PRINCIPIOS DEL REINADO DEL CORAZON DE JESUS EN ESPAÑA (Continuación)
Por el P. José Eugenio de Uriarte, S.J. - Madrid, 1880
 
CONCLUSION
Desempeñado nuestro compromiso de descubrir a España el puesto de donde salieron los primeros apóstoles del sagrado Corazón de Jesús, y de aclarar la vía por donde se fue a su reinado definitivo en nuestra patria, cúmplenos añadir aquí, antes de acabar esta relación, unas cuantas palabras para mayor inteligencia de lo dicho.

Hemos citado varias veces los nombres de los que más ayudaron a los intentos de Agustín y Bernardo, mayormente los PP. Loyola, Calatayud y Peñalosa, con otros sujetos harto notables por su autoridad y santo celo; además, de algunas cosas no nos ha sido posible sino hacer leves indicaciones, ya por no romper la unidad histórica, ya también por no comprenderse su cumplimiento en el breve espacio de algunos años a que nos habíamos circunscrito; en fin, suponemos a nuestros lectores interesados en saber, si bien sea someramente, lo que desde el año de 1738, en que acabamos, se hizo después en España por la devoción del Corazón divino, al menos hasta el feliz momento en que la Santidad de Pío VII se dignó de concedernos la gracia de su misa y rezo: motivos todos de sobra, que nos fuerzan a satisfacer el deseo de nuestros lectores, y a dar más menuda cuenta de algunos sucesos y personajes que lo hicimos arriba.

Empecemos por los últimos, y entre éstos por los más allegados a los dos Padres que hasta ahora nos han ocupado con singular predilección.

87. Sea el primero el P. Juan de Loyola, cuya vida describe así el P. Eugenio de Colmenares, Rector del Colegio de San Ignacio de Valladolid, en carta que escribió el 20 de Marzo de 1762, avisando su muerte a las casas de la Provincia. -"Ocuparon los Superiores al P. Loyola en leer filosofía en el Colegio de San Ambrosio, teología en el de Segovia, dos veces compañero del P. Rector, y Maestro de novicios en Villagarcía, Rector de los Colegios de Tudela, Segovia y Pamplona, y varios años Instructor de los Padres de la tercera probación.

"En todas estas ocupaciones y resto de su vida conservó un porte muy edificativo, así dentro como fuera de casa, sin que se viese en él otra cosa que un celo grande de la salvación de las almas y adelantamiento en la virtud en aquellos sujetos que la obediencia puso a su cargo, no omitiendo trabajo ni industria que pudiese conducir a este fin. Como el exterior de su porte religioso era indicio de la virtud sólida que adornaba su alma, fueron muchas las personas de todas clases y estados que le buscaban para dirección y consuelo suyo, hallando en el P. Loyola dictámenes sólidos que serenaban las conciencias perturbadas de escrúpulos y temores. Su genio apacible le inclinaba a oír con inalterable paciencia a todo género de personas, consolándolas según la necesidad de cada una. El deseo de aprovechar a las almas y facilitarles el camino de su salvación le hizo tan laborioso en su aposento, que pudo dar a la estampa muchos libros dirigidos a fomentar la devoción de los fieles y a entablar una vida tan sólida como cristiana, sin buscar en sus trabajos más interés que el bien espiritual de los que se dedicasen a leerlos... Ni necesitaba de interés alguno temporal el que vivió y murió tan pobre como lo muestra su aposento, prefiriendo el espíritu de pobreza que conservó toda su vida, a lo que pudiera serie de algún alivio y conveniencia temporal, que la miraba como cosa impropia de un religioso dedicado y consagrado a Dios...

"Tenía continuamente en la memoria la hora infalible de la muerte. Preparábase para ella todos los días: mirábala como la que había de poner fin a las miserias de la vida humana, y le había de desembarazar el. camino para caminar a la vida eterna. Sería largo decir con extensión lo que practicaba a fin de prepararse para una buena muerte... Pero la principal preparación para este último día fue la regular observancia, en la que siempre se esmeró, puntual siempre y constante en los ejercicios espirituales, diligente en la observancia de las reglas, apacible con todos, y sólo consigo mismo áspero y disgustado porque no era tan bueno como deseaba. Tenían en su corazón lugar preeminente los votos religiosos: fue obediente, fue de una pureza envidiable, fue mortificado, fue humilde, fue laborioso, fue caritativo, fue consolador de corazones afligidos, fue de un trato lleno de sinceridad en sus palabras y acciones, fue un verdadero Jesuita, ejercitado en adquirir virtudes y en promoverlas en otros, fue un sujeto de corazón proporcionado para tratar con Dios en el retiro de la oración y para tratar con los hombres en la práctica de nuestros ministerios, según el caudal de sus talentos, fue un sujeto que en todas sus acciones aspiraba a agradar a Dios, a vivir religiosamente y a morir en los brazos de Cristo crucificado, abundante de merecimientos. Así lo esperamos de la divina misericordia...”

Así es en efecto de esperar de la misericordia de Dios y de la santa vida de este su siervo, tan cordial devoto del Corazón de Jesús, y ocupado aun en la vejez en publicar sus glorias. He aquí un fragmento de carta que a los 69 años de edad escribía a su querido Agustín. -”Envío un librito del sagrado Corazón de Jesús. Ruego a V. R. que le lea con todo cuidado, en especial lo añadido; porque deseo hacer una impresión muy correcta de este librito para gloria del sagrado Corazón de Jesús, y para que no se olviden algunas cosas de esta amabilísima devoción... Algo siento, pero sosegadamente, no poder hacer cosa de provecho en bien de las almas. Si el Señor no recibe la buena voluntad que se ha servido de darme, y el pequeño trabajo de algún librito, no tengo ni veo modo de hacerle mayores obsequios. A Dios mil veces, Hijo mío” (1).

(1) (7 de Marzo de 1755).

Era el P. Loyola natural de Valverde, en el reino de León, donde nació el 21 de Octubre de 1686. Entró en el Noviciado de Villagarcía el 6 de Junio de 1704, hizo la profesión de 4 votos el 15 de Agosto de 1721, y murió en el Colegio de San Ignacio de Valladolid el 16 de Marzo de 1762, siendo el único de los tres grandes promotores de la devoción al sagrado Corazón, que murió en su patria.

88. De los otros dos, los cuales alcanzaron la pragmática sanción de Carlos III, el primero en ir al descanso eterno fue el P. Pedro de Peñalosa, Segoviano, “hombre de buenos talentos para todo”, como afirma quien le conoció de vista; siendo difícil averiguar cuál fuese mayor en él, “si la sutileza para las ciencias serias y graves, o la enérgica y expresiva elocuencia para persuadir desde el púlpito o en cualquiera otra ocasión que se ofreciese” (1). Nació el 21 de Enero de 1692, y admitido en la Provincia de Castilla el 9 de Enero de 1709, enseñó varios años teología en el Colegio de Pamplona, tuvo la prefectura de estudios en el de Segovia, y predicó con mucho aplauso y fruto en las principales ciudades de Castilla, Navarra y las Provincias Vascongadas. -”Fue religioso exacto y observante”, añade el P. Luengo, “y en estos últimos años de nuestro destierro ha padecido mucho, siendo ya muy anciano y estando lleno de ajes y miserias... Por estos males y sus muchos años justamente se determinó que se quedase en el Ferrol, cuando salía la Provincia de aquel puerto para Italia. Pero después con crueldad y rigor se le hizo venir al destierro juntamente con otros que habían quedado en el mismo lugar, haciéndoles que atravesasen por tierra toda España, viniendo desde aquel puerto a embarcarse en el de Cartagena. Se ha preparado con mucho sosiego y diligencia para morir; y en uno de estos últimos días hubo un paso muy tierno, habiéndole visitado su condiscípulo el santo P. Pedro de Calatayud que vive en esta casa: porque fueron tan tiernas, tan afectuosas y tan cordiales las expresiones con que los dos buenos ancianos se despidieron hasta la eternidad, que sacaron las lágrimas a todos los que se hallaron presentes...” (2).

(1) P. Manuel Luengo, en su Diario Ms. de la expuls. de los Jes. de España, (t. VI, pág. 311).
(2) P. Luengo, ibid.,(t. VI, págs.311,312).

Murió con suma paz la muerte de los justos, en la ciudad de Bolonia, el 5 de Octubre de 1772, habiendo hecho la profesión de 4 votos el 15 de Septiembre de 1726, y merecido la gloria de ser el fundador de las primeras congregaciones del sagrado Corazón de Jesús en Navarra.

89. No tardó mucho en seguirle su fiel condiscípulo, el hombre verdaderamente más que de hierro, incapaz de ceder al peso de los trabajos, ni a los tiros de las calumnias y persecuciones. -”Hoy, 27 de Febrero (de 1773), a las cuatro y media de la tarde algo impensadamente, porque no se temía perderle tan luego”, dice el autor del Diario, “ha muerto en esta casa de Fontanelli, o de San Luis, el Ven. P. Pedro de Calatayud. Antes de la noche ya se había extendido la noticia de su muerte por nuestra Provincia y por la de Méjico; y antes de amortajar el santo cadáver, ya estaba llena esta casa de Jesuitas de una y otra Provincia, que han venido con ansia a venerarle. De orden del P. Rector (Manuel Pereira) se han recogido y puesto a recaudo las cosillas y alhajuelas religiosas que ha usado en vida S. Reverencia; porque por el deseo que en tiempo de su enfermedad se ha mostrado generalmente de lograr alguna reliquia suya, se deja bien entender con qué ansia se buscarán después de muerto; fuera de que son muchos los que en España han venerado como a santo a nuestro P. Pedro, y es mucha razón el darles este consuelo de enviarles, cuando se pueda, alguna reliquia suya” (1).

(1) P. Luengo, ibid., (t. VII, part. 1, págs. 43,44). -Como siempre se estiman por sagrados los últimos recuerdos de un moribundo, y más si fue un santo en su vida, oigamos al citado P. Luengo que se halló presente al Viático del P. Calatayud. “Al ir el sacerdote, que lo era el P. Fermín Donamaría, a darle la comunión, y teniendo al Señor a sus ojos en las manos del dicho Padre, sacando el santo viejo fuerzas de flaqueza, empezó a regalarse y derretirse en ternísimos afectos con Jesucristo: y venciendo la fuerza de su espíritu la flaqueza de su cuerpo, se estuvo hablando un buen cuarto de hora tan sublime y divinamente que, si se hubiera podido copiar, se leería con admiración un razonamiento muy parecido a las bendiciones patriarcales de Abraham, Isaac y Jacob, y a los saludables avisos que a la hora de su muerte han solido dar a sus hijos los padres y abades de monjes. Tres cosas me dieron mucho golpe e hicieron grande impresión, dejando aparte el pedir perdón a la comunidad y otros afectos semejantes. La primera, el haber rogado con mucha vehemencia y espíritu por el Padre Santo y Pontífice Romano, nombrándole con mucha ternura por su mismo nombre. La segunda, el haber hecho lo mismo y del mismo modo por el Rey de España Carlos III, pidiendo también por todos sus ministros, que son nuestros verdaderos enemigos y nuestros crueles perseguidores. La tercera, el haber pedido con increíble fervor y fuerza a Jesucristo, que no permita que se mude ni un ápice ni un tilde del santísimo instituto de la Compañía...” (ibid., págs, 32, 33). -Recibió el Viático el 12, y la Extremaunción el 18 del mismo mes de Febrero, en que murió asistido de sus Hermanos.

Mas, no queramos prevenir las determinaciones de la Iglesia nuestra madre: omitamos también hablar de los calumniadores y perseguidores del Ven. P. Calatayud, por caridad y por respeto a este insigne varón: copiemos tan sólo un artículo que le dedica el célebre P. Lorenzo Hervás y Panduro, y es como sigue.

“El P. Pedro de Calatayud nació a 1º de Agosto de 1689 en la ciudad de Tafalla, de Navarra, de donde, habiendo estudiado latinidad y retórica, pasó a Pamplona, en que oyó la filosofía al Jesuita Fernando Luzuriaga, maestro de tierna y perpetua memoria para el discípulo Calatayud, que aun en su vejez la conservaba con elogios de la virtud de su maestro. Estudió después dos años la jurisprudencia en la Universidad de Alcalá; y habiendo significado a su padre su particular inclinación a las ciencias sagradas, volvió a Pamplona, en donde estudió la teología: y a 31 de Octubre de 1710 fue recibido entre los Jesuitas de la Provincia llamada de Castilla.

“Desde el noviciado el Señor distinguió con particular y abundante gracia al joven Calatayud, que en él emprendió una vida de singular penitencia y meditación. Repasó la filosofía en Plasencia y la teología en Salamanca, y habiendo recibido el orden sacerdotal, pidió a los Superiores ser empleado en las misiones de Indias: mas ellos le negaron esta gracia que ansiosamente deseaba, porque juzgaron que su salud no podría resistir a tan trabajosas misiones. Enseñó en Medina del Campo retórica y filosofía, y la teología y la exposición de la sagrada escritura en Valladolid, e hizo la profesión solemne (de 4 votos el 2 de Febrero de 1727). Siendo maestro de filosofía y teología, empleaba en los ministerios apostólicos todo el tiempo que le dejaba libre su ocupación: y en el 1727 suplicó a los Superiores ser destinado al ejercicio de la misión evangélica, que continuó hasta el 1767, en que de España salió desterrado con los Jesuitas.

“Empezó su ministerio apostólico en el reino de León, y después recorrió todas las provincias de España (y algunas de Portugal) con el orden siguiente, llamado a la mayor parte de ellas por los prelados eclesiásticos: entre los que, le llamaron para el arzobispado de Toledo el Infante Cardenal Don Luis, para el de Braga su Srmo. Arzobispo hermano de Juan V, Rey de Portugal, y para el de Sevilla su Arzobispo el Cardenal de Solís. Desde León pasó sucesivamente a evangelizar en Castilla la Vieja, Galicia, Navarra, Vizcaya y sus señoríos, Murcia, Granada, Valencia, Asturias, Castilla la Vieja, Galicia, Portugal, Castilla la Vieja, Portugal, Aragón, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja y Andalucía, de la que en el 1762 volvió a hacer misiones en Asturias y en Castilla la Vieja, y a los 78 años de su edad en el 1767 salió de Valladolid desterrado de España.

“Se embarcó en el Ferrol, y desembarcó en la infeliz población de Calvi, en Córcega, de donde al año salió, y en Septiembre de 1769 llegó a los Estados Pontificios. Se estableció en Panzano, aldea entre Módena y Bolonia, y después en esta ciudad, de donde pasó a los eternos reposos el día 27 de Febrero de 1773 en opinión de santidad. El Jesuita Juan de Carbajosa, compañero de Calatayud en sus misiones, dejó largas memorias de las virtudes y trabajos de este varón apostólico, y de los prodigios con que el Señor se dignó de autorizar su misión... Francisco Javier de Idiaquez, ilustrísimo por su muy esclarecido nacimiento ducal y por su ciencia, y más por sus virtudes, escribió largamente en Bolonia la vida de Calatayud...” (1)

(1) Bibliot. jesuít.-españ. de escritores que han florecido desde el año 1759 hasta el 1793. (Ms. t. I, v. Calatayud, fól. 32). -Publicó un compendio de la Vida a que aquí se alude el P. Juan Andrés Navarrete en su obra De viris illustribus in Cast. Vet. ingressis et in Ital. exstinctis (l. II, págs. 284-377), que acaba con un hermoso epitafio del P. José Petisco en honor del P. Calatayud, cuyas últimas palabras dicen así: “Optimo seni, magistrorum antiquissimo, -Evangelii praeconum aetatis nostrae -facile principi, -qui publice privatimque docebat -tamquam pote­statem habens, -fama sanctitatis et doctrinae, -apud homines magno, -re ipsa maximo, -superis mortalibusque gratissimo, -Patres Castellani Soc. Iesu –benemerenti -PP.”. (ibid., pág. 377).

No podemos menos de decir algo de estos dos fervientes devotos y promotores de la devoción al sagrado Corazón, los PP. Carbajosa e Idiaquez, conocido ya el primero en el cuerpo de esta obra, y célebre el segundo en España e Italia.

90. “Fue el P. Carbajosa un verdadero Jesuita, religioso muy perfecto y ejemplar, y trabajador incansable por la gloria de Dios y salvación de las almas, humilde, afable, rendido y pronto a todo lo bueno y a cuantos se valían de su celo y laboriosidad", escribe en su carta de edificación, con fecha 27 de Marzo de 1765, el P. Juan Tomás de San Cristóbal, Rector del Colegio de San Ignacio de Valladolid: y sigue así a continuación. -”Estas virtudes y apreciables prendas, juntas con un talento especial para el púlpito, le proporcionaron para que luego que acabó los estudios, fuese destinado para las misiones, en que se empleó por espacio de 16 años continuos en todas las provincias de España y algunas de Portugal. Bien sabido es lo que trabajó en este apostólico ministerio, hasta que llegó a quebrantar la salud, que era muy robusta.

“Por esto pareció a los Superiores conveniente el retirarle de las misiones, y emplear sus talentos en el gobierno de los Colegios de Oviedo, Medina y Burgos, aunque no sin repugnancia de su humildad, que le obligó a representar y aun ofrecerse, por librarse del gobierno, a la instrucción de los Padres de esta tercera probación, de que cuidó por espacio de tres años, y después de la prefectura de espíritu del Real Colegio de Salamanca, hasta que habrá como un año que vino a éste. En todo este tiempo se puede decir que no desistió de las misiones, en cuanto le permitían sus empleos, y más de lo que le permitían sus ajes: pues, además de haber hecho algunas en varios lugares, era frecuentísimo en predicar en nuestras iglesias, en las cárceles y galeras, dar ejercicios y hacer pláticas en comunidades religiosas; siendo incansable en oír confesiones de todo género de gentes.”

Habla luego largamente de sus virtudes religiosas, y añade al fin: -”Habiendo, pues, empleado tan dignamente su vida y acaudalado muchos tesoros de gloria, quiso el Señor que pasase a gozarlos por medio de una muerte preciosa, a que precedió el pugatorio de ocho días en tan grandes dolores, convulsiones y agonías, que causaba admiración a todos el que no se rindiese y acabase antes la vida: y ciertamente que no bastaba lo fuerte de su natural, sino ayudado de especialísima gracia, para padecer como padeció con tanta paciencia y resignación... Además de haber recibido a instancia suya los santos sacramentos, se reconciliaba a lo menos dos veces al día, y muchas de ellas con su buen compañero de misiones (el P. Calatayud), que le asistió a su cabecera muchas horas y le dijo la recomendación del alma. No fue pequeño el consuelo que en esto tuvo el enfermo, y en morir el día de San José (19 de Marzo de 1765)...”

Había nacido el P. Carbajosa en Benafarces, de la diócesis de Zamora, el 6 de Mayo de 1698, y entrado en la Provincia de Castilla el 3 de Marzo de 1718, hizo la profesión de 4 votos el 15 de Agosto de 1735, varón digno de toda la confianza del P. Calatayud, amigo muy querido del P. Loyola, gran defensor del espíritu de los PP. Hoyos y Cardaveraz, y uno de los que más sostuvieron y difundieron la devoción del sagrado Corazón en Salamanca. Mucho pudiera añadirse y muy interesante a este elogio del P. Carbajosa; pero la brevedad no nos permite ser más largos.

91. Por la misma razón habremos de contentamos, al hablar del P. Idiaquez, con un fragmento del artículo donde trata el P. Hervás de su vida y obras. -”El P. Francisco Javier de Idiaquez”, dice, "de la excelsa y gloriosa familia de los Duques de Granada de Ega, cuya descendencia real y cuyas proezas militares reciben resalto sumo con haber ensalzado y refundido en sí las de la ilustrísima casa de San Ignacio de Loyola y la real de San Francisco Javier, nació el 26 de Febrero de 1711 en Pamplona... Desde su infancia descubrió la mejor índole para el comercio civil de la sociedad, inclinación a la piedad y gran talento, por lo que justamente formaba las delicias de su padre, el cual sacrificó tantos bienes y las esperanzas en ellos fundadas para ventaja de su familia, condescendiendo con la determinación que su hijo Francisco tenía de entrar en la Compañía de Jesús, y que efectuó a 19 de Febrero de 1732, incorporándose con los Jesuitas de la Provincia de Castilla, entre los que siempre vivió dando continuos y heroicos ejemplos de todas las virtudes, y principalísimamente de humildad y caridad, en que eminentemente sobresalió.

“Entrado en la Compañía de Jesús, y concluido el noviciado, repasó la latinidad y filosofía y estudió la lengua griega, y con singular empeño la retórica, la poesía y las ciencias sagradas, aventajándose en la teología, que enseñó en Valladolid y en Salamanca, después de haber enseñado retórica en Villagarcía y filosofía en Santiago, (y hecho la profesión de 4 votos el 15 de Agosto de 1749). Después fue Rector, Maestro de novicios, dos veces Provincial, y fue a Roma para la elección del General Luis Centurioni el 1755, en la que, arrodillado a presencia de toda la congregación, pidió le aceptase la renuncia del empleo de Asistente al General que se le había conferido.

“Pocos meses antes de la expulsión de los Jesuitas de los dominios españoles, Lorenzo Ricci, su General, ordenó al P. Idiaquez que fuese a Madrid y que, confiriendo con los Jesuitas de la corte, considerase atentamente si convendría que él con otros diputados del cuerpo jesuítico español se humillasen al trono real, implorando su justicia contra las calumnias y temores que de expulsión se esparcían por el reino, y al mismo tiempo se ofrecieran a defender y probar su inocencia contra cualquiera acusación que contra ellos hubiese subido al Soberano... (omitimos lo que sigue, porque así debe hacerse).

“El P. Idiaquez desde el momento en que oyó la intimación del decreto de expulsión suya y de todos los Jesuitas españoles, recibió sensiblemente los celestiales dones de fortaleza, mansedumbre y caridad, con los que el Señor le preparaba a sufrir intrépidamente los mayores trabajos, y a ser padre y madre de todos sus compañeros. En el primer año de la expulsión, en que los Jesuitas estuvieron varias veces encarcelados..., el P. Idiaquez no quiso jamás dormir en cama, si veía o sabía que alguno durmiese en tierra, en la que él humilde y gozosamente reposaba. A todos los Jesuitas animaba con sus dulces exhortaciones y vivos ejemplos: nada tenía propio, y siempre buscaba para socorrer a los necesitados... Colmado de méritos el P. Idiaquez, grande en la virtud, en la ciencia y por su nacimiento, llegó al fin de su vida mortal, de la que en Bolonia el día 1º de Septiembre de 1790 pasó a la inmortal, para gozar el premio eterno. Fue sepultado en la iglesia de San Ignacio, en el sepulcro del apostólico varón Pedro de Calatayud.” (1)

(1) P. Hervás y Panduro, (l. c., fóls. 74-76).

La devoción del P. Idiaquez al sagrado Corazón de Jesús fue notable desde que apareció entre nosotros y llegó a sus oídos. Ya el 1737 había dedicado sus teses de filosofía al Corazón sagrado, haciendo un grave razonamiento sobre sus excelencias y prerrogativas, al acabar el curso de artes en Medina del Campo: en Salamanca ésta era una de las materias que con más frecuencia y fervor exponía en sus pláticas cuando estudiante teólogo; ésta la que más trataba de inculcar a sus discípulos en Santiago, Valladolid y demás Colegios donde enseñó, a la que siempre exhortaba en sus excursiones apostólicas, con la que tan fuertes hacía que creciesen en la virtud sus novicios siendo Maestro de ellos, y sus súbditos ya Rector, ya Provincial, animando con su ejemplo a los misioneros, promoviendo la erección de congregaciones; y repartiendo imágenes y libritos del Corazón de Jesús que él mismo cuidaba de estampar a su cuenta: aun en su vejez nunca desistió de amplificar esta tierna devoción; sino que imposibilitado al fin casi de moverse y de acudir por su persona, invertía en su amplificación gran parte de las limosnas cuantiosísimas que le enviaba su familia; ni se dio paz hasta escribir en su retiro, y legarnos como en último testamento, su gran obra de la Antigüedad del culto al Corazón divino, de que antes hemos hablado, la más amplia, la más erudita y eficaz que conocemos sobre este asunto (1).

(1) Véase el P. Navarrete, (l. c., l. II, págs. 216, 229, 344, 346). -Este culto al Corazón divino parece como vinculado en la casa de los Idiaquez. Algo hemos dicho arriba (págs. 237, 238) del Excmo. Sr. Don Juan de Idiaquez, tío carnal del padre de nuestro Jesuita, el Excmo. Sr. Don Antonio de Idiaquez, Garnica, Córdoba y Loyola, Duque de Granada de Ega, Conde de Javier, Marqués de Cortes, Vizconde de Zolina, Mariscal perpetuo de Navarra y, lo que él más estimaba que todos estos títulos de nobleza, Hermano de la venerable y santa Escuela de Cristo y de la congregación del Corazón de Jesús de la ciudad de Estella. Encargóse de escribir el Resumen de la Vida y costumbres de Don Antonio el P. Calatayud, y dice en él entre otras cosas de mucha edificación: “Su devoción al sagrado Corazón de Jesús que tenia en su oratorio, fue especial; y por informe que tengo de persona muy religiosa, a quien confiaba varios sentimientos suyos, sé que suplicaba frecuentemente al Señor, el que por el amor de su sagrado Corazón traspasase el suyo: y es creíble que el Señor le hubiese dado el premio de sus deseos... Por informe que me hizo persona que le trató mucho, llevaba S. E. en la parte interior de la chupa una imagen del sagrado Corazón de Jesús, de suerte que caía sobre el suyo: y cuando daba el reloj, inclinaba su cabeza hacia dicha imagen disimuladamente, y por un breve intervalo de tiempo suspendía la conversación, daba una ojeada sobre su conciencia...” (c. IV, págs. 57, 58).

92. Lo que fue en la provincia de Castilla el P. Idiaquez, heredero de los Duques de Granada, fue el P. José María Pignatelli, hijo de los Condes de Fuentes, en la de Aragón. Ambos de nobilísima sangre, ornamento cada cual de su Provincia, iguales hasta en tener otro hermano en la Compañía, fueron insignes en toda virtud y letras, y devotísimos del sagrado Corazón de Jesús.

Ya hemos visto lo que hizo el P. Idiaquez por difundir sus glorias: oigamos ahora lo que del P. Pignatelli nos dice el escritor de su Vida. -"En desagravio de los ultrajes que por la ingratitud de los hombres recibe todos los días Cristo N. Señor en el Sacramento de la Eucaristía, se dedicó el P. José”, escribe el P. Boero, “a propagar por todas partes la devoción al Corazón divino, instituida justamente para este fin. Hacía que a sus expensas se le celebrara fiesta cada año en nuestras iglesias con gran solemnidad y aparato; y hasta a los países más remotos enviaba en abundancia estampas y libritos, encargando a los misioneros que promovieran el culto del Corazón por los pueblos. Decía ser esta devoción muy propia de la Compañía, y de tenerse en mucha cuenta por los provechos espirituales que se seguían de ella, según se lo reveló el mismo Señor a la Ven. (ya B.) Margarita María Alacoque, religiosa de la Visitación. Por eso la inculcaba con gran ahínco a sus novicios, y a cuantos por obligación de su ministerio tenían cura de almas, seguro de que era un medio poderosísimo de apartar a los hombres del amor de las cosas criadas, y conducirlos al íntimo conocimiento y amor de Dios” (1).

(1) Ist. della Vit. del V. P. Gius. M. Pignatelli, (l. V, pár. IV. pág. 515).

Nacido el P. Pignatelli en Zaragoza el 27 de Diciembre de 1737, había entrado en la Provincia de Aragón el 8 de Mayo de 1753, y hecho la profesión de 4 votos el 2 de Febrero de 1771, la cual renovó el 6 de Julio de 1797 en el Colegio de San Roque, de Parma, a consecuencia de haber sido llamados a sus estados los Jesuitas el 23 de Julio de 1793 por Fernando, Infante de España y Duque de Parma, Placencia y Guastalla, después del Breve de extinción de Clemente XIV. Restablecida la Compañía en las dos Sicilias por la Santidad de Pio VII el 30 de Julio de 1804, fue inmediatamente nombrado Provincial de Nápoles nuestro P. Pignatelli por su General Gabriel Grüber, y confirmado dos veces por su sucesor Tadeo Brzozowski, el 2 de Septiembre de 1805 y el 9 de Febrero de 1808, en el mismo empleo, en que duró hasta el 15 de Noviembre de 1811, día de su santa muerte en el Buon Consiglio de Roma.

Muchos otros hubo de la Compañía, además de los citados, muy beneméritos de la santa causa del Corazón de Jesús: pero en la imposibilidad de citarlos a todos, pide la brevedad que, aunque con sentimiento, nos concretemos a hablar de tres o cuatro.

93. Vaya el primero por su familiaridad íntima con Agustín el P. Bernardo del Río, muerto en el Colegio de Palencia el 9 de Abril de 1739, a los 37 años de edad, 17 de escolar aprobado y dos meses poco más de profeso de 4 votos. -"Había propuesto en su corazón”, escribe con fecha 14 de Abril el P. José de Toubes, Rector de aquel Colegio, "promover cuanto pudiese la devoción al sagrado Corazón de Jesús, sin que hubiese sermón en que dejase de caerse a este ternísimo asunto, la que estableció, no sólo en esta ciudad, en donde se ha introducido en todas personas y estados, sino también en un crecido pueblo de estas cercanías, adonde fue con la ocasión de dar los ejercicios a la Escuela de María Santísima que allí se hallaba fundada, en donde encendió tanto a sus oyentes, que luego determinaron fundar congregación del sagrado Corazón, como lo ejecutaron, instituyendo ellos sus reglas y método para mantenerla, habiendo recurrido a este Sr. Obispo para que la aprobase y confirmase...”

94. Algunas fundó también por la parte de Asturias el P. Gregorio Jacinto de Puga, gran amigo y a veces compañero de misiones del P. Calatayud: y reducido los dos últimos años de su vida a no poderse apenas mover de su aposento, "comulgaba indefectiblemente todos los viernes en reverencia del sagrado Corazón de Jesús, a que había tomado especial devoción”, dice el P. Antonio de Cangas, Rector del Colegio de Oviedo, en su carta de edificación de 30 de Enero de 1740. Añade que, al morir, “hizo le pusieran enfrente la imagen del sagrado Corazón de Jesús, con cuya vista se enternecía y compungía: y parece circunstancia de su felicísima muerte, sucediese el viernes, en el mismo día y casi a la misma hora en que comulgaba en obsequio suyo.” Murió el 29 de Enero, "entrado en los 77 años de su edad, 62 de Compañía y 37 de profeso de 4 votos..., después de haber logrado su lucido talento los principales púlpitos de la Provincia, a cuyas funciones nunca se negaba, siempre que los Superiores se las mandaban, u otros sus devotos se las encomendaban; sin dejar por ellas de asistir al confesonario, enfermos y moribundos, y demás ministerios de operario, en que trabajó con satisfacción de domésticos y extraños...”

95. Fue asimismo gran operario y fructuosísimo misionero el P. Sebastián de Mendiburu, natural de Oyarzun, donde nació el 2 de Septiembre de 1708, y entró luego en la Provincia de Castilla el 5 de Septiembre de 1725. Escribe de él el P. Navarrete, que “entre otras cosas que hizo para mayor gloria de Dios, tuvo singular cuidado en promover los cultos del sacratísimo Corazón de Jesús. Esta devoción inculcaba desde el púlpito, en el tribunal de la penitencia y en todas sus conversaciones públicas y privadas, llamando a todos a aquella fuente inexhausta, de donde fluyen abundantes y suavísimos los raudales de las gracias. Erigió un sinnúmero de congregaciones en Navarra y en Guipúzcoa, y solía agregarlas a las ya establecidas con la advocación del Smo. Sacramento, a fin de que se ayudaran mutuamente sus congregantes, y se animaran con esta emulación a los ejercicios de piedad. Algunos años antes de salir de España, le avisó una devota mujer que se diera prisa en sus fundaciones, porque pronto llegaría tiempo en que no pudiera entender en ellas. Creyóla como a quien sabía que varias veces se había dignado el Señor descubrir cosas futuras o muy distantes: con este aviso se aplicó más de veras a continuar su trabajo, y perseveró en él hasta el momento mismo del destierro que luego sobrevino. Por lo que toca al propio P. Mendiburu, tenía puestas sus delicias en el sagrado Corazón, y le manifestaba el amor que le profesaba en varias devociones; una de las cuales era consagrar nueve días continuos al mes a su culto, y además los primeros viernes. Fuera de las reverentes adoraciones al Smo., que frecuentaba estando en casa, tenía costumbre, al ir de viaje y distinguir de lejos alguna iglesia, de prorrumpir en estos u otros afectos parecidos: Adórote, Señor, y me ofrezco todo a ti, y te doy gracias inmortales por las que de tu santísimo Corazón he recibido, sobre todo en el augustísimo Sacramento del altar (1).

(1) P. Navarrete, (l. c., l. II, págs. 129, 130).

A este Padre deben los Vascongados, además de las meditaciones sobre los principales misterios de nuestra religión, y otras obras no menos importantes, el libro más precioso de la devoción al Corazón de Jesús que se conoce en su lengua, enriquecido con la novena y las reglas de la congregación del mismo Corazón divino. Está impreso el 1747, y reimpreso el 1751 en Pamplona, “ciudad que la Providencia destinó para casi continua habitación de toda su vida en España”, dice el P. Hervás y Panduro: “pues en ella enseñó filosofía y teología, y después fue prefecto de varias congregaciones de piedad (como la de Sacerdotes devotos, y de San Luis, que él mismo fundó)... Su celo por la salvación de las almas le hacía no descansar tiempo alguno en todo el año, empleando en las misiones, cuando era maestro, los meses de vacaciones. No salía jamás de su aposento sino por obediencia, o para algún ministerio apostólico. Su modestia y compostura eran angelicales. Desterrado a Italia, vivió en ella como en el más remoto desierto, siempre en meditación y lección sagrada. Sus confesores juzgaron que no había perdido la gracia bautismal. Pasó alegre a los eternos reposos a 14 de Julio de 1782, en Bolonia, (hecha la profesión de 4 votos el 2 de Febrero de 1743).” (2)

(2) P. Hervás y Panduro, (l. c., fól. 121).

Hermano según la carne, y según Dios, fue de nuestro misionero el P. Pedro de Mendiburu, quien a la edad de 36 años, casi 16 de Compañía y 14 de escolar aprobado, murió en el Colegio de Salamanca el 29 de Abril de 1757. Trabajó con fervor entre los jóvenes de aquel Colegio y Universidad por encenderlos en la devoción de lo que él tanto amaba, y “se entraba muy a menudo en la fragua del amor divino: quiero decir en el sacratísimo Corazón de Jesús”, escribe el P. Clemente Recio en la Carta que imprimió sobre la muerte y virtudes de este Padre. “Este amabilísimo Corazón era el descanso en sus fatigas, el consuelo en sus aflicciones, el refugio en sus necesidades, el blanco de sus afectos y centro de todas sus delicias...” (1)

(1) Carta... sobre la muerte y virtudes del P. Pedro de Mendiburu, (pág. 18)

96. Pero pasemos de los Jesuitas (2) a otros personajes de más alta dignidad, y no menos celosos por la extensión de los cultos al Corazón deífico de Jesús; entre los que nadie puede disputar la primacía al Ilmo. Sr. Don Manuel de Samaniego y Jaca, Arzobispo que primero fue de Tarragona, y luego de Burgos.

(2) Véanse para algunos más, el P. Navarrete (l. c., l. I., pág. 122; Manuel Lanza: pág. 228; Manuel Mazia: 1. II, pág. 89; Marcos Gordaliza: pág. 143; Vicente de Iraola: págs, 168, 169; Eugenio de Colmenares, el P. Onofre Prat de Saba, (l. c., págs. 5, 6; Mig. Ignacio Bosch: págs. 22, 23; Juan Bautista Gener: págs. 26, 27; Francisco Javier Hernández), el P. Fr. Javier Bouzas, o, Ragguaglio d. Vit. e virtu del R. Sac. D. Fr. Sav. Buelta, (part, II, c. VII, págs. 109-113)... Pudiera enriquecerse mucho este catálogo con sólo las cartas de edificación que se acostumbran escribir en la Compañía a la muerte de los sujetos más recomendables por su virtud, y la riqueza de preciosos documentos inéditos, ya anteriores, ya posteriores al destierro de 1767, que se encuentran tanto en sus Colegios como en varias bibliotecas de España: mas no nos es dado indicarlos siquiera todos, mayormente estos últimos, por razón de nuestro plan. Por la misma causa omitimos la amplificación de algunos datos, que por el momento pueden verse en los Apuntes... del P. Fita, (págs. 24, 25; García de Fulla: págs. 26, 27; anónimo: pág. 27; Martínez: págs. 27, 28; Ximeno: pág. 28; Orti y Mayor: págs. 28, 29; Maugeri: pág 29; Martorell: pág, 30; Pardo de la Casta:...).

Ya conocemos su correspondencia con Agustín y Bernardo, y la santa humildad con que se abajaba a complacerlos. -”El culto al suavísimo Corazón de Jesús era una de las empresas de su celo: y se había consagrado enteramente a él”, dice su panegirista: “a este albergue se recogía, en él se amparaba en sus fatigas, y por todos medios procuró que se extendiese en todas partes. El aprobó las constituciones y reglas, y fue uno de su congregación. Este Septiembre pasado (de 1743) en los ejercicios que tiene la congregación, asistió puntualísimamente, y encerrándose en un confesonario, se estaba como un pobrecito humilde adorando al Señor, y metiéndose en aquel seno de amor para defenderse en las congojas de su muerte. A todos enternecía el verle en esta iglesia (de Logroño), y mirar su compostura, su modestia y humildad. Voime previniendo, decía, para la muerte que no puede tardar, y buscando nido donde descansar en esta jornada. Así le premió el Señor, llenándole de dulzura en aquella hora...” (1)

(1) P. Mucientes, Orac. fúnebre... (págs. 24, 25).

Murió con suma paz el 3 de Marzo de 1744, en Logroño, su ciudad natal, habiendo renunciado el 29 de Mayo de 1741 el arzobispado de Burgos, que gobernó desde el 11 de Noviembre de 1728, con la misma santidad y edificación con que había antes gobernado el de Tarragona, desde el 21 de Abril de 1722.

97. Sucedióle en esta silla el 15 de Diciembre de 1728, trasladado de la de Gerona, el Ilmo. Sr. Don Pedro de Copons y Copons, de quien puede con toda razón decirse que fue para el Principado de Cataluña lo que el Sr. Samaniego y Jaca para Castilla, en la devoción al sagrado Corazón de Jesús. -”Promovióla en términos que, no contento”, dice un paisano suyo, “de aprobar la congregación establecida por los PP. Jesuitas en su templo de Tarragona, no dejó parroquia, por grande o mínima que fuese, de su archidiócesis, sin que extendiese y arraigase en cada una de ellas un culto, que para su celo pastoral parecía ser el blanco supremo.” (1)

(1) P. Fita, en El Mensaj... (t. XVII, pág. 314).

98. Otro tanto puede decirse del Ilmo. Sr. Don Fr. Gregorio Galindo, auxiliar del Arzobispo de Zaragoza el 1º de Mayo de 1726, y Obispo de Lérida desde el 9 de Junio de 1736 hasta el 11 de Diciembre de 1756 en que murió, dejando a la posteridad el nombre de Obispo santo, con que ya era conocido en vida. -”Fue cordialísimo devoto de los dulcísimos nombres de Jesús y María, y con especialidad del sagrado Corazón de Jesús”, escribe Fr. Pedro de Jesús María; “de modo que parecía le salía el suyo por la boca, cuando por conclusión de todos sus sermones gritaba, exhortando a los oyentes que gritasen: Alabado sea el sagrado Corazón de Jesús. (1) Añade el P. García de Fulla haberle participado el mismo Ilmo. Galindo, “que la primera iglesia que consagró en Lérida,  fue dedicada al sagrado Corazón de Jesús” (2).

(1) Carta o Rel. breve de la Vid. y virtudes del Ilmo. Sr. Don Gregorio Galindo..., que está al frente de las Rúbricas del misal romano... del Ilmo. autor, (ed. 1791, págs. IX-XXXV).

(2) Compendio... (3ª ed., págs. 16, 17).

99. Por el mismo tiempo gobernaba la iglesia de Orihuela el Ilmo. Sr. Don Juan Elías Gómez de Terán, “de quien puede asegurarse que ha sido el obispo que más trabajó en bien de esta diócesis”, según nos escriben de ella. “Son sin número las obras que hizo; apenas hay un pueblo que no conserve algún recuerdo de este santo prelado: y era tan marcada su devoción al sacratísimo Corazón de Jesús, que casi en todas sus obras dejó impresas las huellas de esta su tierna devoción. El Seminario Conciliar que erigió siendo Pontífice Benedicto XIV, lo dedicó al sagrado Corazón de Jesús, y en el frontispicio, encima de la imagen del Arcángel San Miguel, cuyo nombre lleva el Seminario, mandó colocar tallado en piedra el Corazón sagrado de Jesús. Esto mismo hizo en la magnífica ermita de N. Señora de Gracia de Caudete, en la iglesia y casa de misericordia de la ciudad de Alicante, y en otras obras que hizo este Sr. Obispo.

“Digna es de mención la congregación de los SS. Corazones que el mismo Sr. D. Juan Elías erigió en el pueblo de Monóvar en 31 de Mayo de 1743, estando en visita, y cuya cláusula de fundación dice así: -Siendo nuestro ánimo quede fundada y erigida en dicha nuestra iglesia parroquial (de Monóvar) la congregación del sacratísimo Corazón de Jesús, a quien se da culto en el augustísimo Sacramento del Altar, como está vivo y glorioso, unido a su sacratísimo cuerpo, alma y divinidad, como centro de nuestra vida y manantial de sus extremadas finezas, como que nos amó y actualmente nos está amando y nos desea: desde luego, por este nuestro decreto, erigimos y fundamos dicha congregación: y, porque animosamente desea el sacratísimo Corazón de Jesús que vivamos todos, sin excepción de personas, de la vida de su divino amor, y creyendo que ninguno querrá excusarse de congregarse en el amantísimo Corazón de Jesús, damos a todos los moradores de esta villa por escritos y sentados en esta congregación, sin coste de limosna ni estipendio alguno, para que ganen todas las indulgencias que concedemos a todos los congregantes; que son: 40 días por cada uno de los actos que hagan en honor del Corazón de Jesús en los domingos, en que mensualmente está patente S. Majestad, o asistir en la iglesia cuando está expuesto: otros 40 por oír la misa: otros tantos por oír lo que se lee o explica de sus divinas finezas: otros tantos por la meditación: y los mismos 40 días por la procesión: y entre año todos los días otros tantos por cada una de las visitas que haga con el pensamiento y voluntad desde donde estuviese, yendo con él a la iglesia a ponerse a los pies del Smo.; a la mañana luego que despierta, a  ofrecer en su obsequio todas las obras de aquel día, y a pedirle gracia para que sean todas dignas de su divino agrado; otra al mediodía, a pedirle perdón de aquello que haya faltado, y gracia para lo que haya de hacer hasta recogerse; y a esta hora otra, a pedirle perdón de todos los defectos y de todas sus culpas; y lo mismo en cualquiera hora del día que lo practique, sea en la iglesia, en su casa, campo o en la calle: y siempre que diga los actos breves: En ti, mi Jesús, creo, en ti espero, a ti sobre todas las cosas quiero: también se ganan 320 días siempre que se diga: Alabado sea el sacratísimo Corazón de Jesús. Y sólo se permite que se pida limosna, la que dé el que pueda y quisiera dar, para la fiesta del sagrado Corazón de Jesús, que será después de la novena que empieza el día del Corpus por la tarde, y se leerá después del rosario los nueve días: cuya fiesta se hará de lo que se junte en el primer día de fiesta antecedente. -Hasta aquí la fundación del Sr. Terán” (1), que rigió la iglesia de Orihuela desde el 9 de Junio de 1738 hasta el 9 de Octubre de 1758.

(1) La persona que se ha servido enviamos estas noticias, en unas cuantas hojas, con el título de Devoción al sacratísimo Corazón de Jesús en la diócesis de Orihuela, nos da varios otros datos que no podemos omitir. -El primero es el de la agregación de la comunidad de MM. Capuchinas de Alicante a la congregación del sagrado Corazón de Jesús de la Puebla de los Angeles, en América, a consecuencia de la carta que copiamos. “M. R. M. Abadesa y Sta. Comunidad de Sras. Capuchinas del Convento de Alicante. -M. R. M. -La congregación del santísimo Corazón de Jesús, fundada nuevamente en la iglesia del Oratorio de San. Felipe Neri de esta ciudad, suplica a VV. RR. se hermanen a ella, con la obligación sola de hacer recuerdo en sus oraciones y ejercicios de sus congregantes difuntos y vivos, pidiendo al divino esposo dé a éstos mucho amor suyo, y a aquellos eterno descanso: compensando esta congregación a VV. RR. con sus muchas misas, oraciones y ejercicios de virtud que practican sus individuos. Dos son, RR. MM., los motivos que alientan nuestra devoción para solicitar su hermandad: el primero, el tierno afecto que profesamos a su sagrado instituto; de aquí confesamos vernos singularmente favorecidos por haberse dignado los Conventos que en estos reinos hay, de alistarse en esta congregación: el segundo es, dilatar por este medio los mas rendidos cultos a este deífico Corazón; pues con el interés de las oraciones se aumentarán los alumnos en esta devota congregación... Esto supuesto, ha de merecer nuestro pedimento humilde, de la caridad de VV. RR., la aceptación de esta espiritual víctima que le consagra nuestro afecto: pues, aunque por ser petición nuestra no merezca su atención, por el soberano objeo a que reverentes vuelan son dignas de la mayor consideración, por conseguirse en ellas el que sea reverenciado nuestro Dios y Señor, a quien encomiendo a VV. RR. muchos años. -Oratorio de N. P. San Felipe Neri de la Puebla de los Angeles, y Noviembre 30 de 1752. -De VV. RR. sus más rendidos capellanes y servidores, -P. Lucas Yáñez, Pref. del Oratorio y Pref. de la congregación: Miguel Zambrana, Secretario”. -Otros datos. “El Sr. Obispo Don Félix Herrero Valverde tenía gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús... Instituyó la congregación de los sagrados Corazones de Jesús y María en el Convento de San Juan de Dios de Alicante, agregándola a Sta. María de la Paz de Roma, según Breve de 27 de Septiembre de 1831. Por este mismo tiempo dicho Sr. Obispo fundó (ayudado de la piedad y las limosnas del entonces Príncipe de Asturias) el Real Monasterio de las religiosas Salesas de Orihuela, que dedicó a los santísimos Corazones de Jesús y María, instituyendo la congregación, que viene desde la fundación del Convento dando culto al sagrado Corazón de Jesús en los viernes primeros de cada mes, y celebrando con el mayor lujo religioso la festividad propia de este divino Corazón. En el año 1829, por causa de los asoladores terremotos, que tantos estragos hicieron en los pueblos de la huerta de Orihuela, el mismo Sr. Obispo con su cabildo hizo voto de celebrar anualmente una. función religiosa en el Real Monasterio de las Salesas de dicha ciudad, a honor de los sagrados Corazones de Jesús y María: cuya función continúa hasta hoy día celebrando dicho cabildo, en el domingo siguiente a la fiesta del sagrado Corazón de Jesús”.

100. A los dos años de esta fundación de Monóvar se juntaba nuevo concilio en Tarragona, convocado y presidido por su Ilmo. Primado, con asistencia de los Sres. Obispos de Tortosa, Lérida y Solsona, y los representantes de los Ilmos. de Urgel, Barcelona y Gerona y del Vicario capitular de Vich en sede vacante, con otros muchos Abades, Síndicos, Priores y Procuradores de los Monasterios, Cabildos y Comunidades de aquella provincia eclesiástica. Celebráronse en él 14 sesiones, y en la décima se repitieron las preces a S. Santidad para el logro del rezo y misa del sagrado Corazón de Jesús (1), que tuvieron el mismo despacho que las primeras. -”Benedicto XIV, aunque devotísimo del sagrado Corazón, cuyas congregaciones favoreció y dotó de varias indulgencias, habíase opuesto personalmente a la petición del P. Gallifet”, escribe un autor de nuestros días: “y los motivos que expuso en 1727 y en 1729, cuando era Promotor de la Fe, subsistían en su ánimo cuando empuñó las llaves de San Pedro. De aquí provino el que fracasase la petición del Concilio Tarraconense de 1738; a lo que hubo de contribuir por una parte el temprano fallecimiento de Clemente XII, y por otra el estado de Felipe V, quien mal podía entonces pensar en activar su súplica y la de los obispos de sus reinos, empeñado como estaba en medir sus fuerzas navales contra todo el poderío de la Gran Bretaña...” (2)

(1) Concil. Tarrac., (t. II, págs. 335, 336).
(2) P. Fita, en El Mensaj..., (t. XVIII, pág. 82).

101. Activólas sin embargo al poco tiempo el Rey de España, como se deduce de la siguiente carta, dirigida a su ministro, Don José de Carvajal y Lancáster, por Don Alfonso Clemente de Aróstegui, fecha en Roma a 13 de Julio de 1747. Dice así: -”Excmo. Sr. -Muy Sr. mío: En consecuencia del orden de S. Majestad para solicitar en su real nombre que el rezo y misa formados y publicados para el culto del sagrado Corazón de Jesús, se extendiese y permitiese para todos los reinos y dominios de la corona de España, hice presente a S. Santidad en la audiencia última del martes pasado los ardientes deseos con que se interesaba la piedad y devoción de S. Majestad en la consecución de la gracia sobredicha, por la que consiguientemente hice el más premuroso oficio: a lo que S. Santidad correspondió, mostrando sentimiento de no poder complacer a S. Majestad en esta parte; pues no podía conceder la extensión de un rezo y oficio que la Silla Apostólica no sólo no había aprobado, sino que expresamente había negado, propuesta semejante instancia en la Congregación de Ritos en el año de 1729, en cuya ocasión se había escrito difusamente por hombres muy doctos, y S. Santidad había escrito también como Promotor de la Fe: que por este motivo, y por tener estampado su dictamen contrario en la obra que escribió de Canonizatione Sanctorum, no quería pasar por buratino, esto es, inconstante, concediendo ahora lo mismo que entonces había impugnado: y con esta ocasión me hizo un largo y puntual discurso de todos los fundamentos que trae en dicha obra, que después he visto, y se hallan en el libro 4º, parte 2ª, cap. 31 a num. 19 ad 26; concluyendo con decir estaba pronto para conceder la extensión del oficio de las Llagas, para consolar con esto la devoción de S. Majestad: y yo debo decir a V. E. que en el tono con que me habló, reconozco se encontrará siempre resistencia en S. Santidad para la concesión del oficio y misa del Corazón de Jesús. -Dios guarde a V. E. muchos años...” (1)

(1) Publicada del original por el P. Fita, en El Mensaj... (t. XVIII, págs. 199, 200). -Algunos días antes escribía el mismo Sr. Aróstegui al dicho Sr. Carvajal otra del tenor siguiente: -“Excmo. Sr. -Muy Sr. mío: Sirviéndose V. E. prevenirme de orden de Su Majestad con carta de 12 del caído, que pase en su real nombre los más eficaces oficios con el Papa, a fin de que conceda que el rezo y misa formados y publicados par el culto del sagrado Corazón de Jesús, se extienda para todos los reinos de esa corona, debo decir a V. E. que quedo con el cuidado de hacer con la mayor brevedad la instancia correspondiente que S. Majestad desea para tal efecto, y de informar a V. E. de las resultas de ella. -Dios guarde a V. E. muchos años como deseo. -­Roma, 6 de Julio de 1747...”. (ibid., pág. 199).

102. Pero el 1758 sucede a Benedicto XIV el santo Pontífice Clemente XIII, de felicísima recordación para todos los buenos, de una constancia de mártir, de una piedad a toda prueba y resuelta a cuanto fuera amplificar las glorias del Corazón santísimo de Jesús. Animados con esto los prelados españoles, diéronse prisa la mayor parte de ellos, por los anos de 1763 y 1764, a demandar instantemente de nuevo la concesión tan deseada del rezo y misa del Corazón divino. Faltaríamos gravemente a nuestro deber, si omitiéramos el catálogo, tal cual le trae el P. Nilles, de nuestros insignes prelados: sigue éste al de los príncipes de varios estados de Europa y los postuladores de Polonia; después del de los Españoles, vienen los de América, Alemania, Italia, Estados Pontificios, las dos Sicilias, Hetruria y partes del Oriente.

103. He aquí el de los Españoles: -”Emmo. y Rmo. Sr. Cardenal de Solís, Arzobispo de Sevilla, el 16 de Mayo de 1764: Ilmo. Arzobispo de Granada (Pedro Antonio Baroeta y Angel), el 15 de Octubre de 1763: Ilmo. Arzobispo de Valencia (Andrés Mayoral), el 25 de Octubre de 1763: Ilmo. Arzobispo de Tarragona (Lorenzo Despuig y Cotoner), el 12 de Enero de 1764: Ilmo. Obispo de Guadix (Francisco Alejandro Bocanegra), el 1º de Octubre de 1763: Ilmo. Obispo de Jaén (Benito Marín), el 11 de Octubre de 1763: Ilmo. Obispo de Badajoz (Manuel Pérez Minayo), el 15 de Octubre de 1763: Ilmo. Obispo de Huesca (Antonio Sánchez Sardinero) , el 21 de Octubre de 1763: Ilmo. Obispo (José de Mezquia) y Cabildo de Solsona, el 24 de Octubre de 1763: Ilmo. Obispo de Cádiz (Tomás del Valle), el 28 de Noviembre de 1763: Ilmo. Obispo de Coria (Juan José García Alvaro), el 1º de Diciembre de 1763: Ilmo. Obispo de Barcelona (Asensio Sales), el 28 de Diciembre de 1763: Ilmo. Obispo (Juan Francisco Navarro y Gilabert) y Cabildo de Albarracín, el 13 de Enero de 1764: Ilmo. Obispo de Teruel (Francisco Rodíguez Chico), el 21 de Enero de 1764: Ilmo. Obispo de Lérida (Manuel Macías Padrejón), el 21 de Febrero de 1764: Ilmo. Obispo de Urgel (Francisco Fernández de Játiva), el 11 de Febrero de 1764: Ilmo. Obispo de Placencia (Juan Francisco Manrique de Lara), el 27 de Marzo de 1764: Ilmo. Obispo de Córdoba (Martín de Bárcia), el 30 de Abril de 1764: Ilmo. Obispo de Cuenca (Isidoro de Carvajal y Lancáster), el 13 de Septiembre de 1764: Ilmo. Obispo de Málaga (José Franquis Laso de Castilla), el 18 de Septiembre de 1764: Ilmo. Obispo de Tortosa (Luis García Manero), el 18 de Septiembre de 1764: Cabildo de la iglesia primacial de Toledo, el 28 de Marzo de 1764 (1): Cabildo de la metropolitana de Granada, el 18 de Octubre de 1763: Deán y Cabildo de la catedral de Guadix, el 18 de Octubre de 1763: Cabildo de la catedral de Cartagena, el 28 de Octubre de 1763: Cabildo y Deán de la catedral de Jaén, el 1º de Noviembre de 1763: Cabildo de la catedral de Placencia, el 4 de Diciembre de 1763: Cabildo de la catedral de Cádiz, el 13 de Diciembre de 1763: Deán y Cabildo de la catedral de Badajoz, el 20 de Diciembre de 1763: Cabildo de la catedral de Teruel, el 17 de Enero de 1764: Presidente y Cabildo de la catedral de Coria, el 20 de Enero de 1764: Cabildo de la catedral de Córdoba, el 12 de Abril de 1764: Deán y Cabildo de la catedral de Cuenca, el 4 de Junio de 1764.” (2)

(1) ¿Cómo se compadece esta petición con el Voto dado en el Ilmo. Cabildo de Toledo en 2 de Marzo de 1764, sobre que no se pida misa ni rezo propio del Corazón de Jesús? Sin embargo el hecho de la petición es cierto, y no estará de sobra leer lo que acerca del Voto discurre el P. Cevallos, exgeneral de la Congregación de San Jerónimo de España, en su Discurso apologético de la dev. al S. Cor. de Jesús, (págs. 85-91).
(2) P. Nilles, (l. c., t. I), Catalogus... ex Catholicis Hispaniarum regnis (págs. 65, 66). Siguen: ex America (págs. 66, 67); ex Germania (pág. 67); ex Italia (págs. 67, 68); ex Ditione Pontificia (págs. 68-70), ex utraque Sicilia (pág. 70); ex Hetruria (págs. 70, 71); ex partibus Orientis (pág. 71).

¡Qué nombres tan gloriosos para la iglesia española muchos de los que aparecen en este catálogo! No aparecen, es cierto, en él los de todos sus prelados del 1763 y 1764: unos estarían imposibilitados para recurrir a Roma; otros no querrían descubrirse tan a las claras; algunos, muy contados, no sufrían el que se los metiese en el número de los cordícolas, como ya entonces empezaban a llamar por burla a los devotos y adoradores del Corazón augusto de Jesús. Para conocer a estos últimos, muy contados, como decimos, basta saber por la historia quiénes eran los que tenían correspondencia por aquellos años con la iglesia de Utrecht, o la tuvieron más tarde con la de Pistoya. Serían rebeldes a la voz de Jesucristo, manifestada por su Vicario sobre la tierra, pero al cabo no fueron hipócritas: de todos modos, no debían figurar sus nombres al lado de los de los obispos católicos de España.

104. Hemos dicho que siguen éstos a los de Polonia: añadamos que en el memorial presentado por el abogado Alegiani a la sagrada Congregación de Ritos, Polonia y España son los dos únicos reinos para quienes como tales se hace la instancia de oficio y misa (1). Con muchísima razón tiene Polonia el primer lugar en él por la .piedad, religión y devoción de sus naturales al Corazón deífico, como consta por las cartas de sus reyes y obispos, y lo nota muy bien el docto abogado en el discurso de su obra.

(1) “Quamvis iure optimo illam (concessionem saepe dicti officii et missae) petere possemus pro universa ecclesia, uti de facto petitur in aliquibus litteris sive instantiis indicatis superiori n. 66 et 71, aut saltem pro cunctis iis regnis, provinciis et dioecesibus, quorum reges, episcopi aliique suas respective preces porrexisse noscuntur: attamen, quo facilius nostra instantia admittatur, illam unice restringimus ad regnum Poloniae, ad regna Hispaniae, nec non ad praelaudatam archiconfraternitatem sub titulo sanctisimi Cordis Iesu, ut supra, erectam in ecclesia diaconali Sancti Theodori huius nostrae almae urbis eiusque filiales sodalitates.” Pár. 8, núm. 73, en Nilles, (l. c., t. I, pág.121).

Al llegar éste a hablar de España, “se ha de notar”, dice, “que las mismas razones absolutamente que militan por el reino de Polonia, militan asimismo en toda paridad por el de España; y para comprobantes de que no menos allí que en Polonia, florece la devoción y amor ternísimo al sagrado Corazón de Jesús, de que se han erigido un crecido número de congregaciones en su honor, de que se celebra su fiesta con extraordinaria solemnidad en muchos lugares, sin exceptuar las más principales iglesias, de que se recurre al Corazón divino en las calamidades públicas y privadas, y de que muchos obtienen por su invocación gracias y milagros, ahí están primero la lista tantas veces citada de los Breves, concediendo indulgencias (Summ., núms. 7, 8), y sobre todo las cartas de los arzobispos, obispos y cabildos de España, que (según consta del dicho Summ., núm. 10), ascienden a la respetable cifra de 33, y tratan de esto muy a la larga, como se dignará testificarlo el Emmo. Ponente” (1).

(1) ibid., Pár. 8, núm. 77, en Nilles, (l. c., t. I, págs. 123,124)

Este memorial debió escribirse cuando más pronto a fines del 1764, y nos parece de todo punto indudable que su primera admisión en la Congregación de Ritos, juntamente con la de las preces de los postuladores, se hizo el 26 de Enero de 1765. Esto supuesto, quisiéramos se nos dijese, cómo se explica el que en el decreto de 6 de Febrero del mismo año de 1765 sólo aparezcan como instantes en la causa, y agraciados con el privilegio de la misa y rezo, los obispos de Polonia y los Hermanos de la archicofradía de Roma (1).

(1) “lnstantibus pro concessione officii et missae sanctissimi Cordis Jesu plerisque Rvmis. episcopis regni Poloniae, nec non archiconfraternitate urbis hoc sub titulo erecta, Congregatio Sacrorum Rituum habita die 26 Ianuarii huius anni (1765),... praevio recessu a decisis sub die 30 Iulii 1729, annuendum precibus censuit episcoporum regni Poloniae et dictae archiconfraternitatis urbis, deliberatura deinceps de officio et missa rite approbandis. Quod quidem Congregationis votum per me secretarium relatum SS. D. N. Clementi Papae XIII, S. S., huius etiam tenore perlecto, in omnibus approbavit. Hac die 6 Februarii 1765.” -La aprobación del oficio y misa salió el mismo año a 11 de Mayo.

Aun más: animadas con esta concesión las religiosas de la Visitación de N. Señora, piden el mismo privilegio para sus Monasterios; y se les concede, con fecha 10 de Julio del propio año de 1765: pídelo el clero de Roma con pretexto de la basílica de San Juan de Letrán; y también se les concede el 6 de Agosto de aquel año: pídelo igualmente para sus estados la Reina María Francisca de Portugal; y se le concede lo mismo, tal vez para el 16 de Mayo de 1777. Y entre tanto ¿qué hace nuestra España? ¿Adónde han ido a parar tantas súplicas suyas desde el 10 de Marzo de 1727 hasta el 18 de Septiembre de 1764?

105. Dice el P. Nilles que después de la instancia primera, desistieron de suplicar por España los postuladores de la causa del sagrado Corazón (1). En esto, por desgracia, no hay duda: pero ¿cuál fue el motivo de semejante desistimiento, y cuál el de que no saliera bien despachada la petición desde el principio? El P. Nilles no lo dice: nosotros no lo sabemos; es decir, no lo queremos decir, si bien lo sabemos demasiado: por cuanto el decirlo sería inútil por una parte, y por otra repugnante y vergonzoso. ¡Pobres reyes, cuando caen en manos de gente incrédula y vendida!

(1) P. Nilles, (l. c., t. I, pág. 121, nota). -No sabemos si habrá algo referente a este negocio en la “Colección impresa de despachos y comunicaciones de lo que pasó en la sagrada Congregación de Ritos en 1765 sobre la concesión del oficio y misa del sagrado Corazón de Jesús: reales órdenes a los prelados del reino y cartas de Roma", de que "se halla un ejemplar en el archivo nacional de Simancas", según, el P. Fita, Apuntes... (pág. 31).

106. El que mandaba entonces en España era Carlos III, hombre religioso, príncipe de muchas esperanzas, buen rey, si no le hubieran engañado, nunca corrompido, malos y traidores consejeros: mas reinaba en un tiempo en que, disponiéndolo Dios así, iban a hacer causa común para los impíos el amor o el odio al Corazón y a la Compañía de Jesús; en un tiempo de autores tan ignorantes y trabucados, que no hacían escrúpulo de colocar y combatir en una misma línea la devoción al Corazón de Jesús, el probabilismo y el regicidio, con otras sandeces por el estilo (2). En tal confusión de ideas, fomentada por personas que sabían de sobra lo que se hacían, ¿que se pudiera esperar del pobre, del malogrado Carlos III?

(2) Léase a este propósito la curiosa Disertación crítico-teológica, en la que en obsequio de ambas Majestades (divina y humana) se promueven los debidos cultos del sagrado Corazón de Jesús, se refuta el imaginario probabilismo, se combate el execrable regicidio, se ilustra a seducidos y corrige a seductores, propagadores de falsas doctrinas. Por el Lic. Don Agustín Antonio Parfan... Ecija, por Don Antonio Daza. Año de 1794: Es un tomo en 4º de 213 págs., y forma la última de las tres disertaciones que sobre estas materias escribió el piadoso y valiente autor, ocultando su verdadero nombre por miedo al Gobierno de Madrid, y a otros sujetos de mayor autoridad en asuntos eclesiásticos.

Destierra éste la Compañía de España, y no quedó por él, mejor dicho por sus ministros, el que no se destronara completamente al sagrado Corazón de Jesús, de los nobilísimos pechos españoles. Sucédele su hijo, rey débil, incapaz de resarcir los daños causados por su padre a la nación y a la Iglesia: nuevos atropellos de la inocente Compañía, nuevos peligros para el reino augusto del Corazón santísimo (1).

(1) Para que no se crea que exageramos, vamos a copiar aquí lo sustancial de la censura que se dio en Madrid a unas Cartas teológico-apologéticas a favor de la piedad, verdad y religión, escritas por el ex jesuita Don Juan Manuel de Zepeda. –“Son cuatro Opúsculos distribuidos en nueve Cartas”, dice el censor. “El objeto principal del escrito es defender las opiniones capitales y características, digámoslo así, de la Escuela Jesuítica, y desacreditar a los que han combatido contra ella con mayor esfuerzo,... El primer Opúsculo es acerca de la devoción del corazón de Jesús contra el actual Obispo de Pistoya... El segundo Opúsculo contiene dos Cartas. Una es contra un libro dedicado al Obispo de Pistoya, cuyo titulo es: -Perjuicios legítimos contra la devoción al corazón cárneo de Jesús... En la 2ª Carta pretende que el Obispo de Pistoya con su Pastoral injuria atrozmente a los Soberanos que han instado a la Santa Sede a favor de la devoción del corazón de Jesús...EI Opúsculo 3º es una larga Carta contra el Catecismo publicado por el Obispo de Pistoya, para el uso de su diócesis... En el Opúsculo 4º... en cinco Cartas vomita todo su veneno. Reproduce los elogios dados a los Jesuitas... Para él los de Puerto real son peores que los Fragmasones y los Libertinos... Omito reflexiones. V. E. juzgará qué destino merece este escrito y qué atenciones su autor. A 12 de Marzo de 1789. Juan Btª. Muñoz. -En vista de esta censura se mandó archivar la obra y custodiar con la mayor reserva, sin que por ningún motivo se sacase sin expresa licencia del Ministerio.” -La claridad y el carácter de este documento, cuyo original tenemos a la vista, nos excusa la molestia de citar nuevas pruebas que pudiéramos recoger de impresos de aquel tiempo, y sobre todo de una Respuesta inédita del célebre P. Miguel Elizalde de Urdiroz a la censura dada contra su. traducción de la obra italiana Breve prattica della devozione al SS. Cuor di Gesu, respuesta victoriosa, escrita hacia el 1800, y que ocupa 40 págs. en 4º, de letra metida.

Pero ¡providencial justicia del cielo! Carlos IV abandona el trono y la patria, y va a echarse a los pies de su mayor enemigo. Cuando Dios castiga así a los reyes, esperanzas hay de que se acerca el perdón para sus pueblos. Gime, es verdad, desterrado de España, desposeído de su trono, el hijo de Carlos IV: así debía suceder en los altos juicios del Señor, en la sabiduría infinita de quien se precia de vencer a los hombres por sus mismas trazas, y de traerlos al camino del bien por los mismos pasos que guiaban al precipicio. Queda nuestro divino Redentor que nos acordásemos alguna vez de los años de 1729 a 1764, quería reconquistar en España su amoroso reino: gracias a él por tanta merced, loor eterno a quien en sus angustias se ofreció a ejecutar los planes del sagrado Corazón de Jesús.

107. “Sabido es”, dice un escritor de nuestros días, “la especial devoción que el augusto Rey Fernando VII y toda su real familia le profesaban; y tanto, que aquel monarca en su cautiverio no hallaba acogida más segura y consoladora que el sagrado Corazón de Jesús, hasta obligarse con voto a establecer por sí mismo una congregación, si algún día llegaba a verse libre. Plugo a la divina providencia restablecerle gloriosamente en el trono de sus augustos antecesores, y cumplió fielmente su voto, fundando en la iglesia del Real Monasterio de la Visitación de Madrid una congregación del sagrado Corazón de Jesús: y tanto él como su real familia mandaron inscribir sus nombres en los libros de la congregación.” (1)

(1) P. Bombardó, Iman de los corazones, (4ª ed., págs. 22, 23). –Habla del mismo hecho el Comp. storico, istruttivo e pratico d. divoz. al SS. C. di Gesu, y acaba así su narración: -“Egli stesso (Ferdinando VII) col piu grand 'impegno ne domando l'aggregazione alla nostra Primaria per mezzo del Nunzio Apostolico Mons. Giustiniani,... dichiarandosene special protettore. Ne fece far l'apertura con magnifica solennità, ed egli stesso con religiosità edificantissima vi assiste insieme colla Regina sposa e la reale famiglia. A gara fecero per imitare il luminoso esempio i suoi sudditi, che in molti luoghi di Spagna hanno procurato che venisse eretta la congregazione del santissimo Cuor di Gesu. Tralasciati gli altri, basti ridire che S. A. R. Srma. l'Infante Don Francescantonio ne fece fare l'erezione nella chiesa del Secondo Monastero della Visitazione in Madrid, ne procuro parimenti l'aggregazione, e se ne dichiaro protettore. Lo stesso fecero le AA. RR. i Srmi. Infanti D. Caria Maria e D. Maria Francesca d'Assisi di lui sposa, che ne fecero fondare una nel Real Monastero della Visitazione in Orihuela, e la dotarono di copiose rendite.” (5ª ed. págs, 36, 37). -Más dice este libro, y sentimos una vivísima satisfacción en poderlo consignar aquí en favor del mismo Carlos IV: -“Precedentemente si erano ascritti alla nostra Primaria nell 1814 le MM. Cattoliche D. Carlo IV e D. Luisa Maria sua moglie, l'Infante D. Francesco di Paola, e Maria Luisa di Borbone Regina di Etruria, e Don Carlo Ludovico e Luisa Carlotta.suoi figli: nel 1825 le LL. MM. Cattoliche Ferdinando VII, Maria Giuseppa Amalia, e i Srmi. Infanti Don Carlo Maria Isidoro, D. Maria Francesca di Paola (?d'Assisi), D. Carlo, D. Giovanni, D. Ferdinando.” (ibid., pág. 37).

Mas no fue esto sólo lo que para gloria de Dios hizo Fernando VII de vuelta a Madrid; sino que “viendo el religioso príncipe”, dice el que a la sazón era Patriarca de las Indias, “que su reino era el único donde apenas se conocía (se había olvidado) el culto especial que se tributa al divinísimo Corazón de Jesús, adoptado con gran fruto de las almas en casi toda Europa, y extendido por todas las partes del mundo, escribió a N. SS. P. el Papa Pío VII, pidiéndole encarecidamente que a ejemplo de las demás naciones se pudiera introducir en la iglesia de España esta devoción, afirmada ya con tantos prodigios entre los católicos; alegándole por capital motivo de su petición lo que había mostrado la experiencia, y era que, donde florecía este culto, poco o nada habían padecido la piedad y buenas costumbres durante la gran revolución pasada, que tantos estragos produjo sin embargo donde ella no florecía: y que por lo tanto siendo necesario, una vez puestas en su ser primero las cosas de España, hacer también lo posible por resucitar la piedad de nuestros padres, no parecía haber medio mejor ni más oportuno para este fin, que el de admitir entre nosotros y engrandecer, con la ayuda de Dios, la devoción al sacratísimo Corazón de Cristo N. Señor, en la que recordamos los principales beneficios de su caridad para con los hombres.

"Accedió benignamente S. Santidad a las súplicas del soberano. y decretó por sus letras apostólicas, expedidas en forma de Breve (el 17 de Diciembre de 1815), que se extendiese este culto a todas las iglesias de los dominios del Rey Católico, ordenando que se dijese en ellas el viernes siguiente a la octava del Corpus, con rito de segunda clase, el oficio y misa anteriormente concedidos a los reinos de Portugal y los Algarbes, y estuviesen obligados a ello todos los sacerdotes tanto seculares como regulares.

108. “Por tanto”, prosigue ya de suyo el Patriarca, “para que sea notoria a todos esta nueva gracia de nuestro Católico Monarca, y se proceda cuanto antes a la puntual observancia de lo dispuesto, me da encargo S. Majestad de enviar un traslado de las letras apostólicas a todos los prelados de uno y otro clero: encargo, a que satisfago con el mayor gusto y consuelo de mi alma, fiado en que este culto del santísimo Corazón, tan combatido por los calvinistas y demás renuevos de su herejía, aunque tantas veces aprobado y confirmado por la Sede Apostólica, ha de producir con el favor divino los sazonados frutos que deseamos para la iglesia de España. -Dado en Madrid, a los 22 días del mes de Mayo del año del Señor de 1816. - Francisco Antonio, Patriarca de las Indias.” (1)

(1) Hállase en latín esta comunicación con que el Patriarca acompañó las letras apostólicas, inserta en las ediciones sueltas que del oficio del sagrado Corazón se hicieron a los principios.

109. Nos parece excusado hablar de este hermoso documento de la piedad del Ilmo. Sr. Don Francisco Antonio Cebrián y Valde, así como también de las demostraciones de regocijo que hizo el pueblo español, al oír leer desde el púlpito las letras apostólicas de la Santidad de Pío VII, y de la alegría y fiestas con que fue recibido su decreto pontificio de todas las religiones y de la generalidad de las iglesias de España. Baste decir que en la unánime aceptación de todo el reino, sólo hubo una iglesia, cuya nombre no descubriremos, que diera el escándalo de “alguna acalorada contradicción”, como escribía el 10 de Julio de 1816 al P. Faustino Arévalo el dignísimo Obispo de Calahorra Don Atanasio Puyal y Poveda, “ya sobre si el decreto es preceptivo, y ya sobre el rito can que se había de celebrar; por cuanto, aunque el decreto dice que de segunda clase, en aquella catedral por costumbre antigua todas las fiestas de Jesucristo las solemnizan como de primera clase: en éstas hay manifiesto y sermón. Otras hay de segunda clase con sermón sin manifiesto; y en otras exponen el Smo. sin sermón. Al fin parece que han adaptado esta última: y yo presumo, que en ello han sacado partido los de la oposición; porque no habiendo sermón, no hay ocasión de explicar lo que es esta devoción, para disipar las torcidas ideas y calumnias conque han querido desacreditarla, ni de persuadir y excitar a los fieles a su práctica: que son las dos cosas que el P. Cortázar desempeñó muy bien, y muy a contento de todos, en su sermón predicado en las Salesas Reales (de Madrid, el 21 de Junio del mismo año), según me escribe quien le oyó. Los enemigos bramarán, pero será en vano, y habrán de sufrir éstas y otras cosas, mal que les pese: porque es Dios el que así lo va disponiendo a su mayor gloria.”

Las otras cosas de que habla aquí el celoso prelado, eran las que empezaban a verse en España a consecuencia del real decreto de 29 de Mayo de 1815, en que derogaba, revocaba y anulaba Fernando VII, en cuanto fuese necesario, lo dispuesto por su abuelo Carlos III en la real pragmática sanción de 2 de Abril de 1767 y en cuantas leyes y reales órdenes se habían expedido con posterioridad para su cumplimiento. ¡Providencia amorosa ciertamente la de nuestro buen Jesús, en no permitir que anden separadas nunca las causas de su Corazón y su Compañía!

110. Apenas restablecida ésta en el orbe Católico, y llamada a España de donde procedía por derecho de su santo fundador, Juan José de Cortázar fue el Padre a quien arriba dijimos que había de encomendar Madrid el primer hacimiento de gracias a Dios, el 1816, por haber conseguido al cabo después de cerca de un siglo, bien de peticiones, bien de ansiedades, la fiesta de aquel Corazón dulcísimo, cuyos primeros deseos de reinar entre los Españo1es se descubrieron en Valladolid, siendo Lorca la primera que vio fundada su congregación entre nosotros, y Bilbao la primera que en nuestra lengua oyó su panegírico el 11 de Junio de 1733 (1).

(1) Sup., (pág. XXIV).

Nació el P. Cortázar en Oñate el 1º de Abril de 1749, y entrado en la Provincia de Castilla el 27 de Mayo de 1764, a los tres años salió desterrado a Italia en compañía de los PP. Cardaveraz, Calatayud, Peñalosa, Idiaquez y otros a quienes conocemos. Allí vivió como pudo, querido, hasta que murieron, de estos excelentes varones, y devotísimo siempre del sagrado Corazón de Jesús, por cuyo culto tanto había de trabajar en su vuelta a España. Hizo la profesión de 4 votos el 15 de Agosto de 1816, y el 12 de Marzo de 1826 murió santamente en Loyola, donde a los pocos años, el 19 de Septiembre de 1837, iba a acabar, llevándose las bendiciones de la ya restaurada Compañía, el último de los Españoles que sobrevivieron a la expulsión de 1767 y extinción de 1773, el P. José de Echezárraga, natural de Ceánuri.

111. Acabemos también nosotros este resumen, advirtiendo primero, como es razón y deber, que aquella única iglesia. rebelde algún tanto al principio, reconoció pronto su yerro, y ha sido de allí en adelante una de las más afanosas en los cultos del Corazón adorable de Jesús, y en que rebusteciera éste y asegurara su reinado sobre los corazones de nuestra ínclita nación: pues es preciso confesar que ha sabido robustecerlo y asegurarlo, aunque por bien extraños modos.

Oscuro fue su comienzo, terribles sus combates, y no faltará quien piense que las convulsiones intestinas que de medio siglo a esta parte han quebrantado a nuestra España, se habrán también hecho sentir en la piedad de sus hijos, y en la devoción sólida, fervorosa, propia de sus almas tan nobles como valientes. Mas no haya miedo: los soldados del Corazón santísimo de Jesús no temen las persecuciones ni las amenazas, no temen las guerras ni la muerte. Teñida en sangre está su bandera, en la sangre inocente de un Dios hecho hombre, que lejos de mancharla sus gotas, la limpian y hermosean: y bien entienden que las de la suya, si también fuese menester derramarla toda, tampoco serian un borrón al lado de las de su capitán, mas una divisa y argumento eterno de que saben, no sólo jurar como fieles la defensa de la religión, sino pelear por ella como buenos y morir en la demanda.

     

 

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Biografía P. Hoyos          
"Principios del reinado del Corazón de Jesús en España", por el P. Uriarte, 1880