| PRINCIPIOS DEL REINADO DEL CORAZON DE JESUS EN ESPAÑA (Continuación) | ||
| Por el P. José Eugenio de Uriarte, S.J. - Madrid, 1880 | ||
| 1733 (Continuación) | ||
| 24. Mas en esto había
llegado ya el tiempo de lanzarse al campo, y dos medios
discurrió Bernardo, aprobados por sus directores, que
juzgaba oportunísimos para el feliz resultado de la
empresa. Uno era, que alguno de sus confidentes escribiese algún pequeño libro, en que se diese noticia del sagrado Corazón de Jesús, su devoción y su culto en casi todas las provincias de la cristiandad menos en España; de la esencia y solidez de este culto; de las dificultades y oposiciones de que había triunfado; y de los favores que habían recibido los devotos del sagrado Corazón de Jesús (1). (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. II). No parecía asunto difícil satisfacer en esto a los encendidos deseos del siervo de Dios: sin embargo, se arreglaban las cosas de suerte que en la práctica, por enredos sin duda del infierno, no se daba un paso. Quien lo escribiera, cierto no faltaba, tampoco quien lo quisiera publicar y extender por España; pero estaba previsto y revelado que por todo habían de ocurrir dificultades, y éstas se ofrecían en gran número, sin atinar las más de las veces de qué mano oculta provenían. Al fin, a la hora menos pensada, se consiguió alguna cosa; y sentimos no tener datos suficientes para dar a conocer una obrita del H. Jiménez, que de esto fue la primera que corrió entre los piadosos apóstoles del Corazón sagrado. Varias veces habla de ella en sus cartas el P. Agustín, y en una a Bernardo: Doy humildes gracias a mi Hermano, le escribe, "por las dulces noticias que me comunica sobre el punto del Corazón divinísimo de nuestro Jesús, sobre el H. Jiménez, a quien quedo muy agradecido en el mismo Corazón por el devoto Resumen que tanto me consuela, y sobre el otro H. teólogo; por lo cual alabo a nuestro dulcísimo amor Jesús... Alégrome en el Señor, que S. Majestad se vaya comunicando a sus escogidos por medio de mi Hermano, y le tome por instrumento de su gloria. Aquí espero introducir en algunas almas la devoción del Corazón divinísimo de Jesús nuestro amor. (1) (1) 3 de Agosto de 1733. No hemos podido averiguar quién fuese el otro H. teólogo. Háblale de él con fecha 17 de Julio, juntamente con el Compendio del Corazón divinisimo de nuestro Jesús, y acaba la carta con la fórmula que aquí por primera vez aparece, de Siervo y Hermano en el Corazón sagrado de Jesús. Agustín de Jesús", muy usada en las siguientes. Después del librito, el segundo medio que ocurrió a Bernardo para este mismo intento fue el que contribuyó incomparablemente más a la devoción del Corazón sagrado. Este fue empeñar al R. P. Pedro de Calatayud, que a este tiempo santificaba el reino de Murcia con sus apostólicas misiones, a que exhortase en ellas a la devoción del Corazón de Jesús. Este medio pareció a Bernardo tan eficaz como lo es en realidad: mas, como a su actividad, en lo natural fogosa, acompañaba mucha prudencia, le tenía por arriesgado, pues no sabía cómo recibiría el pueblo una devoción nueva de que antes no tenía la menor noticia. Por esta causa deseaba que el misionero procediese con mucho tiento, y al principio no más que insinuando esta devoción sagrada, ya en conferencias particulares, ya en los sermones públicos. "Esta prudencia y santa cautela de Bernardo se descubre en las palabras con que propone este medio. A un misionero, dice, le es más fácil entrarse en los corazones; ya privadamente, remitiendo a los penitentes en la confesión al sagrado Corazón de Jesús como fuente de la gracia; ya públicamente, dejándose caer al principio como por acaso en los sermones o actos de contrición en este sagrado Corazón; después introducirse insensiblemente por la puerta en esta arca del diluvio; y en fin, convidar abiertamente a los mortales a entrar por esta puerta en el paraíso de este divino Corazón. Y si el mismo Jesús atrae al imán de su Corazón los de los fieles, como no lo dudo; si de nuestra parte cooperamos, se podrá enarbolar en España la bandera por las congregaciones del Corazón de Jesús: lo cual, si bien nuevo en España, no causará tanta novedad con el ejemplo de 317 congregaciones fundadas y aprobadas con otros tantos breves pontificios en otras provincias de la cristiandad (1) (1) P. Loyola, V. Ms. del P. Hoyos, (l. III, c. II). 25. No paró en esto el decidido Bernardo: aunque hombre sencillo y natural, pero juicioso y empeñado en corresponder a su vocación, vio que era menester echar mano de santas intrigas, y servirse de medios aun más poderosos, si cabe, de que nos da cuenta el P. Agustín. Escribe éste a Bernardo, y "lo que toca al Corazón divinísimo de nuestro Jesús, le dice, tengo especial confianza en el mismo Corazón, que como primer móvil rige todos los otros corazones, que vencidas todas las dificultades, se conseguirá. Lo de los prelados intercesores es necesario; y crea que, si se junta una súplica de nuestro Rey Católico, hará mucho. Ahí está entre otros prelados el amigo del P. la Reguera, el Sr. BelIuga, de mucha autoridad; siempre le tengo por mi ingénita inclinación a mi Hermano y todos sus amigos y míos, con todos sus encargos, en este divinísimo Corazón, y en él los miro con dulce amor y segura confianza (1). (1) 3 de Agosto de 1733. Acreedor sin duda a este dulce amor y segura confianza del P. Agustín era el celoso protector de la causa del Corazón santísimo en España, el Emmo. Sr. Belluga (1). También lo eran no pocos otros prelados, ilustres en piedad y ciencia, que se asociaron por entonces a la propagación del nuevo culto. (1) Cuya memoria es gloriosa en todo el mundo, cuyo tesón y fortaleza en defender la inmunidad eclesiástica fue invencible, y cuyo amor a la Compañía de Jesús es uno de muchos calificados testimonios de su espíritu.. P. Manuel José Guerrero, S. l., en su Oración fúnebre del Ilmo. Sr. D. Manuel de Samaniego y Jaca, Arzobispo que fue de Tarragona y Burgos, (pág. 13). Pero, era necesario hablar al mismo Rey; enterarle del asunto, y apretarle a que interpusiera su valimiento: cosa que se tenía por hacedera, cuando quiera que ya S. Majestad había escrito años atrás al Sumo Pontífice, como hemos visto, pidiéndole se dignara conceder misa y oficio del Corazón de Jesús. Añadíanse a esta otras circunstancias favorables, que nos describe el P. Loyola con su acostumbrada sencillez. Teníame Bernardo a mí, dice, cerca de la corte, que por este tiempo hacía su asiento en el real sitio de San Ildefonso. Vivía yo en nuestro Colegio de Segovia, y por mi empleo (de Rector) visitaba algunas veces al M. R. P. Guillermo Clerke, de nuestra Compañía de Jesús, Confesor de S. Majestad. Por medio de este R. Padre había solicitado y conseguido el R. P. Gallifet la carta de nuestro Rey, de que acabamos de hacer mención: y así no podían ser más oportunas las circunstancias para renovar la súplica al M. R. P. Confesor, y poder éste sin violencia hablar a nuestro piadosísimo monarca en el asunto del sagrado Corazón de Jesús. Tomé a mi cargo hablar al P. Confesor y suplicarle se dignase interesar el poderoso influjo de S. Majestad, en lo mismo que pocos años antes había pedido al Sumo Pontífice. (1) (1) P. Loyola, V. Ms. del P. Hoyos, (l. III, c. IV). Algo más que tomar a su cargo esta entrevista hizo el buen Padre, como se saca de una del P. Agustín al H. Bernardo, donde le escribe: Lo que el P. Loyola apuntaba del Confesor, a mí siempre me pareció el último o penúltimo escalón para el nuevo oficio y su extensión; pues vemos que a instancias de nuestros reyes y reinas se han conseguido y se consiguen cada día rezos (1). Pero, sigamos con la relación del humilde P. Loyola. (1) 10 de Agosto de 1733. "Como el M. R. P. Clerke estaba mucho más instruido en este asunto, añade, que los mismos que le solicitaban, ofreció benignamente sus poderosos influjos. Luego que Bernardo tuvo noticia de la respuesta favorable que había dado el, P. Confesor, no pudo contener su gozo, y le desahogó en estas cláusulas: Aquí anda el mismo Corazón de Jesús, amado Padre: él obrará: ya se ha hecho lo último que parece factible en esta idea. Ahora pedir al Corazón de Jesús que, pues cor regis in manu Domini, ad quodcumque voluerit flectat illud (1). Dejemos obrar al Señor; no hay que hacer de nuestra parte más que lo que él inspirare. Altamente se me ha impreso una máxima que refiere el P. Causino de nuestro santo director: que no apresuremos las horas de la providencia (2). (1) Cfr. Proverb. XXX, 1. Esto no quiere decir que quedaran ya mano sobre mano, y se alimentaran de remotas o próximas esperanzas. Es verdad que "indecible consuelo, repetía en semejante ocasión el fogoso Bernardo, indecible consuelo me dan las esperanzas favorables de conseguir nuestros deseos, para gloria de aquel amantísimo y dulcísimo Corazón de Jesús, cuyo nombre no puede formar la pluma sin teñirse en suaves lágrimas; pero ahora, prosigue, ahora ha de ser la batería de los corazones amantes al pecho del Padre Eterno, para que mire al Corazón de su divino Hijo, y acabe ya de publicar a su Iglesia las inmensas riquezas escondidas en este oculto tesoro (1). (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. III). Entre tanto perseguía a Bernardo su primera idea de publicar un librito manual, donde se diera cuenta de la devoción al sagrado Corazón y de sus admirables progresos fuera de España, con que animar a su imitación los católicos pechos de sus paisanos. Y como no tenía noticia de otro alguno que del libro latino de Cultu Cordis Iesu, que el M. R. P. Gallifet había impreso en Roma, deseó que se tradujese a nuestra lengua. Por este tiempo trabajaba el R. P. Peñalosa en su traducción de La Devoción al sagrado Corazón de Jesús... Eran tan escasas, advierte aquí el P. Loyola, "las noticias que teníamos en España de esta amabilísima devoción, que aun los que estaban empeñados en favorecerla, sabían muy poco en este punto. Decían algunos a Bernardo que la traducción que deseaba, estaba ya al fin de concluirse o del todo acabada, confundiendo el libro del P. Croiset con el del P. Gallifet (1). Tardó en salir a luz la traducción de La Devoción al sagrado Corazón de Jesús más de lo que se pensaba (¡nuevas dificultades!): y así, no pudo contenerse el fervor amante de Bernardo sin instar para que se le formase un pequeño librito que ilustrase a España con las noticias de la devoción que el Señor le había inspirado. Juzgó ser este medio no sólo útil, mas necesario; porque el sagrado Corazón de Jesús había inflamado al P. misionero (Calatayud), a quien Bernardo había escrito, de suerte que ya predicaba en sus misiones la devoción al Corazón divino. (1) Escribía en efecto el P. Calatayud a su hijo Agustín, con fecha de 28 ó 29 de Agosto de 1733: Prevenga V. R. al H. Bernardo que no ande ideando quién traducirá la obra del Corazón de Jesús; pues estará presto, a lo que me inclino, para darse a la imprenta por el P. Peñalosa, y espero saldrá bien. De estas palabras del P. Calatayud y del relato del P. Loyola se deduce que mal pudo estar acabada para el 12 de Abril de 1733 la traducción del P. Peñalosa. 26. Después de varias conferencias con un Jesuita (el P. Agustín), que le inspiraba o fomentaba esta idea, me instó", prosigue el P. Loyola, a que yo le formase este libro. Resistíame por mi ineptitud, y porque el tiempo en que le pedía era para mí sumamente ocupado. Pero el joven me allanó todas las dificultades y me dirigió, enviándome la idea o planta que le parecía más útil. Sus fervorosas oraciones al sagrado Corazón de Jesús, contribuyeron más que nada, a mi parecer, para facilitarme el asunto y empeñarme en escribirle. Confieso, para gloria del sagrado Corazón de Jesús, que sin saber cómo, me puse a escribir el librito, y que sentí la facilidad que yo no tengo; pues, a pesar de las ocupaciones y embarazos de mi oficio que yo oponía, envié a Bernardo por el correo de una o dos semanas, el librito que tanto había deseado (1). (1) P. Loyola, V. Ms. del P. Hoyos, (l. III, c. IV). Inconcebible fue la alegría de Bernardo al ver felizmente concluida su idea y encontrarse, cuando menos lo esperaba, con el precioso manuscrito en su poder. Leyólo, no sin lágrimas, lo besó como a primer fruto que iba a presentarse a España, del objeto de todas sus ansias y aspiraciones, la devoción al Corazón santísimo de Jesús: lo corrigió, lo añadió, lo hermoseó a su gusto; solicitó su impresión, y buscó los fondos necesarios para ello por todos los medios posibles a su fogosa actividad y las llamas de amor que le abrasaban vivo. Pero entonces no conoció, después palpó el buen Bernardo las dificultades y estorbos sin cuento que tendría que vencer para llevar al apetecido término la impresión de aquel librito, sin ser capaz él con todo su ardor, ni capaces sus compañeros con todos sus sacrificios, de acortar las dilaciones de casi un año, dispuesto para salir a luz, de que más adelante se quejará su piadoso autor (1). (1) P. Loyola, en su Protesta y advertencia a la 1ª ed. del Tes. escond., (pág, 11*). Mas las dificultades no tanto acobardan cuanto animan más y más a los grandes corazones; y era muy grande en efecto el de Bernardo, seguro por otra parte, por revelación del cielo, de que todas se allanarían para que pudiera reinar en España el Corazón divino. 27. Uno de los medios más eficaces, como hemos visto, aunque no el menos difícil para este glorioso reinado, le había parecido siempre el que el valiente Calatayud fundase congregaciones del sagrado Corazón por las provincias de España, donde con tanto fruto y aceptación arrebataba los pueblos al servicio de Dios y santas obras. Con este propósito creyó era menester entrar en correspondencia con el P. Gallifett, célebre promotor de la causa del divino Corazón, y quien mejor que nadie podía darle noticias, reglas y cuanto deseaba para la fundación y buen pie de sus congregaciones. Mas como no le conocía el humilde joven, fue a informarse del P. Villafañe, quien poco antes le había visitado y trabado amistad con él en Roma. Contóle éste su singular contentamiento en haberle tratado en aquella ciudad: añadióle que era un hombre santo y entregado todo al Corazón de Jesús, y tal, que confiaba sin género de duda en que haría cuanto se le alcanzaba, por instruirle y darle favor y amparo. No necesitó de más el enardecido Bernardo: acudió en seguida por cartas a su P. Loyola, e instó tanto, dice éste, a que yo escribiese al P. Gallifet que, contra mi dictamen, hube de complacerle. Verdad es que al mismo tiempo ya el P. misionero, no menos activo en el asunto que nuestro joven, escribió también al mismo P. Francés, no sabiendo que se le había escrito. Recibió singularísimo consuelo el P. Gallifet, viendo lo que el Corazón divino empezaba a obrar en la piedad española (1). (1) P. Loyola, V. Ms. del P. Hoyos, (l. III, c. IV). Pronto se esparció entre los asociados el rumor de esta correspondencia. " Me consuelan mucho, escribía Agustín a los pocos días a Bernardo, "los medios y trazas de conseguir las respuestas y reglas del P. Gallifet. Si por acá vinieren, tendré cuidado especial, juntamente con el P. Rector (Manuel de la Reguera), con todo secreto (1). Grandes eran las esperanzas que los dos jóvenes habían cimentado sobre estas nuevas inteligencias con un hombre de tanta entrada con el Rey y el mismo Papa; pero les sirvieron poco para el fin que pretendían de fundar congregaciones. (1) 27 de Noviembre de 1733. Porque primeramente, como les respondió el prudente Francés, las reglas debían formarse conforme al país y personas donde se estableciesen (1); y en segundo y principal lugar, como advierte con un santo orgullo el P. Loyola, pedíanse a Francia las reglas para saber el método de formar las congregaciones del sagrado Corazón de Jesús; mas este divino Corazón no quiso tantas dilaciones en los cultos que deseaba, para comunicar sus celestiales gracias a toda nuestra nación. Encendió el corazón de nuestro misionero con fuego tan activo que, sin esperar noticias, reglas ni dictamen de los que le habían inspirado esta devoción, fundó su primera congregación en la ciudad de Lorca (2). (1) P. Loyola, ibid., (l.
IIII, c. IV). Figurábase lo uno y lo otro el santo y feliz apóstol, lo de los planes del Señor y lo del celo del P. Calatayud, como se descubre por una carta que pocos días antes había escrito al P. Loyola. Avísale en ella de un favor que acababa de recibir del cielo, y de una idea fecunda que, al par que una prudencia consumada, revela un alma que, no solo no huye, pero hace frente a las dificultades por la parte que descubren más peligros. "Lo que el divino Corazón hace conmigo, dice en cuanto a lo primero, "es indecible e inexplicable: asáltame con su amor, y me deja absorto entre un incendio abrasador del fuego seráfico. El domingo en especial, al recibirle Sacramentado, me dio un sentimiento interior tan vivo de que tenía en mí a aquel que es centro de mis ansias, que pensé reventar en fuerza de la vehemencia del amor y de la inundación suavísima de gozo; y si en tiempo de gracias no me dilatara el corazón, apretado en ardores y llamas de amor, hubiera muerto sin duda. Desahogóse el pecho, prorrumpiendo en gemidos íntimos con que, en voces del alma, convocaba todas las criaturas a amar el Corazón amantísimo de mi Jesús; y con una vehemencia más que humana, clamaba...: Currite, iusti; currite, peccatores: venite, gentes, venite ad Cor Iesu. "Aquí oí interiormente una voz suavísima que me dijo ahora lo que en otro tiempo a aquella gran sierva del Señor, que refiere el libro de Cultu Cordis: Pete a me quicquid vis per Cor sanctissimum Filii mei, et exaudiam te, et concedam illud: y sin libertad, pedí la extensión del reino del mismo Corazón sagrado en España, y entendí se me otorgaba: y con el gozo dulcísimo que me causó esta noticia quedó el alma como sepultada en el Corazón divino, en aquel paso que llaman sepultura. Muchas y repetidas veces he sentido estos asaltos de amor en estos días, dilatándose tanto en deseos mi pobre corazón, que piensa extender en el Nuevo Mundo el amor de su sagrado Corazón, y todo el universo se le hace poco. Esto suele suceder más frecuentemente delante del Señor Sacramentado (1). (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. IV). Por lo que mira al celoso misionero dice así el atinado joven: Háseme ofrecido que, si al buen P. Calatayud se le dispone para cuaresma la misión de Madrid, como se espera, sería ésta la ocasión más propia para sacar a luz la congregación primera del Corazón de Jesús en España; pues, naciendo en la corte y entre la primera nobleza, tendría este extrínseco lustre y recomendación apud homines. Fuera de esto, hallo algunas congruencias que me esfuerzan esta idea, como son: que, si este asunto ha de tener contradicciones, ha de ser al principio, y en ninguna parte al parecer más que en una corte; pero allí con los créditos y deseos que hay del P. Calatayud, como me consta, en especial en el Colegio Imperial y en personas de la primera distinción, habrá también más escudos con que resistir; y, vencida en la corte la dificultad, se allanará para otras partes. También se me ofrece que esta ocasión podía ofrecerla para que el Rey amparase más expresamente esta causa, y el P. Confesor pudiese lograr la oportunidad que desea: y siendo forzoso acudir a Roma por la bula para la erección o para la confirmación de la erección, que se pueden erigir antes que haya bula, parece se descubrían resquicios por donde en aquella curia se adelantasen nuestros intentos por parte de España. Sobre todo, como yo ya dije, esta especie serviría para entretener al P. Calatayud; pues no creo conviene empiece ahora a fundar; pues sin las reglas y noticias que podemos esperar del P. Gallifet, parece es proceder a ciegas y sin la solidez necesaria. Yo bien veo que el Corazón divino no se coarta a las reglas de la prudencia humana, y que él prevendrá los inconvenientes, o los vencerá, si se siguiesen de la práctica de las ideas del P. Calatayud, que le aprueba el P. Rector (del Colegio de Lorca, Victoriano Alcázar). Pero quisiera que V. R. le insinuase lo mismo que yo, dándole esperanzas de más luz, y animándole entre tanto a mover los fieles a la devoción: que más vale hacerles desear las congregaciones. Yo no sé, amado Padre, como vienen estos pensamientos; porque yo discurro muy poco en la materia, y sin discurso me lo hallo hecho. Acaso lo inspirará el Señor para que VV. RR. lo examinen, y yo quede en paz y sosiego del corazón, aplicado a mi estudio; el cual está tan lejos de disminuirse por estas cosas, que desde San Lucas (que son diez días) creo he estudiado más que otras veces en tres meses: el Corazón de Jesús lo hace todo y da para todo fuerzas (1). (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. IV). 28. Apenas había enviado esta carta el juicioso Bernardo, fecha el 28 de Octubre, cuando se encontró con una del incansable y apostólico misionero, del 25 del mismo mes, en que le decía con su acostumbrado laconismo: Ya comencé en Lorca a promover su devoción del Corazón de Jesús, y se ha erigido la primera congregación en nuestro Colegio, compuesta de 36 caballeros y 36 señoras (1). Les he dispuesto unas reglas, y se procurará enviar a Roma por indulgencias. Las gracias al Señor, que lo ha dispuesto. La ciudad de Lorca ha ofrecido asistir a la fiesta una vez cada año. (1) En el ejemplar incompleto de la Vida Ms. del P. Hoyos se dice, sin duda por error del amanuense, que fueron 365 los caballeros y 365 las señoras, error que también se deslizó en los Apuntes... del P. Fita (pág. 23): pero el ejemplar completo lleva el número repetido de 36, que es el verdadero, como consta por otros documentos. Conservamos la Relación de la Misión de Lorca, del mismo P. Calatayud, y allí se escribe: Compónese dicha congregación de 36 caballeros y 36 señoras (pág. 3): y en otra Breve Relación anónima de la misma misión, que también tenemos a la vista, se lee terminantemente: Introdujo (el P. Calatayud) y erigió en nuestro Colegio (de Lorca) la noble congregación con el título del sagrado Corazón de Jesús, compuesta de 72 Hermanos y Hermanas, (pág. 4). Ni podía ser otra cosa, cuando quiera que el número de los congregantes ideado por el misionero era de 72 personas en honor de los 72 discípulos del Señor, cuyo divino Corazón se adora: 36 caballeros de la primera nobleza, y 36 señoras de la misma calidad, como lo afirma también el P. Loyola, El C. S. de J., (pág. 43). 29. Quedó asombrado el joven con esta noticia, y en lo natural no muy gustoso, por parecerle que aun no era tiempo de declararse tan abiertamente", dice a este propósito el P. Loyola; pero añade que "presto cesó su recelo y cuidado con las luces que le comunicó el Corazón sagrado". Pues, como escribe el mismo Bernardo, "en lo del P. Calatayud veo que el Espíritu Santo nescit tarda molimina (1). El Señor echa su bendición a estos arrojos de santo celo: si el Corazón adelanta su causa con pasos más veloces que la prudencia alcanza: ¿qué hemos de hacer, sino correr en pos de sus amabilísimas disposiciones? A modo de quien se queja miraba yo esta apresuración, cuando se me respondió: ¿Piensas que ésta es obra de hombres? No: sino de mi Eterno Padre, que se complace en mi Corazón. Aquí se cifra la respuesta, a que no sabe qué responder la prudencia (2). (1) Nescit tarda molimina
Sancti Spiritus gratia: San Ambrosio, Expos.
evang. sec. Luc. I, 39, 40, (l. II, núm. 19). Se ve claro que no había estado el H. Bernardo por este ardiente celo del resuelto Calatayud, ni parecídole que era voluntad del cielo todavía de publicar tan abiertamente el reino del Corazón de Jesús: sin embargo, "por los maravillosos frutos que produjo este ardiente celo, exclamaremos con el P. Loyola, "se conoce que el Corazón divino quería reinar abiertamente en los corazones de nuestra ínclita nación (1). (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. IV). Pero, porque recibirán placer nuestros lectores de saber el modo como se portó la piadosa ciudad de Lorca en abrazar y tomar bajo su amparo aquella primera congregación, que tanto la realza y tanta envidia causa a las demás de España, les ofreceremos las noticias siguientes, copiadas del archivo de su municipio (1). (1) Se las debemos al Sr. D. Francisco Romero, Beneficiado de la Colegiata de San Patricio, y Capellán de las HH. Francesas de la Caridad, en Lorca. Concluida", dicen estas, la misión dirigida por el P. Pedro Calatayud, en el día 13 de Octubre de 1733, se presentó al Cabildo civil una solicitud del P. Victoriano Alcázar, Rector del Colegio de la Compañía de Jesús, pidiendo que el municipio tomase bajo su amparo la congregación del Corazón de Jesús, que establecía en esta ciudad para caballeros y señoras el P. Pedro de Calatayud, primera de sus congregaciones en España, y que la acogiera, como ya lo había sido en Alemania, Polonia y otros pueblos de la cristiandad. El Cabildo, acordó mandar una legacía al P. Rector y al P. Calatayud, para que estos expresaran todo cuanto querían; y, como resultado de esta entrevista, se convino en que el Ayuntamiento asistiera, como asistió, a la fiesta de la inauguración de la congregación, que fue en la iglesia de la Compañía, titulada San Agustín. Aceptó y tomó bajo su amparo dicha congregación en cabildo celebrado el día 10 de Noviembre de dicho año; y se obligaron también a asistir en lo sucesivo todos los años en la fiesta del Corazón de Jesús a la función que allí se haría. También por invitación de dichos PP. Rector y misionero, escribieron al Cardenal Belluga, para que alcanzara de S. Santidad todas las indulgencias que fueran posibles: las que mandó el 4 de Abril de 1734, plenarias y parciales (1). (1) N. Smo. P. Clemente XII, Papa reinante, en la bula que empieza Ad perpetuam rei memoriam, despachada en Roma a 9 de Septiembre de 1734, concede indulgencia plenaria a todos los congregantes de la ciudad de Lorca, que tiene la gloria de ser la primera que en España fundó esta congregación, para el día que se alistan en ella y para el de su principal fiesta... En otros cuatro días que eligieren los congregantes y el Ordinario aprobare, concede S. Santidad siete años de indulgencias, y otras muchas por algunos ejercicios de piedad que los congregantes practican. P. Loyola, El C. S. de J. (págs. 45, 46). 30. A la congregación de Lorca debía de haber seguido la de Alicante, en la misión que con el P. Juan de Carbajosa empezó en aquella ciudad el P. Calatayud, el 3 de Noviembre de 1733. La nobleza, escribía poco después el P. Mateo Garzón al Ilmo. Sr. Arzobispo de Burgos, Don Manuel de Samaniego y Jaca, ha quedado ansiosísima de alistarse en la congregación del Corazón de Jesús, y luego que en casa se dé forma para erigida, señoras y caballeros darán sus nombres para que los sienten en ella (1). (1) Noticia de la Misión de Alicante, (Ms., pág. 12). Sin embargo, no tuvo esta dicha aquella ciudad, y sus piadosos, y sus piadosos vecinos quedaron defraudados por entonces de sus esperanzas y deseos. Pues, aun escribiendo el P. Calatayud a Agustín el 15 de Julio de 1735: Hoy me escriben de Alicante, le dice, que no dude se fundará (la congregación del Corazón), pues viene Rector nuevo, y hay licencia ya de este Provincial. Y con más recelo todavía el 26 del mismo mes a Bernardo: En Alicante, le escribe, espero que se fundará en llegando el Rector nuevo; así me lo aseguran de allí, pero no hay cosa cierta. Sospechamos que hubo el mismo atraso en Caravaca. Porque, si bien en carta de 25 de Noviembre de 1733 escribía a Agustín el P. Carbajosa: Ya, gracias a Dios, hemos concluido con la misión de Caravaca, en donde el fruto por la misericordia de Dios ha sido grande...: también se fundará congregación del Corazón de Jesús en esta villa; sin embargo, ni en las listas del P. Calatayud (1735), ni en la que se pone al frente de La Devoción al sagrado Corazón de Jesús, del P. Peñalosa (1741), aparece el de Caravaca entre los muchos nombres que allí se citan. 31. Mientras seguían así en sus tareas apostólicas los PP. Calatayud y Carbajosa, animados ya con la licencia del M. R. P. General, Francisco Retz (1), y la aprobación del Ilmo. Sr. D. Tomás José de Montes, Arzobispo-Obispo de Cartagena, y la del Provincial de la Provincia de Toledo, P. Francisco Grande, que tanto les valieron para la fundación de Lorca: seguían también lloviendo sobre el alma de Bernardo más y más gracias y regalos del cielo, en orden todos a ilustrarle y animarle en su dulce y difícil empresa. (1) Conviene decir una palabra sobre este devotísimo General. Caminaban a Roma por los años de 1730 los electores de todas las Provincias para elegir en congregación general a su común Padre: pedía instantemente Bernardo el 27 de Septiembre, día de la Confirmación de la Compañía, a San Cosme y San Damián el acierto para la elección próxima, cuando tuvo esta visión. Vio que pedía lo mismo San Ignacio a su capitán Jesús, y dióle a entender con voz distinta este Señor, que su amorosa providencia tenía señalado General según su Corazón divino, en el cual vio entonces San Ignacio a su Compañía. P. Loyola, V. Ms. del P. Hoyos, (l. Il, c. X). Tres años más adelante confirmó el cielo a Bernardo en lo que otras veces había entendido: que el Señor había escogido nuestra Compañía de Jesús para promover los cultos de su sagrado Corazón. La palabra Corazón le trajo a la memoria que algunos años antes en este día le dijo el Señor de N. P. General, antes de su elección: Suscitabo mihi fidelem sacerdotem, qui regat Societatem meam secundum Cor meum... Parecióle que su P. M. R. en algún tiempo protegería el culto del Corazón divino: profecía verificada ya", concluye el P. Loyola, con la paternal protección que ha hallado y halla esta amabilísima devoción en el devoto y benigno corazón de nuestro común Padre. (lbid., l. III, cap. V). "Mostróme el Señor, dice él mismo, entre otros favores recibidos el día de la Asunción de nuestra Madre dulcísima, los influjos de su divino Corazón y el modo con que se comunican a los hombres, en esta dulcísima visión. Vi el corazón del Padre Eterno, esto es, metafóricamente la fuente de su amor, su bondad en el sentido que la Escritura atribuye corazón a la divinidad, en forma de un globo inmenso de fuego, cuya infinita grandeza se extendía sobre la tierra, cielos y más allá de los abismos. Los inmensos resplandores y como inundaciones de luz que despedía, se recogían en el Corazón sacrosanto del dulce Jesús, que se me representó en un cielo, cuya latitud y grandeza excedía a la de todas las esferas celestes: los beatíficos rayos que esparcía, se iban como estrechando hasta recibirse toda su intensión en el Corazón amabilísimo de nuestra Madre María Santísima, que miraba en figura de sol brillante y hermoso, el cual inmediatamente comunicaba a los hombres y a toda la tierra la multitud de luces y rayos que había recibido. "Y en este misterioso símbolo entendí cómo el amorosísimo Corazón de Jesús comunicaba a los hombres la infinidad de dones y beneficios que recibe del Padre y de la divinidad del Verbo, por medio del Corazón santísimo de su santísima Madre, el cual es el acueducto e instrumento por donde se nos derivan todos los bienes: y la desigual grandeza de aquellos globos hermosos de fuego, me significaba la que hay entre los tres Corazones del Padre, del Hijo en cuanto a la humanidad, y de la Madre santísima; y siendo éste menor que los dos, es tanta su capacidad, como es la del sol material que alumbra a todo el universo, con la distinción que el Corazón purísimo de María Santísima influye y alumbra a un mismo tiempo por todos los hemisferios y alegra al cielo mismo, teniendo especial complacencia los bienaventurados en mirar en el Corazón de María Santísima con sus excelencias las de su santísimo hijo como en un terso y cristalino espejo. 32. Esta visión se ha repetido el día de la Natividad (8 de Septiembre) y en estos ejercicios. En ella he aprendido a entrar en el Corazón de Jesús por el de María, cuyas causas andan tan juntas... que, haciéndose la del Corazón del hijo, se hará la del de la madre: y acaso en España se empezará a hacer, en alguna cosa, en la causa del Corazón de la madre la del Corazón del hijo santísimo (1). (1) P. Loyola, V. Ms. del P. Hoyos, (l. III, c. V). En efecto, en España la devoción al Corazón de María es muy anterior, al menos en público, a la del Corazón de Jesús; y no sabemos si esta singularidad daría ocasión alguna vez al buen Bernardo para obligar a la Señora en favor del sagrado objeto de sus delicias, como le sucedió por este tiempo con Santa Teresa. Apareciósele esta Santa el 27 de Agosto, día en que la iglesia de España celebra la fiesta de la Transverberación de su corazón todo de Dios; y no pudo contenerse el angelical joven sin conjurarla al punto y aun reconvenirla con que debía de procurar desde el cielo se consiguiese la fiesta del sagrado Corazón de su santísimo esposo: que, si la Iglesia celebraba la fiesta de su abrasado corazón, era más justo que celebrase fiesta al Corazón divino de Jesús, de cuya fogosa esfera de amor participan todos los corazones amantes las centellas que en ellos se descubren. Ofrecióle la Santa su intercesión por el feliz logro de su empresa, y se confesó vencida del argumento de su devoto" (1). ¡Cosas que pasan entre los Santos, y no entendemos nosotros pecadores! (1) P. Loyola, ibid., (l. III, c. V). Pero, para consolación de las almas piadosas y consagradas al culto del santísimo Corazón, queremos referir una visión que describe el mismo Bernardo con estas palabras: En tiempo de misa, dice, vi al dulcísimo Jesús, y la llaga del costado muy hermosa, y se dejaba ver por su concavidad el divino Corazón: y una multitud purísima de palomas se metían por la llaga, hasta hacer su nido en el Corazón sagrado; otras andaban revoloteando como que querían entrar; otras se recostaban sobre el pecho amable del Señor por la parte de afuera. Entendí era éste el agujero de la piedra a que el Espíritu Santo convida a la paloma: Veni,... columba mea, in foraminibus petrae, in caverna maceriae (1), y la ventana del arca por donde entró la paloma con el ramo de oliva. Entendí mil excelencias del divino Corazón; en particular, que era el refugio a las almas santas, castas palomas, cuando las cerca el gavilán: que era el nido en donde habitan otras más amadas, etc. Porque, aunque está abierto para todos, pero con particularidad para las almas que son palomas; y así esta fiesta del divino Corazón será el imán de las almas santas (2). (1) Cant. II, 10, 14. |
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