| Libro Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España. |
| Trátase de los ímpetus
supremos del amor y distínguense de los ímpetus
inferiores. ("Vida".
Libro Segundo. Capítulo 3) Habla San Agustín de la visión intelectual y dice que, en comparación de este favor, callen los cielos, la tierra, las criaturas, las visiones y locuciones externas e imaginarias. Con harta razón por cierto; pero en el paso y elevado grado de contemplación, que he de tratar ahora, aún se puede decir más que callen las dulces violencias de los raptos, las suavidades de los éxtasis y aun las mismas visiones intelectuales (no hablo de la suprema especie, que es de la divina esencia), pues con este favor me parece no hacen comparación. Quien no las ha experimentado y no ha estado en este paso de los ímpetus supremos (que así los llamo, para contradistinguirlos de otros géneros de ímpetus inferiores) juzgo no me creerá, mas quien lo sabe por experiencia verá no es más ni menos de lo que yo digo;1 y que sea mayor favor, véese en lo más inexplicable, sin embargo de no ser muy fáciles de explicar las visiones intelectuales. Para tratar y explicar este paso lo posible a mi entender, me ha parecido hablar primero de otras tres especies de ímpetus que hay, porque juntos, y puestos unos junto a otros, se verá mejor la diferencia, imperceptible casi en los términos porque faltan palabras adecuadas en este término. Este nombre ímpetu significa violencia, y porque el amor violento o que causa violencia se halla en muchos pasos, a todos ellos se podía aplicar: pero yo sólo trataré, como dije ya, de cuatro especies que participan el género de ímpetu: la última es el fin de este cartapacio, las otras tres son para mejor explicación y más fácil inteligencia de la cuarta especie, y así no haré más que tocarlas. La 1ª especie de ímpetus o de amor violento fue por donde el Señor empezó a llevar tras sí mi corazón y a disponerlo para lo que en él quería hacer. De estos ímpetus trata la seráfica Doctora Santa Teresa de Jesús en su Vida al capítulo 29. Es, pues, esta especie de ímpetus una devoción sensible que alboroza toda el alma, y (de) esa redundancía se comunica al cuerpo alguna cosa de lo que allá pasa; el rostro se enciende, el cuerpo parece que está entre fuego, el corazón da saltos violentos, ya prorrumpe el afecto en suspiros, ya en lágrimas no muy suaves, ya quisiera estar en un desierto para dar voces y desfogar su pecho. Veníanme a veces en tanta abundancia estos afectos y con tanta fuerza, que me solían quitar la respiración, y padecía el cuerpo tanta violencia que quedaba molido; y del ardor material que ardía en el corazón, se me originó en él por la parte exterior una ampolla como una avellana, que se aumentaba al paso de los afectos, y cuando el Señor me quitó esta devoción, esta devoción sensible, se me quitó también. No es todo espiritual, sino la mayor parte es material, que se aumentaba con dejarme llevar a veces demasiado, y atizando el fuego de mi parte, aunque otras veces no estaba en mi mano, y si se quiere resistir, puede causar harto daño al cuerpo y pasar aquel gozo a sensual, que como era a los principios no sabía yo cómo haberme, aunque no me faltaba la dirección de doctos Padres espirituales,2 pero hace mucho la experiencia. Como yo estaba tan bozal3 para estas cosas, me atraía el Señor por este camino más material y sensible que espiritual, pues parece obraba en aquellos afectos más la parte inferior que la superior. Por revelación divina he entendido después está cifrado este paso al principio de los Cantares; pues luego que el Señor y divino Esposo, condescendiendo a la petición de la esposa: trahe me post te,4 la empezó a llevar tras sí, la dió estos ímpetus, y por eso luego exclama: exultabimus, et laetabimur in te:5 el intento del Señor sólo es llevar tras sí el alma ( trahe me) como ella lo desea, y dándola estos ímpetus, no sólo el alma según su parte superior, sino según la parte inferior, le sigue, como lo significaba ella en el curremus 6 en plural, y lo dice más expresamente en lo que añadió: exultabimus, et laetabimur in te: como si dijera: no sólo yo, que supongo por la parte superior, sino aun la inferior sentimos el efecto del divino ímpetu. Exultabimus, esto se entiende de la parte inferior; dice en plural para indicar que no está un gozo sin otro, esto es, que si goza aquí la parte inferior, es porque goza la superior. Pero quiere la esposa ponerlo patente lo que en este paso hay, diciendo que saltará de alegría y se alegrará. Por lo primero muestra la violencia que causa este amor, y como dije, causa en el cuerpo alteraciones corpóreas, encendiéndose y saltando el corazón. Por lo segundo, esto es, por el laetabimur, da a entender, cómo la parte superior se ha más prudentemente, sin que se deje llevar tanto que dé saltos como loca. Pone en primer lugar el exultabimus; porque como digo, en este paso lo más es sensible y material, pues es tan poco espiritual. A esto aludió el Profeta, que dijo: Cor meum, et caro mea exultaverunt.7 La 2ª especie de ímpetus explica la seráfica Doctora en las moradas 6ª al capítulo 2º y en su vida en el cap. 29 ya citado, y me la comunicó el Señor después de la oración de quietud y de un terrible desamparo: ésta coincide mucho con la cuarta especie, pero es tan diferente como una cosa muy material y otra muy espiritual; y cuanto dista la primera especie de ésta, tanto ésta es inferior a la cuarta. Llámase este paso amor vulnerante, o herida del amor, o saetas del amor, o cadenas del amor, etc. Sucedíame muchas veces ya en oración, ya fuera de ella, ya estando recogido, ya divertido, ya en ejercicios espirituales, ya en los materiales, venir de improviso un ímpetu que traspasaba el alma de parte a parte, causando un escozor sabroso, una pena regalada, un regalo penoso y un ingenio de gozo y de dolor. Gustaba el alma mucho de este dolor, aunque la escocía, y no querría que jamás cesase, y por otra parte no se puede sufrir cuando se aumenta. Consiste este grado o especie de ímpetu vulnerante en un acto amoroso, que el Señor infunde en el alma y hiere de muy varios modos, y aunque de aquí cuentas varias heridas de amor, como lo hace la dulzura de mi amantísimo Director San Francisco de Sales en la Práctica del amor de Dios,8 siempre se reducen a una misma cosa. Viene una vez un deseo de desatarse del cuerpo, y como se ve atada la pobre alma, siente una dulce pena, otra vez al dividir el amor la parte inferior y superior, esto es, al apartarla de lo delectable, causa el dolor, pues no se pierde sin dolor lo que se posee con amor, y como el amor es sensible, así el dolor que las aparta, es penetrante. Otras veces ilustraba mi entendimiento una clara luz, iba luego la voluntad a arrebatarse tras el objeto conocido, y como la luz le muestra infinitamente amable, cáusala un suave dolor ver no se dilata a tanto su pequeñez. Otras (dejando otros muchos modos de heridas, que cada día experimentaba) hería el Señor inmediatamente la sustancia del alma por un toque sustancial, tan divino y suave que sólo quien lo ha experimentado, lo entenderá. Es de advertir, que me dejaba este favor unos efectos maravillosos,9 particularmente un gran despego y tedio a lo creado, y unión y deseos de Dios viendo en mí lo que pasó a David, cuando dijo: Que madmodum desiderat cervus ad fontes aquarum ita desiderat anima mea ad te Deus.10 Hame dado a entender una divina luz y me ha hecho ver, como por vista de ojos, este paso en lo que él mismo dice de su esposa: Vulnerasti cor meum, soror mea, sponsa, vulnerasti cor meum in uno oculorum 11 tuorum. Parecerá que aquí no trata el Señor de las heridas que hace en el alma, sino las que el alma hace en él; es así, pero unas y otras insinúa maravillosamente. El sentido de las palabras es éste: Dos heridas participan aquí el esposo y la esposa: una directa y otra refleja. Dispónese un alma para ser objeto de los ojos del Señor, y siéntese herido de esta alma; y ¿qué hace? Hiérela dulcemente, pagando amor con amor por uno de los modos dichos. Ya quedan directe (directamente) heridos el esposo y la esposa. Vuelve el esposo, y reflejamente ve herida a su esposa, y hiérese nuevamente sólo de verla herida. Ella, que no deja de conocer la herida que tiene el esposo, participa por reflexión otra nueva herida, reverberando como en un espejo las heridas de los dos amantes. Por eso dijo: vulnerasti, vulnerasti: como si dijera: he herido ese mi corazón; mío porque el amor le hace mío y, por consiguiente, me hieres; y se mira mejor este sentido en añadir in uno oculorum tuorum. Si dijera cum uno mejor se percibiera, pero in uno no se percibe tan claramente; porque si el corazón del esposo es el herido,¿ cómo la herida se recibe en uno de los ojos de la esposa? Es como he dicho: tiene la esposa herido el ojo amoroso de la voluntad, y recibiéndose en su voluntad la saeta, abre herida en el corazón del esposo. No parezca esto fuslería o sutilidad, que pasa así, y entre otros sentidos tienen éste las palabras dichas; y así lo vi un día, que unos rayos de luz en forma de cordones de oro hermoso abrían tres heridas en mi corazón, y mirándolos por el otro extremo abrían tres llagas en el Corazón de Jesús mi amor, siendo uno mismo el instrumento de unas y otras.12 Consta pues, que hay entre el alma y Dios muchas heridas de amor. Y ésta es la segunda especie de ímpetus, porque vienen de súbito y con violencia, que aunque principalmente se termina en el espíritu (al contrario de los ímpetus antecedentes) parece entrar ab extrínseco participando bastantemente el cuerpo, aunque con suavidad. La tercera especie de ímpetus, en que suele parar esta segunda, son los instrumentos de los raptos o arrobamientos, de que habla la seráfica Santa Teresa en su vida, cap. 20 y 21, y en las Moradas 6 (sextas), no me acuerdo en qué capítulo. Yo, aunque experimenté con los ímpetus pasados algunos raptos, pero duraban poco más de media hora, y a lo más una; y en algunos perdía el sentido en fuerza de la luz interior. Mas ahora no intento tratar de los raptos, sino del principio de ellos, que es una repentina luz, que por ser su claridad demasiada y grande, ofusca la potencia intelectual, como el sol a los ojos flacos; o es tal su operación, que causa lesión material en el cerebro, y luego acuden volando los espíritus animales a socorrerle; y aquí está el ímpetu, que juzgo no es otra cosa que la aceleridad con que se abstraen al cerebro los espíritus animales. Es un vuelo semejante al que vio Abacuc desde Judea a Babilonia,13 a refrigerar a Daniel, y muy parecido al de Ezequiel,14 similitudo manus aprehendit me in cincinno capitis mei, et elevavit me spiritus inter terram et coelum, et adduxit me in Jerusalem. Ni más ni menos: estaba yo descuidado, viene la luz, causa lesión, o operación vehemente en el celebro, y al punto, como por un cabello arrebatan los espíritus animales a socorrerle, y quedaba yo como entre el cielo y la tierra, como en el aire, y aun a veces quería llevar tras si el cuerpo, y¿ a dónde sube y es arrebatada esta alma? In Jerusalem: a la visión de paz, porque luego queda en una paz suma. Hay, a mi parecer, diferencia grande15 entre estos ímpetus o vuelos de espíritu a los antecedentes. Los otros causan éxtasis; éstos raptos; éstos consisten en la inteligencia, los otros en el amor. Unos apenas los sentía, cuando perdía los sentidos; otros se dejaban sentir muy bien. Declaróme el Señor esta especie de ímpetus con aquellas palabras: introduxit me Rex in cellam vinariam; ordinabit in me charitatem.16 Entendílas en el sentido mismo que las explica mi seráfica Madre en los Conceptos de amor de Dios,17 y así allí se pueden ver. Esto añado: que en el introduxit se ve cómo viene de otro esto; y nosotros estamos mere pasive, sin hacer más que recibirlo; aunque a veces solía resistir yo, por estar en público. En el ordinavit in me charitatem, muestra las señales del verdadero rapto: que si el alma no sale con más virtudes, o con todas en su proporción, pues ordenando el Señor la caridad, muestra ordena las demás virtudes; porque según San Pablo la caridad: est vinculum perfectionis y no hay perfección donde no hay virtudes, no será pues rapto o arrobamiento, sino abobamiento, embuste, o ilusión diabólica. Dice muy bien el texto hebreo: en lugar de ordinavit in me charitatem, vexil lum eius super me dillectio.18 Ya aquí campea y se extiende en el alma la bandera con las armas de su Amado, que no son otras que su amor, porque es singular en este paso, y ya lo creado le da en rostro y sólo se contenta con ver es la voluntad del Señor esté en este mundo, habiendo visto algo del otro. Entro en la 4ª especie de ímpetus, que llamo supremos. Pido al Señor lo diga él; porque yo confieso, tiemblo empezar por no hallar palabras adecuadas. He padecido grandes desamparos, tristezas, tedios, congojas, tentaciones, penas resultantes en el cuerpo, penas causadas de los demonios en el alma y dolores de infierno; pero todo es nada en comparación de lo que aquí padezco, y lo que gozo es más que todas las dulzuras y favores tomados seorsim (por separado) antes de este favor; ya va por seis o siete meses que continuamente le gozo, desde el día después de mi Santa Teresa; mas la experiencia me dificulta más el hablar, por hallar tantos prodigios en este paso, que muestran bien la infinita sabiduría de Dios, que tal(es) invenciones traza, para probar a sus amigos y favorecerlos juntamente, juntando un sumo padecer con un sumo gozar. Ezquerra en su Lucerna Mística, en el tratado 5º insinúa algo en los capítulos de ímpetu supernaturali, de languore, de vulnere, y de siti insatiabili. Y el docto y experimentado Godinez en su Práctica de la Teología Mística, lib. 6º cap. 11; pero no hacen más que insinuar, y este último, aunque compendioso, casi penetra lo íntimo de este paso. La cherúbica y seráfica Doctora se eleva sobre los dos en sus Moradas (6 cap. 11 y en su vida al cap. 20) in medio.19 Pero (como la Santa confiesa) no acierta tampoco a explicarse, sin embargo decir tanto. Y así yo no se qué decir, si el Señor no lo dice; y si sigo a alguno para explicarme, ha de ser a la Escritura, y a una inteligencia de ella que me dio el Señor sobre unas palabras de los Cantares; también puede ser ponga alguna otra palabra de esta sapientísima idiota, y como ignorantes entraremos los dos en estas maravillas del Señor. Quoniam non cognovi literatturam, introibo in potentias Domini.20 Para que la humildad alcance lo que no penetra la arrogancia de los sabios soberbios, y más que voy fiado en la obediencia, que me lo manda escribir. A veces estando bien descuidado, siento en un punto ponerse el alma, o lo más supremo de ella allá, sobre todo lo creado, y aun sobre sí misma; porque esto pasa en el fondo del alma, en la suprema punta del espíritu. Siento, digo, ponerse el alma en una soledad inmensa, como si todo el mundo fuera un desierto, y ella fuera la única persona que le habitara, ni encuentra criatura, ni creador. Ama a su Dios todo todo, ni se para en su bondad, en su misericordia, en su omnipotencia, sino se echa a pechos con todo Dios; sin amar cosa particular en él, y lo que más es, le parece no ama, sino que está lejos de amar, y anda como mendigando el principio del amor. Oh traza del Omnipotente! Pónela el amor en agonías de muerte, en peligro de reventar de amor, y ella se consume en el deseo de amar, pensando no ama. Muere de una pena que, como cuchillo de dos filos, penetra hasta las íntimas médulas del espíritu. Mira la amabilidad infinita del objeto infinito, y arrebátase con un tan vehemente lanzamiento hacia él, que basta este solo accidente para arrancarla del cuerpo en lo natural. Pero ¡ay Dios! Que va dando de una saeta en otra; porque viéndose detenida de la carne mortal esta águila generosa, que le impide abrazarse con la infinidad de su Dios, recibe un dolor que la consume dulcemente. Muéstrase el amor de los Angeles, de los Santos, de los Serafines, y ella se muestra tan amantemente precipitada que no se contenta, y como si ella pudiera amar más, aspira a lo imposible. No se satisface con cuanto ve es amado Dios; sino que hambrienta, sedienta y divinamente hidrópica de más amor, intenta lo imposible. Oh, qué bien dijo San Agustín! Amor non capit de imposibilitate solatium.21 Sin duda estaba herido el Santo de semejante impetuoso amor, cuando dijo: Si Agustino fuera Dios y Dios fuera Agustino, dejara Agustino de ser Dios porque Dios fuera Agustino. Sí; así pasa; a semejantes delirios de amor me obliga a mi a veces. Pero desmenucemos esto, que quien no lo hubiere experimentado, no lo entenderá y juzgará ser éste un grado de amor muy inferior, que llaman Ebrietas, Inebriamini charisimi;22 porque las palabras así lo suenan. Diré antes algo de lo continuo y ordinario. 1 Realmente es extraordinario que un muchacho de diecisiete años se explique de esa manera tan clara y precisa acerca de los fenómenos místicos que ocurren en las almas, cuando el Señor así lo quiere. Bernardo no ha estudiado aún la teología; se encuentra cursando la filosofía en el colegio de Medina del Campo, pero habla ya de estos fenómenos con la exactitud de un consumado especialista. 2 Sabemos que el P. Juan de Loyola le escribía con frecuencia cuando Hoyos estaba en Medina del Campo, ya que nunca dejó de dirigirle espiritualmente una vez que tomó este cargo sobre sí ya desde el Noviciado de Villagarcía. Además tenía siempre a mano al Padre espiritual de los filósofos jesuitas, que habitaba en el mismo Colegio. 3 tan rudo, tan poco acostumbrado... 4 llévame en pos de ti (Cantar de los Cantares 1, 4) 5 exultaremos y nos gloriaremos en ti (Cantares 1, 4) 6 !corramos¡ (cantar 1, 4) 7 mi corazón y mi carne gritan de alegría (Salmo 83, 3) 8 La Práctica del Amor de Dios fue uno de los libros más extendidos del santo obispo de Ginebra, San Francisco de Sales. 9 Uno de los indicios más claros para conocer cuándo una experiencia espiritual proviene de Dios son precisamente los efectos buenos que deja en el alma. La frase de Jesús es una buena guía para esto: por sus frutos los conoceréis. Bernardo de Hoyos no hace aquí sino aplicar las Reglas de discreción de espíritus de San Ignacio de Loyola, que hemos ya comentado en otros lugares de este libro. 10 Como el ciervo desea las fuentes de las aguas, así mi alma te desea a Ti, Dios mío , versículo 2 del salmo 41, Este salmo, como otros muchos, se los atribuían al rey David. La realidad es que fue compuesto por un levita desterrado; alejado de Dios y del Templo, en nada podía encontrar descanso, sino en el recuerdo de las celebraciones litúrgicas y en la esperanza de que volvería un día a tomar parte en ellas. Ese versículo es como una súplica dolorosa y anhelante dirigida hacia Dios. 11 heriste mi corazón, hermana mía, esposa, heriste mi corazón (Cantares 4, 9) 12 Alude aquí Bernardo a unas experiencias espirituales que tuvo en enero de 1730 con motivo de la renovación de votos que solían hacer los estudiantes jesuitas en el tiempo de la Epifanía. Hablando de la experiencia que tuvo el 6 de enero (fiesta de los Reyes Magos) escribe así: En el momento de la comunión....vio dentro de su alma a Jesús muy glorioso, apacible y benigno y reparó que el amorosísimo Jesús había puesto su sagrado Corazón en el mismo sitio donde correspondía estar el de Bernardo, pero de este modo admirable. El corazón del joven estaba cerrado o como engastado con el de Jesús, quien le dijo con indecible amor: invenisti gratiam coram oculis meis, quia inveni te secundum Cor meum...(has hallado gracia ante mis ojos, porque eres conforme a mi Corazón). Estaban los dos corazones heridos y traspasados con tres saetas pequeñas de oro, cuya punta era el fuego del amor divino, como el dardo que hirió el corazón de Santa Teresa. Simbolizaban los tres votos que poco antes había ofrecido Bernardo. Y, cuatro días después, el 10 de enero, escribe: Vi su sagrado Corazón que, de las tres heridas que le habían abierto las tres saetas de que he hablado, arrojaba rayos de luz purísima que se encaminaban hacia mi corazón; pero antes de llegar, formaron un corazón en medio del de Jesús y el mío, que parecía de oro mezclado con plata, o de electro.... Y al final de ese mismo día escribe así la visión del Corazón de Cristo: Se le apareció glorioso Jesús con su divino Corazón descubierto. Traía en sus santísimas manos, más blancas que la nieve, las tres saetas de oro con puntas de fuego, de que ya hablamos antes. Díjole Jesús que eligiese de aquellas saetas la que más le agradase. Yo entonces, arrebatado de amor, acordándome del lugar de los Cantares Vulnerasti cor meum...,sin hablar palabra, tomé las tres saetas y las clavé en aquel divino Corazón, y el buen Jesús, haciendo un ademán de mucho amor, me dijo que el clavar en su Corazón las tres saetas era herirme a mí mismo, como vería al día siguiente (Vida de Bernardo de Hoyos, por el P. Juan de Loyola, libro II, cap 6) 13 Hace alusión este pasaje bíblico al momento en que estando el profeta Daniel en el foso de los leones, el Señor le va a socorrer milagrosamente por medio del profeta Habacuc: Estaba a la sazón en Judea el profeta Habacuc: acababa de preparar un cocido y de desmenuzar pan en un plato, y se dirigía al campo a llevárselo a los segadores. El ángel del Señor dijo a Habacuc: Lleva esa comida que tienes a Babilonia, a Daniel que está en el foso de los leones. Señor dijo Habacuc- no he visto jamás Babilonia ni conozco ese foso. Entonces el ángel del Señor le agarró por la cabeza y, llevándole por los cabellos, le puso en Babilonia, encima del foso, con la rapidez de un soplo. Habacuc gritó: Daniel, Daniel, toma la comida que el Señor te ha enviado. Y dijo Daniel: Te has acordado de mí, Dios mío, y no has abandonado a los que te aman. Y Daniel se levantó y se puso a comer, mientras el ángel de Dios volvía a llevar al instante a Habacuc a su lugar (Daniel, 14, 33-39). 14 Alude a una visión del profeta Ezequiel (8, 1-3): El año sexto, el día cinco del sexto mes, estaba yo sentado en mi casa y los ancianos de Judá sentados ante mí, cuando se posó allí sobre mí la mano del Señor Yahvé. Miré: había allí una forma con aspecto de hombre. Desde lo que parecían ser sus caderas para abajo era de fuego, y desde sus caderas para arriba era algo como un resplandor, como el fulgor del electro. Alargó una especie de mano y me agarró por un mechón de mi cabeza; el espíritu me elevó entre el cielo y la tierra y me llevó a Jerusalén, en visiones divinas, a la entrada del pórtico interior que mira al norte 15 Bernardo hace aquí la distinción entre unos y otros ímpetus por los efectos que causan: los primeros y segundos ímpetus causan éxtasis (predominio de amor); los terceros causan raptos (predominio de la inteligencia). 16 Me introdujo en la bodega de sus vinos y ordenó en mí la caridad (Cantares 2, 4). La Biblia de Jerusalén lo traduce así: Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es Amor. 17 Entre las muchas explicaciones del Cantar de los Cantares, a cual más hermosa, contamos también con la que hizo Santa Teresa, a la que alude aquí el P. Bernardo de Hoyos 18 Usando el texto hebreo, Bernardo traduce aquí el versículo como la actual Biblia de Jerusalén, según hemos indicado antes. 19 Cita aquí Bernardo las fuentes que le han ayudado a aclararse sobre estos fenómenos de tipo místico, tan corrientes en su vida: a Santa Teresa, la mística Doctora como se la llama-, y a dos autores ascético-místicos, como eran Ezquerra y el P. Godinez, de quien hemos hablado ya en otras citas. 20 Salmo 70, 15 21 el amor no recibe solaz de lo imposible 22 embriagaos, los muy amados (Cantares 5, 1) |