| Libro Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España. |
| Previene el Señor a
Bernardo para el Desposorio prometido, y se efectúa el
día de la gloriosa Asunción de María Santísima a los
cielos. ("Vida".
Libro Segundo. Capítulo 9) Había pasado ya más de año y medio después que se dignó Jesús prometer a Bernardo se desposaría con su alma. Todos los favores de este tiempo habían sido como las arras de este celestial desposorio, y los muchos trabajos que padeció el joven, servían de crisol a su espíritu para purificarle. Fueron los trabajos de Bernardo por este tiempo más de los que correspondían a su edad, estado y experiencias. Pero como el Señor quería purificarle y disponerle para el divino desposorio, era preciso que las fuentes del padecer y de su purificación fuesen muchas y diversas; fuentes las llama Bernardo y las reduce a catorce,1 previniendo antes que parecerá increíble lo que había padecido en su espíritu. Ha sido tanto (dice) que no lo pudiera llevar, si Dios no hiciera la costa; que me lo tenía bien avisado un año ha; y poco ha, nuevamente. 2 En algunos lugares quedan insinuados estos avisos y prevenciones del Señor; ahora muy brevemente referí(ré) las fuentes de sus trabajos; pero muy en confuso; porque no se pueden descubrir del todo.3 Yo admiro, no sólo la modestia, sino también la prudencia de nuestro joven en referir sus trabajos, aun escribiendo a persona de su mayor confianza, que no los ignoraba, y a quien aunque indirectamente, le tocaban. Digo pues, amado Padre (escribe a uno de sus Directores), que actualmente (para preparación al desposorio) me ha regalado4 mi Amor con once fuentes, orígenes y raíces de tribulaciones; de que manaban continuos ríos de aflicción a la pobre porción inferior.5 Cuatro por medio de seglares y parientes, y no por eso son poco aflictivas, pues vienen espiritualizadas, quiero decir, que tocan al bien de sus espíritus. La quinta fuente son las cartas del Padre Provincial; a que tengo que responder, que aunque nacidas de un fino afecto (como me lo ha protestado delante de Dios), Dios mueve a veces la pluma de su Reverendísima de suerte que me hieran. La sexta, la respuesta de la persona, a quien consultó el Padre Provincial, a quien también responderé. La séptima, el negocio de aquel Siervo de Dios acerca de quien se me ponen varias dificultades. La octava este Ay de la misión, que no es el menor. La novena, este nuevo suceso, que sirve de redoble y torcedor. La décima, los ímpetus. La undécima, la continua fatiga de los pecadores y las asechanzas del demonio, y se puede añadir por duodécima el horror, que toda esta junta infunde; pues de ella manan muchas aflicciones; de varias participan todas V. Reverendísimas, y los que más cerca, más. Hasta aquí Bernardo, y concluye: Esto digo, no por consolarme, desahogándome; que no quiero consuelo; sino por dar parte a V. Reverendísima y rogarle que dé infinitas gracias a nuestro divino Dueño. En estas penosas fuentes purificaba el divino esposo Jesús a Bernardo mucho más de lo que se puede decir; cuando se dignó revelarle (que) estaba cerca el futuro y deseado desposorio. El día de la gloriosa Transfiguración del Señor6 se dignó visitarle el divino Esposo, más bello y resplandeciente que muchos soles. Venía acompañado de Ntro. P. San Ignacio y de San Francisco de Sales, con quienes, al parecer, trataba Jesús del desposorio de Bernardo. Conoció éste con la vista del Señor que no estaba lejos la inefable dicha de desposarse con su Amado. Porque desde el día de San Pedro no le había visitado, y en este día le previno el Señor que no volvería a verle hasta que viniese a señalarle el día fijo para los desposorios. En esta admirable visita volvió Jesús sus divinos ojos a Bernardo; mostróle su Sagrado Corazón, llagado de amor, y le reveló que se celebraría el Desposorio el día de la gloriosa Asunción de su Santísima Madre a los cielos. Mandóle se preparase con muchos afectos de amor y humildad. Los de amor fueron tan inflamados que le excitaron una calentura ardiente, que le duró hasta el día del invicto mártir San Lorenzo 7 después de haber comulgado. Los extáticos ardores de Bernardo por los ocho días que precedieron al Desposorio son inexplicables: sólo podemos conocer algo de estos finísimos afectos, éxtasis y deliquios, si los miramos como disposición próxima para el Desposorio. Este singularísimo favor es inexplicable, si la pluma del joven favorecido no le describe. Describióle 8 con estas inflamadas y admirables palabras: Habiendo comulgado el día de la Asunción (dice), oí cantar a los ángeles: Ecce sponsus adest, exite obviam ei.9 Recogióse el alma, y por visión imaginaria vio todo lo siguiente: Vi que me ponían una vestidura blanca, recamada de hermosa pedrería, símbolo de la pureza, que es la vestidura nupcial, y de las otras virtudes: no vi a quien me la vestía. Inmediatamente se me mostraron patentes San Miguel, Santa Teresa, Ntro. P. San Ignacio, San Francisco de Sales, vestidos aquél de sacerdotal y éste de pontifical a un lado; al otro el Santo Angel, Santa Magdalena de Pazzis y el V. P. Padial y San Javier también de sacerdotal.10 Con la visión imaginaria11 se veía por término de las dos filas de Santos tres hermosos tronos, uno desocupado de menor grandeza, otro ocupado de María Santísima a mano derecha de Cristo, que ocupaba el tercero, todo de oro y con tres gradas: y con la intelectual miraba a toda la Santísima Trinidad, cuyo misterio se me dio a entender aún con más claridad que otras veces, como también de aquel Dios Hombre que luego, como un divino imán, arrebataría hacia sí los afectos de mi alma. Este era el hermosísimo teatro, en que se celebró el Desposorio de este modo: Vestido yo de la ropa dicha, llegué a las gradas del solio de Jesús, a quien me presentó María Santísima; di un ósculo suavísimo a las sagradas Llagas de sus pies; y luego me preguntó si quería ser su esposa;12 que él quería ser mi esposo. Aniquilada el alma en su nada y en su amor, respondió lo que no sé; pero cifróse en ecce ancilla Domini.13 Luego levantándose del solio, me levantó a la última grada y tomándome mi mano derecha con su divina diestra, dijo: Yo en nombre de mi Divinidad, te desposo, oh alma querida, eternamente en Desposorio de amor, como sacerdote sumo, con mi naturaleza divina y humana. Siéntate ahora en el trono de mis esposas y gusta lo que has de poseer eternamente. Sentéme en el trono que estaba desocupado, teniendo el Señor todavía mi diestra, en que puso un anillo14 de oro con una piedra encendida, que no sé qué era, y dijo: Sea este anillo prenda de nuestro amor: ya eres mía, y yo soy tuyo. Ahora puedes decir y firmarte: Bernardo de Jesús; pues como dije a mi esposa Santa Teresa: tú eres Bernardo de Jesús y Yo soy Jesús de Bernardo; mi honra es tuya, y la tuya mía; mira ya mi gloria como de tu esposo; pues Yo miraré la tuya como de mi esposa: omnia mea tua sunt, omnia tua mea sunt.15 Lo que yo soy por naturaleza, participas tu por gracia: tu et ego unum sumus.16 Estas y otras amorosísimas palabras dijo el divino Jesús a mi alma. Yo entregué el anillo, que tenía en el dedo de en medio, a María Santísima, como a depositaria de tal prenda. Después pedí a los Santos diesen por mí las gracias por tal favor y me alcanzasen gracia para corresponder. Y para confirmación del Desposorio, toda la Santísima Trinidad le echó la bendición, hablando cada una de las divinas Personas palabras de inefable amor. Yo sentía hacerse y obrarse17 en el alma todo lo que estas visibles ceremonias significaban. Al vestir aquella ropa, sentí como aniquilarse el hombre viejo, y al tiempo de tomarme el Señor la mano, parece me revestía del hombre nuevo, recibiendo el alma grandes aumentos de gracia; al sentarme en el trono, parece entraba en la gloria; porque sólo faltó la visión beatífica. Al decirme el Señor aquellas palabras: Jesús de Bernardo, etc. parecía hacerse de cierto modo uno de los dos, según la estrechísima unión que experimenté. En fin, colocóse mi alma en un estado muy superior. Y después (prosigue) volví en mí después de tres cuartos de hora, aunque toda la octava más parece viví en el cielo que en la tierra. Hasta aquí la iluminada pluma de Bernardo. Pero si hemos de concluir los amorosos y divinos lances de este espiritual y celeste Desposorio, es preciso que vuelva a hablar el desposado y enamorado joven. El día de mi dulcísimo San Bernardo 18 (dice), después de haber comulgado vi al divino esposo de mi alma en forma de un hermosísimo joven, sentado en un campo hermoso que, hablando con mi alma, la decía: Ven, amada mía, esposa mía, paloma mía; ven y reclínate sobre mi Corazón. Y luego me vi sentado a su lado izquierdo y mi cabeza reclinada sobre su Sagrado Corazón, y dijo: sub umbra illius, qua desideraveram, sedi;19 y tratándola el Señor con un amor inexplicable, la dijo: Descansa, amada, mientras yo te canto el epitalamio de nuestro Desposorio. Quedé durmiendo, como el Discípulo amado, a todo lo creado; pero amando y percibiendo divinos secretos. Todos los sentidos del alma se deleitaban soberanamente: La vista con la presencia del Amado, el oído con lo suave de su voz, el gusto con un sabor espiritual indecible, el olfato con unas divinas cualidades incorpóreas, que percibía; y más que todos el tacto espiritual, que tocaba y sentía en el Corazón del Señor moverse dos pulsos, porque del corazón nace el movimiento de ellos, que se percibe en la arteria: significaban, con su continuo movimiento, el amor que el Señor tiene a las criaturas; con el uno ama a todas, y con el otro a sus escogidos.¡ Oh quién pudiera insinuar algo de lo que entendí del infinito amor del buen Jesús! Gozando, pues, toda el alma de uno como destello de la gloria, durmió un dulce sueño, mientras su esposo la compuso el epitalamio. Empezó a declararme el amor especial, con que ab aeterno me había amado y escogido entre millones, sólo movido de su bondad. Cómo antes de nacer me había preparado la Redención, cómo luego que fue formado mi cuerpo en el seno materno y se le infundió el alma, se complació su amor en mí; cómo su amor me asistió al nacer, porque en la vía natural hubiera nacido muerto (muchas veces mi madre me dijo atribuía mi vida a milagro, pues no conoció estaba encinta casi hasta parirme, y así la hicieron sangrías y otros remedios, que me debían a mi quitar la vida), y añadió: Ego sum, qui extraxi te de ventre: spes tua ab uberibus matris tuae. Deus tuus sum ego20.(Salmo.21,. v.10). Cómo me había librado de ofenderle muchas veces; y, en fin, fue discurriendo por toda mi vida, y púsome delante todos los favores y mercedes que me había hecho, y concluyó engrandeciendo el amor que me tenía, el cual le había movido a desposarse en desposorio de amor con mi alma.21 Fáltanme palabras para decir la confusión de mi ingratitud y el amor a la bondad de mi Jesús, que su epitalamio causó en mí; pero en otras cartas22 iré diciendo algo de esto. Quisiera aquí mi alma corresponder a mi esposo con otro epitalamio23; mas hallóse sin saber qué articular, y el Señor la dijo que él la enseñaría para otro día. Día de San Bartolomé,24 se sentó a mi lado, sobre un campo de blancas azucenas el divino esposo, en forma de un hermosísimo infante, y reclinó su sagrada cabeza sobre mi corazón en correspondencia al favor antecedente; y alborozada toda el alma con un divino gozo, dijo: dilectus meus descendit in hortum suum ad aureolam aromatis ut ibi pascatur in hortis, et lylia colligat ;25 y al añadir: ego dilecto meo,26 le estreché entre mis brazos, y al proseguir dilectus meus mihi, qui pascitur inter lylia27 Cant.6. v.3 28, me echó los suyos al cuello y me miró rostro a rostro, asestando del suyo risueño y amoroso activos rayos en el mío, y dejándome como fuera de mí de pasmo y de un sagrado horror, animó mi pequeñez y me hizo volver en mí respondiendo: Pulchra es, amica mea, suavis et decora, sonet vox tua in auribus meis, vox enim tua dulcis;29 con que la movió a componerle el epitalamio de su parte, ilustrándola e infundiéndola lo que había de decir, no con palabras, sino con otro lenguaje que no se usa por acá. Empecé, pues, con Abraham: loquar ad Dominum meum, cum sim pulvis et cinis.30 (Génesis18. v.27), y le hice31 un antítesis o contraposición al epitalamio del Señor, empezando a ponderar mi ingratitud por los mismos pasos que el Señor había ponderado su amor, diciéndole cómo ab aeterno32 vio mi ingratitud, cómo fui concebido en pecado: ecce enim in iniquitatibus conceptus sum, et in pecatis concepit me mater mea.33 Y finalmente vino a concluir la grandeza del amor de su esposo; pues a vista de tanta infidelidad y mala correspondencia no se dedignó de hacerme tan raros favores. 34 Hasta aquí el joven inflamado en sagrados ardores. Estos se conservaron ardientes muchos días después, en especial el día de la prodigiosa virgen Santa Rosa de Lima.35 Como esta favorecida virgen había logrado la dicha de desposarse con Jesús, como se refiere en su Vida, la memoria de este desposorio, que oyó leer Bernardo en la mesa,36 le inflamó de nuevo en las llamas del amor divino a su esposo. Apenas pudo ocultar el sagrado fuego. Llegó, fuera de sí, a dar gracias a su esposo Jesús Sacramentado cuando este Señor, para abrasarle más en su amor, se le mostró amorosamente disfrazado. Pero le conoció al momento porque le descubrió, amante, no sólo el cielo de su rostro, mas también el paraíso de su Corazón,37 donde le mostró escritos los nombres de algunas personas,38 que Bernardo conocía y deseaba viviesen en aquel santuario de la Divinidad.
1 Ya se ve que hay aquí un error en la redacción del P. Loyola. Las fuentes de dolor en Bernardo como él mismo afirma un poco más abajo- no eran catorce, sino once. 2 Se refiere al aviso que recibió durante la Semana Santa de 1730, de que habla en el capítulo anterior. 3 En efecto, por una elemental prudencia había cosas que aún no se podían descubrir entonces por vivir las personas que participaron en ellas (el P. Villafañe que había mandado examinar el espíritu de Bernardo, y en el que habían participado algunos jesuitas y otros ajenos a la Orden; los sufrimientos ocasionados por temas familiares de personas que aún estaban vivas...etc) 4 Esta expresión de Bernardo: me ha regalado mi Amor para significar las penas y sufrimientos de su joven vida, indica hasta qué punto aquel muchacho de 19 años había asimilado la doctrina más exquisita y difícil del ser cristiano: la dulzura de la cruz de Cristo, llamar regalo a lo que la mayoría llama maldición. 5 Como escribe el P. Máximo Pérez en su libro El Poder de los débiles: Las once fuentes hacen referencia a los siguientes hechos: Las cuatro primeras, de índole familiar, se refieren: a) A la muerte de su madre, ocurrida el 9 de marzo de 1730. b) Los litigios, surgidos por motivos de herencia, entre el abuelo, Francisco de Seña, y el yerno, Gaspar de Melena. c) la conducta moral del abuelo. Las fuentes 5-9 hacen referencia a la dura prueba a que fue sometido Bernardo cuando el Provincial, P. Villafañe, quiso hacer un examen sobre su espíritu: a) La fuente 5ª hace referencia a la misma persona del Provincial. b) La 6ª alude a uno de los religiosos no jesuitas consultados por el P. Villafañe. c) La 7ª hace alusión a la causa del siervo de Dios, Palafox, que dio origen a todo el conflicto. d) La 8ª se refiere a la visión que Hoyos tuvo sobre las penas del infierno, cuya relación envió al P. Calatayud para que la usase en sus misiones. e) La 9ª es alusión a las últimas disposiciones del P. Villafañe cuando todavía no estaba acabado el examen del espíritu de Bernardo. Las fuentes 10ª y 11ª no necesitan explicación especial (o. c, pg 113) Respecto al tema del obispo Palafox y de su posible beatificación ya hemos hablado en una nota anterior. Sobre ello se mandó orar a los jesuitas de la Provincia de Castilla, según hemos dicho, y de modo especial se recabaron oraciones de los dos estudiantes Agustín de Cardaverz y Bernardo de Hoyos. Como escribe con acierto el P. Máximo en la obra citada: Al leer las comunicaciones de sus dos estudiantes místicos encuentra (el P. Villafañe) tres desemejanzas entre ellos. La que más le afectaba a Villafañe, según palabras textuales de Cardaveraz, era que habiendo reconocido (Palafox) su error en algo que contra un individuo sería ya grave, cuánto más contra una religión entera, no se retractó ante el Papa. Y dice (Hoyos) que esto no fue culpa mortal (o.c. pg 114-115) En la otra fuente de sufrimientos, la causada por tenerse que someter a un examen de su espíritu, intervinieron varios jesuitas: uno de ellos, el P. Cardaveraz que apoyaba a Bernardo y defendió que su espíritu, en todo lo sustancial, es verdaderamente de Dios. Probablemente intervendrían el P. Juan de Loyola, que le conocía muy bien; el P. Espiritual del colegio de Medina del Campo, que era entonces el P. Morales y tal vez algún otro. Además de los jesuitas, el P. Villafañe acudió a dos religiosos de otro Instituto con fama de santidad. Hablando de las conclusiones de tal examen, dice Loyola que hallaron el consuelo de la aprobación muy honorífica y que uno de estas personas... siempre le tuvo (a Bernardo) por espíritu sólido y muy favorecido del Señor (o.c. pg 116) 6 El 6 de agosto de 1730. Es en este día cuando el Señor le anuncia la fecha de sus desposorios, que será el 15 del mismo mes, festividad de la Asunción de María a los cielos. 7 Se celebraba el día 10 de agosto la fiesta de este mártir tan popular, diácono del también mártir Papa Sixto II. Ambos fueron martirizados en tiempos del emperador Valeriano, en el año 258. San Lorenzo, asado a la parrilla es abogado contra la fiebre y patrono de los cocineros. 8 Bernardo describe una experiencia mística que pasó por él, a base de elementos imaginativos fundamentalmente. No son pocos los santos y santas que han vivido esta experiencia sin igual, y resulta muy interesante ver y comparar los modos como describen una misma y única experiencia. Los antiguos escolásticos tenían un aforismo que decía: quidquid recipitur, ad modum recipientis recipitur, es decir, cada cual asimila las cosas según su manera personal de ser. 9 Que viene el esposo, salid a su encuentro (salmo 45) 10 Son los santos predilectos de Bernardo. Curiosamente falta Santa Gertrudis, que aparece en otras ocasiones semejantes. 11 En otras notas explicamos las características de la visión imaginaria y de la intelectual; de ambas habla aquí Bernardo. 12 Esta expresión nos choca, y más en un mundo donde se habla del matrimonio entre dos hombres. No olvidemos que aquí se trata del desposorio del alma humana con Cristo y, viéndolo así, no nos disonarán frases que, en principio, como que suenan mal a nuestros oídos. Sabemos que el mismo Dios ha querido expresar su relación con el hombre por medio del símbolo matrimonial, indicando así la intimidad que desea tener con su criatura. El Antiguo Testamento habla con frecuencia con estos símbolos, que aparecen con mayor insistencia en libros como Oseas, el Cantar de los cantares, etc. 13 Bernardo acude a la frase de la Virgen María, consintiendo al mensaje del ángel Gabriel. El desposorio espiritual con Dios es la plena donación del alma al Señor. Esa donación produce en el alma la mayor y más profunda libertad, a la vez que la paz más honda, asentada como está allí el alma en la roca firmísima de la voluntad de Dios. Como diría Santa Genoveva Torres: Tengo gran paz producida por el abandono en Dios...Darse a Dios de veras es lo único que da paz verdadera 14 Este anillo es el símbolo universal de todo desposorio. Uno de los cuadros más conocidos, al respecto, es el llamado de Los desposorios de Santa Catalina, donde aparece el Niño-Dios poniendo el anillo en el dedo de la Santa. 15 Todas mis cosas son tuyas, todas tus cosas son mías 16 Tú y yo somos uno (esto recuerda, en su significado esponsalicio, la frase del Génesis: y se unirá el hombre a su mujer, y serán los dos una sola carne). 17 Esta es la frase crucial en todo este pasaje: las palabras de Dios no sólo dicen, sino que obran en el alma lo que dicen. Son palabras sustanciales, de las que San Juan de la Cruz dice que le hace más bien al alma una palabra de éstas que cuanto el alma ha hecho toda su vida. Acerca de éstas no tiene el alma qué hacer, ni qué querer, ni qué no querer, ni qué desear, ni qué temer. Nunca se las dice Dios para que ella las ponga por obra, sino para obrarlas en ella. Sirven mucho para la unión del alma con Dios y cuanto más interiores, más sustanciales y más aprovechan. (Vida y Obras de San Juan de la Cruz, Bac, tomo 15, Madrid 1950, pg 1406) 18 El 20 de agosto de 1730. 19 A la sombra del que deseaba mi alma, me senté (Cantares 2,3) 20 Tú eres quien me sacó del vientre, me tenías confiado en los pechos de mi madre; desde el seno pasé a tus manos, desde el vientre materno tú eres mi Dios (salmo 21,10) 21 En este bello párrafo que Bernardo pone en boca de Cristo se cantan las misericordias del Señor con el alma. Hay un canto moderno que recoge estas ideas diciendo: Gracias, Señor, por tus misericordias, que me cercan en número mayor que las arenas de los anchos mares y que los rayos de la luz del sol. Pues no existía y me creaste, pues Tú me amaste sin amarte yo, y Tú también me redimiste; gracias, Señor. Por estas cosas y por tantas que conocemos nada más Tú y yo, y no pueden decirse con palabras, gracias, Señor. ¿Qué te daré por tantos beneficios? ¿cómo podré pagarte tanto amor? Nada tengo, Señor, y nada puedo, mas quisiera desde hoy que cada instante de mi pobre vida, cada latido de mi corazón, cada palabra, cada pensamiento, cada paso que doy, sea como un clamor que te repita, lleno de inmensa gratitud y amor: Gracias, Señor, por tus misericordias; gracias, gracias, Señor. 22 Esta experiencia del desposorio la escribe Bernardo a su Padre Loyola desde Medina del Campo en una de las muchas cartas que, a lo largo de su vida, le dirigió. El P. Loyola conservaba esas cartas, con las que luego escribiría la vida de Bernardo. ¡Lástima que, con motivo de la expulsión de los jesuitas de España, esas cartas y otros preciosos documentos que se conservaban en el colegio de San Ignacio de Valladolid (hoy viviendas junto a la actual iglesia de San Miguel) se hayan extraviado tal vez para siempre! 23 Decía Santa Teresa que amor saca amor. Es lo que desea aquí Bernardo: que su alma le pague a Cristo con otro epitalamio, en que ella le exprese su ardiente amor. Así lo hará nueve días más tarde, en la fiesta del apóstol San Bartolomé. 24 El 24 de agosto. 25 Mi amado ha bajado a su huerto, a las eras de balsameras, a apacentar en los huertos y recoger lirios (Cantares 6,2) 26 Yo para mi amado 27 Yo soy para mi amado y mi amado es para mí; él pastorea entre los lirios (Cantares 6,3) 28 En el original, por equivocación, pone: versículo 1, en vez del 3. 29 Eres hermosa, amada mía, qué bella y suave eres; suene tu voz en mis oídos, porque tu voz es dulce (Cantares 4,1.3) 30 Comienza Bernardo su epitalamio con las palabras llenas de humildad del patriarca Abrahán: Hablaré a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. 31 En el texto original, por equivocación, pone: hizo. 32 desde la eternidad 33 Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre (salmo 50) 34 En esta frase hallamos lo que va a ser el leit-motiv de Bernardo de Hoyos tanto en su vida personal de trato con el Señor como, sobre todo, a la hora de exponer la devoción al Corazón de Jesús: resaltar el contraste entre el enorme amor de Dios y la ingratitud nuestra. Este choque produce una descarga tan fuerte que el corazón del hombre se ve precisado a dar una respuesta generosa, ya que una vez más y usando el lenguaje teresiano: amor saca amor. Gracias como ésta que ha experimentado Bernardo ayudan poderosamente a darse al Señor, pero aun con gracias mucho menores, siempre dirá la Santa de Avila- es gran cosa haber experimentado con la amistad y regalo que trata a los que van por este camino (de oración), y cómo casi les hace toda la costa (Camino de perfección XXIII, 5) 35 Su fiesta es el 23 de agosto. Vivió en el Perú (1586-1617) y perteneció a la orden dominicana. Se distinguió por la penitencia y la contemplación mística. 36 Ya hemos dicho cómo en el refectorio de los jesuitas se leía durante la comida algún libro espiritual o instructivo,, siguiendo una regla que decía: En la refección corporal se tenga cuidado que la templanza, honestidad y decencia interior y exterior se observen en todo, precediendo la bendición y siguiéndose la acción de gracias, que todos deben dar con la devoción y reverencia conveniente; y entre tanto que se come, dándose alguna refección asimismo al ánima (Sumario de las Constituciones, regla 30) 37 Vemos por aquí que Bernardo tenía ya conocimiento del Corazón de Jesús por las vivencias y gracias que había ido recibiendo en sus tiempos de estudiante en Medina del Campo. Cuando llegue a San Ambrosio, en Valladolid, será cuando conozca lo que es propiamente el culto y la devoción como tal al Sagrado Corazón, y esto lo hará de manos fundamentalmente de los escritos de Santa Margarita y a través del libro De cultu Cordis Dei Iesu del P. Gallifet. 38 ¿Qué personas eran éstas? Ciertamente el P. Loyola y Agustín de Cardaveraz, y tal vez algún compañero de estudios como podría ser el Hermano Osorio o el Hermano Jiménez, para quienes más adelante escribiría alguna instrucción; probablemente también el P. Calatayud, a quien Bernardo conoció siendo novicio en Villagarcía, y su Padre espiritual en el colegio: el P. Fernando Morales. |