| Libro Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España. |
| Visita a Bernardo San
Francisco de Sales, ofrécesele por director de su
espíritu, y se refieren otros singulares favores. ("Vida". Libro Segundo.
Capítulo 7) Desde su Noviciado tenía Bernardo muy particular devoción al dulcísimo Director de las almas San Francisco de Sales. Miraba a este Santo como a un serafín, en quien ardían los incendios del amor divino, que consumían su corazón: en sus escritos1 hallaba estampada la perfección a que le destinaba el Señor y el camino seguro por donde le guiaba. Sobre todas las virtudes de este maravilloso Santo, robaba su corazón aquel divino enlace, con que viviendo abrasado de amor entre los serafines, se humanaba tanto con los hombres, para llevarlos a Dios.2 Arrebatado de la excelencia de estas virtudes, que miraba en el Santo, le hizo una fervorosa novena, en que le pedía se dignase concederle parte de las virtudes heroicas, que le descubría la divina luz en su alma. Concedióle el afabilísimo Santo mucho más de lo que pedía su devoto haciéndole un singular favor el día de su festividad,3 que fue en Dominica este año.4 Había comulgado nuestro devoto joven con los extáticos ardores que acostumbraba. Sintió, al tiempo de dar gracias, algunos de aquellos amorosos ímpetus, en que le tenía el Señor. Quedó su alma absorta, extática y abrasada en llamas de amor divino, gozando y padeciendo juntamente lo que este paso seráfico de los ímpetus le comunicaba. En estas penas gozosas se hallaba Bernardo cuando vi (dice) muy glorioso y vestido de Pontifical5 a este mi serafín San Francisco de Sales, y me significó cuán versado era en el cielo y había sido en la tierra en las materias del amor; y cómo penetraba muy bien el paso, en que me hallaba, de que debía dar al divino Dueño Jesús humildes gracias ; y que el camino por donde el Señor me llevaba en orden a las virtudes, era muy conforme al que él había enseñado y trasladado en sus escritos. Finalmente me dijo que desde este día6 me tomaba por su hijo espiritual, y que desde el cielo me dirigiría por medio de mis Padres espirituales; pues su dirección había de arreglarse a la de sus instrumentos; y que en las cosas arduas por sí me dirigiría y yo pondría en práctica su doctrina con aprobación de mis Padres Directores; pues Dios quiere que todo vaya ordenado, como por su Providencia ordinaria, aunque por otra parte sea para conmigo tan extraordinaria. Echóme su bendición y dejóme confortado, consolado y anegado en un golfo de amor y de confusión, viendo la bondad del Señor, que se digna de que sus mayores Amigos traten así a esta indigna criatura. Hasta aquí Bernardo. El día de la Purificación de Nuestra Señora7 quiso señalarle la dulce Madre con este singular favor. Vio a esta celestial Reina, después de haber comulgado, muy gloriosa: traía el Corazón herido con la saeta, con que el amor de Bernardo le había traspasado los días antecedentes. De la herida o llaga de amor del Corazón de María Santísima salían hermosos resplandores, que se terminaban en el corazón del joven; influían en él gracias inefables y, formando un pabellón celeste, significaban la especial protección que el Corazón de María tenía del corazón de Bernardo. Díjole la soberana Reina que prosiguiese en saludarla con una salutación que acostumbraba; porque era muy de su agrado. La salutación era esta: Ave Lilium candidum santissimae semperque tranquillae Trinitatis; Ave Rosa caelicae amenitatis, de qua nasci et cuius lacte pasci dignatus est Christus; divinis amoris tui influxibus pasce me: Dios te salve, blanca Azucena de la Santísima y siempre tranquila Trinidad; Dios te salve, Rosa de amenidad celeste, de la cual se dignó nacer y con cuya sagrada leche se alimentó Cristo, apaciéntame con los divinos influjos de tu amor.8 Pocos días después empezó San Francisco de Sales a ejercitar el empleo de Padre espiritual con su espiritual hijo. Dudaba éste, si mudaría la materia del examen particular;9 consultólo con su celeste Director y el Santo le dijo que (se) lo pidiese al Director de la tierra, y que a su paternal providencia quedaba inspirarle el que, según el estado presente de su espíritu, fuese más conveniente. Obedeció el joven y, pidiendo nuevo examen particular a su Director, le señaló éste el que más le convenía, y entendió ser el mismo que San Francisco de Sales le había señalado. Desde este tiempo trataba ya Bernardo con el Santo, como si le viese con los ojos del cuerpo. Todas las noches, después del examen, se ponía de rodillas delante de una imagen del Santo y le daba muy puntual y particular cuenta de conciencia. Devoción que aprobó San Francisco de Sales, apareciéndosele glorioso en aquel acto algunas veces, reprendiéndole sus faltas, dirigiéndole en sus dudas e ilustrándole su entendimiento, y abrasándole su voluntad en sagradas llamas de amor divino. Veremos en el discurso de esta historia muchas doctrinas del dulcísimo Maestro, que pueden servir a sus devotos; por ahora basta copiar las palabras con que Bernardo expresa su devoción y práctica. Todos estos favores (dice) y demás cosas comunico a mi Director dulcísimo San Francisco de Sales, dándole todas las noches cuenta de cómo he pasado el día, pidiéndole me dirija en todo al fin que deseo, que es amar y amar. Muchos y singulares fueron los favores, de que necesitó dar cuenta a su celestial Director en estos días. Pues desde el peligroso tiempo de Carnestolendas10 hasta la Resurrección gloriosa del Señor se continuaron sin cesar. Comunicóle Jesús Sacramentado, considerando los muchos pecados que se cometían en tiempo de carnestolendas,11 un celo abrasado de la salvación de las almas; clamaba con sollozos y lágrimas al Eterno Padre, ofreciéndole la Sangre preciosísima de su divino Hijo por la conversión de los pecadores. Todo el día continuaba su espíritu en estas peticiones de su celo. Avivábanse mucho delante del Santísimo Sacramento, que en estos días se expone público en nuestros altares.12 El lunes de carnestolendas, estando en oración delante del Santísimo Sacramento, vio por visión intelectual muy subida cómo está el Señor desde el trono de la Sagrada Eucaristía gobernando todas las criaturas. Entendió que su sabiduría infinita de tal suerte gobierna a cada criatura en particular, como si ella sola estuviese en el mundo. Esta inteligencia le daba a conocer experimentalmente el grande amor que le tenía el Señor13 y le abrasaba en una correspondencia amorosa. Mostrábasele el Señor amoroso y benigno a la manera dice-, de un cariñoso padre, que se entretiene con un hijo pequeñito, que quiere cogerle de la mano una manzana. Con este símil conoció que Jesús oía sus ruegos, lágrimas y suspiros, y que se apiadaba de los pecadores. Quedó sumamente consolado el celoso joven. Al día siguiente, acompañando el Santísimo Sacramento en la procesión,14 con que se reserva a su Majestad después de las cuarenta horas, en que ha estado expuesto a la veneración de los fieles, se aumentaron los favores y consuelos de Bernardo. Sentía especiales júbilos al ver cómo iba su amante Dueño cortejado y venerado en la procesión. Deshacíase su tierno corazón en dulces lágrimas y, al tiempo que ocultaban a su Majestad, le hablaba con la elocuencia de las mismas lágrimas, como quien se despedía de su amor Jesús. Pero este amorosísimo Señor se le mostró por visión imaginaria, asistido de innumerables ángeles. Traía herido su Corazón con la saeta de que hablamos antes. Hizo un ademán amante, mostrando la saeta, y le dijo que estando su Divino Corazón herido con la saeta de amor que le había flechado, no podía apartarse de su corazón;. así como el mismo Bernardo no podía apartar su corazón del Señor, por estar herido con las sagradas flechas de los Ímpetus amorosos. Que se consolase, que si bien era cierto que en los días de carnestolendas le ofendían mucho los pecadores, tenía muchas escogidas almas que le desagraviaban con sus fervores amantes en estos mismos días. Que instase mucho por los pecadores para que se convirtiesen en la Cuaresma; y que a este fin hiciese particular oración todos los días por los predicadores. En la Sagrada Comunión del miércoles de Ceniza se le mostraron San Miguel y su Santo Angel, previniéndole que había de padecer mucho en tiempo de la Cuaresma15. Confortáronle con un licor o ambrosía del cielo, que se difundió por todo su espíritu, sintiendo el cuerpo una peregrina dulzura. Todos estos favores (concluye Bernardo su revelación ) me han dejado confuso y abrumado con la casi inmensa mole de mi miseria que me confunde hasta mi nada, viendo que es necesario para que yo dé un paso en la perfección use el Señor de estos medios. Y, como ya tengo dicho en otras partes, cuando miro la bondad del Señor me animo y esfuerzo; pero cuando contemplo mi miseria e ingratitud, temo no ejecute conmigo un horroroso y ejemplar castigo. Hasta aquí sus palabras. Por este tiempo se hallaba nuestra Compañía de Jesús muy afligida y amenazada de una de las mayores tribulaciones que podían suscitar sus émulos contra todo el cuerpo de la Religión.16 No se le ocultaba a Bernardo; antes a las noticias que tenía por los medios humanos, se añadían las que le llegaban por los conductos del cielo. Con estas noticias, que afligían sobre manera su espíritu, oraba continuamente al Señor por su amada Madre: pedíale la amparase y protegiese en esta grande persecución, que se forjaba. Acordaba, amante, a Jesús aquella su promesa: Ego vobis Romae propitius ero: Yo os seré propicio en Roma,17 cuando el día de San Gregorio Magno,18 célebre en nuestra Compañía de Jesús, le consoló el Señor con esta visión maravillosa. Visión que no pudiera estamparse, si la sustancia de ella no estuviese pública en otros libros domésticos y extraños. Dando gracias después de haber recibido el Señor Sacramentado (dice el ilustrado joven) se me infundió una luz, que me declaró, cuánto amaba el Señor a la Compañía de Jesús su santísimo Hijo, y porque no se puede explicar, pondré algunas expresiones de su amor, para que en ellas se contemple lo que no se puede decir. Entendí ha señalado el Señor a su Compañía tres Príncipes de los mayores de las jerarquías ángélicas; pues son tres de los siete que hacen particular corte ante el trono de la Santísima Trinidad, como lo insinuó San Rafael cuando dijo a Tobías que era unus ex septem, qui astamus ante Dominum;19 pues el septem no significa aquí multitud, como en otras partes, sino tal número determinado. El uno de estos tres ángeles diputados a la Compañía de Jesús es San Miguel, patrón especial de todas las Religiones que hay en la Iglesia. El segundo es San Gabriel, que mira por la Compañía, encargado de María Santísima como ministro señalado a su obsequio. El tercero es aquel que fue y sirvió de Angel de guarda a mi P. San Ignacio, cuya espantosa santidad se infiere de tener por Angel Custodio a uno de los siete Príncipes del cielo, que están ante el trono del Señor, privilegio especial así al Santo como a la Compañía de Jesús, que fundó. Después de esta inteligencia, vi allá en el Empireo, a todos los de la Compañía que han muerto lo que ha que se fundó, y todo este hermoso ejército tenía, como por quicios y fundamentos a San Ignacio y a San Javier, en que estribaba toda esta hermosa máquina; y vi que la Santísima Trinidad descansaba en ellos, como en su trono. Y la Santísima Humanidad de Cristo Jesús estaba entre los dos Santos, como si ellos y sus hijos fueran su solio; ofrecióseme aquí si sería esta expresión indicar lo que Ezequiel en la carroza que vio. Complacíase en gran manera el divino Amor Jesús en su Compañía triunfante, y era ésta un espectáculo y objeto deliciosísimo a sus divinos ojos, tanto que parecía no haber en el cielo otra Religión, en que se agradase más (esto no es poner a la Compañía en comparación con las demás Religiones, que también si se mira cada una de por sí, parece es la única); pero es sí mostrar que, así como no se puede negar ser una especial prerrogativa intitularse Compañía de Jesús, así la corresponde un no se qué de especialidad en el grado en ella de su capitán, porque admirado yo de esto mismo, viendo la complacencia de Jesús en su Compañía, que parecía decir: electa ex millibus, lilium inter flores, unica, speciosa, etc.,20 entendí era esto por la razón dicha. Pues así como un capitán, aunque estime mucho todas las compañías del ejército, no obstante tiene especial atención a la Compañía suya, o que se nombra por él, o de su nombre, aunque sea General que las tenga todas por suyas, así acá. Dios tiene también esta especialidad, porque era especial esta Religión en imitarle en padecer tribulaciones, conflictos y persecuciones, como todos saben; y por esto se agradaba tanto en la Compañía triunfante del cielo, y en su proporción en la militante que está en la tierra; porque, aunque no todos son santos; pero por muchos buenos mira bien a los no tanto, como por diez justos se ofrecía a perdonar a toda Sodoma. Entendí cuánto se complace cuando la ve atribulada; y la restan muchas tribulaciones, y algunas tan grandes que son insuperables a las fuerzas humanas21; pero que El la asistía. Jamás, jamás faltará ya por un lado, ya por otro, aflicción a la Compañía, y si faltare, tema mucho:22 que nunca faltó persecución a su Capitán Jesús y a la Justicia. Hasta aquí la admirable revelación de Bernardo, que tanto debe consolarnos, pero que al mismo tiempo nos descubre que la mayor gloria de la Compañía de Jesús militante es padecer persecuciones23 por la gloria de Dios, salvación de la almas y por la Justicia.
1 Es muy probable que el novicio Bernardo de Hoyos leyera ya entonces la Vida que sobre San Francisco de Sales escribió el P. Juan de Loyola. 2 Este fue uno de los más bellos carismas que recibió del Señor San Francisco de Sales: supo estar tan cerca de Dios como de los hombres, el gran Amigo de Dios y el gran amigo de los hombres; por eso logró tantas conversiones entre gente que había abandonado la verdadera fe católica. Esta misma idea refleja la oración de la Misa: Señor, Dios nuestro, tú has querido que el santo obispo Francisco de Sales se entregara a todos generosamente para la salvación de los hombres; concédenos, a ejemplo suyo, manifestar la dulzura de tu amor en el servicio a nuestros hermanos. 3 Su fiesta se celebra el 24 de enero. 4 Aquel año de 1730 se ve que la fiesta cayó en domingo. 5 La casi totalidad de las estatuas o pinturas de San Francisco de Sales manifiestan su carácter sacerdotal y episcopal por cuanto lo representan con casulla y mitra. Otro elemento típico es la pluma; no en vano el Papa Pío XI lo declaró patrón de los escritores. 6 Esa fecha del 24 de enero de 1730 fue muy importante para Bernardo, ya que a partir de entonces San Francisco de Sales estará muy presente en su vida espiritual y los escritos del Santo influirán no poco en él. 7 El 2 de febrero de 1730 8 Estas hermosas advocaciones a la Virgen forman parte de un ejercicio piadoso, muy extendido por la Iglesia y quizás hoy menos conocido y practicado por los fieles. Se llama ese ejercicio la Felicitación sabatina, en que se da el parabién a la Virgen María por su concepción inmaculada. Ya hemos dicho cómo Bernardo, siguiendo las huellas de San Juan Berchmans y la tradición de la Compañía, pertenecía al grupo de los inmaculistas, que defendían frente a los maculistas la exención del pecado original en María, la Madre de Dios. En su tiempo esta doctrina (hoy dogma) era de libre discusión en la Iglesia a nivel privado, no así en actos públicos. En efecto, sabemos que el rey Felipe III de España le pidió al Papa que definiera la concepción inmaculada de la Virgen. El Papa Paulo V no accedió a ello, pero sí dio un Decreto. Sobre ello escribirá el P. Frías, historiador jesuita, en una de sus obras: Lo cierto es que no se definió, sino se dio un decreto en que, considerando su Santidad, que de enseñar en lecciones, sermones, conclusiones y otros actos públicos la opinión de haber sido María concebida en pecado original, nacen en el pueblo cristiano escándalos, riñas y disensiones, manda que, mientras no se defina el artículo, o la Sede Apostólica ordene otra cosa, nadie se atreva a hacer, ni sostener tal afirmación en esos actos públicos.... Era el año 1617. Un siglo más tarde, que es cuando vive Bernardo, la corriente inmaculista había engrosado poderosamente mientras que los maculistas constituían un pequeño número. Habiendo sido Bernardo, con toda probabilidad, congregante durante su etapa de estudiante en Villagarcía, nada tiene de extraño que la práctica de la Felicitación sabatina le fuera especialmente querida por haberla practicado muchas veces. 9 El examen particular es un método ascético, enseñado por San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios, para quitar los defectos y faltas que nos impiden avanzar por el camino de la perfección. Cada día se anotará el número de faltas en que se ha incurrido para poder comparar un día con otro, una semana con otra, y ver así si se produce el avance deseado. El Santo lo expresa de esta manera: El primer tiempo es, que a la mañana luego en levantándose, debe el hombre proponer de guardarse con diligencia de aquel pecado particular o defecto, que se quiere corregir y enmendar. El segundo, después de comer, pedir a Dios nuestro Señor lo que hombre quiere, es a saber, gracia para acordarse cuántas veces ha caído en aquel pecado particular o defecto, y para se enmendar adelante, y consecuentemente haga el primer examen demandando cuenta a su alma de aquella cosa propuesta y particular de la cual se quiere corregir y enmendar, discurriendo de hora en hora o de tiempo en tiempo, comenzando desde la hora que se levantó hasta la hora y punto del examen presente; y haga...tantos puntos cuantos ha incurrido en aquel pecado particular o defecto; y después proponga de nuevo de enmendarse hasta el segundo examen que hará. El tercer tiempo, después de cenar se hará el segundo examen asimismo de hora en hora, comenzando desde el primer examen hasta el segundo presente, y haga...tantos puntos cuantas veces ha incurrido en aquel particular pecado o defecto (Ejercicios espirituales, nº 24-26) 10 Desde los Carnavales a la Pascua de Resurrección, es decir, durante toda la Cuaresma. El nombre de Carnestolendas, tan castizo, expresa a las mil maravillas el tiempo penitencial de la Cuaresma cristiana: carnes tollendas, es decir, cuando se suprime la carne de la alimentación. La abstinencia consistía en privarse de comer carne, como un género de penitencia cuaresmal para preparar el espíritu a la alegría y gozo de la Pascua. Entonces la abstinencia comprendía los lunes, miércoles y viernes de Cuaresma. 11 Siempre han sido los días de carnaval días de desenfreno de la libertad, días en que mirando a la penitencia cuaresmal- diríamos que el cristiano se desquita viviendo desordenadamente los tres días anteriores al tiempo penitencial, sabiendo que le aguardan cuarenta días de oración más intensa y de penitencia. Lo triste es cuando, como sucede actualmente, se viven los carnavales, pero no se vive luego la cuaresma. Todo el proceso queda desvirtuado y sin sentido. En tiempos de Bernardo, con todos los fallos que se quiera, probablemente no era así. 12 Ya en tiempos de Bernardo y antes, solía exponerse el Santísimo Sacramento como una práctica de expiar los pecados y desenfrenos de esos días. Esta práctica sigue vigente en la actualidad y no son pocas las iglesias y lugares de culto que la mantienen y promueven. La idea de desagravio y reparación por los pecados ha estado siempre viva en la Iglesia, ya antes de Santa Margarita María de Alacoque, si bien con ella adquirió mayor fuerza en la espiritualidad de los fieles. No olvidemos que por este tiempo Bernardo no conoce todavía la vida y la irradiación espiritual de esta religiosa salesa. 13 Esta frase nos recuerda aquella otra de Santa Margarita de Alacoque cuando nos dice que el Señor hubiera instituido el Sacramento de la Eucaristía por el solo placer de alojarse en un alma. 14 Procesión que tendría lugar, sin duda, por el interior del Colegio de Medina del Campo, y donde Bernardo siente un especial amor a Jesucristo, gozándose de verle honrado y venerado por los fieles. 15 En efecto, va a comenzar la dolorosa purificación, que se conoce en términos ascéticos, con el nombre de la noche del espíritu. La mayoría de las almas santas, por no decir todas, han pasado por estos sufrimientos interiores, en que el alma queda limpia de la escoria que le impide la perfecta unión con Dios nuestro Señor. Ya hemos señalado la precisión con que se concreta aquí y en otras ocasiones el tiempo de la prueba. 16 Se refiere el P. Loyola al movimiento, desencadenado por los enemigos de la Compañía de Jesús, para obtener la beatificación de uno de sus principales detractores: el obispo Palafox, y lograr con ello el desprestigio de la Orden. Así lo explica el P. Máximo Pérez en su libro El Poder de los débiles: Juan Palafox Mendoza fue obispo de Puebla en México por el año 1640 y de Osma, en España, en 1653. Su poco afecto a los jesuitas le llevó, en 1649, a dirigir al Papa Inocencio X un escrito que, por esta razón, fue llamado Inocenciana. Introducida la causa de beatificación de Palafox en 1726 (cuando Hoyos era novicio añadimos nosotros), los enemigos de la Compañía vieron en ella una oportunidad de apoyarse en el posible futuro beato para combatir a los jesuitas, desde más seguras posiciones. Intentaron acelerar el proceso, poniendo a un lado dice Uriarte- el examen de los escritos y controversias del batallador prelado, y ganaron para su propósito la voluntad del Papa Benedicto XIII que estaba decidido a llevar a Palafox a los altares en 1730, año en que Bernardo se encontraba en Medina estudiando su segundo curso de Filosofía. El P. Villafañe, Provincial entonces de Castilla, sospechaba la propaganda que contra la Compañía iba a montarse cuando un enemigo de ella alcanzara la beatificación. Suponía, y no le faltaba razón, que aquella beatificación sería un descrédito para la Compañía. Por este motivo pidió oraciones a los jesuitas de la provincia y en concreto a dos de ellos, que fueron precisamente el neosacerdote Agustín Cardaveraz, estudiante de Teología en Valladolid, y el H. Bernardo F. De Hoyos, estudiante de Filosofía en Medina. Esto indica que el P. Villafañe estimaba a ambos. Los dos estudiantes se lo tomaron en serio y oraron mucho. Metidos como estaban ambos por los caminos de la mística, los dos tuvieron comunicaciones sobre el asunto. Cardaveraz sintió en la oración que Jesús amaba tanto a la Compañía que no podía dejarla en descrédito ante toda la Iglesia y que tenía medios más que suficientes para sacarla del apuro en que estaba metida. Que si fuera menester, el obispo de cuya beatificación se trataba, bajaría del cielo para desdecirse. Más aún, que antes de dejar en descrédito a su Compañía, podía parar fácilmente los pasos del Sumo Pontífice, enviándole la muerte. Esta visión la tuvo Cardaveraz el día 6 de marzo de 1730. La carta dirigida a Bernardo en que comunica esto tiene fecha del día 8. Ese mismo día llegaba a Madrid la noticia del fallecimiento pontificio. El Papa en realidad había muerto el 21 de febrero, martes de carnaval y víspera de su cumpleaños; es decir, trece días antes de la visión, mas la noticia había tardado quince días justos en llegar a la corte de Madrid. Me quedé asombrado del caso escribe Cardaveraz-, viendo que aquello que parecía promesa de futuro, no fue sino revelación de pasado.... En todos estos días no pude pensar en otra cosa sino en que primero moriría el santo Pontífice que alguien hiciera mal a nuestra Compañía. Cardaveraz comunica todo esto a su Provincial. A los pocos días recibe Cardaveraz una carta del H. Bernardo: también él ha tenido alguna revelación sobre el asunto. Agustín le responde que está de acuerdo casi enteramente con él y que ha recibido sobre el asunto las mismas inspiraciones. (El Poder de los débiles, P. Máximo Pérez, Edit Edapor, Madrid 1991, pgs 113-114) 17 Esta experiencia mística, vivida por San Ignacio en la capilla llamada de La Storta, en que el Señor le asegura que les será favorable en Roma, la cuenta así el P. Ribadeneira en su Vida de San Ignacio: Aconteció en este camino, acercándose ya a la ciudad de Roma, entró a hacer oración en un templo desierto y solo, que estaba algunas millas lejos de la ciudad. Estando en el mayor ardor de su fervorosa oración, allí fue como trocado su corazón, y los ojos de su alma fueron con una resplandeciente luz tan esclarecidos, que claramente vió cómo Dios Padre, volviéndose a su Unigénito Hijo, que traía la cruz a cuestas, con grandísimo y entrañable amor le encomendaba a él y a sus compañeros, y les entregaba en su poderosa diestra, para que en ella tuviesen todo su patrocinio y amparo. Y habiéndoles el benignísimo Jesús acogido, se volvió a Ignacio así como estaba con la cruz, y con un blando y amoroso semblante le dice: Ego vobis Romae propitius ero, Yo os seré en Roma propicio y favorable. Maravillosa fue la consolación y el esfuerzo con que quedó animado nuestro Padre de esta divina revelación. Acabada su oración, dice a Fabro y a Laínez: Hermanos míos, qué cosa disponga Dios de nosotros, yo no lo sé, si quiere que muramos en cruz, o descoyuntados en una cuerda, o de otra manera; mas de una cosa estoy cierto: que de cualquiera manera que ello sea, tendremos a Jesucristo propicio (Vida de San Ignacio de Loyola, BAC, Madrid 1945; II, 11, pgs 123-124) 18 La fiesta de San Gregorio Magno se celebra hoy el 3 de septiembre. San Gregorio nació hacia el año 540 en Roma. Iniciada la carrera pública, fue nombrado Prefecto de Roma. Siguió después la vida monástica, fue ordenado diácono y desempeñó el cargo de embajador en Constantinopla. En el año 590, el día 3 de septiembre fue elevado a la cátedra de Pedro, en la cual se mostró verdadero Pastor en el gobierno, en la ayuda a los pobres y en dilatar y reafirmar la fe. Dejó muchos escritos de Moral y de Teología. Murió el 12 de marzo del año 604, día probablemente en que se celebraba esta fiesta litúrgica en tiempos de Bernardo. Ha sido uno de los grandes Pontífices de la Iglesia; de ahí el apelativo de Magno con que se le reconoce en la historia de los Papas. Ese mismo calificativo es fácil que se le dé también a Juan Pablo II, a quien muchos comienzan ya a apellidarle el Grande. Bajo la bóveda de muchas iglesias y catedrales, en las pechinas, aparece este Papa junto con San Ambrosio, San Agustín y San Jerónimo, Padres de la Iglesia. 19 Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor (Tobías 12, 15) 20 elegida entre millares, azucena entre las flores, única, hermosa...(Cantar de los cantares) 21 De algún modo parece Bernardo de Hoyos entrever aquí las grandes tribulaciones por las que treinta años más tarde pasaría la Compañía (expulsión de Portugal, de Francia, de España, supresión de la Compañía por el Papa....). Comenzaba ya a fraguarse ese complot de fuerzas civiles y aun eclesiásticas, que acabarían más tarde con la Compañía. Sin embargo, ésta no desapareció del todo, por cuanto la zarina Catalina la Grande, de Rusia, la mantuvo en sus territorios de la Rusia Blanca. 22 La frase de la Escritura: qui pie vivere volunt in Christo Iesu, persecutionem patientur (quienes optan por vivir piadosamente en Cristo Jesús, sufrirán persecución) se encuentra al fondo de estas frases de Bernardo de Hoyos. San Ignacio siempre deseó que él y sus hijos se vistiesen de la misma vestidura y librea de su Señor, y el vestido de Cristo fue con frecuencia la tribulación. 23 Innumerables son las persecuciones que, a lo largo de los casi cinco siglo de existencia, ha tenido que sufrir la Orden de San Ignacio: en Suiza hasta no hace mucho ha estado prohibida su existencia, en Inglaterra en tiempos de Enrique VIII e Isabel I fueron perseguidos a muerte, en Francia, en Alemania, en España....han sido expulsados varias veces. Varios de los ministros de Carlos III fueron verdaderamente nefastos para la Orden de los jesuitas. La famosa frase: matemos primero a la hija (la Compañía de Jesús) y luego mataremos a la madre (la Iglesia) revela el diabólico plan de aquellos lúgubres tiempos. Sus bienes han sido muchas veces confiscados por los diversos Estados (colegios, casas de formación, noviciados, espléndidas bibliotecas....). En muchas bibliotecas estatales se pueden ver hoy valiosos libros con el sello de Casas de la Compañía. Ese latrocinio ha quedado impune en la gran mayoría, por no decir, en todos los Estados, que se han negado a devolver lo que no era suyo y fue arrebatado por la fuerza, o por razones que como dijera Carlos III- se reservaba en su real pecho. Después de dos siglos y medio estamos por conocer esas razones. Recientemente en España,fuela Segunda República quien expulsó a los jesuitas, confiscándoles sus bienes. Afortunadamente, fue el Generalísimo Franco quien hizo venir a la Compañía de Jesús, injustamente desterrada por un Gobierno antirreligioso, y le devolvió las Casas y bienes que el régimen anterior le había robado. Es probablemente uno de los pocos casos, si no el único, en que esto sucede. |