| Continuanse los
celestiales favores, hasta que Bernardo llega al Colegio
de Medina del Campo a estudiar Filosofía. ("Vida". Libro Primero.
Capítulo 7) Los favores que el Señor había hecho a su fiel siervo en tiempo de ejercicios se continuaron después en muchas y varias ocasiones. Servía a la comunidad en (el) refectorio una noche, y de repente se halló su alma sensiblemente recogida, 1 ocupada y penetrada de la Divinidad, como un cristal penetrado de los lúcidos rayos del sol. En otras ocasiones había sentido la presencia de Dios en esta forma de sol 2 que penetra un cristal, o de un fuego vivísimo y activo que se introduce en los poros del hierro duro, oscuro y frío, volviéndole blando, activo y fogoso.3 Pero en esta ocasión dice Bernardo: no sé cómo explicarme, porque jamás he recibido semejante favor; me parecía estaba el alma fuera del cuerpo, allá en el cielo, vestida de la Divinidad como el cristal del sol; estaba el alma como en el cielo, y el cuerpo sirviendo, que ciertamente me parece cosa milagrosa; pues era de tal forma (así puede ser se entienda algo) como si Dios mandase con su omnipotencia que un cuerpo muerto, sin que lo animase el alma, milagrosamente hiciese aquel oficio; pues yo me admiré, cómo lo hizo.4 Veía con los ojos del alma muchas grandezas del mismo Dios y entendía grandes cosas.5 En una de las visiones del Rey de los ángeles, asistido en la sagrada Eucaristía de los celestiales espíritus,6 reparó Bernardo que su santo Angel se ponía a su mano derecha y a la izquierda el Príncipe San Miguel; admiróse que el ángel de la guarda tuviese la mano derecha y entendió que su Príncipe se la cedía por ser el lado derecho destinado para los ángeles de guarda de los hombres, cuyos son custodios. Gozó en esta ocasión dulcísimos favores y, entre otros, fue oír con los oídos del alma el cántico de los ángeles,7 que a su Rey sacramentado había oído en otra ocasión: Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus Deus Sabaoth: mas añadía ahora: tu solus Sanctus, tu solus Dominus, tu solus Altíssimus.8 El soberano príncipe San Miguel le ofreció su favor en todas las batallas9 que había de tener con el demonio y desapareció, dejándole engolfado en celestiales consuelos. Viéndose Bernardo tan favorecido del Señor y de sus cortesanos, se quejó amorosamente de que todo era gozar y no le daba su Majestad nada que padecer por su amor.10 Sintió al instante la respuesta de su dulce Dueño, que le dijo: Bien es que desees imitarme en padecer, pero déjame a mi esos cuidados. Con estas palabras se me dio a entender (dice) quiere el Señor que mi alma esté en una total indiferencia, no deseando ni trabajos ni consuelos, sino lo que el Señor determinare.11 Los favores celestiales hacían en el espíritu de este joven las maravillosas impresiones de luz y ardor, que comunican cuando no son imaginaciones vanas. Conoció altísimamente la dignidad y excelencia de los santos ángeles y, en especial, la de San Miguel, cuya excelencia12 le pareció exceder a la de los demás ángeles cual excede la luz del sol a la de las estrellas. Abrasábase en amorosos incendios de amor divino, al contemplar el ardor amante de los serafines; y cuando más engolfado estaba, oyó que le decían: pues si tales grandezas puso Dios en sus criaturas,13 ¿ cuáles serán las suyas? Encendióse más con estas palabras, y aquí quedó el entendimiento como pasmado (dice) y absorto; la voluntad amando de un modo que sólo entienden los amantes divinos, a quienes le comunica el Señor. La visión del príncipe San Miguel Arcángel a un lado de este feliz joven y de su santo Angel a otro empezó a serle familiar. Gozóla el día 26 de Septiembre en el santo Sacrificio de la Misa, en que uno de sus con-novicios hacía los votos del bienio. Vio con especial consuelo que, al tiempo que el novicio se ofrecía (como) perfecto holocausto al Señor, con los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, su ángel de guarda ofrecía a Cristo Señor nuestro la víctima de su recomendado. Esta agradable vista movió a Bernardo a repetir o renovar la oferta de sus votos, por lograr, como logró, que el ángel santo de su guarda la ofreciese también al Señor. Aquí se le mostraron muchos serafines y todo se abrasaba en ardores seráficos, contemplando y amando sus perfecciones. Cesó esta admirable visión y San Miguel le dijo: Mucho has agradado a los ángeles, contemplando sus perfecciones. El día de San Cosme y San Damián,14 en que comulgan todos los Hermanos de nuestra Compañía en acción de gracias a Dios por haberse confirmado nuestra Compañía de Jesús, vio al Señor como otras veces en el Santísimo Sacramento: acompañaban a Jesús nuestro glorioso Padre San Ignacio y San Francisco Javier, y le dijo el Señor: Estos dos son los ejes , en que estriba la Compañía. Entendió que nuestro Padre San Ignacio era el principal; y admirables cosas de nuestra Compañía; al mismo tiempo le habló el Señor con singularísima afabilidad, diciéndole: Dame muchas gracias por haberte traído a esta Religión, que la tengo muy en mi corazón.15 También se le mostraron muy afables nuestro Padre San Ignacio y San Francisco Javier; aquel le dijo: Mira que soy tu Padre, y éste: que ya sabía que no le había negado cosa alguna de cuantas le había pedido.16 Una de las apreciables luces que el Señor comunicó en esta ocasión a su siervo fue la de su bajeza e indignidad para recibir tan celestiales favores. Comunicóseme aquí (dice) gran luz de lo poco que yo lo merezco, y esto en todos los favores; al paso que es grande el conocimiento de Dios a ese paso es tan grande el propio,17 que se confunde y aniquila el alma, y así hoy se quejaba amorosamente diciendo: Señor, ¿cómo favorecéis tanto a una criatura tan ingrata como yo?¿ Por qué no lo dais a quien lo agradezca más? Señor, mirad mi miseria, y acordaos que os he ofendido; y que muchas veces he merecido el infierno; bastante favor es que me hayáis librado de él; y no me hagáis estos favores, que negáis a muchos grandes siervos. Estos y otros coloquios tenía con su amado por la fuerza del conocimiento que se le comunicaba de su indignidad: Háceseme tanto más grande el favor, prosigue Bernardo, cuanto más conozco mi desagradecimiento. Pero este divino Dueño se ve que, si no me favoreciese así, sin duda me iría al infierno, y por eso me quiere llevar por este camino; que si al mayor pecador del mundo le diese las luces que a mí, no dudo sería un gran siervo suyo. El me dé su gracia para que yo le sea fiel y corresponda a tantos beneficios. Pues aunque fuera un gran siervo suyo, veo que no era nada mío, sino del Señor, que hace la costa; y de no ser muy santo, se me ha de pedir muy estrecha cuenta en el tribunal de Dios. Hasta aquí Bernardo; pero cuanto más se humillaba, se disponía mejor para nuevos favores.18 El día de la Dedicación del Príncipe San Miguel 19 se le mostraron muchos ángeles, y San Miguel le dijo: Te agradezco la preparación que has hecho para celebrar este día, contemplando nuestras perfecciones angélicas y, en señal de agradecimiento, te prometo que no serás vencido en estas tentaciones (esto es, en las que en el desamparo que me espera tuviere) ni jamás en la contraria a la pureza. Si el santo ángel de su guarda le favorecía maravillosamente, le reprendía y castigaba también la menor falta que cometiese. En la recreación o quiete con los Hermanos novicios cometió Bernardo una pequeña falta de caridad en alguna palabra tan leve que él mismo no pudo conocerla, hasta que su santo ángel se la mostró con el castigo. Tenía la piadosa costumbre de rogar al santo ángel de la Guarda los días de comunión le despertase a hora señalada; siempre le despertaba el santo ángel, pero no lo hizo así en una ocasión. Conoció Bernardo que negarle el ángel este favor tan repetido, sería por alguna falta en que estaría culpado. Examinó su conciencia y halló la pequeña falta que dijimos; conociendo al mismo tiempo que esta falta le había privado del especial consuelo y favor que el santo ángel le hacía. Lloró mucho su falta, pidió perdón al Señor y se le volvió a mostrar el santo ángel, que se le había ocultado. Casi al mismo tiempo pedía por una persona seglar que, al parecer, no estaba en buen estado, cuando oyó una voz que le dijo: Hijo, ninguno quiero que se condene; pídeme por los pecadores;20 y después: Hijo, ése tu corazón he escogido para morar en él; quiero que me ames mucho. Quería el Señor que Bernardo le amase mucho; pero como en la regular providencia de Dios es imposible amar mucho sin padecer mucho, quería también su Majestad que su siervo padeciese grandes trabajos. Acercábase el tiempo que el Señor tenía señalado para que empezase Bernardo a padecer, y así le previno su Majestad por si mismo y por el príncipe San Miguel. Este, acompañado de soberanos espíritus, le confortó en la oración diciéndole: Vengo a confirmarte más: padecerás mucho, pero no caerás. El Señor en una de las apariciones y visitas de este tiempo, después de haber llenado su alma de consuelos, le dijo: El día después de la festividad de mi siervo entrarás en desamparo, pero yo te ayudaré. Entendió Bernardo por las palabras: festividad de mi siervo, la fiesta de San Estanislao de Kostka,21 de quien era devotísimo. Veremos presto, cómo se cumplió esta prevención profética del Señor, empezando el desamparo puntualmente el mismo día en el colegio de Medina del Campo, a donde por este tiempo le envió la obediencia a estudiar Filosofía. Los primeros días que Bernardo vivió en este colegio le continuó el Señor por sí mismo y por sus ángeles los favores que antes hemos referido. Insinuaré otros, que sirvieron a este feliz joven de enseñanza y aliento para el desamparo y terribles batallas que estaban cerca. Pedía con fervorosa instancia a la extática Santa Teresa de Jesús, el día de su fiesta,22 que se dignase ser su Protectora en los trabajos futuros. Estaba en lo más fervoroso de su súplica cuando se dejó ver la soberana Reina de los cielos, que traía a su diestra a Santa Teresa de Jesús y a la siniestra a Santa María Magdalena de Pazzis. Las dos Santas le hablaron muy familiarmente y le dijeron: Si te favorecemos en los consuelos,¿ no te favoreceremos en los desamparos? Estas palabras hacían recuerdo a Bernardo de que le asistirían siempre, como antes le habían ofrecido, para que el demonio no le engañase en los favores que recibía de Dios. Un favor muy sólido, que el santo ángel de su guarda le hizo por estos días fue enseñarle que, en las dudas que se pueden resolver por los superiores o Maestros, no se ha de preguntar a los ángeles con curiosidad imperfecta; porque, hallándose Bernardo con una duda en punto bien delicado de sus cosas y habiéndola preguntado a su santo ángel, éste le mandó que la preguntase a los hombres. Viéndose ya con la obligación de estudiar y aprovechar en la Filosofía, para cumplir con la primera regla de los Hermanos estudiantes,23 pedía instantemente al Señor el primer día que empezó a estudiar, que le diese la sabiduría que fuese su santísima Voluntad para su mayor gloria y bien de las almas. Hacía esta súplica en un rato de oración por la tarde delante del Santísimo Sacramento. Pero siempre decía, amante, al Señor: Yo deseo que mi ciencia sea principalmente la ciencia de los Santos, y que cuanto supiere me sirva para amaros más. A este tiempo oyó unas regaladísimas palabras intelectuales del Señor, que le dijo: Hijo, ya sabes por experiencia cómo Yo enseño más en un momento24 que todos los sabios en muchos años; porque¿ cuándo te hicieran entender de mis perfecciones lo que Yo te enseño en un momento?. Como las visitas que Bernardo recibía del santo ángel de su guarda eran no sólo para regalarle, pero también para instruirle, por este tiempo le mandó que tomase por materia de la meditación los misterios de la Infancia de Jesús; porque en el tiempo en que los celebra la Iglesia, estaría en lo más terrible del desamparo y no podría meditarlos como quisiera. Consultó con su Director este consejo del ángel; pues siempre prefería la obediencia del Director visible a cuanto se le ordenaba por luces sobrenaturales. Aprobó éste que tomase por materia de la meditación la que el ángel le había señalado; y por la misma razón, pues se hallaba noticioso del desamparo futuro y del día y hora, en que había de empezar. Así como la visita del ángel de su guarda le movió a ejercitar actos heroicos de obediencia, por el mismo tiempo otra que tuvo del príncipe de los ángeles, adorando al Santísimo Sacramento, imprimió en su espíritu actos de profundísima humildad. Viendo la reverencia que aun San Miguel, supremo serafín, tenía a su Majestad en el Santísimo Sacramento (dice Bernardo) ¿qué había de hacer una tan vil e ingrata criatura como yo? No era posible, no, que aunque son grandes mis maldades y atrevimientos inicuos, no se humillase y aniquilase delante de tan gran grandeza. Oh Dios amantísimo y Dueño mío! no era posible que yo, cuando andaba ciego entre tantas tinieblas ofendiendo tu Majestad, no me detuviese y prosiguiese en mis iniquidades, si me diérais Vos la luz que ahora. Pero, ay Señor! que se me parte el corazón de dolor y se desata en lágrimas al advertir que Vos me llamábais y yo me retiraba de Vos; Vos me deteníais y yo corrí precipitado a mi perdición; Vos me alumbrábais y yo huía de la luz; Vos queríais sofrenarme y yo era como los caballos duros de boca, que no hacen caso del freno; Vos me queríais para unirme con Vos, y yo, ingrato y rebelde desconocido, tirando coces contra el aguijón no os quería a Vos.25 Pero cáusame mayor confusión que, habiendo vuestra bondad empeñádose en favorecerme, habiéndome dado auxilios eficaces para que saliese de tanta abominación; habiéndome unido con Vos, como lo hacéis con vuestros siervos, y haciéndome favores tan especiales, como voy diciendo, y mucho mayores que no se sufren decir, esto es lo que más confusión me causa: que todavía sea tan ingrato a vuestros favores, como Vos sabéis. Aumentábanse los favores que el Señor hacía a Bernardo especialmente los días de comunión, al recibir el Santísimo Sacramento y mientras le tenía en su pecho. Hallóse tan extático y fuera de sí en una ocasión que, no pudiendo moverse, temió que se descubriría su celestial secreto; mas el santo ángel de su guarda le fue subiendo por las escaleras que hay desde la iglesia hasta la capilla, donde los Hermanos Artistas26 suben a dar gracias después de comulgar. Dispuso el Señor (dice Bernardo) que mi ángel me fuese subiendo por las escaleras y me metiese en la capilla, sin saber yo lo que me pasaba: solo sí, conociendo el favor del ángel. Subióme con la comunidad de los Hermanos Artistas,27 sin que alguno conociese tan gran merced. Favorecióle este santo Príncipe, y al mismo tiempo le inflamaba en amor al Santísimo Sacramento. Al ir a comulgar, le dijo un día: Si te pudiera tener envidia, te la tuviera; porque yo no recibo la Sagrada Eucaristía. Bien necesitaba este joven la fortaleza que le daba el Señor con los regalos del Pan de Angeles y de Fuertes, porque se llegaban ya los trabajos. Para más inmediata prevención le dijo San Miguel: Ya se llega el tiempo de cumplir yo mis promesas. Su Majestad mismo le previno diciéndole: Ya se llega el tiempo determinado por mi Providencia ... Hijo, el demonio está como un león atado; pero en desatándole, se tirará a ti. Dióle a entender al mismo tiempo el Señor, su dulce Madre María Santísima, Santa Teresa de Jesús, Santa María Magdalena de Pazzis, San Miguel y su Santo Angel. Conoció también que habían de ser cuatro los demonios que le habrían de tentar y perseguir terriblemente y que, al paso que hasta entonces habían sido indecibles los consuelos, habían de ser más extraños los modos de padecer en el desamparo. Estos indicios de acercarse ya las terribles batallas que Bernardo había de tener con el Infierno, en lugar de atemorizar su espíritu, le llenaban de júbilo y alentaban a padecer.28 Todo esto (dice Bernardo de las inteligencias del desamparo) causó en mi alma tanto gozo como si estando en lo más horrendo del desamparo, me revelase el Señor la venida y cercanía de los favores, y así después que salí de oración, ando con una alegría y gozo muy especial, y me hallo con grande ánimo para entrar en tan terrible batalla. Ya veo, que (como la experiencia me ha enseñado) es otra cosa mirarlo, como dicen, desde talanquera y que, en retirándose el Señor, se va y oculta la luz y quedan en el alma densísimas tinieblas. Pero como ha de pelear el Señor por mi, no dudo de la victoria; porque si yo por mi, sin la gracia del Señor, hubiera de resistir a los terribles combates de Satanás, a la primera y más leve tentación me echaría por tierra; pero anímame que, además de lo que dice el Señor: cum ipso sum in tribulatione, me tiene dada palabra por medio de su Arcángel San Miguel de favorecerme con los auxilios de su gracia. Llegóse el día de San Estanislao de Kostka , y el santo ángel se le mostró en visión intelectual y le dijo que todo aquel día estaría acompañándole, y añadió: cuando mañana me apartare de ti, empezará el desamparo. En la sagrada Comunión le dijo el Señor sacramentado: en la probación se ve el verdadero amador; Yo no doy más trabajos que los que se pueden llevar. Después, por muestra de mayor regalo, añadió Jesús: Ahora pídeme lo que quisieres en prendas de mi amor29 Pidió Bernardo dos cosas: la primera, que su Majestad no permitiese que le ofendiese en el desamparo. La segunda, que ilustrase y asistiese al Director,30 con quien había de tratar en este tiempo, para que no se admirase, turbase o espantase de la novedad que había de ver en su espíritu. Ambas cosas le concedió el Señor. Coronó los favores que precedieron al desamparo la piadosísima Madre de misericordias, María Santísima. Estaba dando gracias después de comulgar su fiel siervo Bernardo con los extáticos ardores que siempre, cuando oyó una celestial música, que cantaba: Salve sancta Parens, enixa puerpera regem.31 Al mismo tiempo se le apareció la soberana emperatriz de los ángeles y le habló con estas suavísimas palabras: Porque veas que te he de patrocinar, he querido que empiece el desamparo el día de mi Patrocínio. Celebrábase este año la fiesta del Patrocínio de nuestra Señora a 14 de Noviembre.32 Desapareció la visión y quedó Bernardo engolfado y absorto en dulzuras y afectos inexplicables, que gozó hasta la hora señalada de entrar en las oscuras tinieblas y terribles batallas de desamparo. 1 Se trata probablemente en este caso de lo que llama Santa Teresa oración de quietud. Explicándola dice así: Aquí se comienza a recoger el alma, toda ya aquí cosa sobrenatural, porque en ninguna manera ella puede ganar aquello por diligencias que haga...Esto es un recogerse las potencias dentro de sí para gozar de aquel contento con más gusto, mas no se pierden ni se duermen....Esta agua de grandes bienes y mercedes que el Señor da aquí hacen crecer las virtudes muy más sin comparación que en la oración pasada, porque se va ya esta alma subiendo de su miseria y dásele ya un poco de noticia de los gustos de la gloria. Esto creo las hace más crecer y también llegar más cerca de la verdadera virtud de donde todas las virtudes vienen, que es Dios; porque comienza su Majestad a comunicarse a esta alma y quiere que sienta ella cómo se le comunica... (Libro de la Vida, cap XIV, 2, 5). Es, pues, esta oración (de quietud) una centellica que comienza el Señor a encender en el alma del verdadero amor suyo y quiere que el alma vaya entendiendo qué cosa es este amor con regalo. Esta quietud y recogimiento y centellica, si es espíritu de Dios y no gusto dado del demonio o procurado por nosotros (aunque a quien tiene experiencia es imposible no entender luego que no es cosa que se puede adquirir, sino que este natural nuestro es tan ganoso de cosas sabrosas que todo lo prueba, mas quédase en muy frío bien en breve, porque por mucho que quiera comenzar a hacer arder el fuego para alcanzar este gusto- no parece sino que le echa agua para matarle); pues esta centellica puesta por Dios, por pequeñita que es, hace mucho ruido y, si no la mata por su culpa, ésta es la que comienza a encender el gran fuego que echa llamas de sí...del grandísimo amor de Dios que hace su Majestad tengan las almas perfectas. Es esta centella una señal o prenda que da Dios a esta alma de que la escoge ya para grandes cosas, si ella se apareja para recibirlas; es gran don, mucho más de lo que yo podré decir... (o.c. cap XV, 4, 5) 2 Bernardo siente la presencia de Dios como un sol o un fuego. Es fácil que para entonces hubiera ya leído Bernardo el episodio que cuenta Ignacio de Loyola en la Autobiografía: Tenía mucha devoción a la Santísima Trinidad, y así hacía cada día oración a las Tres Personas distintamente...Y estando un día rezando en las gradas del mismo monasterio (de Santo Domingo) las Horas de nuestra Señora, se le empezó a elevar el entendimiento, como que veía a la Santísima Trinidad en figuras de tres teclas, y esto con tantas lágrimas y tantos sollozos, que no se podía valer. Y yendo aquella mañana en una procesión, que de allí salía, nunca pudo retener las lágrimas hasta el comer; ni después de comer podía dejar de hablar sino en la Santísima Trinidad; y esto con muchas comparaciones y muy diversas, y con mucho gozo y consolación; de modo que toda su vida le ha quedado esta impresión de sentir grande devoción, haciendo oración a la Santísima Trinidad (Obras completas de San Ignacio de Loyola, tomo I,Bac, Madrid 1947; Autobiografía, nº 28; pgs 179-180). Lo importante aquí no es la figura o modo como se experimenta la presencia de Dios, sino la vivencia intensa de esa presencia. 3 Pensamos que Bernardo de Hoyos goza ya en estas fechas de la oración no sólo de quietud, sino en ocasiones también de unión. Es la que Santa Teresa llama tercer grado de oración y describe así algunas de sus características: Quiere el Señor aquí ayudar al hortelano de manera que casi El es el hortelano y el que lo hace todo. Es un sueño de las potencias que ni del todo se pierden ni entienden cómo obran. El gusto y suavidad y deleite es más sin comparación que lo pasado; es que da el agua a la garganta a esta alma de la gracia, que no puede ya ir adelante ni sabe cómo ni tornar atrás; querría gozar de grandísima gloria. Es como uno que está la candela en la mano, que le falta poco para morir muerte que la desea; está gozando en aquella agonía con el mayor deleite que se puede decir; no me parece que es otra cosa sino un morir casi del todo a todas las cosas del mundo y estar gozando de Dios...; es un glorioso desatino, una celestial locura, adonde se aprende la verdadera sabiduría y es deleitosísima manera de gozar el alma...Sólo tienen habilidad las potencias para ocuparse todas en Dios; no parece se osa bullir ninguna ni la podemos hacer menear, si con mucho estudio no quisiésemos divertirnos, y aun no me parece que del todo se podría entonces hacer. Háblanse aquí muchas palabras en alabanzas de Dios sin concierto, si el mismo Señor no las concierta; al menos el entendimiento no vale aquí nada. Querría dar voces en alabanzas el alma y está que no cabe en sí; un desasosiego sabroso. Ya ya se abren las flores, ya comienzan a dar olor... (Libro de la Vida, cap XVI, 1, 3) 4 Creemos que Bernardo experimenta aquí, de algún modo, la vivencia de que escribe Santa Teresa en el capítulo XX de su Vida. Se expresa ella así: Querría saber declarar con el favor de Dios la diferencia que hay de unión a arrobamiento o elevación o vuelo que llaman de espíritu o arrebatamiento, que todo es uno...Es grande la ventaja que hace a la unión; los efectos muy mayores hace y otras hartas operaciones, porque la unión parece principio y medio y fin y lo es en lo interior; mas así como estotros fines son en más alto grado, hace los efectos interior y exteriormente...Consideremos ahora que esta agua postrera que hemos dicho, es tan copiosa que, si no es por no lo consentir la tierra, podemos creer que se está con nosotros esta nube de la gran Majestad acá en esta tierra. Mas cuando este gran bien le agradecemos acudiendo con obras según nuestras fuerzas, coge el Señor el alma, digamos ahora a manera que las nubes cogen los vapores de la tierra, y levántala toda ella (helo oído así esto, de que cogen las nubes los vapores, o el sol) y sube la nube al cielo y llévala consigo y comiénzala a mostrar cosas del reino que le tiene aparejado... En estos arrobamientos parece no anima el alma en el cuerpo y así se siente muy sentido faltar de él el calor natural, vase enfriando, aunque con grandísima suavidad y deleite. Aquí no hay ningún remedio de resistir; que en la unión, como estamos en nuestra tierra, remedio hay: aunque con pena y fuerza resistir se puede casi siempre; acá las más veces ningún remdio hay, sino que muchas, sin prevenir el pensamiento ni ayuda ninguna, viene un ímpetu tan acelerado y fuerte que véis y sentís levantarse esta nube o esta águila caudalosa y cogeros con sus alas (Libro de la Vida, cap XX 1, 2, 3) 5 Bernardo entendía grandes cosas. Experimentando estas cosas en su espíritu, no sería raro que se acordase en aquellos momentos de lo que le aconteció a su Padre y Fundador San Ignacio de Loyola, al año siguiente de su conversión. Estando en Manresa, una vez iba por su devoción a una iglesia, que estaba poco más de una milla de Manresa, que creo yo que se llama San Pablo, y el camino va junto al río; y yendo así en sus devociones se sentó un poco con la cara hacia el río, el cual iba hondo. Y estando allí sentado se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas. Y no se puede declarar los particulares que entendió entonces, aunque fueron muchos, sino que recibió una grande claridad en el entendimiento; de manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados sesenta y dos años, coligiendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las ayunte todas en uno, no le parece haber alcanzado tanto, como de aquella vez sola. Y esto fue en tanta manera de quedar con el entendimiento ilustrado, que le parecía como si fuese otro hombre y tuviese otro intelecto que tenía antes. (Obras completas de San Ignacio de Loyola, tomo I, Bac, Madrid 1947. Autobiografía nº 30; pgs 185-187). Se trata de la llamada ilustración del Cardoner. Sin pretender en absoluto equiparar ambas experiencias, sí es verdad que por la experiencia de Ignacio en Manresa podemos hacernos una idea de lo que experimentó Bernardo de Hoyos en Villagarcía. 6 No es infrecuente ver en algunas iglesias, junto al Sagrario y en actitud de adoración, estatuas de ángeles. En la iglesia de la Compañía de Jesús en San Sebastián aparece un ángel, en mármol de Carrara, adorando el Santísimo Sacramento: es una talla espléndida, que le gustaba especialmente al rey Alfonso XIII cuando, de veraneo en esta ciudad, se acercaba a esta iglesia para oir la Santa Misa. Estas imágenes angélicas nos visualizan lo que únicamente se puede ver con los ojos de la fe. Los santos saben mucho de estas cosas. La Madre Teresa de Jesús Ortega, dominica de Olmedo y hoy camino de los altares, escribe a este propósito: Nos consta que en el sagrario hay una legión de ángeles dando al Señor toda la gloria que le debemos las almas consagradas; están alli en legión poniendo alegría, poniendo amor. Muchas veces la alegría que hemos robado. El sagrario está pidiendo de nosotros amor y alegría. Sería grandioso rasgar los velos de la fe y contemplar ese misterio de adoración de los tronos, potestades, querubines y serafines, ante el sagrario; todo en torno a un trocito de pan, a un poquito de harina que, amasado con otro poquito de agua, nos dio de repente un secreto de universo, de tiempo y de eternidad ((Sedienta de Eucaristía, edit Edibesa, Madrid 1999, nº 195, pg 80) 7 Con mayor o menor intensidad podemos decir que el culto a los santos ángeles ha estado siempre presente en la historia del Pueblo de Dios. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se habla de estos mensajeros, servidores de Dios a favor de los hombres. No sólo los hombres en particular, sino también los reinos parecen tener su Angel Custodio particular. El jesuita Beato Fabro tenía por costumbre encomendarse a ellos en sus caminatas por los diversos países de Europa. Y siglos antes, ya escribía San Agustín en sus Soliloquios: Estos son los centinelas que velan en los muros de esta nueva Jerusalén, los baluartes que la rodean y defienden. Nos aman como a moradores de una misma ciudad, pues hemos de llenar los vacíos que dejaron sus malos compañeros. Y por esto en todo tiempo y lugar se hallan con nosotros, ya socorriendo con gran cuidado todas nuestras necesidades, yapresentando a vuestra Majestad todas nuestras peticiones y suspiros. No se apartan de nosotros por dondequiera que vamos...Nos ayudan cuando trabajamos, nos hacen sombra cuando reposamos, nos animan cuando peleamos, nos coronan cuando vencemos, se compadecen cuando padecemos por Vos. Grande es el cuidado que de nosotros tienen y grande el afecto con que nos amana... Nos habíais dado todo lo criado debajo del cielo y todo os pareció poco si no añadíais lo que está sobre los cielos. Admirable es, Señor, vuestro nombre en toda la tierra; porque ¿qué cosa es el hombre que así le engrandecéis? Verdad es certísima que todo vuestro regalo y entretenimiento lo tenéis puesto en los hombres. Frente a una tendencia que pretendía eliminarlos del depósito de la fe cristiana, el Papa Montini afirmó su existencia en el llamado Credo de Pablo VI. Es, sobre todo, en los siglos XVII y XVIII cuando el arte barroco llena de ángeles las iglesias. Los nueve coros angélicos rodean el sagrario, a modo de guirnalda, en la iglesia del Monasterio de Calabazanos. Si es verdadero el axioma lex orandi, lex credendi (la oración expresa la fe), no sería menos verdadero decir que la fe se hace visible en el arte. 8 Palabras tomadas del Gloria in excelsis, llamado también el himno angélico que la Iglesia reza en la Misa: porque Tú sólo eres Santo, Tú sólo Señor, Tú sólo Altísimo Jesucristo 9 San Miguel aparece en el Apocalipsis luchando contra los ángeles rebeldes: Y se trabó una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles se levantaron a luchar contra el dragón. El dragón presentó batalla y también sus ángeles; pero no prevalecieron y no hubo ya lugar para ellos en el cielo. Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente, el llamado Diablo y Satanás, el que extravía al universo entero. Y fue precipitado a la tiuerra, y con él fueron precipitados sus ángeles (Apoc 12, 7-9).El fue quien se enfrentó a Luzbel con aquellas palabras: Quis sicut Deus? (quién como Dios?). De ahí que la Iglesia lo haya tomado como Protector suyo en los momentos difíciles que tiene que atravesar. A raíz de la encarnizada lucha, librada contra la Iglesia, en el siglo XIX es cuando se manda rezar al final de la Misa una oración especial, pidiendo la protección del santo Arcángel: Sancte Michael Archángele, defende nos in proelio contra nequitias diaboli...(San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla contra las asechanzas del enemigo....). El arte ha dotado de vestidura guerrera, de casco y espada a San Miguel, que aparece teniendo al diablo vencido a sus pies. Sabemos que Bernardo de Hoyos tenía una especial devoción al arcángel San Miguel. 10 Siempre las almas santas han deseado mostrar su amor al Señor a través de la cruz, ya que es en el sufrimiento donde se ve el verdadero amor. En esta disposición de ánimo se hallaba el Hermano Bernardo, recién hechos sus votos religiosos. 11 Hacer la voluntad del Señor ha sido y seguirá siempre el deseo de los santos. Querer lo que Dios hace, hacer lo que Dios quiere fue el leit-motiv de la vida del Beato Alberto Hurtado, jesuita chileno. El mismo San Ignacio inculcará en sus Ejercicios, como suprema aspiración del alma, buscar limpiamente lo que el Señor desea del ejercitante, el buscar únicamente la voluntad de Dios sobre su vida, y para ello propone: Ejercicios espirituales para vencer a sí mismo y ordenar su vida, sin determinarse por afección alguna que desordenada sea (Ejercicios espirituales, nº 21). La inmensa mayoría de sus cartas acaban con este deseo: que su santísima voluntad siempre sintamos y aquella enteramente la cumplamos. Santa Teresa, cuya doctrina bebió con frecuencia el Hermano Bernardo, lo dice así en una de sus más conocidas poesías: Vuestra soy, para Vos nací: ¿qué mandáis hacer de mí?...Dadme muerte, dadme vida, dad salud o enfermedad, honra o deshonra me dad, dadme guerra o paz crecida, flaqueza o fuerza cumplida, que a todo digo que sí: ¿qué mandáis hacer de mí?... Si queréis que esté holgando, quiero por amor holgar; si me mandáis trabajar, morir quiero trabajando: decid dónde, cómo y cuándo, decid, dulce Amor, decid: ¿qué mandáis hacer de mí? 12 La misma Santa Teresa habla de que es distinto el resplandor y belleza de los ángeles. Con relación a este punto, en la angelología cristiana, suelen considerarse nueve coros de ángeles de mayor a menor rango: Arcángeles, Angeles, Principados, Potestades, Virtudes, Dominaciones, Tronos, Querubines y Serafines. Entre los arcángeles conocidos están: San Gabriel, San Miguel y San Rafael, que actualmente se celebran en un mismo día: el 29 de septiembre, tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. 13 La grandeza de los ángeles aparece en varios pasajes de la Sagrada Escritura; uno de ellos en el Apocalipsis, en que San Juan toma a uno de ellos por el mismo Dios: Yo Juan, escuché y fui testigo ocular de estas cosas. Y después que las hube oído y visto, caí de rodillas para postrarme ante los pies del ángel, que me las había mostrado. Y me dijo: No hagas eso. Siervo soy como tú y como tus hermanos, los que hablan con el espíritu de Dios, y como los que guardan las palabras de este rollo. Adora a Dios (Apoc 22, 8-9) 14 Actualmente la fiesta de estos dos santos se celebra el 26 de septiembre. En tiempos del P. Hoyos era el día 27 del mismo mes de setiembre. Fue el 27 de septiembre de 1540 cuando el Papa Paulo III aprobó la Fórmula del Instituto de la Compañía de Jesús con la Bula Regimini militantis Ecclesiae; confirmación que sería más tarde ratificada por Julio III el 21 de julio de 1550 con la Bula Exposcit debitum. Conmemorar con gozo tal acontecimiento fue la ocasión para comulgar aquel día, en tiempos en que los religiosos comulgaban solamente los domingos y fiestas y algún que otro día de especial significación para ellos. 15 El amor que sentía Bernardo hacia la Compañía de Jesús se vió aumentado con estas palabras de Jesús. Sin duda habría leído con gozo los sinceros elogios que de los jesuitas hizo Santa Teresa en algunas de sus obras. Una pequeña muestra es lo que cuenta en el capítulo 39 de su Vida: Estando en un Colegio de la Compañía de Jesús, y estando comulgando los hermanos de aquella casa, vi un palio muy rico sobre sus cabezas; esto vi dos veces. Cuando otras personas comulgaban, no lo veía (Libro de su Vida, cap XXXIX, 27) Los jesuitas comenzaban entonces y no tenían ni la tradición ni el abolengo de otras Ordenes anteriores, como los franciscanos y dominicos. Los Jesuitas- escribe Fray Efrén de la Madre de Dios en su Biografía de Santa Teresa-, como Instituto nuevo, sin más ideales que los evangélicos, sin hombres de aquel tono, sin influencias arraigadas en la sociedad, eran considerados como unos pobres hombres. Es significativa la entrevista de Carlos V con San Francisco de Borja, por primera vez vestido de jesuita. Es una escena que vale por muchos comentarios. La determinación del duque de Gandía había provocado un escándalo en la corte del Emperador y éste no se lo quiso ocultar y aun quiso disuadirle para que, dejando la Compañía, se pasase a los Jerónimos... : ....No os quiero negar que me causó admiración vuestra determinación cuando me la escribisteis de Roma a Augusta, porque me parecía que una persona como vos en la elección de Religión debía anteponer las Religiones antiguas que están ya aprobadas con la experiencia y curso de largos años, a una Religión nueva que no tiene tanta aprobación y de la cual se habla diferentemente. El santo replicó: De mí aseguro a V. M. Que si yo supiera de la Compañía cosa mala o indigna de santa y perfecta Religión, nunca pusiera los pies en ella, y si agora que estoy en ella lo supiese, luego me saldría de ella. El César insistió: Mas ¿qué me respondéis a esto que se dice, que todos son mozos en vuestra Compañía y que no se ven canas en ella? El duque replicó con mansedumbre: Señor, si la madre es moza, ¿cómo quiere V. M. Que sean viejos los hijos? Y si ésta es la falta, presto la curará el tiempo, pues de aquí a veinte años tendrán hartas canas los que agora son mozos. (Obras de Santa Teresa de Jesús, Bac, tomo I, Madrid 1951, pgs 479-480). Santa Teresa intuyó pronto y supo por propia experiencia que aquellos mozos sabían entender l almas como la suya. Así estaba de agradecida ella tanto al P. Cetina como al P. Juan de Prádanos, que en el otoño de 1555 fue nombrado Rector del Colegio de San Gil, en Avila. Ambos supieron comprenderla y tranquilizar su angustiado espíritu por aquellas fechas. 16 Con ambos Santos tendrá Bernardo frecuentes comunicaciones en su oración y no raramente aparecerán en sus visiones imaginarias. La devoción a estos Santos le viene a Bernardo de haberse educado en los colegios de la Compañía desde su más tierna infancia. Por otro lado, tanto en la capilla del noviciado como en la iglesia-colegiata de Villagarcía de Campos contemplaba en el retablo y en los altares laterales la imagen de ambos Santos, unida también con la de San Francisco de Borja en el retablo del noviciado. Además llevaba, junto con el de Bernardo, el nombre de Francisco Javier. En la parroquia de su pueblo de Torrelobatón habría rezado más de una vez ante el pequeño altar con la efigie del gran misionero de Oriente. 17 Ambos conocimientos van unidos en las almas santas. Es precisamente su grande amor a Dios el que les hace ahondar en la propia debilidad y miseria. Teresa de Jesús insistirá con frecuencia en que por muy alto que vuele el alma, no pierda nunca el santo temor y la sana desconfianza de sí misma. Ignacio de Loyola , cuando se encontraba en la cumbre de la santidad, sentía que de por sí era todo impedimento. 18 La gracia de Dios es como el agua, que siempre corre hacia abajo. El corazón humilde, que se coloca en el llano, se llena de ella, mientras que el corazón soberbio y engreído, al colocarse en lo alto, se queda seco pues el agua de la gracia no le alcanza. 19 El 29 de septiembre de 1728. 20 ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado oráculo del Señor Dios- y no que se convierta de su camino y que viva? (Ezequiel 18, 23) 21 La fiesta de San Estanislao de Kostka es el 13 de noviembre. Estanislao de Kostka es el Patrono de los novicios jesuitas. Nació en 1550 en Rostków (Polonia) de noble familia; se traslada a Viena a los catorce años para estudiar en el internado del colegio que la Compañía de Jesús tenía en la ciudad de Viena. Invitado por la Virgen María a entrar jesuita, para adelantarse con mayor eficacia a la oposición de su familia, huye en 1567 camino de Alemania primero y de Roma después. Al llegar al colegio de Dilinga se encontró con San Pedro Canisio, Provincial, quien le admitió por algún tiempo. Viendo que seguía el peligro de que su familia fuera a por él, y a instancias de Estanislao, le envió al noviciado de Roma con una carta que decía así: El que, guiado por Cristo, será portador de esta carta, es enviado de esta nuestra Provincia. Se llama Estanislao, noble polaco, joven bueno y estudioso, a quien los nuestros de Viena no se han atrevido a recibir como novicio por no excitar a su familia. Vino a nosotros con el propósito de cumplir un voto que desde hace ya algunos años tenía hecho de entrar en la Compañía. Durante algún tiempo se le ha probado en el internado de Dilinga, y siempre se ha mostrado fiel en los trabajos y constante en su vocación. Es su deseo que por ahora se le envíe a Roma para estar más lejos de los suyos, pues teme su persecución, y para adelantar más en la piedad. Nunca ha vivido entre nuestros novicios, entre los cuales se le podrá admitir ahí para hacer la prueba del noviciado. Nosotros esperamos mucho de él. Después de recorrer a pie cientos de kilómetros, atravesando toda Europa, llegó a Roma, donde fue recibido en la Compañía por San Francisco de Borja, que era entonces el General de la Orden. Unos meses después fallecía el 15 de agosto de 1568, después de haber escrito una carta a la Virgen pidiéndola ver esa gran fiesta de la Asunción en el cielo. Fue canonizado, junto con San Luis Gonzaga, por el Papa Benedicto XIII en 1726, justamente el año en que Bernardo de Hoyos iniciaba su noviciado en Villagarcía. 22 Su fiesta es el 15 de octubre. 23 Bernardo estará en Medina del Campo tres años, cursando la Filosofía: de octubre de 1728 a octubre de 1731, en que se desplazará a Valladolid para estudiar la teología en el colegio de San Ambrosio. Deseoso de cumplir con perfección las Reglas de los estudiantes de la Compañía, Bernardo tenía muy presente lo que había aprendido en las Pláticas de Villagarcía, cuyos apuntes con tanta diligencia había copiado (el libro, redactado por el P. Francisco Javier de Idiáquez, vería por primera vez la luz en 1758, tan sólo nueve años antes de la expulsión de los jesuitas por Carlos III). Allí se decía: Tener muy presentes las Reglas de los Hermanos Estudiantes, especialmente la lª, que encarga la pureza de intención, y la 2ª, que nos trae a la memoria el darse con diligencia al estudio con la intención dicha... Ser fieles en leer cada semana las Reglas de los Hermanos Estudiantes: al acabar de leer alguna de ellas, haciendo una breve pausa, dar a nuestro P. San Ignacio palabra de guardarlas (Prácticas Espirituales para uso de los Hermanos Novicios de la Compañía de Jesús del Noviciado de Villagarcía, P. Francisco Javier Idiáquez, Imprenta del Corazón de Jesús, Bilbao, 1894; cap XXIV, pgs 142, 144) 24 Se cuenta de Santo Tomás de Aquino que, preguntado dónde había adquirido tanta ciencia teológica, descorrió una pequeña cortina frente a su reclinatorio y apareció un crucifijo: He aquí a mi Maestro se cuenta que dijo el Santo. 25 Este párrafo de Bernardo recuerda el libro de las Confesiones de San Agustín, que entonces como ahora estaba en las bibliotecas de las Casas religiosas. 26 Se ve que los que ya iban a comenzar a estudiar la Filosofía, una vez terminado el noviciado, oían la santa Misa en la iglesia y subían después a dar gracias por la comunión a la capilla del noviciado. De las pocas cosas que se conservan hoy del antiguo noviciado son precisamente estas escaleras que comunican la capilla con la iglesia; son una mezcla de baldosa y pizarra, con un travesaño de madera en cada banzo de las mismas, están provistas de una barandilla de madera, rematada con bolas de hierro forjado en los descansillos. Por ellas han subido y bajado cientos de jesuitas, bastantes de ellos misioneros y mártires. Uno de ellos, Alfonso Rodríguez, natural de Zamora y que hizo el noviciado en los años de 1612 a 1614 fue martirizado por los indios del Paraguay y canonizado con otros dos compañeros por el Papa Juan Pablo II en 1988. 27 Artistas se llamaba entonces a los que estudiaban filosofía. El título de maestro en Artes significaba lo equivalente hoy a la licenciatura en filosofía. Aquí la comunidad de los Hermanos Artistas se refiere a los novicios que habían concluido ya su tiempo de noviciado y esperaban en Villagarcía a que comenzaran los cursos de filosofía en los colegios de Medina del Campo o de Palencia para trasladarse allí, cosa que solían hacer a comienzos de octubre. Bernardo de Hoyos haría su filosofía en Medina; por el contrario, quien será un gran amigo suyo de por vida, Agustín de Cardaveraz, la cursó algún año antes en el Colegio de la Compañía en Palencia (hoy el actual seminario diocesano). 28 Es señal del espíritu de Dios la valentía, el ánimo para los trabajos, el no temer las contrariedades.... Bernardo se ayuda con saber que el Señor no le va a abandonar en la prueba y habiendo experimentado los consuelos de Dios toma fuerzas para sobrellevar los desconsuelos. Está dispuesto a llevar a efecto el contenido de las reglas 10ª y 11ª de la discreción de espíritus que dicen: La décima: el que está en consolación piense cómo se habrá en la desolación que después vendrá, tomando nuevas fuerzas para entonces; La undécima: el que está consolado procure humillarse y abajarse cuanto puede, pensando cuán para poco es en el tiempo de la desolación sin la tal gracia o consolación. Por el contrario, piense el que está en desolación, que puede mucho con la gracia suficiente para resistir a todos sus enemigos, tomando fuerzas en su Criador y Señor (Ejercicios espirituales, Reglas de discreción de espíritus: nº 323 y 324) 29 Esta frase, dirigida a Bernardo, nos recuerda la que dijo el Señor a San Juan de la Cruz: Juan, ¡qué bien has escrito de Mí! En recompensa pídeme lo que quieras. A ello respondió el santo: padecer y ser despreciado por Ti. 30 En Medina del Campo el Padre Espiritual de los Hermanos filósofos era el P. Fernando Morales. Con él se había comunicado previamente el P. Juan de Loyola, indicándole el camino interior que estaba recorriendo el Hermano Bernardo de Hoyos, aunque no por ello dejó de comunicarse epistolarmente con él en este tiempo. 31 Se trata de un himno a la Virgen que se suele rezar en Completas, al terminar el oficio del día: Salve, Madre santa, Virgen Madre del Rey, que gobierna cielo y tierra. 32 La fiesta del Patrocinio, como algunas otras (la del Nombre de María (12 septiembre), la del Viernes de Dolores...) fueron suprimidas en la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. Bernardo está dispuesto a entrar en la prueba con la protección de María, a quien llama la Escritura: terrible como un ejército en orden de batalla y la única mujer que pisó la cabeza de la serpiente. Con Ella se adentra Bernardo en la terrible prueba que le espera. |