| PRINCIPIOS DEL REINADO DEL CORAZON DE JESUS EN ESPAÑA | ||
| Por el P. José Eugenio de Uriarte, S.J. - Año 1880 | ||
| INTRODUCCION | ||
| Pudiérase
discurrir que el infierno, barruntando el gran lugar que
se ha de hacer en los corazones españoles el Corazón
amable de Jesús, ha empleado todos los desvelos de su
vigilante malicia, para estorbar que llegue a nuestros
oídos el eco dulce de tan importante devoción. Pero,
por más esfuerzos que haga, por más que gire en torno
de su astucia la envidia de esta antigua serpiente,
espero que se ha de introducir: ¿qué digo introducir?
que se ha de entronizar en España el Corazón adorable
de Jesús (1). (1) P. Peñalosa, La Dev. al S. C. de Jesús, (ed. de 1744, en Salam., t. l, págs. 4*, 5*). Así escribía animoso el 12 de Abril de 1734 (1) el P. Pedro de Peñalosa, en carta suya a los PP. y HH. de la Compañía de Jesús de las Provincias de la Asistencia española. Y cierto, pocos años habían trascurrido, cuando por sus propios ojos vio logrado en gran parte el colmo de sus esperanzas, y cumplida la predicción de aquellas sus no menos gloriosas que sentidas frases: Si se echa tarde la semilla de esta devoción, no importa. El Señor mirará con benignidad a nuestra tierra, dotándola de tan generosa fecundidad, que supla largamente las demoras del tiempo con la abundancia del fruto. Aunque España comience la última en su carrera, podrá su alentado fervor alcanzar, y por ventura pasar, con el favor divino, a los primeros (2). (1) Esta
es la verdadera fecha (como puede verse en el núm. 25);
no la de 1733 que se halla por error en los impresos, y
ha dado margen a falsas consecuencias. Las mismas esperanzas y las mismas quejas leemos en la aprobación de Fr. Ignacio de la Concepción, de la orden de Descalzos de la Santísima Trinidad, que precede al libro de La devoción al sagrado Corazón de Jesús del P. Peñalosa (1): las mismas en la de Fr. Eugenio Alberto Valencia, Prior del Convento de Nuestra Señora del Carmen de Pamplona; quien de más a más no titubea en llamar al autor, con la gracia y santo entusiasmo que brilla en estos documentos, el nuevo Colón Jesuita y glorioso descubridor de esta India y tesoro riquísimo del Corazón augusto (2). (1) lbid., (págs. 8*-15*). Sin embargo no fue suyo este descubrimiento, ni fueron sus pasos los primeros que se dieron en nuestra patria para introducir en ella y promover la devoción, y aun alcanzar de Roma la fiesta de tan sagrado objeto. Había una mano oculta que dirigía la pluma del P. Peñalosa; y antes de que éste pensara en escribir, y tratara de dirigirle aquella misteriosa mano, ya muchas señoras grandes de palacio tenían noticias y alguna práctica de esta amabilísima devoción, como educadas al fin en monasterios de la Visitación de Santa María (1). Tiempo hacía también que los Españoles esperaban el privilegio de su misa y rezo, habiéndoselo ya antes suplicado la piedad de nuestro Rey y Señor Don Felipe V a la Santa Sede para todos sus reinos y señoríos, deseoso sin duda de ver establecida en su reino católico la devoción al Corazón adorable de Jesús (2). (1) P. Loyola, V. Ms. del
P. Hoyos, (lib. III. c. IX). II. Mas, porque tendrán gusto nuestros lectores en saborearse con este recuerdo auténtico de la religiosidad de nuestros reyes, le reproduciremos en su texto original, que dice así: Muy Santo Padre: Deseando por mi parte concurrir a que se extienda y propague la devoción al divino Corazón de Jesús, estoy persuadido a que esto se facilitará concediendo V. Santidad para todos mis reinos y dominios la misa y oficio propio suyo. Por lo que, fiado en el paternal amor de V. Beatitud, paso a suplicar a V. Santidad con las mayores veras y empeño, se sirva de dispensarme esta gracia que espero merecerle: como el que me conceda igualmente su santa y apostólica bendición, que humildemente imploro a V. Beatitud. Nuestro Señor guarde la muy santa persona de V. Santidad al bueno y próspero regimiento de su universal Iglesia. Del Buen Retiro, a 10 de Marzo de 1727. De V. Santidad muy humilde y devoto hijo, Don Felipe, por la gracia de Dios Rey de las Españas y de las dos Sicilias, de Jerusalen, etc., que sus santos pies y manos besa. EI Rey. Juan Bautista de Orendayn (1). (1) P. NilIes, De rat. festorum Smi. C. Jesu et Pmi. C. Mariae, (ed. 3ª, t. I, pág. 43). Para no negar a nadie lo que de derecho le toca, advertiremos que fue debida esta carta al valimiento del P. Guillermo Clerke, de la Compañía de Jesús, Confesor del Rey, y a la petición del P. Gallifet, que poco antes había escrito en estos términos a Felipe V: Señor: He pensado en ofrecer a V. M. un libro aprobado por el Papa, que trata de la devoción al sagrado Corazón de Jesús. Este homenaje debo a la piedad que V. M. profesa hacia este Corazón adorable, y a la protección que de parte de V. M. me ha prometido el Sr. Cornejo, su agente en esta corte, con una distinción que harto me honra. Tengo el honor de escribir al R. P. Confesor de V. M.; y le propongo dos cosas que V. M. puede hacer en obsequio y para la gloria de este Corazón divino. La primera es el pedir al Papa para sus reinos la misa y el oficio propios de la fiesta del sagrado Corazón: el Rey de Polonia y el Obispo de Cracovia los han pedido ya para la Polonia. La segunda consistiría en que V. M. se dignase contribuir con alguna de las muchas dádivas que destina a sus buenas obras, para la celebración de una fiesta magnífica que proyecto se haga en Roma, por la primera vez, en honor del Corazón sagrado de Jesucristo. Si V. M. me proporcionase el medio de celebrarla, obra será ésta muy grata a este divino Corazón, y fuente de bendiciones divinales en esta y en la otra vida para V. M:, a quien nadie más que yo y con más ardor las desea. Soy con respeto profundísimo, Señor, de V. M. muy humilde y muy obediente servidor, José de Gallifet, de la Compañía de Jesús, Asistente de Francia. Roma, 1 de Febrero 1727. El Mensaj. del S. C. de Jesús, (ed. de Barcelona, t. XVIII, pág. 198) . Allí puede verse también copia del original francés (págs. 197, 198), con otros documentos importantes (págs. 193-200), sacados del archivo nacional de Simancas por el laborioso y entendido P. Fita, de los que pensamos aprovecharnos. Tal fue la tercera carta-memorial, que nosotros sepamos, presentada en este negocio al Sumo Pontífice por los príncipes católicos. La primera fue la de Doña María Beatriz Leonor de Este, Reina de Inglaterra, el 1697: la segunda, la del Serenísimo Rey de Polonia, Augusto II, el 15 de Mayo de 1726. De todas maneras, no es pequeña gloria de nuestro Felipe V el haberse adelantado en tan santo empeño a la Cristianísima Reina de Francia, María Leczinska (3 de Octubre de 1740); a los Serenísimos Reyes de Polonia, Augusto III (21 de Agosto de 1762), y Estanislao I, Duque además de Lorena (6 de Febrero de 1763); a Clemente Francisco, Duque de Baviera (15 de Febrero de 1764); a la Fidelísima Reina de Portugal, María Francisca (21 de Enero de 1778): y, para concluir, a la Augusta Emperatriz de Austria, María Ana (1 de Junio de 1870). Añádase a esto la parte que tuvo ya antes del memorial en el piadoso libro De Cultu Smi. Cordis Dei Iesu que, consagrado a la soberana protección del Smo. Pontífice, Benedicto XIII, de gloriosa memoria, y a expensas, escribe el P. Loyola, de la piedad de nuestro Católico Monarca, Don Felipe V, que Dios guarde, dio a luz en idioma latino, el año de 1726, el M. R. P. José de Gallifet, de la Compañía de Jesús (1). Dato verdaderamente curioso, y que más de lleno expresa así el P. Don Martín Pardo de la Casta, Presbítero de la Congregación de San Felipe de Neri, de Málaga: Apenas llegaron, dice, las primeras noticias de estos cultos a nuestro Gran Felipe, cuando tomó a su cargo toda la empresa. Practicó por sí con admirable ejemplo de la corte tan santa devoción: y, como si esto no bastara para que sus vasallos le siguieran, hizo que a sus expensas se diese a la prensa en lengua latina el citado libro del P. Gallifet, Asistente en Roma por las Provincias de Francia. (2). (1) Tes. Escond. o (más
tarde) El Cor. S. de Jesús, (ed. 1ª,
pág. 9*). Omitieron estos escritores otro dato más interesante, si cabe, todavía por su universalidad, y de seguro anterior también al memorial y tal vez a la munificencia del ilustre Borbón. Es su real despacho, firmado en el Pardo a 26 de Enero de 1726, y dirigido a D. Félix Cornejo, su agente en Roma, que merece ser copiado aquí, y es como sigue. El P. José de Gallifet, de la Compañía de Jesús, y Asistente General de Francia por su religión en esa corte, ha dado cuenta ser ya el tiempo oportuno, por lo favorablemente dispuesto que se halla el Papa, para continuar en la solicitud del rezo y misa propios para el día de la fiesta del divino Corazón de Jesús. Y siendo esta materia de que ya le está hecho a V. S. especial encargo, y V. S. participado el estado en que quedaba, me manda el Rey decir a V. S. que en consecuencia de las ordenes que sobre esto le están dadas, y en inteligencia de que S. M. desea el feliz logro de la gracia del rezo y misa propios del día de la fiesta del divino Corazón de Jesús, pase V. S., así con el Papa como con los Cardenales que fueron destinados para el conocimiento de este negocio, los más eficaces oficios en su real nombre, para facilitar su consecución: y respecto de que el Sr. Cardenal Belluga con su gran celo se debe creer esforzará cuanto pueda su logro, y más si sabe que S. M. se interesa en él, quiere también S. M. que V. S. le hable en el asunto, a fin de que S. E. por su parte haga las diligencias convenientes a tan santo fin, de que prevengo a V. S. para su cumplimiento... (1). (1) El mensaj. del S. C. de Jesús, (pág. 196). También fue debido este despacho a otra carta del P. Gallifet al Rey, del tenor siguiente: Señor: La paz de J. C. Me atrevo a recordar a V. M. su mucha devoción al Corazón adorable de Jesucristo. Ha prometido V. M. su regia protección al plan y empeño de obtener de la Santa Sede formal aprobación para el culto de este Corazón divino. Creo, Señor, llegado el tiempo de alcanzar esta sanción. El Padre Santo está inclinado a concederla; y tanto, que acaba de ver con sumo agrado la impresión de un libro sobre esta materia, que he tenido el honor de presentarle y de hacer imprimir bajo sus auspicios. Necesitamos ahora llevar el asunto al examen de alguna Congregación de Cardenales, para recabar de la Santa Sede que apruebe su oficio y misa propios del día de la fiesta del sagrado Corazón. Mas, como semejantes gracias suelen hallar no poca dificultad, hay que acudir para vencerla al apoyo de las altas potencias. Dios en todos tiempos no ha dejado de suscitar príncipes y reyes, que han tomado como gloriosa empresa y como religioso deber el intervenir en esos casos, sosteniendo con su autoridad estas obras santas ante el Papa y los Cardenales. No es otra, Señor, la gracia que suplicamos a V. M. en favor de la devoción al Corazón adorable de Jesucristo. Desde el feliz instante en que Mons. Cornejo, agente de V. M. en esta corte, me anunció que V. M. tiene su mira puesta en fomentar esta santa y amable devoción, he abrigado entera confianza de que Jesucristo ha destinado a V. M. para proveer a que en todos los reinos de la católica España logre el divino Corazón los honores que él desea, y que serán indudablemente para V. M. y para todos sus pueblos manantial fecundo de toda suerte de bienes. V. M., Señor, tiene en Roma un agente muy digno de su confianza, en la persona del Sr. Cornejo; y en las de los Cardenales tiene o bien súbditos o bien afectos a su corona. Un mandato o una recomendación expresa de V. M., en que se encareciese lo muy a pechos que toma este negocio, será para nosotros de incalculable valía. Ningún propósito hay, Señor, que sea más digno de vuestra piedad magnánima: y de llevarse a cabo, como espero, indefectiblemente atraerá sobre su sagrada persona y sobre su augusta familia la bendición colmada de Jesucristo. Soy con el más profundo respeto, Señor, de V. M. muy humilde y muy obediente servidor. José de Gallifet, de la Compañía de Jesús, Asistente de Francia. Roma, 22 de Diciembre 1725. (Ibid., pág. 195: en francés, págs. 193, 194). De estos manejos y encargos se deja inferir que no es quizá tan creíble como a alguno se le antojara, el que hubiese ya pasado los mares y llegado a las Indias y aun a la China la devoción del sagrado Corazón de Jesús, antes de que tuviera conocimiento de ella y le abriera gustosa los brazos nuestra católica y piadosa España (1). Pues, a pesar de lo que indica el sabio Filipense de Málaga, no siempre suelen estar los reyes al cabo de las devociones de sus vasallos; y por milagro sucede que echen éstas flor en la corte de los príncipes, sin que primero se hayan arraigado en el corazón del pueblo, adonde por ventura fueron trasplantadas de algún retirado claustro en que nacieron. (1) Fr. Eugenio Alberto Valencia, l. c., (pág. 22*). No dudamos que serviría de mucho a nuestro Católico Rey el haberse criado en la patria de la B. Margarita María Alacoque, y el no haber roto jamás sus relaciones con Francia y los Franceses: pero la verdad es que antes del 10 de Marzo de 1727, y aun antes del 26 de Enero de 1726, era conocido en España y adorado a su manera el Corazón santísimo. III. El 6 de Junio de 1737, D. José Amat, Presbítero también de la Congregación de San Felipe, predicó un sermón en las exequias de la Ven. Doña Josefa María Roca de la Serna y Mascarell o del Corazón de Jesús, muerta en olor de santidad el 21 de Diciembre de 1733. Hay en él algunas cláusulas que no podemos pasar en silencio. Vio en la oración, afirma el orador, que el Señor le disponía su interior para alguna cosa particular, y oyó que le decía: Como en casa propia puedes entrar en mi Corazón, y yo en el tuyo (1).. Habiendo comulgado, éstas son palabras de la Venerable, me ha dicho el Señor: Mi Corazón es tuyo, y harás de él lo que quieras: a que respondí: No quiero, Señor, sino hacer tu voluntad (2).. Un día de estos pasados, prosigue la misma, me hizo el Señor entender algo de los secretos de su Corazón (3).. Me entró el Señor, dice finalmente, en un lugar dentro de su mismo Corazón (4). (1) Pág. 171. Es muy sensible que no se anoten en un documento tan hermoso el principio y la época de estas mercedes. Sin embargo, algo se saca de su dedicatoria al Corazón santísimo de Jesús, escrita por la hermana misma de la Venerable, la Excma. Señora Doña María Ana Roca, Marquesa de Mirasol, quien al escribirla, parecía tener presente nuestro mismo asunto, en los trámites en que entonces se encontraba. Dice, pues, en ella entre otras cosas notabilísimas: Señor, os habéis dignado también tomar por instrumento que influya en esta grande obra (de la devoción del Corazón de Jesús), a mi buena hermana Josefa María. Llévanme a formar este tan alto concepto los inestimables favores con que piamente creo la habéis honrado. El decirle: Mi Corazón es tuyo: harás de él lo que quieras; el hacerle lugar en vuestro deífico Corazón, para que con un modo especial habitase en él; el ofrecerle estar en su corazón realmente presente de una comunión a otra; el convidarle a que os visitase, entrando como en propia casa a gozar en lo más íntimo los regalos dulcísimos de vuestro divino Corazón; en fin, el haberle dado a entender antes del año 1727, cuando estaba desconocido en estos reinos este religioso culto, era vuestra voluntad que tomase en vez de su apellido el de vuestro Corazón deífico, firmando así: Josefa María del Corazón de Jesús: ¿qué son, sino claras pruebas de que os complacísteis en prevenirla de antemano con este obsequio, y anuncio de este religiosísimo culto? IV. Conocidas son asimismo las celestiales mercedes de la Ven. Josefa del Santísimo Sacramento, religiosa recoleta de Santa Brígida, que murió en el Convento de Santa Cruz de Azcoitia el 24 de Febrero de 1721. Al acabar de comulgar, padecía comunmente aquellos languores y desfallecimientos amorosos..., escribe el autor de su vida y confesor de la Venerable: en estas ocasiones la inflamaba también el mismo Señor vehementemente el corazón con sus palabras amorosísimas, diciéndola: Yo reino en ti: mía eres sin reserva: yo estoy en tu corazón, y tú en el mío...(1). En otra ocasión (1714 ?) manifestando a Nuestro Señor Josefa, como solía, sus deseos de que la purificase, se sintió movida de un extraordinario impulso a pedirle que la introdujese en la llaga de su costado, y allí la uniese con su Corazón divino. Entre estos ruegos oyó que la decía el Señor así: Es muy grande esa merced que me pides: y ¿dónde tienes tú la pureza necesaria para unirte con mi Corazón...? Sintió después de esta respuesta, que su alma fue introducida, como otras veces, en la llaga del costado... (2). Descubrióla entonces Jesucristo su sagrado pecho, dentro del cual la pareció que estaba viendo un campo dilatadísimo como lugar de refugio contra nuestros enemigos; y allí la mostró el Señor su propia alma, hablándola así: Tú estás en mi Corazón, y yo en el tuyo... (3) Representándola después el Señor en la víspera de su nacimiento aquel camino (de Nazaret a Belén), la dijo así en voz interior: 'Ea, vamos: yo en las entrañas de mi madre, y tú en mi Corazón... (4) (1) Vida de la V. M. Jos. del
Smo. Smto., por Don Agustín Ignacio de Aguirre,
(lib. III, c. II, págs. 419, 420). V. Esto pasaba en España antes del piadoso memorial y real despacho de Felipe: y aun antes de un siglo atrás, y bastante antes de que se hiciera célebre el nombre del Monasterio de Paray-le-Monial, en Francia, pasaron cosas en España con Doña Sancha de Carrillo, Doña Ana Ponce de León y la Ven. virgen Doña Marina de Escobar (1), y tales cosas se vieron luego en la fundadora de la Congregación o Monte de piedad del Corazón de Jesús, la santa Capuchina Sor María Angela Astorch (2), que bien pudieran en su género compararse con las revelaciones y gracias más extraordinarias de los tiempos siguientes. (1) El Mensaj., (t. XVIII,
págs. 133-143): El Sagr. C. de J., (Palencia,
1875, págs, 13-19). VI. Las omitiremos por ser bien públicas entre nosotros, y hallarse referidas en varias partes. Lo que sin embargo no podemos omitir es un paso de la vida de San Miguel de los Santos, que murió a 10 de Abril de 1625, no menos portentoso, aunque sí menos sabido. Juzgaba siempre, escribe Fr. Lorenzo Reynés, que era muy limitado su amor; y para amar como debía al sumo bien, se alentó estando en oración cierto día a pedir al Señor que criase en él un corazón nuevo, o a lo menos le diese otro más capaz y más encendido en su amor. Fue tan agradable a su Divina Majestad la petición, que quiso despacharla con mayor liberalidad y fineza de la que podía el pretendiente imaginar. Quitóle, pues, Cristo a su amante Miguel el corazón, y tomándole para sí, pasó luego a darle el suyo propio, colocándolo en el lugar de donde le había quitado a este serafín el que tenía... Consta el referido suceso por relación del bendito Miguel, que en confesión se lo reveló a su confesor, llamado el P. Fray Francisco de la Madre de Dios. Díjolo también el mismo siervo de Dios a otros pocos religiosos, confidentes suyos; y a algunos de ellos no les manifestó que hubiese sido él el favorecido de Cristo, sino cierto religioso... El mismo Señor que se portó tan fino con el B. Miguel, quiso también por sí mismo manifestárselo a algunas personas siervas suyas. Una de ellas fue la Ven. M. (hoy la Beata) Ana de Jesús, muy célebre en Sevilla, donde vivió y murió con universal fama de santidad... Hallándose, pues, esta sierva de Dios en oración, vio a Cristo Nuestro Redentor que, sacándose del pecho por la llaga del costado su propio Corazón, ponía otro en su lugar. Preguntóle a Cristo su sierva qué significaba aquella acción: y respondió S. D. Majestad, que se quitaba el Corazón y le trocaba con el de su querido Fray Miguel; porque le amaba y quería mucho, y eran los dos una misma cosa. En otra ocasión esta misma sierva del Altísimo orando le pidió a S. Majestad, la favoreciese dándole su divino Corazón: y el mismo Señor respondió: Mi Corazón yo no te le daré, porque le tiene Miguel, y el suyo le tengo yo. También reveló Dios esta fineza a otra sierva suya, hija espiritual del B. Miguel, a quien el mismo, por el alto concepto que tenía formado de su santidad, solía encargarla le encomendase de veras al Señor... (1). (1) Resum. de la Vida... del B. Miguel... (l. II, c. III, núms. 18-22). Habla también de este paso Fr. Luis de San Diego en el Compendio de la Vida de San Miguel de los Santos, que imprimió en Madrid el 1779, y advierte que algunos dijeron al principio que esta grande fineza de Jesucristo había sido real, verdadera y física; y aun el P. Fray José de Jesús María, que escribió su vida el año de 1688, parece que lo siente así... El suceso por raro y prodigioso se examinó con el mayor rigor en la sagrada Congregación de Ritos, según la severa censura que piden tales materias y la santa práctica de aquel respetuoso tribunal... Cuando N. Smo. P. Benedicto XIV declaró las virtudes heroicas del V. P. Fr. Miguel, hizo un elocuente panegírico de ellas en el Convento de San Carlos de los Españoles, y en él nos enseñó con su profundísima erudición que el cambio prodigioso que hizo N. S. Jesucristo con su fiel siervo trocando su Corazón por el suyo, fue místico y espiritual ... (l. II, c. IV, págs. 94, 95). Véanse sobre lo mismo el Ristretto ist. d. Vita... del B. Mich. de Santi... de Fr. Nicolás de la Virgen, (part. II, c. III, págs. 43, 44), y la Vita di S. Mich. dei Santi... de Fr. Anselmo de San Luis Gonzaga, (c. VI, págs. 35, 36), quien prueba el caso con los procesos auténticos de Madrid (fóls. 73, 135) y Valladolid (fól. 328). VII. Pero claro es, ni hace falta advertir, que sólo queremos tratar nosotros y tratamos de la devoción y culto público del sagrado Corazón de Jesús, en la forma en que el año de 1673 se dignó de manifestar el mismo Señor a su querida esposa, la B. Margarita María, deseaba ardientemente se introdujese en la Iglesia (1). Y aun en este estado de cosas, decimos y repetimos que pocos eran los ejemplos como los citados, que a principios del siglo XVIII podían presentamos las demás naciones, de un amor tan privilegiado de parte de nuestro benignísimo Salvador hacia sus fieles servidores, y de una prenda tan segura de que se complacía en escoger a España para singular mansión suya, en que descansar y defenderse de los ultrajes de los hombres, como escribe el P. Calatayud (2). (1) Como en materia tan delicada
conviene evitar errores, y no han faltado quienes
tacharan en absoluto de novedad sospechosa la devoción
al Corazón deifico, reproduciremos aquí unas palabras
del Ilmo. Languet, en el Discurso que precede a su
Historia de la Dev. al S. C. de Jesús en la
Vida de la V. M. Marg. María. Habla de la devota
religiosa que halló el camino del Corazón de
nuestro maestro y le abrió a otros, que les enseñó a
meditar el amor tierno y compasivo que Jesús tiene a
cada uno de nosotros, y a reconocer este amor
recíproco. Pero, tampoco fue Sor
Margarita" prosigue el docto Obispo, la
primera que conoció este precioso tesoro y habló de
él. Santa Clara, Santa Matilde, Santa Catalina de Sena y
Santa Teresa, ilustres amantes de Jesucristo...,
conocieron, amaron y celebraron las amabilidades del
Corazón de su celestial esposo... Nuestra Sor Margarita
nada añadió a esta consideración más que una
meditación más profunda, un fervor más sensible y un
celo más señalado para comunicar a otros esta
devoción, con ciertas prácticas que N. Señor mismo le
enseñó... Todavía hay más en este punto: la devoción
al Corazón de N. Señor estaba ya auténtica mente
aprobada en algunas diócesis antes que fuese conocida en
el Monasterio de Paray, y antes que la M. Margarita
hubiese comenzado a recibir en esta materia las luces y
gracias que se refieren en su vida. Por las diligencias
del célebre P. Eudes, fundador de tantos seminarios e
instituidor de una santa Congregación de sacerdotes
apostólicos que tienen su nombre, se publicó esta
devoción a la mitad del siglo pasado (el XVII), y la
fiesta del Corazón de N. Señor se celebró con
aprobación de los obispos en muchos seminarios de
Normandía. (núms. 23, 24: trad. del P. Loyola). Porque, en efecto, éste es uno de los objetos más principales que se propuso Cristo Nuestro Señor en descubrir al mundo los tesoros inagotables de su Corazón herido con la lanza, coronado de espinas con la cruz sobrepuesta, y rodeado de aquellas llamas que le abrasaron cual víctima divina: éste es uno de los fines más excelentes de que no deben apartar su vista las almas amantes de Jesús, que deseen sobresalir en la verdadera devoción a su Corazón tan llagado de amor y tan mal correspondido de los mismos por quienes derramó su sangre preciosa: y éste finalmente como el resumen de los ejercicios más sólidos e importantes, revelados por el mismo Señor y practicados ya en toda la Iglesia; entre los cuales brillan sobre todo los llamados Nueve Oficios del sagrado Corazón de Jesús. VIII. Pues bien, el origen de esta práctica tan corriente como grata a los ojos de los fieles y del mismo Dios, el origen de los Nueve Oficios, es español, conforme se reconoce en Francia, en Italia y Alemania, dice el P. Antonio Gació en su Declaración y Meditaciones...: los Nueve Oficios, tales como hoy se usan, fueron tomados de los escritos de la B. Margarita María por un fervoroso adorador del Corazón de Jesús y redactados por primera vez en español para las religiosas de la Visitación, siendo traducidos del español al francés, y del francés al italiano. (1) (1) D. y M. de los Ofic. del S. C. de Jesús, (1875, en Barcel., págs. 20, 21). Léase también el librito de Il. Smo. C. d. G. onorato da nove. pers., (ed. de Módena, 1854, pág. 3). No es ésta probablemente la única práctica que, cual hoy se estila, debe a España el sagrado Corazón de Jesús; pero, siempre se ha confirmado por principio, llamémoslo tema, propio de los Españoles, el ser los más descuidados en publicar sus glorias, aunque no, cierto, los menos decididos en el abrazamiento de la religión y la piedad, y en la defensa de su santa causa (1). (1) Ya en lo antiguo es un documento que nos honra sobre manera las Septem horae precariae ad Christi Cor, del Ven. Juan Bautista Anyes, impresas (por primera vez el 1545, luego?) el 1550, y reproducidas en El Mensajero, (l. c., págs. 9-12). Sobre la Segunda parte del Abecedario espiritual... de Fr. Francisco de Osuna (1530) merece consultarse La Dev. al S. C. de Jesús difundida en España durante la primera mitad del siglo XVI, opusculito de 15 págs. en 8.°, del P. Fita; así como también los Apuntes... del mismo autor (págs. 6-9), sobre las Cobles en lahor del sacratissim Cor de nostre Senyor Deu Jesuchrist (1456), del Presbítero Valenciano Luis García. IX. Por eso más señaladamente hemos querido juntar en uno algunos de estos como primeros rayos que, si bien aislados y dispersos en sí, pueden recogidos ilustrar no poco la historia de tan tierna devoción en España, y aclaramos la vía por donde se fue a su reinado definitivo. Sólo fueron ellos, no lo negamos, unas como ráfagas, ocultas entonces o pasajeras; fueron, a lo sumo, como los primeros resplandores que se dejan percibir a la mañana de un día nebuloso: mas, cuando estos se perciben, indicio es indudable que no está lejano el sol, si tal vez, sin echarlo de ver, no lo llegamos a descubrir de pronto bien entrado en su carrera. Y esto ni más ni menos sucedió en nuestra patria, con la diferencia de que no iba a estar el centro de la luz donde parecían representarle los reflejos pasados, sino en un punto todavía inadvertido por lo común de las gentes, pero señalado de muy atrás por la mano y voz clarísima del mismo Jesucristo. X. Aparécese este divino celador del bien de las almas a su predilecta Margarita María Alacoque, y hácele manifiesto que es su voluntad resuelta extender por todas partes la devoción a su sagrado Corazón por medio de los. PP. de la Compañía de Jesús (1). Soberana dignación, en verdad: encargo grandioso, a que no se puede corresponder sino con su más exacto cumplimiento. Esta empresa tan heroica y gloriosa la ha tenido el amor de Jesús reservada para sus Jesuitas", escribía también conmovido el P. Cardaveraz a su querido P. Hoyos: ¡dichosos mil veces nosotros si, unidos en su adorable Corazón, cooperamos a una a sus amorosos designios! (2). (1) Jésus Christ m'a fait
connaître de manière a n'en pouvoir douter, que
c'était par le moyen des Pères de la Compagnie de
Jésus qu'il voulait établir partout cette
dévotion." Vie et Oeuvr. de la B. M. M. Alacoque,
(t. 1, pág. 289). Pero al fin, ¿a quién mejor, exclama a este propósito el P. Peñalosa, y repetiremos nosotros con la debida humildad: ¿a quién mejor se podía encomendar el Corazón sagrado de Jesús que a aquellos que se caracterizan y glorían con su augusto nombre? a aquellos que tienen por único blanco de sus acciones la propagación de su mayor gloria? a aquellos que tantas dificultades y peligros acometen cada día por introducirlo en las partes más desviadas del mundo, y hacerlo reconocer y adorar de todas las gentes? a aquellos que, a imitación del Apóstol, viven de servir a Jesús, de padecer por Jesús, de morir con Jesús?" (1). (1) L. c., págs. 6* 7*. Véase el librito de los Títulos de la Comp. de Jesús para con el divino Corazón, (Barcel., 1875, de 30 págs. en 16º) XI. Y bien sabido tiene este Señor, a quien, para la propagación y sostén de esta tierna devoción de los últimos tiempos, plugo poner sus cariñosos ojos en su mínima Compañía, que en cosas de su gloria y en trabajos que haya que sobrellevar por ella, nunca han quedado ni, él mediante, quedarán nunca rezagadas sus Provincias españolas, En vano tratarán por eso mismo de exterminarlas los enemigos de la Iglesia: mientras ellos fraguan sus inicuos planes, Bilbao la primera, en España, oirá el primer panegírico del sagrado Corazón, el 1733, de boca de un hijo de la Compañía, Español; Lorca la primera, en España, recibirá a los pocos meses de mano de otro, también Español y de la Compañía, su primera congregación del Corazón deífico; Madrid la primera, en España, encomendará a otro de la Compañía, igualmente Español, el primer hacimiento de gracias a Dios, el 1816, por haber conseguido al fin de Roma la fiesta tan deseada de este Corazón todo amor y todo ventura. ¡Cuántas desgracias, cuántos contratiempos para la Compañía y aun para toda la nobilísima nación española desde el año de 1733 hasta el de 1816, y de allí adelante hasta el momento mismo en que escribimos! Mas, al propio tiempo, ¡qué esperanzas, qué seguridades de que en este también afligido Corazón está la vena preciosísima de su vida, felicidad y engrandecimiento! ¡ Dichosa Compañía, dichosa nación, dichosas las ciudades por cierto, que han tenido la gloria de tremolar en España las primeras el estandarte rojo del Corazón amable de Jesús!. (1). (1) Fr. Ign. de la Concepción, (l. c., pág. 14 *). Bien quisiéramos celebrar una por una cuantas siguieron su feliz ejemplo, y con ellas a cuantos trabajaron en la dulce empresa de practicar y difundir el culto de este amoroso Corazón: mas, en la imposibilidad de hacerlo, habremos de contentamos con pedir a Nuestro Señor se sirva de inspirar a alguna alma piadosa voluntad y medios para escribir una historia completa de tan celestial empleo. En el entretanto procuraremos descubrir a España el centro de aquella luz que arriba dijimos, y de aquel puesto oculto, pero avanzado, de donde salieron los fervorosos apóstoles y propagadores incansables del hasta entonces no más que presentido, no divulgado misterio, del nuevo reino de los cielos. XII. Convienen por lo regular los escritores en atribuir esta gloria al que fue Colegio de San Ambrosio de la Compañía de Jesús, en Valladolid; y en esto también estamos de acuerdo nosotros con ellos, según la declaración del mismo buen Jesús al P. Hoyos, de haber sido en éste Colegio donde había descubierto la primera vez en estos tiempos a España este tesoro escondido (1). En lo que no podemos acordar es en suponer al mismo Padre como primer agraciado con esta merced y, por consiguiente, mucho menos como primer introductor y promovedor de la devoción al sagrado Corazón de Jesús en España: desliz, que con disgusto vemos reproducido en las ya celebradas Theses de Cultu SSmi. Cordis Iesu (2), aunque no sin visible excusa que vale en paridad para los que en dicha sentencia han precedido y aun seguido a sus eruditos autores. (1) P. Loyola, V. Ms. del
P. Hoyos, (l. III, c. XI). XIII. Porque es el caso que, muerto el 29 de Noviembre de 1735 el angelical P. Bernardo Francisco de Hoyos, se propusieron al poco tiempo darle a conocer, primero como a medias el P. Manuel de Prado (1), y luego más de propósito el P. Juan de Loyola (2), publicando este último el fino amor del bendito joven al Corazón sagrado, sus muchos trabajos y ansias por hacerle adorar de los hombres, y sobre todo su vocación extraordinaria al apostolado del Corazón santísimo. Pero, en medio de que era muy cierto cuanto afirmaba el celoso Padre, tuvo buen cuidado de no contar todo lo que sabía en el asunto; como quiera que ni tampoco podía contarlo sin citar muchos nombres propios que no debían citarse por entonces, y sin hacer traición a una junta de que también él formaba parte con Bernardo, el señalado por el dedo de Dios y aun elegido, es verdad, como otro Pedro, entre sus compañeros, pero al fin aleccionado como éste y ganado por otro hermano suyo en el Señor, el Ven. P. Agustín de Cardaveraz. (1) Carta... (del 25 de
Abril de 1736), para los PP. Superiores de la Prov. de
Castilla, sobre la muerte y virtudes del P. B. F. de
Hoyos, (de 46 págs. en 4.°). XIV. Con este recato, debido a la humildad de los que aun vivían, empeñados en ocultar sus buenos servicios, y gratificados con no más de verlos aceptos a los ojos de su amor Jesús, consiguió, a no dudarlo, el P. Loyola revelar al mundo algo de lo que ya se llevaba hecho y mejorado en la empresa comenzada en Valladolid. Mas al propio tiempo fue causa, si bien inocente, de que, los años andando, se oscurecieran por su silencio los verdaderos orígenes y lances progresivos de su adelantamiento. Duró la ley de este secreto y la ocultación de muchos sucesos singulares..., porque tocando", como él advierte, a personas particulares, no pueden descubrirse (1), hasta las primeras acometidas a la Compañía de Jesús en España: tiempo ya no muy oportuno para andar deslindando o publicando hechos, que envolverían bien pronto uno quizá de sus más graves capítulos de acusación. (1) P. Loyola, V. Ms. del P. Hoyos, (fól. 20* del prólogo). Siguióse el fatal decreto, arrancado a la inconsideración y orgullo de Carlos III por ministros tan fuertes con los débiles como débiles con los fuertes: y en esta angustia basta recordar que uno de los trabajos más ordinarios y más difíciles de los nobles desterrados fue el librar sus escritos anteriores, por indiferentes que fueran, de las garras de los satélites de Madrid en Italia. Luego por fin cayó la nueva hija de Jefté, la víctima del siglo XVIII, a manos de un padre precisado a cumplir juramentos ajenos: y entonces, aunque no parezca bien que nosotros se lo traigamos a la memoria, entonces España debió mucho a los maltratados hijos de las Provincias de Toledo, Castilla, Aragón y Andalucía que, con otras siete de Ultramar y una de Italia, formaban la Asistencia española; mas sus méritos fueron adquiridos en combates donde iba el honor y la vida de España, no en cuestiones personales cuya solución no mirara a la común defensa: tanto más que los que pudieran dada más satisfactoria en este punto que ahora tratamos, o eran parte muy principal en él, o habían ya pasado al descanso eterno. Y en efecto, al volver segunda vez a su patria, por los años de 1815 y 1816, los gloriosos restos del 1767, tuvieron ellos el sentimiento de dejar sepultados en tierra extranjera a sus queridos hermanos Cardaveraz, Peñalosa, Salazar, Calatayud, Mendiburu, Ferrusola, Idiaquez y tantos otros valerosos campeones de nuestra santa liga; mas, en cambio, tuvieron otros el consuelo de estrechados entre sus brazos, para oír de sus labios las alabanzas, y recibir de sus manos el legado más precioso de sus padres: sus escritos. XV. Estos, aunque harto ya mermados con las pasadas y presentes calamidades, formarán el tejido de nuestra sucinta relación sobre los verdaderos principios y primeros progresos del reinado del sagrado Corazón de Jesús en España. Haga Dios que a ella puedan seguir pronto, como esperamos, íntegras la Vida del P. Hoyos por su confesor el P. Loyola (1), la Colección de las Cartas espirituales del P. Cardaveraz (2), y la Antigüedad del Culto al Corazón divino, por el P. Idiaquez (3), tan enlazadas todas con nuestro asunto: así como también la Vida del Ven. P. Calatayud, escrita recientemente por un sobrino suyo, y dispuesta ya para la prensa. (1) El ejemplar de que nos
servimos, corregido por el autor y regalado por el mismo
al Convento del sagrado Corazón de Jesús de las RR. MM.
Capuchinas de Tudela, es un tomo en 4.° de 261 fóls. de
texto y 25 de dictámenes de PP. muy graves sobre el
espíritu del P. Hoyos. Hemos tenido también a la vista
el ejemplar incompleto de 233 págs. que cita el P. Fita
en sus Apuntes, (págs. 18, 19). Para seguridad de
nuestros lectores en lo que toca a la vida admirable del
P. Hoyos, copiaremos las siguientes palabras de su
religioso autor. Debo prevenir solamente",
dice el P. Loyola, que la verdad de cuanto escribo
está tan pura y cristalina, que no puede hallarse más
en otra historia: pues corre desde la misma fuente de la
pluma del P. Bernardo. Apenas hay suceso alguno en toda
esta historia, que no se deba a la humilde sinceridad con
que este joven daba cuenta de todas sus cosas para su
particular dirección. La divina providencia dispuso por
sus altos fines que Bernardo tuviese correspondencia con
uno de sus directores ausente (el mismo P. Loyola),
aprobada por sus Superiores y expresamente ordenada de
algunos. Con esta ocasión se conservaron todos los
papeles y cartas escritas a su director, de los cuales se
ha ordenado esta vida... Todos estos papeles han estado a
mi vista al tiempo de escribir esta historia, y todos
están hoy en el Colegio de N. P. San Ignacio de
Valladolid: noticia, que puede satisfacer a cualquiera
que dudare de algún hecho particular de lo que
escribo. Pról. a la V. Ms. (fóls. 19*,
20*). ¡En el día han desaparecido de Valladolid estos
papeles y cartas, ni sabe nadie darnos razón individual
de dónde paran! Y con esto, que basta para introducción, tanto de la obra como de su argumento, entremos por fin en ella, procurando seguir en todo el orden cronológico, cuanto las fechas de las cartas y demás datos nos lo permitan. En su favor, o siquiera se llame excusa, pedimos anticipadamente a nuestros lectores, que no lleven a mal ni menosprecien el encontrarse con más cláusulas ajenas que nuestras en un tratado, sacado casi todo él, si no copiado, de los originales. Pues, salvo su juicio y sin daño de lo que pueda ser en adelante, éste nos ha parecido por ahora el modo más adecuado para dar una cabal idea de lo que nos hemos propuesto, sin otra pretensión que la de reunir hoy por hoy en un librito manual los principales documentos que hacen a nuestro propósito, ya impresos, ya manuscritos; ordenarlos con la debida diligencia, dándoles alguna forma de historia, más apacible que estudiada; y explicarlos de manera que sirvan para excitar en los corazones de nuestra generosa nación, por excelencia nobles y bien templados, más y más amor, piedad y agradecimiento a aquel Corazón divino, a aquel vital relicario de los tesoros de nuestro Redentor Jesús, que quiso escogerlos para trono del reinado, tardío sí, pero glorioso tanto cuanto estable, de sus dulzuras, de sus gracias, de su amor sobre la tierra. Así él se digne de bendecir este trabajo, corto, es la verdad, y pobre, pero emprendido con ánimo de hacer al menos algo por la gloria de quien tanto hizo por nosotros, y tan en obligación nos puso de corresponder a sus mercedes. |
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