| Particulares dones que el
Espíritu Santo hizo a Bernardo, y otras gracias que a
ésta se siguieron. ("Vida". Libro Primero. Capítulo
12) Había tenido una locución y amorosa promesa del Señor que, ocho días antes de la solemnidad de la Pascua de Espíritu Santo, bajaría sobre su corazón este Espíritu divino. Cumplióse la profecía de esta suerte: al tiempo de comulgar oyó una suavísima música de los ángeles, que cantaban: Veni Sancte Spiritus: 1 Apareció al instante sobre su cabeza una blanquísima Paloma,2 cuyas plumas despedían refulgentes rayos de luz, que inundaban al feliz joven y se oyeron estas palabras: Hic est servus meus dilectus, in quo mihi complacui.3 Este es mi amado siervo, en quien me he complacido. La celestial Paloma se transformó en un lucidísimo globo de luz y llamas, que bajó y se introdujo en el corazón de Bernardo al tiempo que la sagrada Forma bajaba a su pecho.4 La pluma tiembla de confusión (dice el favorecido joven refiriendo este suceso), las lágrimas saltan de los ojos y el conocimiento de mi nada me abruma, aunque el Amor eleva el corazón. Oh si todas las partes de mi cuerpo se hicieran pequeñas piezas, y cada pieza mil lenguas de serafines para declarar y ensalzar la bondad divina y juntamente mi maldad, ingratitud e indignidad. Hasta aquí Bernardo declara su indignidad, bajeza y natural ineptitud, en medio de verse enriquecido con estos dones del Espíritu Santo apropiándose un símil de San Francisco de Sales, que le repetía muchas veces un Director suyo5 en los principios. Dime (dice San Francisco de Sales), ¿los mulos dejan de ser torpes y hediondas bestias, porque estén cargados de ricos muebles y olores de príncipes? Llegábase el día, que el Señor había dicho a su siervo enviaría sobre su alma el Espíritu Santo con especiales dones. La víspera6 le comunicó soberanas luces e inteligencia del Espíritu Santo y de sus celestiales dones. Con esta esperanza se encendieron tan amorosos afectos en su alma que comunicaron a su cuerpo maravillosas impresiones. Parecíale que se aligeraba la pesadez y gravedad material de suerte que temió alguna elevación exterior, pública y ruidosa.7 Clamó al Señor, suplicándole humildemente que no permitiese ningún rapto que descubriese sus secretos favores. Como su alma estaba sagradamente inflamada y subía al cielo con las llamas de su amor, ocasionaba en su cuerpo lo que causa un gran fuego en la materia combustible. Procuró divertir cuanto pudo los afectos que le arrebataban y así se dignó el Señor embarazar el éxtasis temido. El día primero de la Pascua del Espíritu Santo, al tiempo de comulgar, sucedió8 el ordinario favor de que San Miguel y el santo Angel de su guarda descogiesen9 el riquísimo paño, de que hemos hablado otras veces, para que Bernardo comulgase. Oyó que los ángeles entonaban Veni Sancte Spiritus, etc. Al mismo tiempo sintió sobre su cabeza un fogoso ruido, como de una llama que ardía, y vio una lengua de celestial fuego10 que se sentaba sobre ella, como sobre las cabezas de los sagrados Apóstoles; de esta lengua divina salieron o se partieron otras algunas, y se sentaron sobre otras personas a quienes él mismo conocía; después de haber ondeado sobre su cabeza la lengua de fuego, le pareció que bajaba a su corazón y le llenaba de celestiales dones. Comunicóle también soberanas inteligencias sobre las palabras del Evangelio de este día: Pacem meam do vobis,11 y una de particular enseñanza: que en estos grandes favores del Señor estuviese muy sobre aviso porque el demonio andaba tamquam leo rugiens,12 buscando trazas para engañarlo y transfigurarse en ángel de luz, para contra hacer las visiones y revelaciones verdaderas. También le dio luz el Espíritu Santo para que conociese y procurase el recogimiento interior del alma, que necesitan los hombres espirituales y los que tratan con los hombres, para llevarlos a Dios. Mas si queremos hacer algún concepto de las inteligencias, que recibió en este día Bernardo con la venida del Espíritu Santo oigamos algunas de sus palabras: Yo en algunos favores (dice) he empezado a entregarme al inmenso, insondable y anchurosísimo mar de la Divinidad, engolfándome en lo más alto de sus olas, vagueando el entendimiento, ciego de la mucha luz, en el piélago de las divinas perfecciones; y aunque he procurado recoger las velas al favorable viento del Espíritu Santo, que me guía, por que no alcanzan las palabras groseras a tan altos misterios;( en que, como en inmenso piélago),13 se verán presto en naufragio los más sutiles y delicados entendimientos, si no se ase a la áncora de la fe. Y será imposible la salida, si no les da la mano y les sirve de estrella la luminosa y ardiente luz infusa por el Espíritu Santo; y aunque he procurado no más que apuntar en este punto, me veo ahora sin saber qué camino tomar para darme a entender, porque es tanta la vasta capacidad de este océano de la Divinidad, que en una y otra ola de sus aguas falta ya la vista y no alcanza a medir tanta latitud. Pero no me admiro, porque no fuera Dios infinito, si se pudiera comprender por pura criatura su infinita infinidad. En otros atributos de la bondad, misericordia, etc. aunque infinitos, ya parece que hay un no sé qué de más explicación (aunque siempre infinitamente menor); pero en el conjunto de todos los atributos y perfecciones, en la distinción de las personas y en la identidad de la esencia; en la Trinidad en Unidad y Unidad en Trinidad, en el engendrar del Padre Eterno y existencia eterna del engendrado, en la Procesión del Espíritu Santo del Padre y del Hijo, y en lo co-eterno del Espíritu Santo con el Padre y con el Hijo y, por repetir lo que más admira: Trinidad en Unidad y Unidad en Trinidad; en este abismo de perfecciones, en este mar insondable, en este océano inmenso, en este piélago inaccesible ¿ quién podrá engolfarse? ¿quién podrá hablar?14 ¿quién podrá ofrecer perfecta explicación, si no es el mismo Dios, la misma Trinidad y la misma Unidad en Trinidad? El alma en hora buena déjese llevar de este favorable viento, que en medio de la inmensidad de tantas aguas no naufragará, porque la estrella que la mete en tanto golfo también la sacará; permitiendo alcance con la vista cuanto su luz la descubre, acomodándose a su flaqueza; pero cesen las palabras y baste decir el favor, que el Señor se dignó hacerme el día de la Santísima Trinidad, aunque no el modo tan divino. Hasta aquí Bernardo y sus palabras verdaderamente admirables en un joven que se hallaba en el estudio de su primer año de Filosofía. El día de la Santísima Trinidad, después de comulgar, se le representó este altísimo Misterio con visión intelectual muy subida; pero confiesa Bernardo que no puede explicar lo que vio y entendió. Hablóle el Verbo Eterno en nombre de toda la Santísima Trinidad y le dijo con un modo suavísimo e inefable: Estos días te he dejado con mi Divinidad; regálate ahora con ella, aquí seguro estás, no puede entrar el demonio; anda con cuidado, que te acecha; no temas, que yo te guardaré. Luego entendió por locución intelectual las divinas palabras del amado Discípulo: qui habet mandata mea et servat ea, ille est qui diligit me; qui autem diligit me, diligetur a Patre meo; et ego diligam eum et manifestabo ei me ipsum. Si quis dilligit me, sermonem meum servabit. El que tiene mis mandamientos y los observa, ése es el que me ama; el que me ama, será amado de mi Padre; Yo le amaré y me manifestaré a él. Si alguno me ama, guardará mis mandamientos. En la palabra servabit le dio a entender el Señor era su voluntad que escribiese y guardase estas visiones, locuciones, inteligencias y enseñanzas; porque si se guardan con diligencia y se escriben las palabras de los maestros y doctores de la tierra, cuánto más razón es que se guarden las del Maestro del cielo. 1 Se refiere Bernardo a la Secuencia que ofrece la Iglesia en la liturgia de Pentecostés: el famoso himno Veni, sancte Spiritus et emitte coelitus lucis tuae radium... Junto con el Veni creator Spiritus son los dos himnos que mejor desentrañan el ser y la acción del Divino Espíritu. 2 Escrita esta palabra con mayúscula por cuanto hace alusión al mismo Espíritu Santo que, en el bautismo de Jesús, se manifestó en figura de paloma, según atestiguan los evangelios. Es uno de los símbolos más populares y que aparecen en casi todos los retablos y altares, en los que de una u otra forma esté expresado el misterio de la Santísima Trinidad. 3 Palabras que los evangelistas atribuyen al Padre en el momento en que Cristo se bautiza y también en la escena de la Transfiguración. 4 Cuando recibimos al Señor en la sagrada eucaristía no solamente se nos da el cuerpo y la sangre preciosas de Jesucristo, verdadero Dios y hombre verdadero, sino que precisamente por recibir al Dios hecho hombre, recibimos igualmente las otras dos Personas existentes en Dios: la persona del Padre y la del Espíritu Santo. Por ello decía Jesús: y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. De esta manera el corazón del hombre es receptáculo no sólo de Cristo, sino de toda la Trinidad. 5 El P Loyola alude en esta frase probablemente a sí mismo, bien que de una manera velada. Sabemos que muy a los principios del noviciado, comenzó a dirigir a Bernardo. 6 Estamos en el año 1729, cuando Bernardo cursa su primer año de filosofía en el Colegio de Medina del Campo. 7 Podemos entender este temor de Bernardo leyendo lo que dice Santa Teresa acerca de ello, como quien lo había experimentado más de una vez. Hablando de los arrobamientos escribe así: ...os véis llevar y no sabéis dónde; porque aunque es con deleite, la flaqueza de nuestro s principios y es menester ánima determinada y animosa...para arriscarlo todo, venga lo que viniere, y dejarse en las manos de Dios e ir adonde nos llevaren de grado, pues os llevan aunque os pese. Y en tanto extremo que muy muchas veces querría yo resistir y pongo todas mis fuerzas, en especial algunas que es en público y otras hartas en secreto, temiendo ser engañada; algunas podía algo con gran quebrantamiento, como quien pelea con un jayán fuerte quedaba después cansada; otras era imposible, sino que me llevaba el alma y aun casi ordinario la cabeza tras ella sin poderla tener y algunas todo el cuerpo hasta levantarle. Esto ha sido pocas, porque como una vez fuese adonde estábamos juntas en el coro y yendo a comulgar, estando de rodillas dábame grandísima pena porque me parecía cosa muy extraordinaria y que había de haber luego mucha nota; y así mandé a las monjas (porque es ahora después que tengo oficio de priora) no lo dijesen; mas otras veces, como comenzaba a ver que iba a hacer el Señor lo mismo (y una estando personas principales de señoras, que era la fiesta de la Vocación en un sermón) tendíame en el suelo y allegábanse a tenerme el cuerpo y todavía se echaba de ver. Supliqué mucho al Señor que no quisiese ya darme más mercedes que tuviesen muestras exteriores; porque yo estaba cansada ya de andar en tanta cuenta y que aquella merced podía su Majestad hacérmela sin que se entendiese. Parece ha sido por su bondad servido de oírme... (Obras de Santa Teresa, Bac, Madrid 1951; libro de la Vida, cap 20, nº 4-5) 8 En el original pone sucedieron. 9 En el sentido de desplegar; nos hemos topado anteriormente con esta misma palabra arcaica. 10 Evidente alusión al texto de los Hechos de los Apóstoles, que narra la venida del Espíritu en Pentecostés (Hech 2, 3) 11 Os doy mi paz: palabras que dijo Jesús en el sermón de la Ultima Cena (Jn 14, 27) 12 Como león rugiente: es la expresión que aparece en la carta primera de Pedro (5, 8), en que invita a los cristianos a la vigilancia. Ese pensamiento ha estado presente, a lo largo de los siglos, en el rezo de Completas. 13 Un párrafo éste que no guarda bien el sentido gramatical. Lo hemos puntuado de la manera que creemos más correcta. Las palabras entre paréntesis pueden omitirse, quedando más claro el pensamiento de Bernardo. 14 Uno recuerda aquí las palabras de San Pablo, cuando escribe a los cristianos de Corinto: Sin embargo, hablamos de sabiduría entre los perfectos, pero no de sabiduría de este mundo ni de los príncipes de este mundo, abocados a la ruina; sino que hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra, desconocida de todos los príncipes de este mundo pues de haberla conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria-. Más bien, como dice la Escritura, anunciamos: lo que ni el ojo vió, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman. Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios (1 Cor 2, 6-10). Y en la segunda carta a esa misma comunidad de Corinto escribirá San Pablo: ¿Qué hay que gloriarse? aunque no trae ninguna utilidad-; pues vendré a las visiones y revelaciones del Señor. Sé de un hombre en Cristo, el cual hace catorce años si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que este hombre en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado al paraíso y oyó palabra inefables que el hombre no puede pronunciar.De ese tal me gloriaré; pero en cuanto a mí, sólo me gloriaré en mis flaquezas (2 Cor 12, 1-5) |