| Libro Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús, escrito por su Director espiritual el P. Juan de Loyola S.J. poco después de la muerte de Bernardo en 1735. Bernardo de Hoyos (1711-1735) es considerado el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en España. |
| Patria, nacimiento y
cristiana educación del P. Bernardo de Hoyos. ("Vida". Libro Primero.
Capítulo 1) Torre de Lobatón,1 villa poco distante de la nobilísima ciudad de Valladolid, antigua Corte2 de nuestros Reyes, fue la patria del P. Bernardo. Tuvieron por fruto de su legítimo matrimonio a este ángel terreno Don Manuel de Hoyos Bravo3 y Dª Francisca de Seña Fuica.4 Ambos descendían de las Montañas de Burgos, en cuyas cumbres es hereditaria la nobleza, que da mucho esplendor a los países llanos. La de los padres de nuestro joven descendió por la línea paterna del lugar de Cuevas,5 cerca de Reinoso, y por la línea materna de la villa de Laredo;6 lugares de la Diócesis del Arzobispado de Burgos. El nacimiento de Bernardo fue milagroso, si damos crédito a las palabras que le dijo muchas veces su madre. Decíale que su vida la atribuía a milagro, pues no conoció que estaba encinta en esta ocasión casi hasta que le dio a luz. Y así la hicieron muchas sangrías, y otros remedios, que naturalmente debían quitar la vida al niño que estaba en el seno materno. Nació, en fin, a 21 de Agosto7 del año de 1711, consagrado con la infraoctava de la Asunción de María Santísima, Señora Nuestra, de quien fue tierno y regalado hijo. Acaso en los anales del cielo fue también misterioso este feliz nacimiento, por estar señalado con el del gloriosísimo San Francisco de Sales, cuyo nacimiento fue también a 21 de Agosto;8 pues veremos después cuán verdadero devoto y discípulo se profesó de este admirable Santo. Crió a Bernardo su madre Dª. Francisca con especial esmero y cuidado, diciendo algunas veces que tendría gravísimo escrúpulo del menor descuido, porque si perdía aquel hijo, la daba a conocer el cielo que le quitaba un Santo grande. Expresión que se admiraba en aquella señora, cuyo genio varonil nada tenía de las ternuras vulgares de su sexo. Ahora se refieren como misteriosas algunas acciones del niño Bernardo, que pasaron entonces por entretenimientos casuales de su edad. Tenía solos siete años cuando, viendo un púlpito portátil a la puerta de la Iglesia, subió a él ardientemente intrépido y, cercado de muchos niños de su edad y aun más adelantada, les predicó parte del sermón que había oído el Domingo de Ramos y otros desengaños, más propios de un celoso predicador, que de un niño balbuceante. Erale muy gustosa esta diversión apostólica de ponerse a predicar lo que había oído en los sermones. Aún es más admirable lo que ejecutó en otra ocasión. Vio que habían concurrido a su casa varias personas de ambos sexos y que se divertían con la diversión demasiadamente usada de un sarao , aunque modesto, cuanto lo puede ser esta diversión tan peligrosa. Estaba el baile en lo más entretenido y gustoso, cuando vieron salir al niño Bernardo de otra sala y, entrando en la del festín con un libro abierto en la mano, subió en un taburete y empezó a leer como que predicaba con ardiente celo contra los bailes y saraos. No se sabe cómo pudo el niño encontrar aquel libro, y en él los capítulos que reprendían semejantes diversiones: el efecto de este inocente celo fue el que podía producir un misionero celoso con un santo crucifijo en la mano y con un sermón muy ferviente, porque cesó al instante el baile con pasmo de cuantos asistían; entre quienes se hallaba una persona de autoridad, que refiere con admiración este caso en carta de 8 de Agosto de 1736.9 Aprendió las primeras letras10 en la villa donde nació, y para que estudiase la Gramática, le enviaron sus padres a Medina del Campo,11 para que en los estudios del colegio de nuestra Compañía de Jesús,12 empezase a cultivar su bello entendimiento. Vivió en casa de una tía suya, a quien obedecía con singular respeto en cuanto le mandaba. Ejecutaba lo mismo con todos los domésticos, sin que jamás hubiese la menor queja de Bernardo, aunque su genio pronto, vivo y ardiente le ministraba espíritu de fuego para las operaciones de la puericia. Cuando se divertía con otros niños de su edad en los juegos honestos y pequeñas diversiones con que se entretiene y ocupa la niñez, era condescendiente sin las porfías de algunos genios poco dóciles. Cedía con suma facilidad el pequeño precio que los niños suelen poner por premio de sus juegos de industria, de habilidad o fortuna, aunque conociese que la razón y justicia estaban de su parte. Muy luego se descubrió en el niño Bernardo una grande inclinación a la piedad, y aun a la mortificación y penitencia. Repararon en su casa que salía de ella para el estudio sin desayunarse13 y, habiéndole dicho que no lo hiciese así, porque podía ser dañoso a su complexión poco robusta, respondió que por haberse criado muy débil y enfermo, le bastaba poco alimento. Respuesta con que ocultaba su mortificación. Era muy puntual a las confesiones y comuniones, que los estudiantes de nuestras aulas14 de Gramática practican todos los meses, y recibía con suma docilidad los buenos consejos de sus maestros cuando exhortaban a sus discípulos a la devoción a María Santísima, Señora Nuestra, a la frecuencia de los Sacramentos,15 a evitar toda culpa aunque fuese venial, y a los demás ejercicios virtuosos que inspiran los maestros a sus discípulos al tiempo mismo que les enseñan las letras. Era el niño Bernardo tan aplicado al estudio y tan deseoso de aprovechar que por este fin ejecutó un largo viaje, que pareció entonces fuga o travesura de la edad pueril. Pero hoy se sabe que le motivó haber oído en una conversación de un pariente suyo, podía estudiar con más feliz progreso en Madrid. Tenía en esta Corte un tío16 de bastantes conveniencias y, juzgando que en la casa de este pariente, tendría toda comodidad para el estudio, se partió a Madrid sin comunicar a nadie su designio. El viaje fue más breve de lo que podía esperar(se) de la tarda lentitud de una jumentilla cansada, que pudo prevenir para su oculta y loable fuga. Llegó, sin que se pueda saber cómo, en dos días al fin de su jornada, y encontró la casa de su tío, no sin especial casualidad o providencia, con la prontitud que suelen hallarse en la Corte aun las casas de los señores grandes. Recibió el tío al niño Bernardo con admiración y ternura, viendo la fatiga con que había andado tantas leguas. Pero no siendo oportuna la Corte para los intentos que le habían llevado, le volvió a enviar con bagaje más cómodo a Medina del Campo. Enviáronle sus parientes para que estudiase con la aplicación y perfección que deseaba,17 a nuestros estudios de Villagarcía de Campos.18 Esta villa es tan oportuna para estudiar con solidez y primor los rudimentos de la Gramática, Latinidad y Retórica, que se ve poblada de niños y jóvenes, no sólo del país, sino de las provincias más remotas de España. Andalucía, Extremadura, Vizcaya, Galicia y otras más remotas; aun de las Indias envían mucha parte de su nobleza a estos estudios celebradísimos por todo el orbe.19 Pues muchos héroes de nuestra nación; Ilustrísimos obispos, militares, políticos, ministros y hombres grandes de todas líneas, destinados a lo sumo del honor, se glorían de ver empleados sus primeros años en los estudios de Gramática de Villagarcía. El número de estos héroes es mayor del que pudiera comprender un difuso catálogo. Entre tantos, es digno de contarse el P. Bernardo de Hoyos, pues le sublimó la Divina Gracia a la celeste elevación que veremos. Luego que llegó a Villagarcía, se hizo reparar por la pequeñez de su estatura, y después por la piedad y viveza de su ingenio, que sobresalía ya mucho en sólos once años de edad que tendría entonces. Los compañeros y condiscípulos que le trataron, y algunos tuvieron después la dicha de ser sus con-novicios y condiscípulos en nuestra Compañía, refieren no pocas acciones que, si fueron casuales entretenimientos, pueden pasar ahora por misterios. Después de haber oído algún sermón, juntaba en el cuarto de la posada algunos niños confidentes y les predicaba con tanto fervor y espíritu lo que había oído, que los inflamaba en el deseo de la virtud. 20 Su corazón lo estaba mucho con la frecuencia de los santos Sacramentos. Hízose reparar en sus pocos años que no se contentaba con confesar y comulgar una vez cada mes, según la inviolable costumbre de nuestros estudios, sino que comulgaba muchas veces en las festividades de su devoción. Para recibir con fruto los santos Sacramentos, se disponía con la lección de algún libro devoto y con algún rato de oración, en la forma que mejor podía. Añadía también algunos ejercicios de rigurosa penitencia, y aun piadosamente indiscreta en su debilidad y pocos años, ensangrentándose con frecuentes y ásperas disciplinas.21 Este inocente rigor nos descubre un reverendísimo religioso de cierta orden, condiscípulo suyo, compañero de posada y de su lugar mismo: Observé (dice en un papel firmado) que, cuando enviábamos a nuestras casas la ropa interior sucia, la suya estaba ensangrentada algunas veces. Y me parece no podía ser de otra causa que de algunas disciplinas que ocultamente tomase, pues tenía unas de alambre, sembradas de puntas muy agudas, con las cuales, a pocos golpes podía ensangrentarse. Hasta aquí este reverendísimo religioso, a cuya piadosa observación debemos esta noticia. El rigor es más admirable en este inocente niño por la inocencia de su vida,22 pues nos asegura el mismo testigo digno de toda fe, que jamás vio en él cosas que desdijese(n) del candor y pureza de costumbres. Lo mismo afirman otros muchos testigos que le trataron con la intimidad que estrecha los genios e inclinaciones de la edad pequeña. Yo puedo decir para gloria de Dios y crédito de la virtud de este santo joven que, habiéndole confesado generalmente en su Noviciado más de una vez, no me acuerdo que hubiese perdido la gracia que recibió en el Santo Bautismo. Con estos ejercicios de piedad y otros semejantes pasó los tres o cuatro años que estudió la Gramática en Villagarcía y con aprovechamiento sobresaliente entre todos sus condiscípulos.23 |
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En
la actualidad lleva el nombre de Torrelobatón. Es un
pueblo con mucha historia. Parece ser la antigua Amallobriga
de la época romana. De sus antiguos muros queda hoy la
puerta llamada Arco de la Villa, contigua al
Ayuntamiento actual. Destaca en esa villa el espléndido
castillo-fortaleza, que ha servido hasta tiempos
recientes de silo para almacenar el cereal. Ese castillo
parece haberse construido por los Almirantes de Castilla
en el siglo XV. En él contrajeron matrimonio el primero
de septiembre de 1444 Doña Juana Enriquez, hija del
almirante Don Fadrique, señor por entonces de la villa
torrelobatense, con Don Juan de Aragón, rey de Navarra,
padres de Fernando el Católico. De ese mismo castillo
saldría Padilla con sus comuneros, camino de Toro, un 23
de abril de 1521, siendo acometidos a pocos kilómetros
por las tropas imperiales, que los derrotaron en la
batalla de Villalar, donde Padilla fue ajusticiado. El
padre de Isabel la Católica, Juan II y su corte
estuvieron algunas veces en esta famosa villa. Entre sus
hijos ilustres cita el Diccionario Espasa a Bernardo de
Hoyos de la Compañía de Jesús, primer
apóstol en España de la devoción al Sagrado Corazón
de Jesús (Diccionario Espasa,t 62, pg 1331)
2 Fue el rey Felipe II quien decidió trasladar la Corte a la villa de Madrid. Su hijo Felipe III volverá por breve tiempo a Valladolid, pero pronto quedará ya definitivamente ubicada la Corte en Madrid. 3 A este respecto escribe el P. Máximo Pérez en su libro El poder de los débiles: Don Manuel de Hoyos Bravo y Balmoro...declara en sus capitulaciones matrimoniales ser originario de la Montaña y descendiente de su lugar de origen llamado Hoyos. Hoyos era un poblado de la merindad de Campóo, actualmente provincia de Palencia y entonces perteneciente a la archidiócesis de Burgos. Esa región se conocía por el nombre de Montaña de Castilla o Montaña de Burgos (Obra citada, edit. Edapor, Madrid, 1991, pg 21) 4 La madre de Bernardo de Hoyos fue fruto de una relación extramatrimonial de Francisco Antonio de Seña (su abuelo materno) ,soltero entonces, con una muchacha de Medina del Campo, también soltera, llamada Ana de Castro. De esa unión nació una niña en 1693, niña que como dirá en su testamento el abuelo de Bernardo- se bautizó por de Padres no conocidos en la Parroquial de San Antolín de dicha Villa...cuyo reconocimiento hago en toda forma para descargo de mi conciencia.(o.c. pg 22) Nada tiene que extrañarnos este incidente, al parecer vergonzoso. El mismo Jesucristo, que opta por asumir todas las consecuencias de una verdadera humanidad, tiene entre sus antepasados personajes que dejaban mucho que desear. (Evangelio de San Mateo 1,5-6) 5 Parece ser que el linaje de los Hoyos se había trasladado desde su lugar de origen a Cuevas de Amaya, en la provincia de Burgos, y más tarde se afinca en la noble ciudad de Toro, donde nació y recibió las aguas bautismales Don Manuel, padre de nuestro Bernardo. Así lo indica Máximo Pérez en su libro (pg 21). 6 La estirpe de los Seña provenía de la actual Cantabria, conocida entonces como la montaña de Castilla. Al decir de Máximo Pérez, su casa solariega se hallaba en Tarrueza (Laredo) . Francisco Seña, el abuelo materno de Bernardo, se había criado en Medina del Campo, al cuidado de su hermano Juan, que era un rico canónigo en dicha villa. Al morir le nombra heredero de sus bienes. Esto influyó en llevar una vida disipada, cuyo exponente más notorio fue el embarazo de Ana de Castro. Pero Dios escribe con renglones torcidos y saca bienes de los males. Podríamos decir aquí aquello de 0 felix culpa!, que dará lugar al nacimiento de un nieto, sobresaliente por su santidad y su celo apostólico. Años más tarde, muerta Ana, se casará Don Francisco con Tomasa Pérez de Alfaro y se trasladará a Torrelobatón. Cuando llegue el momento de casar a su hija Francisca, la madre de nuestro Bernardo, destacará en las capitulaciones matrimoniales la nobleza de mi hija, sus hermosas dotes y su virtud, que es doncella...y otras cualidades dignas de mayor estima. (o.c. pg 23) 7 Este día cayó en viernes aquel año. El P. Loyola, que apunta la comparación con San Francisco de Sales por haber nacido ambos el mismo día, podría no con menor razón hacer hincapié en que Bernardo vió la luz del día precisamente un viernes. Este día de la semana será para el P. Hoyos especialmente importante: la fiesta del Corazón de Jesús cae siempre en viernes, la noche entre el jueves y el viernes será la más propicia para participar de la agonía del Señor en Getsemaní y así se lo pedirá a Santa Margarita, él mismo fomentará la práctica de la comunión en los primeros viernes de cada mes, etc. En sus Apuntes íntimos, hablando de los primeros viernes, escribirá así Bernardo: Todos los viernes fueron en mayor grado las amarguras y tristezas. Solía venirme una clara luz que me ponía delante como en un espejo todos los dolores del Corazón de Jesús, ya por los pecados de los fieles, ya de los infieles y de sus enemigos, ya por las ingratitudes que preveía su amor a sus finezas, particularmente en la Eucaristía. Y recordando el primer viernes del mes de enero de 1734, escribe: Las dulzuras de mi espíritu se mudaron en amarguras el primer viernes del mes y año, en el cual cumplió el buen Jesús la promesa de comunicarme en tales días la honra de coronar mi corazón con las espinas que adornaron el suyo... Pero fue en el primer viernes de febrero de ese mismo año, cuando escribe Hoyos que: del cual quiero decir algo en particular, pues lo fue para mí este día. Este día al despertar hallé fijas en mi entendimiento aquellas palabras triste está mi alma hasta la muerte y empezó a sentir la voluntad su significado....; empecé a hallarme en agonía algo semejante a la que padeció en el huerto el buen Jesús; el cual se me mostró al mismo tiempo en aquella triste forma entre las congojas mortales de este paso...Yo, amado padre (se lo comunica al P. Loyola), quedé como muerto con esta vista, que fue muy breve, pues no pudiera tolerarla más tiempo mi flaqueza. Todo el día anduve como fuera de mí, y cuando estaba solo, no podía detener las lágrimas, ya de la profunda tristeza que en mí experimentaba, ya de la compasión que me causó el Corazón sagrado, en el cual, aun pasada la visión, traía presente aquella claridad con que Jesús previó sus ofensas y nuestras ingratitudes (Vida III, cap 14) 8 En efecto, San Francisco de Sales había nacido ciento cuarenta y cuatro años antes en Thorens (Francia). Su vida, relativamente corta (1567-1622) se distinguió por una espiritualidad amable, llena de dulzura y suavidad, con la cual conquistó el corazón de los habitantes de Ginebra y condujo al seno de la Iglesia católica a no menos de 70.000 calvinistas. Suya es la famosa frase: más moscas se cazan con una gota de miel que con un barril de vinagre. Como Bernardo en su día, también el obispo de Ginebra se preocupó de editar libros que dieran a conocer a los fieles el amor que Dios les tenía. Tanto el Tratado del amor de Dios, como la Introducción a la vida devota tuvieron verdadero éxito. No en vano el Papa Pío XI le nombró Patrono de los escritores. Entre el P. Hoyos y San Francisco de Sales se establecerá una sintonía espiritual plena, hasta el punto de llamarle su Director y compartir con él sus inquietudes y preocupaciones tanto espirituales como apostólicas. En sus visiones de tipo imaginativo aparece con bastante frecuencia este santo que, como Bernardo y anteriormente a él, penetró muy hondo en el Corazón de Nuestro Señor. En enero de 1730, estudiando filosofía en Medina del Campo, hará el Hermano Hoyos una novena a San Francisco de Sales pidiéndole que le adquiera las virtudes que él poseía y, de modo especial, su amor a Dios y al prójimo. Es el 29 de enero, día entonces de su fiesta (hoy se celebra el 24), cuando por vez primera tiene la visión del Santo, que Hoyos la describe así: ...vi muy glorioso y vestido de pontifical a este mi Santo, y me significó cuán versado había sido en la tierra, y era en el cielo, en materia de amor; cómo penetraba muy bien el paso en que me hallaba (tenía entonces los ímpetus de amor), de que debía dar al divino dueño Jesús humildes gracias; y que el camino por donde el Señor me llevaba en orden a las virtudes era muy conforme al que él había enseñado y trasladado en sus escritos. Finalmente me dijo que desde ese día me tomaba por hijo espiritual, y que desde el cielo me dirigiría por medio de mis Padres espirituales; pues su dirección de él había de arreglarse a la de sus instrumentos; mas que en las cosas arduas por sí me dirigiría él, y pondría yo en práctica su doctrina con aprobación de mis directores...Echóme con esto su bendición y dejóme confortado... Desde ese tiempo dice el P. Eugenio Uriarte- trataba ya el H. Bernardo con el Santo como si le viese con los ojos del cuerpo. Todas las noches, después de examen, se ponía de rodillas delante de una estampa suya, y dábale puntual y particular cuenta de conciencia. (Vida del P. Bernardo de Hoyos, por el P. José Eugenio de Uriarte SJ, 2ª edición. Editorial Mensajero, 1913. Bilbao; pg 164-165) 9 Estos casos apuntan a una vocación incipiente, que será más tarde la ocupación existencial de Bernardo. En la vida de los santos no es raro encontrarnos con gestos y actitudes que son indicios de una futura vocación o tarea, a la cual destina el Señor a esa persona. Bastaría releer vidas como las de San Luis Gonzaga, San Pío X, Santa Teresa del Niño Jesús o del Beato Juan XXIII para convencerse de ello. Son como pequeñas flores que un día mostrarán toda su belleza y esplendor. 10 Las primeras letras se reducían entonces a saber leer, escribir y hacer cuentas. Esto era la preparación para comenzar los estudios del curso de Gramática (ínfima, media y suprema), a la que seguía las Humanidades y la Retórica. En Medina del Campo comenzará la Gramática y luego continuará los demás cursos en Villagarcía de Campos. 11 Medina del Campo era todavía entonces una ciudad bastante importante, aunque no poseía aquella riqueza y actividad comercial que la hicieron famosa en el siglo XVI, con sus famosísimas ferias, concurridísimas de comerciantes españoles y extranjeros. El Hermano Hoyos contempló su magnífica plaza con los típicos soportales castellanos, el majestuoso Castillo de la Mota, donde dos siglos antes había muerto Isabel la Católica. Ciudad antigua, habitada primero por los vacceos, inculturada más tarde por los romanos, poblada por los visigodos, conquistada por los árabes en el año 715 y reconquistada en 1077 por el rey Alfonso VI. Más tarde el monarca Alfonso X el Sabio confirmaría sus fueros en 1258; Enrique III el Doliente pondría su Corte en Medina y el padre de Isabel, Don Juan II, reuniría en ella las Cortes en diversas ocasiones. Proclamados Fernando e Isabel en Segovia en agosto de 1475, se reunieron las Cortes en Medina y otorgaron a Doña Isabel la mitad de la plata del reino, a redimir en tres años. La ciudad adonde iba a estudiar el pequeño Bernardo era, pues, una ciudad llena de historia. Y a la vez, -cosa frecuente entonces- poblada de muchas iglesias y monasterios: existían tres parroquias principales y cuatro auxiliares, además de cinco conventos, entre ellos el fundado por Santa Teresa de Jesús, no lejos del colegio de los Jesuitas adonde él iba a estudiar. Junto a la plaza estaba la parroquia-colegiata de San Antolín, donde su madre había sido bautizada en 1693. (Diccionario Espasa, t 34, pgs 119-123) 12 Desde muy temprano puso la Compañía de Jesús un colegio en Medina del Campo: llamado de San Pedro y San Pablo. 13 En la época que historiamos no era frecuente el desayuno. La mayoría de los niños acudían a la escuela en ayunas. Se ve que la tía de Bernardo, al verlo débil y enclenque, intentó que el niño tomase algo antes de partir para el colegio, pero sin conseguirlo. 14 Los colegios de la Compañía de Jesús no se contentaban con enseñar bien, sino que ponían todos los medios para formar a sus alumnos íntegramente: en virtud y letras; de ahí el prestigio que fueron adquiriendo en la sociedad. Del colegio de Medina dirá el P. Astráin: En pocas ciudades llamó tanto la atención la modestia y compostura de nuestros alumnos como en Medina del Campo. Buena prueba fue de las buenas costumbres y sentimientos piadosos que aprendían de los Nuestros, el ver brotar vocaciones religiosas entre los jóvenes (Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España, Antonio Astráin, edit. Razón y Fe, Madrid 1914; pg 575). En este colegio estudió San Juan de la Cruz; al quedar viuda su madre Catalina Alvarez con tres niños pequeños y sin recursos, se trasladó a Medina buscando mejorar su situación económica. El piadoso caballero Alonso Alvarez de Toledo ayudó a la madre llevando al pequeño Juan a vivir con él en el hospital de la Concepción. Su buen protector escribe Astrain- dispuso que desde allí acudiese a las clases de gramática de nuestro colegio y de este modo se fuese formando poco a poco en los estudios eclesiásticos...A los pocos años de cursar en nuestro colegio de Medina, sintió Juan vocación por el estado religioso y el año 1560 vistió el hábito del Carmen (o. c, pg 576). Hablando de esa época dirá el P. Gil González: El fruto principal de este colegio es el de los estudios, en los cuales vi aprovechamiento en letras y virtud en nuestros oyentes, que llegaban a doscientos sesenta (o. c. pg 589) 15 Fomentar la frecuencia de los sacramentos fue una de las características de los colegios de la Compañía. En Medina se hacía una vez al mes, como norma general para nuestros alumnos. Es más que probable que Bernardo, ya allí, como más tarde en Villagarcía de Campos, comulgara y confesara con mayor frecuencia. Junto a esto, se daba una importancia grande a aprender la doctrina cristiana. Lo que se dice del colegio de Marchena podría decirse del de Medina, ya que en todos los colegios de la Compañía se daba una enseñanza prácticamente idéntica: Enséñaseles cada día la doctrina cristiana a todos, y los sábados en la tarde se le da algún premio al que mejor la sabe, y están con mucha modestia. Los domingos y fiestas van con los Nuestros cantándola por las calles y otros cantares devotos, y éstos cantan ya de noche y de día. Todo el pueblo está admirado de la devoción de sus hijos, lo que deprenden y lo que les enseñan ellos (o. c. pg 588). Se intentaba, tanto en Medina del Campo como en los demás, cumplir lo que ya San Ignacio había dejado muy claro en las Constituciones de la Compañía: Teniendo respecto a que en los Colegios nuestros no solamente los escolares nuestros se ayuden en las letras, pero aun los de fuera en letras y buenas costumbres... (Constituciones de la Compañía de Jesús, parte 4ª, cap VII, nº 392), y con mayor concreción: Téngase en las tales escuelas forma cómo los que vinieren de fuera sean bien instituidos en lo que toca a la doctrina cristiana, y háganse confesar cada mes si se puede, y frecuentar los sermones, y finalmente téngase cuidado que con las letras tomen también las costumbres dignas de cristiano (idem, parte 4ª, cap VII, nº 395) 16 Se trata del tío Tomás, hermano del padre de Bernardo. Es fácil que hubiera hablado en casa algo referente a cómo se encontraban los estudios en Madrid, y Bernardo, siempre deseoso de aprender, tiene la peregrina ocurrencia de ir a la capital de España, montado en una borriquilla. Marcharse sin decir nada, cubrir los más de cien kilómetros en dos días y encontrar con facilidad la casa de su tío son datos que indican el carácter intrépido y casi temerario de aquel muchacho de poco más de diez años. Este episodio será lo que motive a sus padres para llevarlo a otro colegio, muy famoso en aquel tiempo y cercano también a la villa de Torrelobatón: el colegio de Villagarcía de Campos. 17 No cabe duda de que Bernardo de Hoyos sentía una fuerte inclinación por el estudio, a lo cual le ayudaba su facilidad para aprender. De hecho, Bernardo fue un estudiante brillante y de valía. La prueba está en haber sido elegido para tener un acto público defendiendo una tesis de filosofía; esos actos siempre los han protagonizado los estudiantes mejor dotados de cada curso. 18 El colegio de Villagarcía de Campos fue fundado por Doña Magdalena de Ulloa, señora viuda de Don Luis Quijada, quien fuera mayordomo y hombre de confianza del emperador Carlos V. El 3 de noviembre de 1572 se puso la primera piedra y pocos años después funcionaba ya el colegio, teniendo por primer Rector del mismo al P. Baltasar Alvarez, jesuita ilustre y confesor algún tiempo de Santa Teresa. Sus restos reposan hoy en la capilla-noviciado, en una urna de madera de color rojo, dentro de una hornacina en la que puede leerse esta inscripción: Aquí yacen los restos del Venerable Padre Baltasar Alvarez, primer Rector y Maestro de novicios, ilustre por su santidad y magisterio de espíritu, de quien Nuestro Señor reveló a Santa Teresa de Jesús era el alma que más le agradaba entonces en el mundo. A este colegio, andando el tiempo, vino a matricularse en septiembre de 1722 Bernardo Francisco de Hoyos, nacido en Torrelobatón e hijo de Manuel de Hoyos y de Francisca Seña y Fuica. Pero allí no estaba solo. Eran varios cientos de muchachos los que recibían en aquel colegio la formación en virtud y letras, que San Ignacio había deseado para los centros educativos de su Compañía. En efecto, el P. Juan de Villafañe, que fue Rector y Maestro de novicios de Villagarcía, en la Vida de Doña Magdalena de Ulloa, editada en 1723, escribe: A la sombra del magnífico y observante colegio de Villagarcía viven número de casi mil estudiantes, como en una gran comunidad (Un Colegio ejemplar de letras humanas, Conrado Pérez, edit. Sal Terrae 1983. Santander, pg 14.) . Hay que notar que los muchachos no vivían dentro de los muros del colegio, sino en las casas del pueblo, que durante el curso escolar servían de pensiones. Había tres clases de posadas: de primera, de segunda y de tercera. En las de primera categoría se pagaban ochenta reales mensuales, y la patrona proporcionaba almuerzo, comida y cena, más el lavado y arreglo de la ropa. Las de segunda categoría hacían estos mismos servicios, pero en calidad inferior, por setenta reales mensuales. Y las de tercera, de calidad ínfima, lo hacían por cincuenta reales al mes... Algunas personas pudientes enviaban sus hijos a estudiar con un ayo o criado para su servicio personal. No parece que Bernardo dispusiera de esta ayuda. Lo más probable es que los padres de Bernardo se atuvieran a la costumbre general, que era la costumbre del pauper. El pauper, o pobre, era un estudiante becario a quien sostenían entre todos los estudiantes de cada posada, a cambio de algunos servicios. Cada estudiante da al pauper de su posada medio pan y un pedazo de tocino o un torrezno a la semana. Todos los días le da, de su plato, una tajada de carne; y, sin más salario, tienen en él un criado para todo; así decía el folleto para información de las familias (El poder de los débiles, Máximo Pérez, edit. Edapor, Madrid, 1991; pg 43) 19 Un año antes de que Bernardo entrara en el colegio de Villagarcía, concretamente en las llamadas Cartas Anuas de 1720 (cartas enviadas a Roma por las diversas Casas de la Compañía de Jesús dando noticia de lo más reseñable ocurrido en ellas) dice así el relator: de los colegios de latinidad y letras humanas, Villagarcía es entre todos el primero, omnium facile princeps. Ninguno le aventaja en el número de alumnos, ni en el cuidadoso método pedagógico; ninguno hay en España más celebrado como escuela de instrucción y de buenas costumbres para los jóvenes que lo frecuentan. De tal manera que la mejor recomendación para éstos, es decir que han estudiado en Villagarcía; no sólo de las regiones circunvecinas, sino de las provincias más remotas envían hasta aquí los padres a sus hijos. El P. Pedro de Calatayud, que tratará más adelante con Bernardo de Hoyos, escribirá en sus Doctrinas prácticas que en Villagarcía se crían en letras y virtud niños de diversas y distintas naciones, hasta de México (de Puebla de los Angeles) y otras partes. (Un Colegio ejemplar de letras humanas, pgs 35 y 34). San Ignacio quiso que nuestros colegios imitasen, en la medida de lo posible y acomodado a los colegiales, el llamado Modus parisiensis, que se seguía en la Universidad de París. Por eso, el P. Jerónimo Nadal, cuando redacta los Estatutos del primer colegio que tuvo la Compañía, el famoso colegio de Mesina, establece: que todos los días oigan misa, que se les explique la doctrina cristiana los viernes, que oigan el sermón los domingos, que recen al comienzo y al final de las clases y hagan las oraciones de la mañana y de la noche. Estas normas se fueron introduciendo después en los colegios de los jesuitas y esto fue lo que encontró Bernardo en su colegio villagarciense. (o. c., pg 60-61) 20 Aquella anécdota de su infancia en Torrelobatón (de repetir el sermón del señor cura a sus amiguitos) se hace ahora consciente para bien de sus compañeros de posada. 21 Nos recuerdan estas frases un poco a San Luis Gonzaga, quien dedicaba los días anteriores a la comunión a prepararse para ella, y los días posteriores los empleaba en dar gracias por el beneficio recibido. Al igual que se disciplinaba y mortificaba con ejercicios de penitencia corporal. Sin duda alguna que a Bernardo le hablaron ya desde el comienzo de este joven jesuita, beato aún por aquellos años, y a quien canonizaría poco después (en 1726) el Papa Benedicto XIII, cuando Bernardo era ya novicio jesuita. Bernardo contemplaba todos los días la imagen de San Luis Gonzaga en el retablo de la capilla-noviciado. En efecto, en ese retablo hay seis medallones, labrados por Tomás de Sierra y colocados allí el 3 de diciembre de 1719, fiesta de San Francisco Javier: uno de ellos representa a San Luis en alta contemplación de la Eucaristía y con la corona del marquesado de Castiglione a sus pies. Al entrar en la Compañía renunció el marquesado a favor de su hermano Roberto. 22 También a Bernardo de Hoyos podría aplicársele con toda propiedad la oración litúrgica de la fiesta de San Luis Gonzaga: Señor Dios, dispensador de los dones celestiales, que has querido juntar en san Luis Gonzaga una admirable inocencia de vida y un austero espíritu de penitencia, concédenos por su intercesión que, si no hemos sabido imitarle en su vida inocente, sigamos fielmente sus ejemplos en la penitencia. (Misal romano, 24 de junio) 23 El niño Bernardo estuvo de colegial en Villagarcía desde octubre de 1721 a julio de 1726, en que entra allí mismo en el Noviciado de la Compañía. |