintados los infinitos beneficios que le había hecho Dios desde que tuvo uso de razón, y sobre todo los últimos años, por el amor indecible de su sagrado Corazón: en el otro se le descubrieron sus más mínimas faltas e imperfecciones, y la pequeñez de los obsequios con que había correspondido a tantas mercedes. (2) Cfr. Ps. XLIX, 21. A la vista de estos dos lienzos o imágenes "aseguro a V. R.", escribe al P. Loyola, dándole cuenta de sus ejercicios, que fue tal la confusión que cayó sobre mi corazón que, sin que el Señor me reprendiese, siendo yo mismo el juez, bastara a quitarme la vida, si no naciese de ella una confianza especial y, como enseña nuestro Santo, una como complacencia en cierto modo de verme tal, para que con la contraposición campease más la bondad de aquel generosísimo Corazón del Salvador, que ha querido hacer trono de su misericordia mi misma miseria. No obstante, me paró tal esta ilustración repentina, que me hizo más que arrojarme deshecho en lágrimas a los pies de mi amor Jesús, sin atreverme a hablar más palabra que mirar como señas al Corazón sagrado, en el cual hallé algún consuelo el día siguiente, cuando le tuve presente en el altar: porque me dio a entender con un amor imponderable, que tomase de aquel tesoro lo que me faltaba, y que, desconfiando de mí, fijase en su Corazón toda mi confianza y correspondencia. Y aunque el cariño y amor con que este amable Salvador se insinuó a mi pequeñez, templó en gran parte la vehemencia de los sentimientos, que el día antecedente causó en mi corazón la contemplación de mis ingratitudes y las finezas del Corazón sagrado, no por esto faltó en dos o más días un no sé qué en mi corazón como de congoja, sin acertar yo lo que era aquella opresión, hasta que la memoria de lo que había entendido, renovando la llaga, me declaró de dónde tenía su origen aquella oculta pena... Aunque es verdad", prosigue el mismo, "que los dos últimos días la sequedad se convirtió en dulzura y la oscuridad en resplandores de gloria por medio del Corazón sagrado de mi amor Jesús, en el cual se me dio a entender tenían los bienaventurados, después de la visión beatífica, su mayor gloria, conociendo y amando aquellas inestimables riquezas depositadas en los afectos y movimientos de este deífico Corazón: el cual descubría a su Iglesia para que sus fieles formasen sus corazones a esta semejanza, y por esto más semejantes a la perfección de los bienaventurados, por haber de aprender muchas almas de este divino Corazón una perfección más alta en el amar y padecer. (1) (1) P. Loyola, V. Ms. del P. Hoyos, (l. III, c. XX). 64. Pero esta misma luz sirvió al inocente Bernardo para quejarse al Señor de ¿por qué, si eran tantos, como eran en efecto, los tesoros encerrados en este santísimo Corazón, y tantos los bienes que provendrían a su Iglesia de que fuese pública y solemnemente conocido en todo el mundo: por qué tardaba tanto en vencer las dificultades, y descubrir al fin este día tan deseado de su Corazón? Y lo que todavía aparece más admirable en su santa resignación: He dado quejas al Salvador, dice, amante y deseoso del culto de su Corazón ¿por qué permite la siniestra impresión que hacia este punto ha hecho en su vicario aquella vulgar objeción? Es verdad que me he quejado de mala gana, por dos razones: una, porque a nosotros no nos ha encargado que lo consigamos, sino que lo procuremos, y aquello queda a su cuenta y excede nuestro poder...: la otra, porque desde los principios de esta empresa estamos prevenidos de que ha de haber dificultades que, cuanto mayores, han de ceder en mayor gloria del Corazón sagrado. Y esto mismo me dio a entender nuestro amor Jesús pocos días ha, sobre esta determinada dificultad, quitándome las dudas de que se conseguirá presto: pues ya llega el plazo, aunque no tan presto llegue a la altura que tendrá este culto con el tiempo. Así, amado Padre, nosotros trabajemos, no omitiendo cosa que ceda en gloria del Corazón sagrado, para facilitar esta dificultad; pues no será en vano, cuando ha de ceder en mayor honor del Corazón. Y cuando el Pontífice reinante no esté escogido para este glorioso asunto, creo que no estará muy distante el que lo será: no obstante, pidamos y oremos enixe por el Papa presente. (1) (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. XX). El Papa presente era Clemente XII: y merced quizás a su muerte, no se consiguió para el 1740 la gracia que se solicitaba, como lo significa la piadosa Reina de Francia, María Leczinska, en su carta-memorial a Benedicto XIV, que empieza con estas palabras: Smo. Padre: Hace ya cerca de tres años que estamos solicitando la institución de la fiesta solemne del Sagrado Corazón de Jesús: y estábamos a punto de obtenerla, cuando sobrevino la muerte de Clemente XII... (2) (2) P. Nilles, (l. c., t. I, pág. 71). Tres-Saint Pere. Nous sollicitons depuis près de trois ans l'institution de la fete solennelle du sacré Coeur de Jésus: et Nous étions sur le point de l'obtenir, lorsque le décès du Pape Clément douze est arrivé... De donde se deduce que, o el número trois está equivocado, o llevaba ya hechas dos peticiones la Reina Cristianísima. Quiere decir que no tuvieron efecto cumplido las condicionales oraciones de Bernardo hasta el 23 de Agosto de 1856, día en que se hizo ya extensivo a toda la Iglesia por el Papa Pío IX el privilegio acordado bastante antes por Pío VII a España el 7 de Diciembre de 1815, por Pío VI a Portugal y los Algarbes para el 16 de Mayo de 1777, a lo que parece, y anteriormente por otros a otras naciones, iglesias y congregaciones. De todos modos, no es mucha espera medio siglo y aun un siglo entero y más, para el conseguimiento de una solemnidad como la del sagrado Corazón de Jesús en la universal Iglesia. Bien hubiera querido verla con los ojos de la carne nuestro Bernardo, ver al menos la de su querida España: más no sé qué vislumbres se nos presentan el 17 de Octubre de 1735, de que no ha de ver ni una ni otra. Era este día aniversario de la muerte de la B. Margarita María Alacoque: celebró en él el santo sacrificio de la misa con un fervor desacostumbrado: luego se le aparecieron la misma Beata, Santa Teresa de Jesús, y como introduciendo a ambas su amable director, San Francisco de Sales. "Nuestro amable director me dijo, continúa el mismo Bernardo, "que debía haber un amor y amistad tierna y fina entre la V. Margarita y mi alma, habiendo sido escogida por el Corazón sagrado para un mismo fin: y, pues que ella me trataba con familiaridad particular, yo acudiese a ella, especialmente en los puntos de esta devoción, con particular confianza. Luego entendí como su muerte, tal día como este, fue un amoroso deliquio, fue un recostarse dulcemente en el Corazón de su amado, dando en él el último aliento. Y a vista de muerte tan deseable ¡oh buen Jesús! y ¡qué asalto de amor tan fuerte sintió este mi pobre corazón, tocado de una santa envidia! Y aquí, cesando la visión, empezó el dulce martirio de los ímpetus. Así el devotísimo joven, añade el P. Loyola, en la última carta que me escribió en su vida, y acaso la última que escribió..., en 15 de Noviembre de 1735. (1) (1) P. Loyola V. Ms. del P. Hoyos, (l.3, c. XX). 65. Lo cierto es que el 6 de Diciembre del mismo año mandaba el P. Manuel de Prado, Rector del Colegio de San Ignacio de Valladolid, a los PP. Superiores de la Provincia de Castilla, según usa la Compañía al morir alguno de sus hijos, la carta siguiente. P. C. -Martes 29 del pasado fue N. Señor servido de llevar para sí, como esperamos, al P. Bernardo de Hoyos, de 24 años de edad, 9 de Compañía, y 7 de escolar aprobado, recibidos a tiempo los sacramentos, y dicha la recomendación del alma en presencia de la comunidad... Sigue la descripción de su enfermedad, sus heroicas virtudes, su devoción con los Santos, y en especial con la Reina de todos ellos, María Santísima, y acaba diciendo que sobresalió en él la que tuvo estos últimos años al sagrado Corazón de Jesús. Las perfecciones y finezas de este divino Corazón, prosigue el Padre, era la materia más ordinaria de su oración: éste era el centro de sus amores, el objeto de sus delicias, y no parece sabía pensar en otra cosa que en este adorable Corazón; en tanto grado que, aun en medio del delirio que padeció en su enfermedad, prorrumpió en un coloquio tan concertado, tan devoto y con tanto fervor de espíritu, que puso en admiración a cuantos nos hallábamos presentes. Los favores que de tan tierna devoción recibió el P. Bernardo fueron muchos, que no refiero particularmente por no hacer más larga esta carta. Pero no es digno de omitirse el haber merecido que el Señor le comunicase alguna parte de aquellas penas que su divino Corazón padeció por la redención del mundo. Y aunque estas penas las padecía el P. Bernardo por lo común en lo interior de su espíritu, sin embargo alguna u otra vez se derivaban al cuerpo, y con tan notable efecto, que le hacían temblar, estremecerse y casi perder los sentidos. "En varios tiempos del año, pero con especialidad en los primeros viernes de cada mes, dedicados singularmente al culto del Corazón de Jesús, le daba el Señor a sentir tan vivamente los dolores que su sagrado Corazón padeció en el huerto, que, para declararlos de alguna manera, decía que no se admiraba de lo que nos dejó escrito San Buenaventura cuando dijo que, si los dolores que el Corazón de Jesucristo padeció se dividiesen en todos los hombres, bastarían a quitarles la vida. Habiendo sido pues la del P. Bernardo tan inocente y religiosa como se ha visto, nos podemos persuadir que está ya gozando de Dios. Mas, para cumplir con mi obligación, suplico a V. R. se sirva mandar se le hagan en su santo Colegio los sufragios acostumbrados como a difunto de esta Provincia... Muy S.º de V. R. Ihs. -Manuel de Prado. Estas fueron las primeras noticias que de público se tuvieron aun en la misma Compañía, de la prodigiosa vida de Bernardo, comunicadas por quien estaba muy al tanto de sus mercedes, y recibía el último suspiro de su querido hijo en aquellos amorosos afectos: ¡Oh, cuán bueno es habitar en el santísimo Corazón de Jesús! Muerto el dichoso joven: ¡oh profundidad y alteza de las riquezas de la sabiduría y ciencia de Dios! cuán incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos!... así exclamaban muchos", dice el P. Loyola, juzgando que la vida precedente de Bernardo tan llena de los favores del cielo, la tenía destinada el Señor para que fuese un gran ministro de su mayor gloria. A los ojos humanos parecía también que la devoción al sagrado Corazón de Jesús, que este Señor le había revelado, le quería para ilustre protector de esta devoción divina. En fin, otras muchas reflexiones se hicieron al ver desaparecer de entre nosotros un joven tan favorecido del cielo, y un tan eficaz instrumento para las glorias del sagrado Corazón de Jesús y bien de las almas. Pero todos los discursos humanos se deben humillar: adorar, venerar y amar los ocultos y santísimos juicios del Señor, haciendo la exclamación del Apóstol, pero exclamación llena de humildad, veneración y amor: Oh altitudo divitiarum sapientiae et scientiae Dei! (ad Rom. XI, 33). (1) (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. XX). No nos toca a nosotros investigar, es cierto, los altos motivos que tuvo el Señor para llevarse a Bernardo en la flor de su edad: pero bueno es recordar que también la muerte de la B. Margarita María Alacoque, como ella misma lo aseguró varias veces, era necesaria para la gloria del Corazón de Jesucristo. Era necesario para la extensión de su culto, que se hicieran patentes a los hombres los extraordinarios favores que el divino Corazón había dispensado a Margarita: y éstos, viviendo ella, era imposible o al menos no convenía publicarlos. En el mismo sentido, acabaremos con las palabras de su querido director, en el mismo sentido se podrá decir que la muerte del P. Hoyos era necesaria (en España) para la gloria del Corazón de Jesucristo: porque, viviendo este joven, no se podían manifestar los singulares favores que había recibido del Corazón santísimo. Estos, insinuados sólo después de su muerte, han producido maravillosos frutos para la gloria del Corazón divino, aun en las provincias más remotas, donde no llegaría en muchos años el nombre oculto de este Jesuita, si viviese. Pero ya difunto, le han conocido con asombro y tierna devoción cuantos aman al Corazón santísimo de Jesús, y han podido leer la Carta de edificación que se escribió en su dichosa muerte. Las ansias con que se ha deseado y leído este breve escrito, hacen desear su portentosa Vida. ¡Quiera el santísimo y divino Corazón, que los singulares favores que se dignó hacer a su siervo, sean para gloria, culto y especial amor del Corazón de Jesús tan benigno, amable y abrasado en nuestro amor! (1) (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c, XX). La portentosa Vida a que alude aquí el P. Loyola, es la que él mismo escribió con el título de Historia de la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España, en la Vida del V. P. y angelical joven Bernardo Francisco de Hoyos, de la Compañía de Jesús: la Carta de edificación, es la segunda que escribió el citado P. Manuel de Prado el 25 de Abril de 1736, y envió impresa a los PP. Superiores de la Provincia de Castilla. (2) 2 Es un tomito en 4º de 46 págs., sin pié de imprenta: el ejemplar de que nos hemos valido, es el mismo que sirvió al P. Cardaveraz. Otro llegó a manos del P. Gallifet, quien con fecha 3 de Agosto de 1736 respondía en estos términos, traducidos fielmente del francés, al Padre que se lo envió; probablemente el P. Loyola, que inserta la carta en el documento núm. 8º de los que preceden a su V. Ms. del P. Hoyos, - P. C. - M. R. P.: He recibido la Carta que contiene un compendio de la santa vida del P. Bernardo Francisco de Hoyos. He recibido esta Carta con una dulcísima consolación de mi alma, y he admirado la inocencia, candor y eminentes virtudes de este Jesuita y angelical joven. He dado muchas gracias a Dios por haber dado a nuestra Compañía en España un tan excelente modelo de santidad. Me he visto muy movido y enternecido con los favores que este santo Jesuita ha recibido del cielo, especialmente con los que miran al Corazón adorable de Jesucristo. Me persuado que la noticia de estos favores, que se esparcirá por toda España, ha de servir infinitamente al acrecentamiento de la devoción a este Corazón divino. Si se escribe la Vida del P. Bernardo, suplico a V, R. se sirva enviarme un ejemplar para mi particular consuelo. 66. Al morir Bernardo dejó postrado en el lecho a su compañero, a quien ya conocemos, al P. Jiménez, nuestro amado P. Jiménez, como escribía Agustín el 13 de Diciembre de 1734, que, si no flaqueara tanto en su salud, sería sin duda uno de los más aptos y fieles siervos del Señor para muchas cosas de nuestros asuntos. Pero flaqueó su salud y su vida; y quizás en el mismo correo que la carta de San Ignacio de Valladolid, se recibió en varios Colegios de Castilla otra de Avila, del 7 de Diciembre de 1735, que decía en la forma acostumbrada: P. C. - Domingo 4 del corriente entre 4 y 5 de la tarde fue N. Señor servido de llevar para sí, como esperamos, al P. Juan Lorenzo Jiménez, de edad de 26 años, 10 y medio de Compañía, y 8 y medio de escolar aprobado, recibidos muy a tiempo los santos sacramentos, y dicha repetidas veces la recomendación del alma en presencia de la comunidad... Con este golpe ha cortado la muerte las más bien fundadas esperanzas que podía tener la Provincia, de lograr en el P. Jiménez uno de aquellos Jesuitas que la ilustrasen en adelante con su doctrina y ejemplo... Su última enfermedad fue un ejercicio continuado de virtudes, ya de paciencia, ya de resignación en las divinas manos. Se entraba muy a menudo en el sagrado Corazón de Jesús, en donde descansaba, y con quien tenía particular devoción: y se notó que aun en el delirio que padeció, sólo en nombrándole el Corazón amante de Jesús, volvía sobre sí, y le adoraba en una estampa en que le tenía retratado. Prendas son éstas que nos aseguran está gozando de Dios: pero para cumplir con mi obligación, suplico a V. R. le mande hacer en su santo Colegio los sufragios acostumbrados como a difunto de esta Provincia, no olvidando a los que acá quedamos... Muy S.º de V. R. Jhs. - José Corredera. Murió, pues, el buen P. Juan Lorenzo a los cinco días de muerto Bernardo, con la misma clase de enfermedad que él, con los mismos días de cama, con los mismos afectos y sentimientos: favor que muchos han atribuido, dice el P. Loyola, a las oraciones de este joven angélico luego que se vio en la presencia del Señor, gozando de la grande gloria con que le premió sus fervorosas obras. (1) (1) P. Loyola, V. Ms. del P. Hoyos, (l. I, c. II). De esta manera acabó el año de 1735, tan glorioso para el sagrado Corazón de Jesús, con la muerte de dos acérrimos defensores de su santa causa: si muerte merece llamarse su delicioso sueño en brazos del Señor, para fortalecer desde el cielo, en despertando, a los que quedaban en la tierra, y dar eficacia y cumplimiento a sus dulces empresas. |
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