Libro “Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús”, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España.
 
Algunas sólidas devociones del P. Bernardo. ("Vida". Libro Cuarto. Capítulo 15).

Entre los papeles de este devoto joven se hallan algunas particulares devociones, que podrán servir para índice de su espiritualidad y para instrucción de otros. Omito las continuadas novenas, con que prevenía todas las festividades de María Santísima y de los Santos y Santas de su devoción. Desde que Jesús le dio a conocer el culto de su sacrosanto Corazón y llegó a sus manos la novena del Corazón Divino, la rezaba indefectiblemente todos los meses. Empezaba el jueves último de cada mes para concluirla el primer viernes, que celebraba con particulares obsequios.

Omitiendo lo mucho que se pudiera decir de la sólida devoción con que practicaba estas novenas, que lo eran también como ya insinuamos de oraciones, humillaciones y penitencias, copiaré aquí algunos de sus papeles devotos. Sea el primero una carta de Filiación a nuestra Señora,1 que hizo en Medina del Campo, año de 1729 a 8 de Diciembre. Ya vimos en su lugar cómo en los primeros días de su Noviciado se consagró por esclavo de María Santísima y renovaba frecuentemente su carta de esclavitud.

Creciendo después los amantes cariños de Bernardo para con la Santísima Virgen y de esta Señora para con su fiel esclavo, se alentó a procurar la dicha y dignidad de hijo de María. Inspirado, sin duda, de esta dulcísima Madre, formó esta carta de filiación que dice así:

A mayor gloria de Dios y de su santísima Madre.

Sepan cuantos esta carta de filiación leyeren, cómo yo, Bernardo Francisco de Hoyos, de la Compañía de Jesús, me entrego de mi voluntad y libremente a María Santísima Ntra. Señora, no sólo por esclavo, sino también por hijo, movido del amor a esta divina Señora y del deseo de experimentar los efectos de su Maternidad para conmigo.

Y así, por esta carta no sólo me vendo por esclavo suyo, sino pasando adelante, no por modo de venta, sino de renunciación, desde hoy me dejo en sus divinas manos a mí, a mi alma, a mi corazón y a mis potencias; para que, de aquí en adelante, sea dirigido de su especial providencia, como hijo pequeño de su amorosa Madre.

Y juntamente por esta carta me desnudo de mi libre albedrío, renunciándole en María Santísima y deseando no me permita usar de él , sino lo que fuere de su mayor agrado. Y de mi parte me obligo y prometo mostrarme, en lo posible a mi flaqueza, hijo de tan soberana Madre, ejecutando no sólo cuanto es de obligación, sino todo aquello que es de supererogación, y yo juzgare es del servicio de mi dulcísima Madre María Santísima, a quien pido me mire desde este día, como a verdadero hijo suyo y me asista con su gracia para corresponder a la obligación, en que me pone este estado de hijo suyo.

Y porque me hallo indigno de tan singular favor, imploro su bondad y misericordia, la intercesión de su santísimo Esposo San José y la de todos los Santos y Bienaventurados mis devotos (en particular la de todos los santos Apóstoles y Evangelistas) y demás habitadores de la gloria.

Y porque así lo deseo y quiero, renovaré esta carta en todas las festividades de Ntro. Señor Jesucristo, de su santísima Madre, de los Santos de mi devoción. Y porque todo eso es mi voluntad, lo firmo deseando firmarlo con la sangre más pura de mi corazón. Medina y diciembre, hoy, día de la Purísima Concepción de mi dulcísima Madre, de 1729.

Indignísimo esclavo e hijo de mi dulcísima Madre.

JHS

Bernardo Francisco de Hoyos

Hasta aquí la devotísima carta de Bernardo a su Madre María Santísima. Habíale enseñado esta Señora unas devotas palabras, con que deseaba que la saludase con frecuencia. Son éstas: ‘Ave lilium candidum etc.’2

Luego que el Sagrado Corazón de Jesús le ilustró con las ardientes luces de su devoción, inflamándole su corazón amante, se consagró al Corazón Divino con la fórmula del Venerable P. Claudio de la Colombière que, entre sus divinos escritos ,se halla en latín, firmada a 12 de Junio de 1733: el año mismo que su iluminado espíritu descubrió la devoción al Corazón de Jesús, pocas semanas después de este celestial descubrimiento.

Empieza pues así: “Ego, O Cor Jesu mei dilectissimi! Cor adoratione et amore meo dignissimum! Tot ac tantas iniurias in te commissas resarciendi eluendique desiderio inflammatus, utque ingrati animi vitium, quantum in me est, fugiam, cor meum cum omnibus suis affectionibus, ac me denique tibi totum penitus offero, traddoque. Testor hoc esse purum ac sincerum desiderium meum, ut ex hac ipsa hora ac momento, mei mearumque rationum penitus obliviscar, ut, sublatis ómnibus impedimentis in Sacro-Sanctum Cor tuum, quod mihi singulari misericordia reserasti, introire ibique cum fidelibus servis tuis vivus ac moriens habitare possim. Ego, amore tui totus incensus, huic divinissimo cordi libens offero meritum omne, omnemque satisfaciendi vim quae inesse poterunt, tum Missae sacrificiis, tum orationibus, tum operibus poenitentiae, humilitatis, obedientiae, ceterarumque virtutum omnium, quae toto vitae meae tempore ad extremum usque spiritum facturus sum. Haec omnia non solum in laudem et amorem cordis Jesu fieri volo, sed praeterea ennixe et submisse precor ut perfectam horum omnium donationem, quam hodie Sanctissimo Cordi facio, admitere non dedignetur, ita ut de his omnibus disponere pro arbitrio possit, ea, cui voluerit atribuendo, aut in quemcunque finem ei placuerit destinando. Atque cum animabus in purgatorio detentis concedam quidquid in actionibus meis satisfactorium esse potest, cupio ut hoc ipsum animabus illis secundum Cordis Jesu beneplacitum impendatur. Porro cum eiusmodi donatio nullatenus impeditura sit quominus Missae Sacrificia, coeterasque orationes offerre posim, prout obedientia aut charitas quandoque exigent, tunc cum bonis alienis atque Cordi Jesu pertinentibus usurus sim animus est, ut omnia virtutum opera, quae tunc temporis exercere continget, Cordi Jesu tamquam bona ipsi propria, dicata et consecrata maneant. O Cor Sanctissimum! Viam, obsecro, edoce quam inire debeam, ut mei penitus oblitus, amoris tui puritatem, cuius mihi desiderium infudisti, consequi valeam. Incendor equidem vehementi tibi placendi desiderio, at sentio me, quod cupio, nequaquam asequi posse sine ingenti auxilio, quod tu solum praestare potes. Perfice igitur in me, o Cor Sanctissimum! quidquid tibi acceptum est, tuaeque voluntati conforme. Sentio equidem me repugnare ac resistere; sed nolim certe, nisi me fallit animus; tuum est praestare omnia atque perficere; tibi uni sanctitatis meae (si adipisci tandem contingat) gloria debebitur: neque ego alio fine ad sanctitatem deinceps aspirare volo, nisi ut tu demum lauderis ac glorificeris. Amen.

Vallesoleti, feria 6 post octavam Corporis Christi, die 12 Junii anno 1733.

Dilectus ac amantisimus discipulus Cordis Sacrosantl Jesu.

Bernardus Franciscus de Hoyos”.

Hállase traducida a nuestro idioma al fin de la Novena del Sagrado Corazón de Jesús.3

Copiaré aquí otra fórmula con que consagró su castidad a la protección del angélico estudiante teólogo de nuestra Compañía, San Luis Gonzaga.4 Las expresiones de nuestro angelical joven declaran su intento en esta consagración y devoción al Santo. Dice así: Santísimo Luis Gonzaga, ejemplar admirable de espíritus angélicos y almas castas, abogado poderosísimo y protector glorioso de la castidad, cuyo singular patrocinio alcanzasteis por vuestra angelical pureza; por la cual también merecisteis ser adoptado por hijo especialísimo y singularmente amado de la Virgen de las Vírgenes, Madre de la castidad y Reina de la pureza, María Santísima. Yo, Bernardo Francisco de Hoyos, de la Compañía de Jesús, Hermano vuestro aunque indigno, fidelísimo y amantísimo, os escojo hoy en presencia de los dulcísimos amores de Jesús y María y de toda la corte celestial, por abogado, patrón, protector especialísimo y ángel custodio de mi castidad; la cual encomiendo desde hoy para todo el discurso de mi vida a vuestro cuidado, protección y patrocinio. Y os pido, dulcísimo Hermano mío, con todas las veras de mi corazón recibáis y aceptéis benignamente esta ofrenda y sacrificio que os hago de mi castidad (la cual tengo ya consagrada con especial voto al mismo Dios); y que la guardéis pura e inmaculada, y me defendáis de todos los peligros de perder tan inestimable joya. Y no teniendo que ofreceros en recompensa otra cosa que el corazón, del que no puedo disponer por no tener dominio alguno sobre él, ni ser cosa mía sino del divino Corazón de Jesús, a quien le tengo ofrecido y consagrado, y mi dulcísima Madre María Santísima, a quien también tengo dedicado como a Madre con perfecta renunciación de mi mismo, y de todas mis cosas, y de todo cualquier derecho que pudiera tener sobre ellas; con todo eso, del modo que me es posible, con licencia del Sagrado Corazón de Jesús y nuestra dulcísima Madre María Santísima, os le entrego, dedico y consagro a vos también con un afecto cordialísimo, y voluntad sincera de serviros y agradaros en cuanto fuere posible. Y pues no me queda otra recompensa, os ofrezco el procurar imitar vuestras virtudes y ejemplos prodigiosos con todas las mayores veras de mi espíritu; que es el obsequio que me persuado seros más grato; y por señal de este mi deseo os prometo celebrar todos los años vuestra fiesta con especial afecto. En testimonio de todo lo cual doy ésta firmada de mi nombre, que sirva de auténtica obligación mía, de prenda de vuestro Patrocinio y de monumento eterno de mi gratitud. Valladolid y Junio, hoy 21, día de vuestra fiesta de 1733.

Hermano y pupilo vuestro amantísimo en el Corazón Sagrado de Jesús.

JHS

Bernardo Francisco de Hoyos.

Por corona de sus devociones pondré aquí una práctica que observaba delante del Santísimo Sacramento y escribió pocas semanas antes de su muerte. El título dice de esta suerte:

Modo de portarme delante del Santísimo Sacramento”

Mi amable Salvador, un alma escogida por vos entre mil otras para que habite en vuestro Corazón; un alma sacrificada con todas sus cosas, para no ser del número de tantas almas ingratas; un alma consagrada a suavizar los sentimientos que a vuestro divino Corazón causan en el Sacramento de vuestro amor las infidelidades y malas correspondencias de los hombres; un alma empeñada por estos tres títulos con vuestro amante Corazón, decidme, mi amable Salvador,¿ cómo se debe portar?¿ Cuál debe ser su proceder?¿ Qué debe hacer para desempeñarse con vuestro Corazón?

Esta pregunta llevo hoy escrita al santo Altar: sí, mi divino amor Jesús; corazón a corazón hoy la he de hacer; de vuestro Corazón espera el mío la respuesta, la enseñanza y la firme resolución de practicar vuestra doctrina en este punto, atropellando cuantos embarazos me oponga el infierno, el mundo y el amor propio.

Ya, mi dulce Redentor, ha escuchado mi corazón del vuestro la respuesta; más que en palabras, en sus divinos afectos: Sumo agradecimiento, suma fidelidad, corresponder con sumo amor a las sumas injurias que recibe vuestro adorable Corazón en la Eucaristía5. Esta es vuestra respuesta, vuestra doctrina y éste me enseñáis debe ser mi desempeño de aquellas tres obligaciones de amor, con que mi alma se halla dulcemente ligada a vuestro Corazón.

Alta elección que de mi espíritu habéis hecho para que habite en este tabernáculo de la Divinidad, descubriéndome más que a otros ‘quam bonum sit habitare in corde hoc’;6 pedís sumo agradecimiento, esto es: que, cuanto mi tibieza me permitiere, esfuerce mi generosidad con humilde encogimiento para rendiros gracias todo el resto de mi vida por éste que, después de mi predestinación (la que adoro afianzada en él), es el mayor favor que me habéis hecho.

Al sacrificio que de mi hoy he hecho, pedís suma fidelidad, no quitándoos jamás lo que os he consagrado. Vos, amable Salvador, me aceptasteis esta oferta,¡ o feliz trueque!, haciéndome como donación de vuestro Corazón y sus riquezas. Como vos sois fiel en mirar como vuestras mis cosas, queréis lo sea yo en mirar las vuestras como mías.7 Vuestra honra es mía y, como tal, queréis sea fiel en procurarla en otros y en mi.

Queréis que si mi amor propio como ladrón os quita lo que mi corazón os ha ofrecido, recompense éste el hurto con la restitución fiel, luego que advierta la indigna vileza de hurtaros lo que os he entregado. Ya sé que estos robos serán continuos; pero vos queréis una continua restitución con usuras. Al empeño en que, compadecido de vuestro afligido Corazón me puso el amor, tomando a mi cargo según mi flaqueza contrapesar las ingratitudes que en el Sacramento de amor recibe de los hombres, pedís suma correspondencia de amor.

Esto es lo que el Señor pide de un alma a quien su amor ha puesto en tales obligaciones: éste ha de ser su empeño, esta ocupación la ha de llevar sus atenciones, no cumple con menos, falta al destino que de ella ha hecho la Providencia.

Tienen los hombres por dicha ser escogidos de un Rey para habitar en el Palacio real: se precian y estiman ésta, que tienen por alta dignidad; un alma levantada por el Rey del cielo del estiércol entre los príncipes, que moran en su Corazón,¿ no deberá tener ésta por la mayor felicidad y con una santa soberbia preciarse de su dignidad para no envilecerla en sus acciones? Tiene por punto de honra un corazón generoso no faltar,8 ni aun dar visos de que falta a lo que una vez ofreció; y un alma que toda se ha ofrecido con sus cosas y operaciones al Corazón de Jesucristo,¿ no juzgará indigno de su nobleza el retirar 9 con la obra su palabra, o el no restituir lo que en este punto advirtiere (que) robó al Corazón de su Salvador?10

Quien toma a su cuenta un oficio, conoce, no debe omitir cosa que sirva a darle el lleno que pide; quien se encarga como fiador de recompensar los agravios que alguno ha recibido, debe oponer a cada agravio obsequio correspondiente; pues un alma, que mira como oficio propio desagraviar al Corazón de su amable Salvador mal correspondido en sus finezas, y que se ha encargado de oponer sus obsequios a todo género de injurias que él recibe en el Sacramento ¿podrá omitir cosa que juzgue conveniente a este fin?¿ O podrá dejar de andar solícita e ingeniosa en ofrecer obsequios a este amable Corazón? No, no por cierto; así lo reconozco, así deseo efectuarlo, y así resuelvo firmemente practicarlo todo el resto de mi vida hasta dar el último aliento en el Corazón de mi dulce Jesús.

Pero por ser más útiles y eficaces las resoluciones en particular, aquí apuntaré algunas y refrescaré su memoria leyéndolas cada viernes, para que o me confunda, o me aliente a hacer cada día más y más en desagravio del amor mal correspondido de mi Salvador, no debiendo ceñir mi fidelidad únicamente a lo que dice este papel.11

1º-. Por todas las ofensas en general que el Corazón de Jesús recibe en la Eucaristía, consagraré cada año el día después de la octava del Corpus a sus desagravios, previniéndome los ocho días antes con cuantos ejercicios de piedad me inspirare el amor. Lo que he de hacer este día, será lo que enseñan los libros que explican esta devoción, dando el redoble de amor que mis obligaciones piden. Lo mismo haré los primeros viernes de cada mes, en que meditaré las penas de este Sagrado Corazón, previniéndome la noche antes con un acto largo de oración, sobre la agonía del Huerto.

Serán más frecuentes este día las visitas al Santísimo Sacramento; llevaré al santo Altar la oferta que tengo hecha de mi y de mis cosas; renovaréla con especial afecto. Todos los viernes del año los miraré como consagrados al Corazón divino, al cual haré algún especial obsequio en tales días, y tendré algo más de oración.

También me acusaré todos los viernes en la confesión de las faltas que hubiere cometido delante del Santísimo, generalmente de las irreverencias y menos atención; y si hubiese alguna falta particular, la confesaré en la primera confesión. En particular observaré lo siguiente.

2º-. Los gentiles no conocen, y los herejes niegan, y los católicos no aprecian por la mayor parte las finezas del Corazón del Salvador en el Sacramento. En contraposición haré todos los días frecuentes actos de fe, adoración y amor, que miren a este misterio, y pediré sea extendida esta devoción.

3º-. Muchos tienen fastidio de este manjar divino. No llegan a gustarle sino de año a año, y otros ni en muchos años; no pocos le comen con horrendo sacrilegio. En contraposición excitaré en mí con frecuentes comuniones espirituales el gusto y apetito de esta celestial vianda. Jamás por mayores estorbos que ocurran dejaré de celebrar, si la caridad, la obediencia o la imposibilidad no me mostraren ser lo contrario voluntad del Señor. En este caso, juzgándome por indigno, sin inquietarme, recompensaré esta falta con las comuniones espirituales.

Siempre celebraré con intención expresa de resarcir con el sacrificio del Corazón sagrado sus mismas ofensas, y después de la consagración se lo protestaré al Padre Eterno frecuentemente. Tendré por entendido que lo que en otros sería razonable motivo de no celebrar, en mi no lo es, sino en las tres circunstancias dichas.

4º-. Celebran no pocos sacerdotes sin preparación, sin acción de gracias, y con un modo en la apresuración, que debe causar horror. En contraposición jamás llegaré al Altar sin pensar antes, cosa de un cuarto de hora, lo que voy a hacer, con los afectos que el Señor me inspirare, y sin dar después gracias, por lo menos por otro tanto espacio, sino en los casos que exceptuare la regla, puesta arriba de la caridad, etc.

Cumpliré rigurosamente lo que nuestro Santo Padre ordena a lo que se ha de tardar;12 pronunciaré, accionaré con tal gravedad y acompañaré lo exterior con tal espíritu, que pueda decirse: ‘Veis aquí una acción de Jesucristo’. Lloraré todos los días lo que faltan en este sacrificio tantos sacerdotes, ofreciendo siempre el Corazón mismo de Jesús en desagravio.

5º-. Innumerables católicos no entran aun de paso a visitar a Jesús Sacramentado, cuando las calles, las plazas y los palacios están llenos de gente. Sólo llegan forzados del precepto de oír Misa. No pocas personas Religiosas casi se olvidan de que tienen al Señor en sus casas. En contraposición tendré, en cierto modo, por mi habitación sobre la tierra el lugar donde estuviere el Sacramento.13

Las ocupaciones de caridad, etc. hacen que con el cuerpo no pueda estar tan despacio en su presencia, pero no harán que en espíritu no le visite desde el lugar de mayor trabajo. No se cansa este amable Salvador en bajar desde el cielo y en habitar en la tierra; luego no debe haber cansancio, descomodidad o repugnancia, que me retarden la frecuencia de estas visitas. Más en particular observaré lo siguiente.

6º-. Siempre que pueda tendré, en lo restante de mi vida, la oración y examen delante del Sacramento. Los días de recreación tendré algunos ratos más de oración; y regularmente, cuando lo permitieren las distribuciones u obligaciones regulares, tendré a lo último de la mañana y de la noche, antes de comer y cenar, como un cuarto de hora más; y generalmente cuando me sobre tiempo, lo ocuparé delante del Señor, sacando14 aquellos ratos de recreación, que pide la naturaleza y quiere el mismo Dios.

Rezaré todas las Horas del Oficio divino, siempre que pueda, en la presencia de este Dios de Amor. La primera acción al levantarme por la mañana, y la última antes de acostarme, será indefectiblemente la visita al Santísimo y desde la cama antes de dormir, y cuando despertare, visitaré y entraré dentro del Corazón Sagrado; fuera de las visitas precisas que los demás hacen, haré yo otras a lo menos cada hora, siendo compatible con las ocupaciones; siempre que pasare en casa junto al lugar de donde pueda haré lo mismo, si las circunstancias lo permiten, pero con esta advertencia:¿ ‘dónde entro ahora?’. Al pasar por otros templos será espiritualmente.15

7º-. Asombrosa es la irreverencia, con que muchos están en presencia del Dios de la Majestad. En contraposición, mostraré o haré sensible en la circunspección exterior la intención interior. Huiré tan puntualmente el mirar con curiosidad, el hablar sin necesidad una palabra y el reír; que por ligeras no queden sin penitencia estas faltas. Más debo yo hacer que otros, y así delante del Señor patente no me sentaré (sino de comunidad, o confesando) aun en sermón, en que estaré de rodillas o en pie; aunque no esté patente, estaré siempre de rodillas, nunca en pie sino en los casos dichos.

Todo lo dicho haré sin apremio, con libertad en las circunstancias del número tercero; pero no omitiré cosa por negligencia, pereza o amor propio, paliado con nombre de libertad, lo cual cautelaré cuidadosamente a mayor gloria del Corazón de Jesús”. 16

Hasta aquí algunas de las sólidas devociones de nuestro fervoroso Bernardo. Diré sólo que como su ardiente celo deseaba abrasar al mundo todo en llamas de Dios y del santísimo Corazón de Jesús, inspiraba las mismas devociones a todos sus amigos y confidentes. Se han hallado algunas de estas devociones entre los papeles de personas muy autorizadas de nuestra Provincia,17 que las conservaron como insignes monumentos del fervoroso espíritu de Bernardo y del que encendió en sus piadosos pechos.


1           Ya decimos en otras notas cómo Bernardo hace dos consagraciones a la Virgen María en el día de la Inmaculada: una en Villagarcía, en 1726, siendo novicio de primer año, y consagrándose a Ella como esclavo, conforme a la espiritualidad de San Luis Grignon de Montfort que se había extendido con rapidez por nuestra Patria; la otra en Medina del Campo, en 1729, siendo filósofo de segundo año y consagrándose a Ella como hijo. De ahí el nombre de “carta de filiación”, que le da el P. Loyola.

2           “Ave, blanca Azucena”....de la resplandeciente y siempre tranquila Trinidad; ave, bellísima rosa de la celestial amenidad, de quien quiso nacer y de cuya leche quiso alimentarse el Rey de los cielos; dignaos alimentar nuestras almas con influencias celestiales. Amén (Son palabras del piadoso ejercicio llamado Felicitación sabatina, que Bernardo rezó probablemente siendo congregante en Villagarcía y se ve que continuaba con esta hermosa devoción)

3         Ya sabemos por otras notas cómo uno de los medios que más contribuyó a propagar la devoción al Corazón de Jesús en España fue el uso de la novena. La novena pública que por primera vez se hizo en España tuvo lugar en Valladolid, en el mes de junio de 1735. El texto lo había redactado el P. Juan de Loyola, aunque le dieron algunos retoques los Padres Cardaveraz, Calatayud y algo también el mismo P. Hoyos. Sabemos cómo la primera edición salió en Salamanca, en la imprenta de un tal Antonio de Villagordo. Y se hizo con suficiente antelación como para poderla enviar a muchos sitios antes del mes de junio.

Esta consagración del Padre Claudio de La Colombière se puso ya en la primera edición del Tesoro escondido, la de 1734, hecha en Valladolid. Aparece en el Párrafo V: Afectos para ejercitarse en el suavísimo Culto del divino Corazón de Jesús, y dice así: “Oh Corazón de mi amantísimo Jesús! ¡Corazón dignísimo de toda mi adoración y amor! Yo N., inflamado en el deseo de compensar y borrar tantas y tan graves injurias cometidas contra vos, y para huir cuanto está de mi parte el vicio de ingrato, os entrego y consagro del todo mi corazón con todos sus afectos, y a mí mismo con todo cuanto soy enteramente. Protesto que es mi deseo puro y sincero olvidarme del todo, desde esta hora y momento, de mí mismo y de todas mis cosas, para que, quitados todos los impedimentos, pueda entrar en vuestro sacrosanto Corazón, que con singular misericordia me habéis abierto, y habitar en él vivo y muerto con vuestros fieles siervos. Encendido, pues, todo en vuestro amor, ofrezco gustoso a este divinísimo Corazón todo el mérito y satisfacción que puedo tener en los santos sacrificios de la Misa, oraciones, obras de penitencia, humildad, obediencia y de todas las demás virtudes que ejercitare por todo el tiempo de mi vida hasta el último aliento de ella. No sólo quiero hacer todo esto en alabanza y honra del Corazón de Jesús, sino que también le pido humilde e instantemente no se dedigne de admitir esta perfecta donación de todas mis cosas, que hago a este santísimo Corazón: de suerte que pueda disponer de todas ellas a su arbitrio, aplicándolas a quien fuere servido, o destinándolas al fin que más le agradare. Y porque ya tengo cedida a las ánimas del Purgatorio toda la satisfacción que pueda tener en mis obras, deseo se les aplique según el beneplácito del Corazón de Jesús. Pero, no debiendo impedir esta mi donación que yo pueda ofrecer las misas y oraciones según lo pidieren algunas veces la obediencia y caridad, habiendo de valerme entonces de los bienes ajenos y que ya pertenecen al Corazón de Jesús como bienes propios suyos. ¡Oh Corazón santísimo! Enseñadme, os ruego, el camino que debo tomar, para que, olvidado enteramente de mí mismo, llegue a conseguir la pureza de vuestro amor, cuyo deseo me habéis infundido. Abrásome en vehementes deseos de agradaros; pero siento que de ningún modo podré llegar a conseguir lo que deseo, sin aquel grande auxilio que vos solamente podéis darme. Perfeccionad, pues, en mí, oh Corazón santísimo, todo lo que os es agradable y conforme a vuestra voluntad. Conozco ciertamente que yo repugno y resisto, pero, si no me engaño, no quisiera resistir: a vos toca darlo y perfeccionarlo todo. A vos sólo, oh Corazón santísimo, se deberá toda la gloria de mi santidad, si mereciere finalmente el conseguirla: ni yo quiero aspirar en adelante a la misma santidad con otro fin sino el de vuestra gloria y alabanza. Amén”. Esta fue la fórmula de consagración que empleó Bernardo de Hoyos cuando se entregó al Corazón de Jesús el 12 de junio de 1733, solamente que él la dijo en latín (tal como la escribió el P. La Colombière) y así la hacían los primeros compañeros-apóstoles del Sagrado Corazón, que componían el círculo de Bernardo, llamado “el grupo de los cinco”. Al año siguiente la traducirían al castellano para publicarla en el librito del Tesoro escondido y en los cientos de opúsculos de la novena. Con esta misma fórmula se consagraron en 1675 Santa Margarita y San Claudio de la Colombière.

4           San Luis Gonzaga (1568-1591) ejercía un gran atractivo no sólo para el P. Hoyos, sino para todos los estudiantes jesuitas. Noble de cuna, había nacido en el palacio de Castiglione, cerca de Mantua, en la región de Lombardía. Era el primogénito de Don Ferrante Gonzaga, marqués de Castellón, y de doña María, de los condes de Tana-Santena. El embarazo de Luis resultó dificultoso; por ello la madre prometió –si todo salía bien- ir con su hijo al Santuario de la Virgen de Loreto para darle gracias, como así lo hizo. A los nueve años hizo en Florencia voto de perpetua castidad ante un altar de María Santísima, y estando estudiando en el Colegio Imperial de Madrid, orando ante el altar de Nuestra Señora del Buen Consejo el 15 de agosto de 1583, se sintió claramente llamado a la Compañía de Jesús. Lástima que esta imagen no se conserve por haber sido quemada en los sacrílegos incendios de julio de 1936, al estallar la guerra civil española. Después de una larga y penosa lucha por obtener el permiso de su padre, logró al fin su deseo de ser jesuita. Ingresa en el noviciado de San Andrés, en Roma, el año 1587. Cuatro años después, sirviendo a los enfermos contagiosos, murió él mismo víctima de la peste que se extendió por la Ciudad Eterna en 1591. Canonizado por Benedicto XIII en 1726, cuando ingresaba Bernardo en la Compañía, fue declarado tres años después Patrono de la juventud estudiosa y últimamente también Patrono de los enfermos de sida. Se distinguió por la inocencia de vida y de modo especial por el aprecio de la castidad, que en él llegó a ser verdaderamente angélica. Como solemos decir: el apóstol Pablo, o el penitente cura de Ars....se dice el angelical San Luis Gonzaga. Esta es la razón por la que Bernardo quiere consagrarse a su Hermano en religión para que le ayuda a mantener lozana y bella la flor de su castidad.

5           El amor a la santísima Eucaristía, tan ardiente en Bernardo de Hoyos, va siempre unido al matiz de corresponder a un amor que no ha sido suficientemente reconocido y valorado. La Eucaristía es para Bernardo un don maravilloso que hay que agradecer, una presencia a la que es preciso ser fiel, y un amor que está pidiendo ser correspondido.

6           “!qué hermoso es habitar en este Corazón...¡

7           Tras esta frase adivinamos lo que el Señor dijo a un alma santa, enamorada de su Corazón: “cuida tú de mí y de mis cosas, que Yo cuidaré de ti y de las tuyas”

8           En el texto original aparece aquí una “y”, que suprimimos, poniendo en su lugar el vocablo “ni” para dar el sentido correcto a la frase.

9           El texto original escribe “retratar”, en vez de “retirar” que exige el sentido de la frase.

10          Probablemente al escribir este párrafo tendría presente Bernardo lo que tantas veces había leído en la Carta de la perfección de San Ignacio. Escrita a los estudiantes jesuitas de Coimbra, les da pautas y ánimos para conseguir la alta perfección que de ellos quiere la Compañía. Y entre los diversos motivos y acicates que les propone, uno es el de pensar lo que muchos servidores hacen por sus señores temporales: “No consintáis que os hagan ventaja los hijos de este mundo en buscar con más solicitud y diligencia las cosas temporales que vosotros las eternas. Avergonzaos que ellos corran con más prontitud a la muerte que vosotros a la vida. Teneos para poco, si un cortesano sirve con más vigilancia por haber la gracia de un terreno príncipe, que vosotros por la del celeste; y si un soldado por honra del vencimiento y algún despojo se apercibe y pelea más animosamente, que vosotros por la victoria y triunfo del mundo, demonio y de vosotros mismos, junto con el reino y gloria eterna” (Thesaurus spiritualis, edit Sal Terrae, Santander, 1935, pág 281)

11          Podemos ver aquí la “clave”, el “secreto” de la santidad de Bernardo de Hoyos. Es consciente que todo viene de Dios y todo es regalo y don suyo; pero al mismo tiempo pone toda la carne en el asador y hace todo lo que está de su parte. Hoyos ponía en práctica lo que escribe el P. Rivadeneira en su Tratado del modo de gobierno de nuestro bienaventurado Padre Ignacio, cuando dice: En las cosas del servicio de nuestro Señor que emprendía usaba de todos los medios humanos para salir con ellas, con tanto cuidado y eficacia, como si de ellos dependiera el buen suceso; y de tal manera confiaba en Dios y estaba pendiente de su divina providencia, como si todos los otros medios humanos que tomaba no fueran de algún efecto”.  (Thesaurus spirtualis, edit Sal Terrae, Santander, 1935, pág 321, nº 14)

12          Acerca del tiempo que ha de emplearse habitualmente en decir la Misa, dice así la regla 5 de los Sacerdotes: “...semihoram in faciendo Sacro nec multum excedat, neque ita brevis sit ut illam non expleat” (que la Misa dure media hora, poco más o menos)

13          Estos ardientes deseos de “estar en la presencia” del Señor en el sagrario y de que no le falte compañía darán lugar dos siglos más tarde a la obra del Beato Don Manuel González, teñida de amor eucarístico por los cuatro costados. Su epitafio en la capilla del Sagrario de la catedral de Palencia lo revela mejor que nada: “PIDO SER ENTERRADO JUNTO A UN SAGRARIO, PARA QUE MIS HUESOS, DESPUÉS DE MUERTO, COMO MI LENGUA Y MI PLUMA EN VIDA, ESTÉN SIEMPRE DICIENDO A LOS QUE PASEN: ¡AHÍ ESTÁ JESÚS!, ¡AHÍ ESTÁ! ¡NO DEJADLO ABANDONADO! MADRE INMACULADA, SAN JUAN, SANTAS MARÍAS, LLEVAD MI ALMA A LA COMPAÑÍA ETERNA DEL CORAZÓN DE JESÚS EN EL CIELO”

14          exceptuando

15          Esto es vivir sencillamente envuelto, durante el día y la noche, en un clima de presencia eucarística: un poco aquello que dice la Esposa en el Cantar de los cantares: Mi cuerpo duerme, pero mi corazón vela.

16          Este escrito eucarístico de Bernardo es poco conocido tristemente. Con todo, su hondura teológica bajo formas y expresiones sencillas hace que, al leerlo, crezcan las ganas de ese pan, el gusto de su presencia, la delicadeza en tratarle como se merece, el deseo de reparar abandonos y frialdades en modo alguno justificadas. Lo grande de este texto no es el texto en sí mismo, sino el haberlo llevado Bernardo a la práctica de cada día. Los propósitos del P. Hoyos son bien concretos. Con frecuencia nos sobran bonitas ideas, pero no siempre aterrizamos con ellas en la jornada monótona de cada día. Bernardo, como San Pablo, era de los “que no daban golpes al aire”, y tenía presente aquella frase de la Imitación de Cristo: “si quien propone cae muchas veces, ¿qué será el que tarde o nunca propone?”

17          Efectivamente, conocemos los nombres de bastantes jesuitas que –como Bernardo- escribieron de su puño y letra la fórmula de consagración al Corazón de Jesús y la rubricaron incluso alguno de ellos con su sangre. Tales fueron, entre otros, Manuel de Prado y Juan de Villafañe, antiguos Provinciales; Juan de Loyola, Pedro de Calatayud, Lorenzo Jiménez, Ignacio Osorio...y otros. Las prácticas piadosas en honor del Corazón de Jesús (comunión en los primeros viernes, hora santa en la noche del jueves...etc) se extendieron en muy poco tiempo por las Casas de la Provincia. Muy pocos años después de la muerte de Bernardo, el P. Provincial concede a los novicios de Villagarcía que, además de los días acostumbrados, pudieran comulgar también los primeros viernes de mes.


 
Publicado con autorización del Vicepostulador de la Causa del P. Bernardo de Hoyos, P. Ernesto Postigo Pérez, Apdo 185 - 34080 PALENCIA (España).
                       
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